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Para pocos es conocido el nombre de esta ciudad, Xi’An. Incluso para mi era una extraña palabra en Chino hasta que no supe que se trataba de la ciudad donde fueron encontrados los famosos guerreros de terracota. Prácticamente con esta misma información fue que decidí incluirla en mi itinerario por este país y debo decir que no me arrepiento de haberlo hecho pues fue un lugar que me presentó más de lo esperado.

Torre de la Campana al final de la calle Musulmana

Torre de la Campana al final de la calle Musulmana

 

 

 

 

 

 

 

 

Y justamente llego a esta urbe de 3.5 millones de habitantes luego de tomar un tren bala que en cuestión de 1.5 horas cubrió los 400Km que la separan de Luoyang. Una vez allí hago la conexión con el metro y llego a mi hostal. Aquí también me impresionó el desarrollo de China, que no escatima para dotarse de infraestructura, a diferencia de lo que a paso lento y corrupto ocurre en nuestro amado país del sagrado corazón. El hostal en el que me quedé por recomendación del Italiano (mi nuevo compañero de viaje, ver crónica anterior), de nombre Dragon House, estaba muy bien ubicado. Parecía más como un hotel que se devolvió para ser hostal, así que no tuve que soportar los dormitorios atiborrados de camarotes sino que me quede en una habitación triple compartida. Lo cual me llevó a pensar de nuevo en que le habría ocurrido a mi primer amigo de viaje ahora ausente: ¿Lo habría secuestrado la mafia China? Lo habría detenido la policía? ¿Habría conocido a una despampanante mujer China que le hizo cambiar de planes? Me resigné a no encontrar la respuesta de momento y mejor dedicarme a conocer la ciudad. El primer lugar cercano al hostal y recomendado en la guía era la calle musulmana….

¿Una calle musulmana? ¿En china? Sonaba tan interesante y contradictorio que tenía que ir a verlo. A medida que me acercaba al lugar vi como el ambiente sufría una metamorfosis. El primer signo fue ver a decenas de personas jugando Mahjong en improvisadas mesas en la calle. Tal vez algunos de ustedes se preguntarán qué es eso de Mahjong, suena a mojón, pero es en realidad un juego de mesa originado en China y que se juega en grupos de 4 personas. Tiene similitud con el juego de Rummy siendo el objetivo formar grupos a partir de las fichas recibidas y obtener ciertos puntos en base al grupo generado. Es un juego antiguo en China cuyo orign algunos incluso atribuyen a Confucio (parece que este personaje es el equivalente Chino de Leonardo Da Vinci con todo lo que al parecer hizo). Probablemente no fue este personaje quien lo inventó pero lo cierto es que fue también prohibido luego de la revolución cultural China desde 1949, ya que las apuestas asociadas al juego eran un símbolo de la corrupción del capitalismo, hasta 1985 que fue permitido de nuevo.

Luego las tiendas fueron cambiando su aspecto y oferta pues tenían ahora productos árabes como frutas secas, pan y comida que se veia diferente. En particular recuerdo los animales colgados en un local que por su anatomía parecían ser perros. Lo mejor de todo era ver que la gente también cambiaba pues se trataba de Chinos, algunos con aspecto mezclado de medio oriente, vestidos con ropas tradicionales arabes. Era fascinante ver esta mezcla. Supe que había llegado al punto porque la densidad de tiendas llegó al límite en el que ya era difcil pasar entre una y otra y la calle estaba llena de puestos coloridos entre los cuales se movía un río de gente a una velocidad lenta pero constante mirando qué comprar. Este lugar tenía un encanto especial pues se sentía auténtico y diferente en medio de la urbe China. Era como si el tiempo se hubiera detenido un poco aquí y que este lugar fuera inmune a la epidemia de modernización en China que termina restando humanidad a algunos lugares en el afán de construir grandes (pero no siempre bonitos) rascacielos, vías, centros comerciales, etc.

Me di gusto comiendo cuanta cosa rara encontré, y este era el lugar propicio para hacerlo pues la mezcla de gastronomía china y del medio oriente dio a luz a nuevos platillos y sabores. Entre las recetas que vienen a mi mente están una especie de gelatina hecha a partir de un tipo de frijol, sin mucho sabor, que venden en cubitos y mezcladas con verduras a la plancha. Un pastel gigante parecido a la mantecada pero de color amarillo por dentro que venden por tajadas. Una sopa de tallarines (que en adelante llamaré noodles) con carne de cordero, una bebida fría de leche y frijoles dulces que no sabía tan mal como la descripción la hace parecer y muchas de estas bebidas las servían extrañamente en vasos desechables estampados con la conocida marca en Colombia de «Choco Listo» (este misterio no lo pude resolver). A este lugar volví varias veces en compañía de mi amigo el italiano para visitar lugares como la gran Mezquita que tiene una mezcla de arquitectura China/Árabe, y la torre de la campana que es una hermosa edificación de estilo Chino que en la noche resalta por el alumbrado.

Y en efecto, volviendo al tema, cuando regresé al hostal allí estaba Sacha mi amigo italiano. La explicación de su ausencia era la más simple, como tiende a ser todo en la vida real, «llegue tarde al tren por tomar el bus local hacia la estación y se tardó más de la cuenta» dijo en ese español con un ligero acento. Todo un políglota este señor. Era apenas de esperarse pues sus estudios habían sido en lenguas. No por eso dejaba yo de sentir envidia por su capacidad para comunicarse en Chino con los locales.

Volvimos a encontrarnos con otros italianos más que habíamos conocido en Luoyang y esta vez serví de guía para llevarlos al barrio musulmán. Con gusto me volví a sumergir en estos callejones, pero esta vez nos llevamos una sorpresa adicional dado que en el camino nos encontramos con un curioso espectáculo de un par de Chinos sentados sobre el anden, encadenados entre sí y con candados alrededor del cuello. Los italianos preguntaron y así supimos que se trataba de una costumbre matrimonial. Acto seguido entramos al lugar de la celebración a través de una puerta decorada con globos y papel rosado que más se asemejaba a una fiesta de 15 años. Al final del estrecho corredor, una habitación llena de hombres Chinos bebiendo licor nos vio llegar con asombro. Los siguientes 5 minutos que allí estuvimos fueron intensos, con algo de baile, unos tragos que nos ofrecieron, y una marcada atención hacia las chicas italianas que nos acompañaban. Logré entender que los presentes querían que ellas besaran a uno en particular que resaltaba por su obesidad, basicamente como diríamos aquí, se la estaban montando al gordito. A ellas no les pareció tan buena idea por lo que prontamente y en medio del tumulto nos fuimos del lugar riéndonos por aquella situación.

Al día siguiente hicimos nuestra visita a las montañas sagradas de Hua Shan, pero esta aventura merece una crónica separada. Así que viajaré en el tiempo literiario una día más para llegar a la atracción principal de Xi’An: Los guerreros de terracota.

En la entrada, mi amigo Italiano y yo tratamos de aprovechar su descuento estudiantil para ahorrarnos algo de dinero. Esta vez no tuvimos suerte pues hicieron una verificación del carnet estudiantil en la entrada de manera que tuve que regresar a comprar la entrada a precio completo por aproximadamente 30 mil pesos.

Superado el ingreso y recorriendo el lugar, visitamos varias exposiciones del museo que nos dieron una introducción al lugar y su historia. Fue descubierto apenas en 1974, por casualidad mientras realizaban unas obras del acueducto para la ciudad. Cual sería la sorpresa de estos señores al encontrar miles de figuras de arcilla en tamaño real correspondientes al ejército del primer emperador de la dinastía Qin de China que en ese momento se creyó que acompañarían al difunto mandatario a conquistar a el mundo del más allá. Lo que no imaginaron es que en realidad conquistarían la admiración de los arqueólogos y turistas del futuro, incluyéndome a mí.

Comenzamos a visitar las tres fosas donde se han encontrado los restos, de la más pequeña a la más grande, y debo admitir que me sentí decepcionado pues en las dos primeras no se ven tantas figuras en parte porque luego de cientos de años muchas de ellas se han dañado como era de esperarse. Sin embargo, al llegar al hangar más grande que protege a la fosa correspondiente se aprecia la magnitud de este lugar. Son filas y filas de figuras a tamaño real de soldados, liderados por tenientes y generales, en formación militar esperando pacientemente las batallas de ultratumba. No menos impresionante es que cada una de estas figuras tiene un rostro diferente, barba, bigote, peinado, mirada, etc. y que cada una de las figuras tenía un arma verdadera (metálica) en su poder cuyo filo se mantiene hasta hoy puesto que tenían una técnica para proteger al hierro de la oxidación. Frente a esto no queda más que hacer una pausa, admirar y reflexionar sobre estas obras que costaron sudor y lágrimas de muchos para la gloria de pocos, o en este caso, de uno. La megalomanía de un emperador sumada a su poder le permitieron completar esta maravilla y en la China moderna aún quedan esos vestigios de muchos beneficiándose a costa de pocos a pesar de proclamarse como un estado comunista.

Superado el asombro de los guerreros de Terracota, quedan aún más lugares por visitar. Entre ellos están las murallas de la ciudad que rodean el casco viejo de la misma y se pueden recorrer enteramente a pie o e una bicicleta que alquilan en la cima. La altura y el ancho de la muralla son impresionantes y justificados considerando que esta ciudad fue capital del imperio Chino y el punto de llegada de la ruta de la seda que es tal vez la ruta comercial más famosa de la antigüedad. Otro de los atractivos son la gran y la pequeña pagoda del ganso que se levantan entre los jardines y templos que los rodean. En la gran pagoda hay además un espectáculo de fuentes de agua «bailarinas», que es tal vez el más grande y bello que he visto hasta ahora por lo que considero que merece una visita.

En conclusión, Xi’An fue una ciudad que ofreció muy buenas experiencias y aventuras, por eso les recomiendo que la consideren en sus itinerarios si planean visitar el gigante asiático. Tal vez me habría quedado un poco más tiempo aquí de no ser porque mi siguiente destino esperaba: El parque Nacional Jiu Zhai Gou.

Cómo llegar:En tren, desde Luoyang 1.5 horas. En Avión desde Beijing o la mayoría de ciudades en China el vuelo toma menos de 2 horas.
Mas información (en inglés): http://wikitravel.org/en/Xian

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Giovanni es un apasionado por los viajes, los deportes de aventura y la fiesta (como buen Colombiano). Se apartó un poco de la vida convencional para vivir nuevas experiencias y retos viajando alrededor del país y del mundo. Escribe y reflexiona sobre sus vivenciasy temas realacionados con el objetivo de despertar esa curiosidad por vivir intensamente en sus lectores.

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