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Disculpen el acento, pero así es la frase. “Nicolás ni dejás colar”. Es como aquella frase que reza “Ni raja ni presta el hacha”. Aunque claro, en el caso de Nicolás Maduro y su combo que lo sostiene, es más bien al contrario, rajan a muchos con la misma hacha con la que serán rajados. Por el hacha me refiero a sus militares, quienes son finalmente la fuerza que ha estado en el poder durante los últimos 20 años en el hermano país y es el grupo de poder que será determinante en la continuidad o en el fin del actual gobierno.  No en vano existe la cita que algunos le atribuyen a Simón Bolívar al explicar por qué la Gran Colombia no lograba consolidarse: “Caracas es un cuartel, Quito es un convento y Bogotá es un colegio de abogados”.

El 26 de febrero de 2019, algunos medios internacionales mostraron como un avance de la humanidad que en lugar de tronar las armas, se hicieran conciertos de lado y lado de la frontera para fijar posiciones políticas. Pero tras la emotividad del concierto “del lado correcto de la historia” -como se ha acuñado-, vino la dura realidad: vimos cómo se quemó la ayuda humanitaria al tratar de cruzar la frontera; fuerzas policiales y para policiales aliadas del régimen venezolano reprimiendo a manifestantes en los puentes que comunican a Venezuela con Colombia y con Brasil; cientos de personas heridas y miles de rostros abatidos por la desesperanza al lado y lado de la vía por donde se suponía que entraría la democracia nuevamente a Venezuela.  Gran equivocación y la geopolítica internacional parece que nos puede explicar las razones de ello.

He aquí 10 observaciones para comprender lo que pasa en Venezuela y algunos de sus escenarios, a más de un mes del llamado día “D”, que fue “D” de “desastre” para algunos, y también “D” de “determinante” para otros.

  • 1) Quién manda a quién. Olvidémonos de la idea de que Maduro se va a ir fácilmente o por presión diplomática de los vecinos. Nicolás no se fue ni después de las muchas manifestaciones que ha tenido en contra suya tanto nacionales como externas, ni mucho menos tras el concierto que organizó Richard Branson o la quema de alimentos y medicinas que claman tanto del lado de Venezuela como del lado de Cúcuta, como reclamó días después el propio alcalde de la capital del Norte de Santander, César Rojas. El verdadero poder en Venezuela lo tienen los militares, esos que han gozado durante años de cargos importantes tales como ministerios, gobernaciones o presidencias de empresas. Es una élite militar la que dará la pelea hasta lo posible y parte de lo imposible por defender su posición, so riesgo de que se caiga todo un país o en su defecto, se irán haciendo a un lado, poco a poco, como hemos ido viendo recientemente, para tener margen de negociación de su propia situación ante el eventual colapso del régimen. Se trata del poder de muchísimos generales y coroneles a quienes se les hace cada vez más complicado mantenerse dónde están y también, hacerse al lado de la oposición.
  • 2) De cabo a rabo. En Venezuela ha existido y existirá tradición castrense, y una vez caído el régimen muchos de los actuales militares, así como algunos que están en el retiro o el exilio, terminarán por volver a estar al mando. El desafío para construir un nuevo país está en el hecho de que la gran mayoría de estos militares fueron hechos bajo el régimen, que tato al mando de Chávez y ahora Maduro, también supieron hacer populismo con ellos, y esto plantea varios escenarios complejos en el corto plazo. Es difícil entrever el rumbo que pueda darse en este aspecto pues justamente los militares que crecieron en ese modelo, que sostienen o han sostenido esa estructura de poder en los últimos 20 años, son los que de otra manera terminarán volviendo a detentar el poder del ejército pues Venezuela no se quedará sin militares, ni siquiera después de una eventual pero remota intervención militar. La ley de Amnistía que impulsó la Asamblea Nacional es un punto de partida, pero falta mucho para preparar el aterrizaje de los militares a una nueva Venezuela. Sin su participación y competencia, el cambio en el hermano país no será posible.  No nos extrañemos pues, que en un nuevo gobierno en Venezuela, terminen apareciendo también muchas caras conocidas durante el régimen, incluso civiles que antes fueron sus defensores. La política es dinámica, dirán algunos.
  • 3) Las cortinas de humo. ¿Cómo identificar una cortina de humo? Es fácil, suele ser aquello que no te dicen los medios de comunicación pero es la primera causa que se te viene a la mente cuando te dicen que hay una intervención militar en algún rincón del planeta por cuenta de una alianza internacional. La respuesta fácil siempre será decir que es “el petróleo”, a la hora de buscar móviles más allá del llamado a la democracia, pero es justamente lo que nos han llevado a suponer para no indagar más, y así evitar descubrir una segunda cortina de humo o en el mejor de los casos, las causas reales de tal intervención. Por eso es muy probable que en el caso de Venezuela no sepamos nada realmente, y es posible que nunca lo sepamos, pues el vecino país tiene petróleo pero tiene también el famoso arco minero del Orinoco donde además hay coltán, oro y diamantes cuya extracción dio Maduro hace pocos años a firmas internacionales, adivinen de qué países.
  • 4) Sí ¡Cómo no! Dicho lo anterior, evitemos caer en la trampa que dicen algunos al afirmar que “el imperio” de los Estados Unidos va por el petróleo venezolano, como si los otros dos “imperios”, Rusia y China no les interesara lo mismo. Obvio, los imperios querrán lo que les dejen poseer, es decir, aquí no hay imperialismos de derecha o de izquierda, simplemente hay imperialismos y defenderán sus intereses. He ahí parte de la tranquilidad del régimen de Maduro: pensar que le mantendrán el respaldo desde Pekín y Moscú. Donde la cosa se pone peliaguda al heredero de Hugo Chávez, es que la geopolítica lo tenga como una ficha de poner en el ajedrez internacional y la situación en Siria le juegue en contra. Es decir, que a la postre y a manera de canje, China y Rusia se queden con Siria y Estados Unidos vuelve a aplicar la doctrina Monroe en Venezuela, esta vez sin el erróneamente llamado “socialismo del siglo XXI”.
  • 5) La corrupción no conoce ideologías. La historia reciente nos ha demostrado que así como puede haber populismos y dictaduras militares de derecha, las hay también de izquierda. Igualmente, el imperialismo no está ligado solo al llamado capitalismo, como lo diría Lenin hace tantos años, sino a todo poder que provenga de un país con ínfulas de imperio, sea este incluso de génesis anticapitalistas. Leyendo a varios analistas en las últimas semanas, creo – con todo respeto- que se han confundido los términos “derecha” o “izquierda”, “capitalismo”, “socialismo” y por supuesto “comunismo”. Hoy por hoy no es fácil identificar un país socialista de otro que no lo es. Por ejemplo, Estados Unidos pasó a ser el país más parecido a Venezuela en términos económicos en el 2008 al destinar 700 mil millones de dólares del erario, en el primer cheque del ex presidente Bush Jr. para rescatar a las instituciones financieras quebradas y en ese momento, su economía pasó a ser más cercana al modelo venezolano que al modelo chileno. En la práctica, la economía política no es blanca o negra, pues entre “extrema izquierda” y “extrema derecha” hay muchos tonos grises. Hace poco un cubano que vive fuera de la isla, me dijo que cómo estaría de mal Venezuela que una familiar suya que está trabajando como parte del cuerpo médico cubano en Venezuela, estaba rogando para que la devolvieran a Cuba lo antes posible. Su frase era “¿Para qué pasar hambre en Venezuela si puedo pasar hambre en Cuba, con mi familia?”. Dicho esto, la caída de Venezuela no será por la corrupción ni por su corriente ideológica, sino por el desgaste de un modelo populista en manos de un gobierno incompetente y que a la hora de los resultados no fue ni de derechas ni de izquierdas, y fue posiblemente, más excluyente y opresivo que el mismo “capitalismo salvaje” que tanto se criticó desde Caracas.
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Weak spot Maduro. Caricatura de Maarten Wolterink. Tomada de: Cartoon Movement (https://www.cartoonmovement.com/cartoon/39083)

  • 6) La ignorancia es atrevida. Con relación al punto anterior leo con sorpresa que a pesar de los acontecimientos de los últimos 40 años, la gente siga creyendo que el problema es el socialismo o el capitalismo. Ambos modelos económicos pueden funcionar relativamente bien como lo afirma la premio Nobel de Economía en 2009, Elinor Ostrom en su artículo Más allá de las panaceas, que agrego a manera de vínculo al final de este escrito, y donde además dice que existe al menos, otro camino para organizar la economía. Aquí es necesario hacer un llamado para que NO nos metan los dedos en la boca una vez más con el cuento de las polarizaciones, las derechas o las izquierdas que finalmente se parecen en muchas cosas, haciendo muy difícil diferenciarlas en la práctica. ¿Es casualidad que actualmente tanto Venezuela como Brasil bajo el comando de Jair Bolsonaro, gobierno que está en contra del régimen en el vecino país, tengan a tantos militares en el gabinete ministerial? Que hoy Venezuela sea comandada por un ex chofer del metro de Caracas no es un argumento para su desastre, pero sí deja constancia que el liderazgo de la que fuera llamada “La pequeña Venecia”, requiere mucho más que tener a los militares de su lado, los medios de comunicación controlados y una porción de la población contenta. Es raro decir esto pues así mismo funcionan muchas democracias, pero la diferencia está en el lado del río en que estemos, sobre todo si del otro lado no hay alimentos, ni agua, ni electricidad.
  • 7) Fronteras calientes. Para nadie es un secreto que las fronteras venezolanas se convirtieron en un problema desde hace varios años con todos sus vecinos. Cada cierre fronterizo incrementa la corrupción y sube los precios de los alimentos y demás mercancía que pasa por entre las trochas. Esta situación, del lado de la frontera colombo-venezolana, plantea un desafío para la seguridad regional pues a mayor economía subterránea e institucionalidad corrupta, más fácil le queda al crimen organizado operar. Agregándole la presencia cercana de grupos al margen de la ley del lado colombiano, el tráfico de armas, personas y estupefacientes, hace que esta combinación sea una incógnita después de la eventual caída del régimen. Aunque las mafias sigan operando en alianza con otros grupos armados de lado y lado de la frontera, habrá que diseñar de manera compartida una nueva política de fronteras comunes entre Colombia y Venezuela para ordenar paulatinamente el caos del vacío de Estado en estos territorios.
  • 8) Paramilitarismo enquistado. Existe un gran número de civiles armados, leales al régimen que como en todo gobierno oscuro, hostigan a la oposición con total impunidad. Este ejército paralelo, parece orbitar como un satélite perdido a través de decenas de grupos de jóvenes al mando de sus respectivos líderes, quienes han adquirido beneficios del mismo régimen, lo cual los convierte en bombas de tiempo que estallarán una vez caiga el gobierno. La experiencia de los paramilitares en diferentes partes del mundo, ha demostrado que este es un asunto muy complejo de manejar, pues ante la eventual caída de la mano estatal que les protege, algunos de estos grupos seguirán delinquiendo o creando guerrillas urbanas. Este es un punto que también va a requerir intervención binacional urgente y efectiva.
  • 9) Guaidó, el elegido. La oposición al régimen no había tenido un líder que convocara como lo hace hoy Juan Guaidó, tanto internamente como en el ámbito internacional. Es efectivamente una oportunidad inusitada que están aprovechando todos los actores que están contra del régimen para tener una figura que convoque todos los afectos posibles en pro del cambio de gobierno. No será fácil blindar a Guaidó, a pesar del apoyo internacional, pues el régimen tratará de golpearlo de manera directa o indirecta y he ahí una preocupación adicional: que un ataque sobre Guaidó o su grupo de trabajo incremente la presión internacional y a su vez esto desate nuevas revueltas sociales o, que se desgaste tanto que termine “quemado” y de paso, apague el ánimo del país que clama un cambio, de tal manera que les cueste mucho volver a buscar un líder convocante que le plante cara a Maduro. En ambos escenarios el pueblo venezolano terminaría pagando los platos rotos ya sea por represión o por más caos. En medio de este merengue, es previsible que el régimen culpe a la oposición de los desastres actuales, como lo ha hecho en el pasado, desde el apagón hasta la falta de alimentos, eso no es nuevo. El nuevo peligro es que aquí no se toque fondo y se quiera presionar una hecatombe total, es decir, que detrás de un ataque a Guaidó, se busque precisamente presionar una represión más violenta que la que ya se ha visto o una confrontación armada. Esto último sí sería lo peor.
  • 10) La estrategia de la trinchera. Llevamos algunos meses pensando que la situación en Venezuela inició su cuenta regresiva hacia el fin del régimen, y es posible que sí lo sea aunque todavía haya que esperar más. Una nueva negociación con la oposición le permitiría al régimen ganar tiempo para re organizarse y alargar la agonía. También es posible que dado el desespero en las toldas del gobierno se tomen medidas absurdas y que pasen la franja de la locura, presionando incluso una intervención militar. Esta posibilidad, más lejana que cercana desde el punto de vista de la geopolítica, pareciera servirle más a Maduro y su combo que a la oposición. Es bueno que la gente que piensa que es posible repetir lo sucedido hace décadas en Panamá o Grenada se baje de esa nube. Ante una posible intervención militar los únicos que ganarían serían los mercaderes de la muerte, los vendedores de armas y los demás que se dediquen a la guerra. Al contrario de lo que muchos piensan, una intervención le daría al régimen tiempo para negociar entre el derramamiento de sangre; sacar recursos financieros; ganar apoyos locales y externos, y además se atrincheraría mientras el erario queda aún más devastado, aumentándole años de espera a los venezolanos para su recuperación futura. Esta sería una trinchera que difícilmente da márgenes de maniobra mientras que le permitiría a la cúpula del gobierno salir de Venezuela como refugiados o como “mártires”.

Lamentablemente, lo que hoy vemos en la hermana república es como si se tratara de un secuestro con rehenes, donde algunas víctimas tienen síndrome de Estocolmo y los secuestradores tienen armas y aliados internacionales. Así está Venezuela, secuestrada y con una parte de su gente convencida de que esa debe ser la vida que han de vivir, mientras sus socios en el extranjero esperan pacientes su parte en esta trama, incluso aquellos que se benefician en las encuestas por mostrarse más duros contra el mismo Nicolás. No obstante, la historia demuestra que los tiranos pueden permanecer en el poder por años, so pena de todo un pueblo y ante los ojos del mundo. Por eso Nicolás, “ni colás ni dejás colar”.

Fuentes:

https://es.mongabay.com/2018/02/arco-minero-de-venezuela/

https://www.pnas.org/content/pnas/104/39/15176.full.pdf

 

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PERFIL
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Darío Castillo Sandoval es un apasionado del emprendimiento asociativo y la economía solidaria. Está convencido de que el camino para una nueva Colombia pasa por la Economía Solidaria, pues sus empresas tienen el poder de generar desarrollo, bienestar y distribución del ingreso. Cree que es posible hacer una economía diferente a través de la intercooperación, como una alternativa para construir desarrollo sostenible en un mundo donde todos quepamos. Economista y Máster en Desarrollo Rural (Universidad Javeriana). Ha sido coordinador nacional de economía solidaria del DANSOCIAL, Profesor investigador en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana y Presidente Ejecutivo de la Confederación de Cooperativas de Colombia (Confecoop), Director Ejecutivo de la Corporación Red Unicossol. Actualmente es consejero nacional de planeación por el sector social. Sus libros y artículos han sido publicados en Argentina, Canadá, España, Uruguay y Colombia. Su frase "Economía solidaria, por aquí es el camino".

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