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La aterrizada fue suave. A las 6.30 am escribía en la cocina del apto de Angaro y planeaba el día. Quería salir rápido para ir a reclamar la acreditación, imaginaba una fila terrible, y como colombiano que las ha sufrido, me preparé para llegar temprano solo para darme cuenta que no había necesidad. Después de 5 minutos ya tenia mi carnet y nadie pidió siquiera un documento con foto.

Lograr el password del WiFi fue algo un poco más difícil, pero nada raro. De las salas de prensa salí a la primera película que quería ver: The Days Run Away Like Wild Horses Over the Hills. Cinta extraña que echó a no pocos ya a los primeros minutos de haber empezado. Apagué velas un par de veces y luego decidí salir para poder estar en la rueda de prensa del jurado internacional.

Jurado de la Berlinale. Foto: AFP)

Jurado de la Berlinale (Foto: AFP)

Y bueno, allí estaba viendo a la delicada Audrey Tautou (Amélie) y al vecino de casa Darren Aronofsky (Pi, The wrestler). Formales y queridos, de los que te encontrás en un after, fuera de poses — junto al director coreano Boon Joon-Ho, a la señora De Laurentiis y  Claudia Llosa —peruana esta última, los demás desconocidos para mí—. Parecían alcanzables, la persona que está al lado de uno en el tren. Impresionante la frescura de Aronofsky, la calidez de Daniel Brühl y Matthew Weiner —escritor de Mad Men— que cuando alguien pronunció mal su apellido, él le corrigió diciéndole: «Nunca había oído mi nombre de esa manera», todo en un tono de camaradería y risa. La madame Tautou hizo énfasis en lo diferentes que son todos y que al votar no se trata de ir en contra de alguno de los films sino a favor de uno de ellos. Y como un primíparo, fue tal la emoción que los ojos se me encharcaron. Aronofsky casi se queja de que le tocaba ver 18 películas en 10 días; y yo iluso que quería verme más de 30.

Llegué 30 minutos antes de empezar con Nadie quiere la noche —va por el Oso— y ya la sala estaba llena. Frustrado me quede esperando a ver si al menos de pie podría entrar. Afortunadamente la proyectaron en otra sala. Una sala a la vieja usanza y no la típica de cineplex, aunque en uno de ellos. Sentí lo mismo que cuando era niño y mi tía o mi tío me llevaba al teatro Pigoanza en Neiva. Una pantalla enorme protegida un por velo que se corrió solo un minuto antes de empezar la proyección, nada de cortos, nada de comerciales… Y empezó la Berlinale.

Después de ver la peli quise saber algunas cosas y volé a la rueda de prensa. La directora era un animal que opacó a los protagonistas. La española, sin pelos en la legua. «Ya está bueno de el asunto de género… Yo no quiero ganar lo mismo que un hombre, yo quiero ganar más» respuesta que dio cuando le preguntaron si la película trata sobre género, o qué se sentía ser la primera mujer en abrir una Berlinale dijo que no había diferencia, que el ‘asuntito’ se nos estaba yendo de las manos, y que había evidencias obvias de que había diferencias, pues ella tenía tetas y los hombre verga. Así, simple. Nada más.

Ve, sabés que el frío desaparece cuando estás en el mismo cuarto con mujeres como esta.

Pase con confianza: La Berlinale en los ojos de un opita

Relatos en: El Galeón Fracaso

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