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Este blog fue publicado en Y si hablamos de igualdad en http://blogs.iadb.org/y-si-hablamos-de-igualdad/

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 http://vimeo.com/101939785

Mi hija tenía 11 años y estábamos en Buenos Aires visitando a mi familia. Una tarde, como hace en Washington, fue con los primos a jugar fútbol a una cancha cercana. Al regresar nos contó entre sorprendida y orgullosa, más bien orgullosa, que los chicos no podían creer que supiera jugar y algunos se le acercaron a preguntarle “de dónde había salido”. Para Verónica esa hora en la cancha junto a un grupo de varones desconocidos se convirtió en lo más memorable del viaje.

Con dos hijos deportistas he vivido muy de cerca los beneficios del deporte en su desarrollo, y ellos han sido fuente de inspiración para que yo buscara promover mayores oportunidades para la práctica deportiva en la juventud de América Latina.

La evidencia empírica sobre los beneficios del deporte es contundente. Hacer ejercicio de forma regular mejora la salud, el desempeño escolar y reduce la probabilidad de conductas de riesgo como el consumo de alcohol y drogas, el embarazo adolescente o los comportamientos violentos. Incluso se ha demostrado la ventaja que representa para las mujeres en el mercado laboral. Recientemente, mi colega Aimee Verdisco explicaba la relación beneficiosa entre el ejercicio y el funcionamiento cerebral. Pero quizás uno de los mayores beneficios del deporte para los niños y jóvenes sea el desarrollo de habilidades psicosociales como la autoestima o el liderazgo, tan valiosas a lo largo de la vida.

El último mes América Latina ha estado en stand by, pendiente del último gol de la Copa Mundial. Y sin embargo, estamos lejos de desarrollar políticas públicas basadas en los beneficios sociales que el deporte brinda a la población. En consecuencia, la práctica deportiva es un privilegio donde los factores económicos y culturales juegan un papel importante.

Aunque poco discutida, una de las dimensiones de mayor inequidad en el deporte es la de género. Entre las múltiples razones se encuentran los prejuicios sobre lo que pueden y deben hacer las niñas, el tener mayores responsabilidades domésticas que los varones y menos tiempo libre, la escasez de recursos e instalaciones deportivas y la falta de modelos de roles y una menor cobertura mediática de las atletas femeninas.

El deporte es un arma secreta para avanzar hacia la igualdad de género. El deporte logra que las niñas y adolescentes aumenten su confianza y autoestima, es una oportunidad de ponerse metas y trabajar duro por alcanzarlas, competir y demostrar que son competentes,  vencer y también sobreponerse a los fracasos. El deporte permite a las niñas demostrarse a sí mismas y al resto de la sociedad de lo que son capaces.

Niñas viviendo con altura en El Alto, Bolivia

En este contexto, el proyecto Niñas viviendo con altura (haz click aquí para más información) es un ejemplo del poder del deporte para transformar normas sociales y empoderar a las niñas. En un entorno de exclusión social, donde se intersecta la pobreza, las normas de género y las tradiciones indígenas, las chicas de El Alto en Bolivia difícilmente podían practicar deportes. Y ahí surge una alianza público-privada que ha demostrado dos cosas: una, que sumando recursos, ideas y voluntades es posible cambiar la realidad en un plazo relativamente corto. Y dos, que si las niñas no practicaban deporte antes no era por falta de ganas o de capacidad.

El disponer de un centro deportivo en buenas condiciones, seguro, con un horario fijo asignado a las niñas, entrenadores y material deportivo son condiciones necesarias, pero no suficientes. Las propias jóvenes reconocen la importancia de haber involucrado a madres y padres, ya que muchas veces las mayores barreras están en la propia casa.

Transcurrido el primer año, el entusiasmo de las chicas se volvió un efecto bola de nieve, con muchas más jóvenes y colegios sumándose, de ahí que los resultados trasciendan a las 600 niñas inscritas inicialmente y superen los 2.000 jóvenes. En los siete centros educativos participantes se capacitó a los docentes para que, a partir de actividades lúdicas y ferias educativas, trabajaran con los niños y niñas temas como el ejercicio de derechos, la igualdad de género, el liderazgo y la autoestima y cómo el deporte ofrece oportunidades para desarrollarlos.

Esta semana cerrábamos este proyecto, que queda ahora en manos de la comunidad de El Alto, y más allá de los resultados numéricos, para mí hay dos vivencias que demuestran claramente el potencial del deporte como estrategia para avanzar en la igualdad de género. La primera fue ver a la orilla de la cancha a Carlos cuidando a su hermanita de un año mientras su hermana mayor terminaba la práctica de fútbol. La segunda fue oír a Estefanía decir orgullosa: “Gracias a los entrenamientos soy la mejor arquera de mi colegio,  las chicas y chicos se pelean por mí”.

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