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El teólogo Fabián Salazar Guerrero, director de la Fundación para el Diálogo y la Cooperación Interreligiosa (Interfe) escribe sobre cómo la formación religiosa algunas veces da una idea confusa de Dios y lleva a que las personas se alejen de él.

 

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Muchas gracias por los mensajes recibidos a teologosalazar@gmail.com y por los nuevos seguidores en Twitter. Sus inquietudes son muy importantes para construir en conjunto un espacio de opinión.

 

Luego de  largos años de investigación de las religiones, he entrado en contacto con diferentes comunidades, personas y autoridades en distintas partes del mundo. Me entusiasman sus celebraciones, sus testimonios, enseñanzas  y amistad.  En estos escenarios me siento realmente cómodo y quisiera permanecer en ellos como si fueran oasis espirituales, y aunque estoy consciente que  cada grupo tiene una imagen diferente de la transcendencia, parece que el tema de su existencia no se pone en la mesa, ya que se piensa es evidente.

 

Pero también he tenido la oportunidad de compartir con hombres y mujeres que honestamente se hacen la pregunta sobre Dios, su existencia, su bondad, su intención creadora y su paternidad.  Gracias al diálogo con ellos y ellas, encuentro unas situaciones vitales que es necesario tomar en cuenta, pues realmente han marcado su vida y también la mía.

 

En repetidas ocasiones encuentro el reclamo de las personas frente a la formación religiosa familiar y escolar, pues las sienten como un montón de contenidos sin significado, que no pasa de ser una colección de historias más cercanas a las fábulas que realidades que impacten la existencia. La gente está cansada de repetir historias que no entiende y que no cree y que al fin de cuentas no dan respuesta a sus necesidades de sentido.

 

Recuerdan que sus clases de religión consistían en clases de estética donde lo importante era hacer dibujos de Semana Santa o Navidad,  ver películas “bíblicas” (que por cierto eran de muy mala calidad), asistir a las celebraciones religiosas con nota de asistencia. Quedaron tan saturados y confundidos que al salir de colegios religiosos no querían saber nada de monjas ni curas.

 

Otros se han cansado de la falta de experiencias religiosas reales. Han tenido una formación teórica, muchas veces memorística, pero no han sentido que tenga un correlato en la vida diaria, en los sentimientos, en las emociones, en el intelecto, en la familia. Parecería que Dios se revela solo a algunos, a los “santos”, a las “beatas” pero que no se acerca a la gente del  común, aquellos que lo buscan y no lo encuentran.  Se aburrieron de un amor a “distancia”, de un amor “virtual” que nunca se expresa y que nadie les enseña cómo hacerlo.

 

He de confesar que yo mismo siento  “envidia” de aquellos que afirman que Dios se le revela cada día, que les habla,  que se muestra en sueños, que les dice qué hacer en la agenda; confieso que a mí me cuesta escucharlo con esa claridad prístina, y en verdad me toca esforzarme, ¿Qué será del cristiano sin acompañamiento religioso?

 

Algunos preguntan dónde estaba Dios cuando les sucedió alguna desgracia y se preguntan también por qué si intentaron ser “buenos” les pasan “cosas malas”. Esto, para las personas, deja un sinsabor de que Dios no cumplió su parte y lo peor,  en ocasiones parece convertirse en cómplice de las desgracias.  Es verdad que suele haber personas que frente al dolor de una madre por la muerte de su hijo, piensa que está haciendo un acto de caridad al decirle “Dios se lo llevó al cielo porque necesitaba angelitos” o “era tan bueno que no quiso  dejarlo en esta tierra”.  Es cierto que algunos han encontrado consuelo en la religión en esos momentos de dolor, pero la imprudencia de algunos fieles ha desdibujado a Dios como alguien cruel. Y a estas personas heridas y en sus duelos no se les ha hecho el acompañamiento posterior.

 

La imagen de un Dios castigador y vengador también ha hecho mella en la conciencia del pueblo.  Se ha utilizado la explicación de la voluntad divina para justificar un revés, un infortunio y hasta una desgracia, afirmando que es su querer para corregir al perdido, para devolverlo a la senda; ¿pero qué  pasa con los que han intentado ser cumplidores y se sienten castigados injustamente? Y más de uno utiliza frases que refuerzan ese carácter vengador, por ejemplo: “yo no haré nada… todo lo dejo a la justicia divina”.  Se proclama amor, misericordia y compasión a Dios y la gente no comprende cómo él puede ser asociado al mismo tiempo a la guerra, desastre, violencia y hasta al terrorismo.  Cómo escandalizan aquellos que en nombre de Dios dejaron de ser hermanos para convertirse en jueces y en verdugos de su prójimo.

 

Otra causa para el alejamiento y negación de Dios es el doloroso sentimiento de engaño,  la explotación,  el abuso y en ocasiones violación por parte de aquellos que se suponía representaban a Dios y a sus instituciones.  A las personas no sólo les escandaliza el hecho abusivo sino el silencio cómplice, el ocultamiento y la mentira. Quedan cicatrices tan profundas que han dañado vidas y familias enteras y han robado la inocencia y la confianza en Dios.  En muchos casos el desafortunado intento de sobornar el silencio con razones religiosas, ha ocasionado que exploten escándalos que han salpicado a  todos los miembros de la comunidad.  Es necesario pedir perdón pero también la sanción ejemplar, para que no quede impune la falta en nombre de una “misericordia” acomodaticia.  Mientras no haya verdad no habrá justicia y por tanto tampoco reconciliación con la comunidad y con Dios.

 

Sin embargo estas situaciones de alejamiento y duda, no son sólo asunto de los laicos y de aquellos que se encuentran alejados o en la periferia de la religión.  Las crisis, el alejamiento y la desesperación por el silencio de Dios, también se da entre hombres y mujeres consagrados en diferentes ministerios y estados de vida. La rutina, el exceso de trabajo,  el progresivo sentimiento de soledad, el desencanto por las instituciones y el alejamiento de la vida diaria del pueblo, ha causado en algunos el enfriamiento espiritual, el aburguesamiento,  el sentirse únicamente como funcionarios, cosa que desemboca en depresión, deserción y en ocasiones, escándalos. Es claro que dentro de la vida espiritual existen las  “noches oscuras”, en las que parece que Dios callara. Lo difícil, es cuando se vuelve un estado permanente y se contagia a los destinatarios.  Cuando el agua se entibia o la sal pierde su sabor es necesario revisar la vida y pedir ayuda de inmediato.

 

Buscamos inquietos una respuesta de parte de Dios, pero tal vez:

–       Lo hacemos sin haber acallado nuestro ruido interno.

–       Lo invocamos  con angustia sólo en momentos de crisis.

–       Lo buscamos con miedo e interés.

–       No le damos el tiempo suficiente para esperar.

–       No creemos que somos importantes para él.

–       Pensamos que solo otros merecen su voz.

–       Permanecemos enojados y no queremos escucharlo.

–       No lo buscamos por iniciativa propia sino porque otros nos han hablado de su existencia.

–       Interpretamos su existir como un ejercicio mental o de fórmulas mágicas.

–       Estamos distraídos y no escuchamos su respuesta.

–       Esperamos que se manifieste de maneras específicas, sin dejar que nos sorprenda.

…Tal vez hemos dejado de estar enamorados de él.

 

Seguimos en contacto en:

@teologosalazar

teologosalazar@gmail.com

 

 INTELIGENCIA ESPIRITUAL

Los invito a seguirme en mi cuenta de Twitter, @teologosalazar, para compartir algunas reflexiones sobre coaching en Inteligencia Espiritual.

–          Sanar corazones. Esa debe ser nuestra misión. Con el bálsamo de la ternura, la dulzura de la palabra y la sabiduría que viene de Dios.

–          Podemos situarnos más arriba de los comentarios envidiosos y malintencionados. Soy lo que soy en mi corazón y no lo que otros dicen.

–          Dios es siempre fiel a sus promesas.

–          Dios nos regala un nuevo día… no nos atrevamos a desperdiciarlo.

–          Luego de hacer una lista de prioridades, agrupémoslas según áreas de nuestra vida y de nuevo analicemos cuáles son importantes, urgentes o estratégicas para ser felices.

–          El amor necesita de la presencia.

 

 

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PERFIL
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El confesor, así se llama el administrador y coordinador de este blog colectivo dedicado al tema religioso. Es un comunicador que trabaja todos los días con la fe para hacer artículos periodísticos. Como debe ser, no profesa una confesión ni tiene una filiación política. Solo es un puente entre los invitados a este proyecto y los lectores.

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