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El pasado viernes 20 de julio, como ya es costumbre, se realizó un vistoso desfile militar para celebrar el grito y la posterior revuelta popular que hace 202 años nos dieron la independencia. Al ver el alborozo con el que la clase dirigente y seguramente uno que otro curioso sanandresano observaba la marcha armamentista, me sentí incómodo, falto de orgullo patrio, y pensé en que un país que celebra sus fiestas patrias haciendo gala del poder de sus armas, haciendo oda a la guerra y a la batalla, que es lo que reflejan los uniformes, los fusiles, los aviones blindados y los tanques, es un país que deja mucho qué pensar y poco que desear; en síntesis es un país que demuestra haberse quedado en el discurso de la guerra y no en el de la construcción de la paz.

Mientras seguía en mis cavilaciones sobre los aspectos de los cuales sentirse orgulloso en un veinte de julio, se llevó a cabo otro acto tradicional, la posesión del Honorable Congreso de la República, reflejo de esa democracia de la que, se dice, debemos sentirnos orgullosos por ser una de las más antiguas de América Latina, aunque no sé si sea de las más saludables. No obstante, una vez más me sentí falto de orgullo y por el contrario avergonzado. Cómo sentirse orgulloso de un Congreso al que elegimos los colombianos a sabiendas de que muchos de sus miembros tienen investigaciones por nexos con grupos al margen de la ley, miembros que no leen los proyectos de ley que aprueban, o que formulan legislaciones que van en beneficio de sí mismos y en detrimento de la justicia del país al que dicen representar, o que se creen con la potestad de no acatar los marcos legales que ellos mismos promulgan.

Sin mucho de qué sentirme orgulloso, pero buscando encontrar el amor patrio que se supone debo sentir, entré a las redes sociales para ver si por lo menos en el sentir colectivo encontraba aspectos que yo hubiera olvidado por el afán de buscar las falencias de nuestra gente y no sus bondades; sin embargo, la cura resultó ser peor que la enfermedad, porque más allá de consignas veintejulieras cuyo patriotismo se ve reflejado en “las maravillas del aguardiente” (que ni siquiera tiene reconocimiento internacional de origen), “los triunfos de Shakira” (que cada vez parece menos nuestra), “la adoración al Divino Niño del 20 de julio”, “tener el mejor café del mundo” (del cual poco sabemos como bien dice la reciente publicidad de Nescafé), no encontré ningún aspecto de arraigo nacional que me permitiera decir, puedo levantar en alto la frente y decir, como dice la vieja canción, “Ay que orgulloso me siento de ser un buen colombiano”.

Cómo decir que somos buenos colombianos si nuestra indignación contra la barbarie de la guerra sólo dura lo que dura un noticiero, si seguimos considerando a los indígenas como ciudadanos de segunda clase y juzgamos sus acciones desde la orilla del conquistador ario olvidando que son tan víctimas del conflicto como los soldados que ponen su pellejo por la seguridad del país, cómo sentir orgullo cuando vivimos en el tercer país con mayor inequidad en el mundo, cuando la solidaridad consiste exlusivamente en donar mercados en la temporada invernal, pero no en plantearnos una sociedad diferente, fundamentada en la tolerancia y el respeto por la diferencia étnica, racial, ideológica y de orientación sexual, cómo sentirse orgulloso de ser un buen colombiano cuando seguimos considerando que el país se reduce a las principales ciudades y pasamos por alto que ese otro país campesino, afrocolombiano, indígena, rom y mestizo es el 70% del territorio patrio, aquel del que también decimos sentirnos orgullosos por la majestuosidad de su geografía, pero que mantiene en el olvido del Estado y peor aún en el olvido de quienes con ánimo veintejuliero dicen sentirse orgullosos de ser colombianos.

Cuando el 20 de julio termina, los ejércitos se guardan nuevamente en sus trincheras, el Congreso prepara un nuevo listado de proyectos y sesiones de trabajo y la gran mayoría de colombianos reduce su júbilo a la parranda que permite el puente festivo, yo en cambio decido no perder el amor por la patria, pese a que haya poco de qué sentirse orgulloso, al fin y al cabo lo que no puede perderse es la esperanza de que esta tierra que nos vio nacer pueda transformarse algún día, haciendo buen uso del potencial que le otorgó la naturaleza, incluida su gente, a pesar de todo.

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Estratega de comunicación residente en Bogotá, coordinador de acciones de difusión de eventos culturales en Colombia, así como en la asesoría en comunicación para el desarrollo de proyectos sociales, ONG y agencias de cooperación internacional presentes en el país.

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4 Comentarios
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  1. Los desfiles militares en las fechas patrias en realidad no son una celebracion de las armas ni una apologia de la guerra, por el contrario es un rendirle honor a los patriotas que han ofrendado sus vidas para que nosotros tengamos un pais al cual servir de la misma manera en que ellos lo hicieron. Si a ud. Shakira no luce como ud. debe ser porque asi es y tal vez eso se deba a la circunstancia de que ella proviene de una region diferente de aquella de la que procede el blogger. Pero no se afane hay a quienes nos gustan los desfiles patrios y nos gusta Shakira.

  2. Juan Felipe, afortunadamente sí hay de que enorgullecerse de ser colombiano. Y no proviene de la Élite del gobierno como bien apuntas, ni tampoco de las armas de fuego que desangran a la nación tanto económicamente como por sus impactos, tampoco proviene de las redes sociales que sí se reunen aunque para mantenerse divididos, tampoco provienen de los ídolos de la publicidad y el entretenimiento. Proviene de los más humildes, de los más anónimos, de unos indiecitos negritos y chiquitos pero muy bien organizados que acudieron en masa a defender la soberanía de sus tierras, lo hicieron al mejor estilo de Gandhi o Martin Luther King Jr: De manera totalmente pacífica, sus únicas armas son un bastón apenas simbólico, vestidos de prendas de colores vivos para ser visibles en la montaña. Eso sí es motivo para sentirse orgulloso, saber que los más humillados de nuestra historia todavía saben luchar sin lastimar, saben defender lo suyo sin una bala. Con una organización similar aunque más poderosa y sostenida otros indiecitos en Bolivia llevaron a la presidencia a Evo Morales, otro indiecito. Entonces para mí es un orgullo saber que sí existen movimientos sociales como el CRIC o la Minga, o la guardia indígena que saben mantener el order en su casa y no permiten la violación de su soberanía. Como hay que ejercitar el músculo de la democracia, me gustaría que en lugar de festivo hubiese unos 2 o 3 días de paro cívico nacional de aquí hasta el 6 de Agosto a ver cómo le queda el ojo al congreso saber que el pueblo todavía controla el país. Ese sí sería un detallazo.

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