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Hoy salgo de closet como creyente de esta palabra tan
trajeada

 

Me vi Evan Almighty, una comedia donde un
congresista recibe el llamado de Dios para convertirse en el Noé moderno. Tengo
esta facilidad de conectarme con la narrativa de cualquier película y por ello
admito que ésta, tan simple, tan… gringa, me puso a pensar y me tocó el corazón.

 

Como Evan Almighty, hoy quiero confesar
que me ha tomado años aceptar y decir que creo en Dios.
Es decir, siempre he
creído en su existencia y he buscado infinitas maneras para tratar de acercarme
a lo que ésta representa en mi cabeza, pero decir esa palabra me ha costado
trabajo hasta, creo, que el día de hoy.

 

Desde que tengo recuerdo he estado
persiguiendo una cercanía con algo más infinito y menos racional. He buscado
respuestas a mi razón de existencia y maneras de acceder a algo que me permita
sentirme menos humana y más parte del extenso universo.

 

Gracias a que tengo una mentalidad muy
abierta me he permitido experimentar con todo tipo de procesos de acercamiento:
desde ir a misa católica y rezar el rosario a rituales más indígenas que involucraron
malocas y baños de luna. También tuve una época bastante alquímica donde use
los elementos (piedras, velas, agua) para acceder a esta fuerza todo poderosa
pasando, por supuesto, por rituales menos de mi cultura pero de igual
resonancia en mi corazón, como lo son la 
meditación, el yoga, los mantras y las mandalas.

 

Hace 8 años esta búsqueda me llevó al que
se es mi camino espiritual. La Kabbalah.

 

Pero la confesión que quiero hacer hoy es
que creo en la palabra Dios. No la
palabra de Dios
concepto que repugno y por el que siento tanto daño nos
hemos hecho como seres humanos, sino la palabra Dios. Así, completa, con sus
cuatro letras y su total y vasto significado.

 

Cuando empecé a estudiar Kabbalah me
gustó que no se hablara de Dios sino de la Luz. Encontré en los estudios
kabbalisticos una explicación científica de este concepto, con símbolos,
números, y métodos casi matemáticos y totalmente lógicos. Era filosofía pura
que me permitía acercarme a una energía creadora del universo cuya esencia es dar
infinitamente. La idea de La Luz era fascinante y el sistema para atraerla a mi
vida se veía tan fácil como una receta de cocina. No lo fue.

 

Los primeros cuatro años de estudiar
Kabbalah fueron años de crecimiento intelectual pero no espiritual. Creé un
concepto en mi cabeza que me permitía acceder intelectualmente a la idea de
Dios sin realmente sentir lo que esto era en mi corazón.
El concepto de La Luz
me permitía sostener conversaciones intelectuales sobre lo que era Dios sin
tener que untarme con todo lo que éste concepto implica mientras me protegía de
quedar bien con otros de equivalente intelecto.

 

Ese fue mi gran error. Acceder a Dios
desde la cabeza tratando de complacer o convencer a los demás partiendo
desde la idea de lo que el concepto significa para ellos. Porque al final de
día ese es el problema con esta palabra. Dios es un concepto que ha sido recargado
de una cantidad de significados, que a mi parecer, lo contrarían, y que al mencionarlo
abre una cantidad de juicios valorativos que irónicamente generan todo lo que
en teoría no es Dios.

 

Con
gran tristeza hablar de Dios genera separación.

 

Para muchos, decir que creo en Dios
significa que soy ignorante y que como cuento de algún grupo religioso. Que no
creo en la ciencia, o peor aún, en mi poder para ser la causa de lo que sucede
en mi vida. Me convierte de inmediato en alguien que no se adhirió a las ideas
de vanguardia que propulsaron el renacimiento y me adhiere a un grupo de
personas de mentalidad conservadora que hace rituales semanales y condena
acciones que permiten avanzar a la sociedad en conjunto.

 

Creer
en Dios no está de moda. Hablar de Dios es para iletrados.

 

Por otro lado, si digo que creo en Dios
en los recintos donde dicen creer en Dios, de inmediato tengo que adherirme a
una cantidad de preceptos que contrarían mi manera de pensar y actuar. Para
algunos tendré que escribir Di-s de manera incompleta para respetar su nombre,
para otros tendré cubrirme el cuerpo con ropaje negro y subyugarme como mujer.
Para “los míos” tendré que considerar a los homosexuales como una aberración y
al castigo, la culpa y la subsiguiente confesión como la manera para limpiar
mis acciones pecaminosas.

 

Creer
en Dios es seguir preceptos dictados por otros. Hablar de Dios es hablar de un Dios
verdadero cuyo radio de influencia únicamente toca a los que siguen
ciertas reglas.

 

Y pues, valga la redundancia, gracias a
Dios encontré un camino espiritual que nada tiene que ver con las religiones
que se apoderaron del concepto que acá trato. Y este camino, esta manera de
comprender el mundo, me ha enseñado que Dios es una energía dadivosa que tengo
en mi interior. Dios son esas ganas de actuar bien, no porque lo dice la moral
o alguien lo interpretó de algún libro, sino porque es bonito querer a los
demás como me quiero a mi misma. Se siente bien, me hace feliz.

 

Dios en últimas eso, felicidad, unidad y
amor.

 

Dios si crea milagros. El Dios en mi. El
Dios que me hace reflexionar sobre la manera como trato a los demás y a mi
misma. Que me hace cuestionar el si me respeto o no lo suficiente. Dios es el
que me dice que de nada sirve rezar o hablar con él si luego salgo a la calle a
pordebajear y maltratar a otros que también lo tienen dentro.

 

Conocer que tengo esa fuerza en mi
interior es el mayor milagro que Dios me ha dado en la vida. Cada vez me
irrespeto menos porque se que al hacerlo estoy irrespetando al Dios que tengo adentro. Ese mismo que todos los seres, vivos o no, tienen también en su interior. Cada
vez respeto y quiero más a los demás. Gracias a Dios estoy aprendiendo a amar de verdad.

 

Mi maestra Monica Berg suele decir que
nuestras creencias solo están amenazadas si no creemos en ellas. Por eso hoy he
decidido salir del closet como creyente de la palabra Dios. Esto no significa
que a veces seguiré refiriéndome a éste como La Luz o el Universo. Ambos
conceptos son más gráficos y menos cargados de contenido. Yo no temo hablar de
Dios, temo que se le confunda con religión o algo externo a esta fuerza
implacable que todos llevamos por dentro.

 

Hace dos años tuve el mérito de estar en
Nablus, Palestina, con alrededor 2000 estudiantes de Kabbalah.
Este es un
pueblo Palestino lleno de dolor, apresado por una guerra religiosa que tiene
confinado a miles de personas de distintos credos. Al medio día, en la mitad
del Ramada, nosotros llegamos a invadir pacíficamente la plaza central. En la
tarima estaba mi maestra Karen Berg, una gran mujer judía que abrió el
conocimiento de la Kabbalah para el mundo. A su lado estaba la alcadesa de
Nablus, otra gran mujer, palestina y musulmana, que nos permitió hacer una manifestación
pacífica en su pueblo.

 

Éramos representantes de todas las
religiones y partes del mundo. Católicos, judíos, musulmanes, budistas,
personas que nunca han asistido a un templo o han creído en alguna religión. En
el centro de esta plaza cantamos una canción que habla de paz porque eso es lo
que queríamos compartir de nuestros corazones. Nuestro respeto por las
creencias de los demás fue nuestro acto máximo de unidad, nuestro cariño propio
fue una manifestación de verdadera de lo que llevamos por dentro.

 

Es la única vez que he visto en mi vida
al mundo reunido y re-unido. Es para mi la manifestación más clara que he
tenido de que Dios existe porque Dios es eso interior que no juzga, que ama al
otro, que respeta a los demás como se respeta a sí mismo. Dios es eso que
trasciende al ser humano como humano y nos junta como iguales. Porque así nos
creamos diferentes y únicos, los somos como lo es una pieza de un mismo
rompe-cabeza. Somos hechos de lo mismo. Una sola alma. Una misma Luz. Partes
iguales del Universo. Restos del mismo polvo de estrella.



 

 

 

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PERFIL
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En el 2005 empecé una búsqueda espiritual que día a día me ha permitido acercarme a la persona que deseo ser. En este Blog he decidido compartir mis vivencias -muy personales- ya que tal vez a través de éstas puedo ayudar a los demás a ver el mundo de una manera diferente. También busco aprender de quienes me lean, en últimas todos somos maestros de todos. Como estudiante de Kabbalah habrán de encontrar muchos pedazos de esta antigua sabiduría que he tenido el mérito de aprender en los últimos años. Mi intención es que éste sea un espacio de crecimiento para todos los que acá interactuamos. Tengo certeza de que juntos vamos a encontrar las respuestas que nos llevarán a una vida más feliz y el camino para abrir nuestro corazón.

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