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Profile image Publicado en: Bogotá, te quiero, Bogotá

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Bogotá es una ciudad con 1.587 kilómetros cuadrados de extensión y más de 8 millones de habitantes; con policías de buenos resultados operativos (capturas e incautaciones) y una política distrital que como prioridad le apunta a derrotar a las grandes organizaciones delincuenciales y a recobrar la seguridad y la confianza, que se fueron perdiendo con los años.

Precisamente tal desconfianza en la institucionalidad, así como en las leyes, es hoy la responsable de que los ciudadanos acudan a métodos arcaicos de defensa y castigo, en los que prevalece la violencia y la venganza, escudados en el refrán popular ‘ojo por ojo, diente por diente’ y en el supuesto de que ‘la letra con sangre entra’.

La gente celebra cuando ve a un ladrón tirado en el suelo, sangrando, pidiendo perdón o insistiendo, entre lágrimas, que es inocente; propicia el escarnio público y por unos minutos se convierte en policía, fiscal y juez.

Si me pongo del lado de quienes defienden la justicia por mano propia, las cifras lo dicen todo: solo el año pasado se perdieron al menos 59 vidas a manos de atracadores y durante el último lustro (2011-2015) alrededor de 420.

¿Será que si alguien hubiera intervenido y usado la fuerza, esas vidas se hubieran salvado?

Ahora, los datos no son los únicos que respaldan las conductas violentas. Las laxitudes de las leyes y las penas injustas también aportan al descontento de la gente: si usted detiene a un delincuente y este no tiene antecedentes, es altamente probable que ni siquiera le ordenen medida de aseguramiento preventiva (cárcel mientras avanza el proceso); si tiene antecedentes pero responde por su familia y le queda el proceso abierto, irá a audiencias, desde la libertad, pero muy seguramente no recibirá una condena ejemplarizante. Un panorama que no varía si el monto del robo es “mínimo” (pese a que, como debería ser, para la víctima ningún robo es poco) o si no usó un arma. No es responsabilidad de la Policía ni tampoco del fiscal, es el Código Penal.

Otro par de razones, dicen los mismos ciudadanos, están relacionadas con que la Policía no llega a tiempo y que no hay suficiente pie de fuerza. Realmente ese es la eterna queja en todas las ciudades. 

Por último, se indignan porque, como lo muestran la mayoría de imágenes captadas por cámaras de seguridad o reporteros aficionados que graban el momento en el que el delincuente es golpeado, los policías lo protegen. Explicaré por qué.

Aunque a algunos se les olvide, el uniformado, sea del rango que sea, debe velar por proteger la vida y los derechos. Y es en esos momentos, cuando el ciudadano de a pie está lleno de resentimiento y sed de venganza, pone en peligro la vida del bandido e incluso su propia integridad. Eso quiere decir que, cuando un policía impide que lo sigan golpeando, técnicamente los protege a ambos: al malo y al bueno.

Lo peligroso del intento de linchamiento, sumado a lo ya descrito, es que en menos de lo que uno piensa podemos tener un panorama tan complejo como el de Filipinas: tener nuestro (s) propio (s) Rodrigo Duterte, el llamado ‘Castigador’, quien, como lo publicó este diario hace un par de semanas en su edición dominical, en menos de dos meses como presidente “ha apoyado a las fuerzas de seguridad de su país para que maten a 2.000 personas sospechosas de ser delincuentes, especialmente narcotraficantes y adictos”. ¿Exageración? No lo creo…

Dirá usted: ¡Qué mejor que darle al delincuente de su propia medicina! Cuidado porque así nacen las organizaciones delincuenciales que adelantan ‘labores’ de limpieza social.

Ahora, hay que tener claro qué pasa si a usted, el bueno, se le va la mano, como dicen coloquialmente.

En tiempos de proceso de paz, cuando abundan los mensajes de respeto e igualdad en redes sociales -aunque pocos en la vida real son consecuentes con lo que llevan al mundo virtual- está obligado a resolver los conflictos acudiendo a la mesura, el diálogo o al menos a la legalidad y el orden establecido.

La Constitución Política es clara: el derecho a la vida es inviolable; nadie debe hacerle daño a otro ciudadano o someterlo a tratos crueles, inhumanos o degradantes. Por injusto que parezca, ante la ley todos somos iguales: usted, yo, el ladrón y el asesino.

Además, si el delincuente conoce las leyes, se le puede ir hondo. Si este quiere denunciarlo, lo puede hacer y podría terminar procesado por lesiones personales, tentativa de homicidio, y lo que es peor, en caso de que el supuesto ladrón sea linchado, por homicidio. Sería raro porque el delincuente es por lo general eso simplemente delincuente, quien seguramente seguirá cometiendo el delito que bien sabe cometer. Pero puede pasar.

Sin embargo, todo en la justicia es desde el lado que lo mire. La decisión del juez dependerá de las circunstancias en las que quisieron tomar justicia por mano propia (por fuerza mayor o legítima defensa).

 Y quizás la razón más valiosa: porque como ciudadano está en la obligación de denunciar. Hágalo. Solo 4 de cada 10 víctimas denuncian en Bogotá, y eso dificulta el accionar de las autoridades. No se abstenga, no tema, no se desespere por las demoras; hágalo para que a nadie le vuelva a pasar, para que las bandas sean desarticuladas y la criminalidad se erradique de raíz. Si bien a veces la violencia justifica la violencia, no la termina. Ponerse al nivel del delincuente, a corto o largo plazo, puede terminar siendo contraproducente.

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PERFIL
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Comunicadora social y periodista, enfocada en la seguridad, la justicia y el orden público. Psicóloga empírica. Consecuente con mis pensamientos, sentimientos y opiniones. Amo escribir para informar e informar para educar. Amo escribir porque es la mejor cura para el alma. Amo escribir porque las letras hablan de ti y por ti.

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3 Comentarios
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  1. Dices en un aparte de tu escrito: “La Constitución Política es clara: el derecho a la vida es inviolable; nadie debe hacerle daño a otro ciudadano o someterlo a tratos crueles, inhumanos o degradantes”, al ladrón que está apuñalando a su víctima para robarle, cree que tiene en cuenta esta lógica?.

    Las cárceles están llenas, no cabe un preso más. La denuncia sirve para nada, si a uno le roban el celular y denuncia, el proceso tarda meses y finalmente el delincuente sale libre gracias a la laxitud del sistema judicial

  2. Respecto a lo que indica la Constitución sobre el respeto a la vida, a un atracador le interesa un comino lo que diga la Constitución cuando está apuñalando a su víctima. Las cárceles están en crisis, no cabe un reo más, la denuncia sirve para nada, pues si a uno le roban por ejemplo el celular y denuncia, el proceso penal se demora meses y finalmente el ladrón queda libre debido a la laxitud de nuestro código penal.

  3. completamente de acuerdo Syleolibros, en Amazon, Donald Trump lo mejor que le puede pasar al mundo y a los EU si es Elegido Presidente, LA Oración de Francisco, FRancisco antes de ser Papa, LA HIStoria de Papa Francisco, Trilogia la Toma del Palacio, la HIstoria completa jamás contada, 1 ASí comenzó todo, 2 A SAngre y fuego, 3 TRágico desenlace, complementados con, El Eme y la Toma, OPeración Ratonera, JUSticia bajo fuego, y mas Ahora llega Operación ALMA..

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