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Por: Laura Nataly Rojas A. 

El pasado jueves, 12 de junio, el mundo entero posó sus ojos sobre el territorio de São Paulo, Brasil, durante más de treinta minutos. El motivo: en el estadio Arena de São Paulo se celebró la ceremonia y el partido entre las selecciones de Brasil y Croacia, que dieron oficialmente inicio a la Copa Mundial de fútbol programada para el presente año.

La ceremonia que tuvo como acto central la presentación de dos artistas internacionales (Pitbull y J-Lo), contó con la participación de más de 600 bailarines, duró aproximadamente 30 minutos y costó alrededor de 9 millones de dólares, se caracterizó por dos elementos esenciales: la danza, la alegría y la naturaleza.

Pese a la enorme producción que implicó, esta ceremonia inaugural no estuvo exenta de recibir enormes y fuertes críticas por parte de fanáticos del fútbol y espectadores que esperaban una ceremonia más colorida, folclórica y espectacular, que resaltara a cabalidad la imagen que se tiene al respecto del espíritu brasilero rastreable en otros enormes eventos como el carnaval celebrado en la ciudad de Río de Janeiro, donde la samba es el festejo central.

Pitbull

Además de estas críticas de forma, la inauguración del Mundial y la Copa Mundial en sí se han visto altamente afectadas por asuntos muchísimo más estructurales que atraviesan la sociedad brasilera, y que han generado enorme polémica al interior del territorio: mientras la FIFA y el gobierno nacional se esfuerzan por mostrar a Brasil como un país próspero y con la capacidad necesaria para organizar eventos de este tamaño sin afectar a la población, sectores importantes de la sociedad se manifiestan en contra de la organización del Mundial y de los devastadores efectos sociales que ha producido a lo largo y ancho del país.

En medio de esta ambigüedad, lo que resulta pertinente de estudiar alrededor de la recién iniciada Copa del Mundo es la imagen contra-oficial que se vive en las calle de Brasil, que parecen ser olvidadas detrás de los masivos eventos y partidos que llenan estadios y contagian con felicidad y pasión a los hinchas y espectadores; cuestionando hasta qué punto la alegría -que se proyectó en la ceremonia de inauguración- son parte de la experiencia habitual de la sociedad brasileña.

Así, el primer problema estructural que atraviesa Brasil y su sociedad es el de la pobreza generalizada: cerca del 25% de la población es considerada como “pobre”, de acuerdo a los diversos estándares, según lo registra la revista colombiana Portafolio. Esto quiere decir que más de doscientos millones de brasileros no cuentan con los recursos mínimos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas: alimento, vivienda y vestuario. Esta población que podría llenar más de 50 veces la totalidad de los estadios destinados para la Copa del Mundo, que seguirían siendo insuficientes.

Además de enfrentarse al problema de la pobreza, la población brasilera se enfrenta también al aumento de costos en todas los ámbitos de la vida cotidiana, agravando así la inaccesibilidad que la mayoría de la población sufre alrededor de los productos que necesita para su diario vivir. Sobre este asunto, lo que muestra el índice anual Big Mac -realizado por la revista The Economist– es que el poder adquisitivo de la población brasilera es bajísimo con relación a la valorización de su moneda local: el real. Esto, en términos fácticos, se traduce en que una hamburguesa Big Mac en Brasil cuesta más de la mitad del salario mínimo diario que un brasilero gana diariamente. Un brasileño gana, en promedio, 22,6 reales al día, mientras que una unidad de las hamburguesas de McDonald’s cuesta aproximadamente 12,40 reales; o sea, el 54,8% de las ganancias diarias de la mayoría de brasileños.

Graffiti (1)

Este problema de pobreza, a su vez, se ha visto resaltado y recrudecido por la millonaria inversión que el Estado y el gobierno brasilero han realizado con el fin de garantizar la infraestructura necesaria para el correcto funcionamiento de la Copa del Mundo y la comodidad de los espectadores, valorizada en cerca de 500 millones de dólares. Inversión que, según la opinión de diversos sectores sociales, debió ser enfocada a contribuir en la solución de la situación de millones de brasileños que no pueden satisfacer sus necesidades básicas, y que viven en situaciones de pobreza extrema.

Esta inconformidad social se ha visto traducida en la permanencia constante de grupos relativamente numerosos de protestantes en las calles de las principales ciudades de Brasil, que han sido escogidas como sedes para la Copa del Mundo; además de distintos paros y huelgas gestados en algunas de las empresas nacionales más importantes, en cuanto a transporte se refiere, que reclaman la mejora en los salarios como lo son los empleados del servicio de Metro en Río de Janeiro, los empleados de los aeropuertos principales del país, y los conductores de empresas locales en Belo Horizonte, Brasilia, Salvador, Recife, Fortaleza, Curitiba y Porto Alegre.

Protestan que no han recibido la suficiente atención ni por parte de las fuerzas públicas, estatales y gubernamentales, y mucho menos por la comunidad internacional. Y que han obtenido como única respuesta la violencia, la coacción y un intento de silenciamiento, deslegitimando así la lucha que se gesta desde diversos frentes al interior de la sociedad brasileña que se siente desprotegida por la administración nacional, y que se ve cada vez más supedita a intereses de enormes multinacionales como lo son la FIFA, y las diversas marcas patrocinadoras del fútbol profesional mundial.

Así, lo que se puede observar a partir de la reciente inauguración del Mundial de Fútbol 2014, organizado en Brasil, es que si bien sí es evidente la existencia de un sentimiento de alegría y “pasión futbolera” al interior del territorio, esta no ha implicado de ninguna manera el olvido de las confrontaciones sociales permanentes que los brasileños mantienen debido a la enorme brecha que existente en la escala social. Brecha que además se ha visto incrementada por el aumento exponencial, desaforado y constante del costo de vida, sin mejorar paralelamente los ingresos a los diversos trabajadores brasileños.

@diariosmundial

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Estudiantes apasionados por el fútbol y las mil caras diferentes que esta moneda redonda llamada Brazuca puede aportar. Periodistas más allá de la narración y el comentario, pero más acá del mundo de los gurús del periodismo deportivo. Analíticos y críticos el 90% del tiempo, durante el otro 10% estamos viendo a la Selección.

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