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Precios altos vs. bajos salarios

En Colombia encontramos productos con precios más altos que en Estados Unidos y Europa. Lo paradójico es que mientras todo está por las nubes y tiende a incrementarse, los salarios son cada vez más estáticos por lo que pierden capacidad adquisitiva, generando así un desequilibrio en el mercado nacional.

Los consumidores colombianos no hemos podido disfrutar realmente de los TLC pues la desgravación arancelaria es paulatina en la mayoría de los productos y sólo se verá reducida con el paso de los años. Lo que sí se pueden ver son los altos precios del conjunto de la mercancía que se importa, esto a pesar de que los empresarios ya no pagan los mismos impuestos.

Un ejemplo son los automóviles. La camioneta Lexus LX 570 que se consigue en los Estados Unidos desde $84.980 dólares que equivalen a $236’054.895 pesos colombianos (según la TRM de la fecha en que se escribe este artículo $2.777,77 M/L), es vendida en nuestro país a un precio promedio de $600’000.000 de pesos M/L, lo que quiere decir que con lo que se compra una camioneta de estas en Colombia, alcanza para adquirir dos en Estados Unidos y aún sobrarían $127’890.210 pesos M/L.

El Chevrolet Camaro cuya versión más básica se consigue en Estados Unidos desde $25.905 dólares que equivalen a $71.958.131 pesos colombianos (según la TRM de la fecha en que se escribe este artículo $2.777.77 M/L), es vendido en nuestro país desde $197’390.000 pesos M/L, lo que quiere decir que con lo que se compra un carro de estos en Colombia, alcanza para adquirir dos en Estados Unidos y aún sobrarían $53’473.738 pesos M/L.

El Porsche Boxster 718 que se consigue en los Estados Unidos desde $57.400 dólares que equivalen a $159’443.998 pesos colombianos (según la TRM de la fecha en que se escribe este artículo $2.777,77 M/L), es vendido en nuestro país desde $359’900.000 pesos M/L, lo que quiere decir que con lo que se compra un espectacular deportivo de esta marca en Colombia, alcanza para adquirir dos en Estados Unidos y aún sobrarían $41’012.004 pesos M/L.

De esta manera, queda demostrado que los estadounidenses adquieren vehículos a precios muy inferiores de lo que se comercializan en Colombia. De hecho, sin ir más lejos, los carros que se ofrecen en nuestro país tienen los precios más altos de América Latina y por ello el parque automotor nacional es precario, contaminante y anticuado.

En la finca raíz también vemos este mismo fenómeno. Los precios de la vivienda están disparados en ciudades como Bogotá y Cartagena, tanto así que hoy en día es más costoso adquirir una casa o un apartamento en la capital colombiana que en ciudades como Nueva York, Londres o París. La situación es tan crítica que en barrios bogotanos de estrato 5 como San José de Bavaria, hay propiedades que superan el millón de dólares a pesar de que sus calles y alcantarillas están destapadas y de no contar con andenes ni iluminación pública. Mientras que en la Florida-EE.UU, una casa de similares características y con mejores zonas comunes, se puede conseguir desde los $100.000 dólares.

Los precios de la ropa no son la excepción. Aunque ese mercado se ha dinamizado mucho con el ingreso de algunas marcas extranjeras, las prendas son comercializadas en Colombia a precios muy superiores que en Estados Unidos y Europa y al promedio de los fabricantes nacionales. De hecho, algunas marcas que son de uso común entre los consumidores estadounidenses y europeos debido a sus bajos precios, en Colombia son consideradas marcas de lujo por lo contrario. Por su parte, las cadenas de almacenes por departamentos y las grandes superficies han diversificado la oferta de ropa y calzado aunque con precios muy altos si se tiene en cuenta que las marcas que comercializan proceden mayoritariamente de Chile y de China y en el caso de las grandes superficies se trata de marcas propias de baja calidad.

La oferta gastronómica presenta un comportamiento muy similar. En las principales ciudades del país existen restaurantes cuyos platos pueden costar el presupuesto mensual de alimentación de una persona que gana un SMLV. Llama la atención que Colombia sea uno de los países del mundo donde ir a un buen restaurante se considere un gasto suntuario y por lo tanto, sea un privilegio de pocos. En Cartagena por ejemplo, los comensales pueden pagar por un plato mal preparado y mal presentado, lo mismo que pagarían en un buen restaurante europeo. Lo anterior además de la generalizada especulación de precios que desafortunadamente existe en esa ciudad en perjuicio del turismo.

La gasolina en Colombia es de las más caras del planeta si se compara con el SMLV y eso es innegable. Por ejemplo, en EE.UU. y Corea del Sur que importan el petróleo de nuestro país, la gasolina se vende a un precio mucho menor el cual baja a la par de la cotización internacional del petróleo. De hecho, se calcula que en Colombia el galón de combustible le cuesta al consumidor el 20% de su ingreso promedio diario. Es paradójico que mientras más se produce petróleo y más baja de precio en los mercados, más cara sea la gasolina y que las únicas beneficiarias sean las empresas extractivas y distribuidoras las cuales se enriquecen con nuestros recursos sin verdaderamente beneficiar a los colombianos.

Otro ejemplo lo constituyen los teléfonos inteligentes. Mientras que en EE.UU. un iPhone X se consigue desde los $999 dólares que equivalen al cambio de hoy a $2’774.992 pesos (según la TRM de la fecha en que se escribe este artículo $2.777.77 M/L), es vendido en Colombia a más de $4’000.000 de pesos y algunas versiones llegan a costar más de $5’000.000 de pesos según el operador que se escoja, prácticamente el doble de lo que paga cualquier estadounidense o europeo por el mismo dispositivo y lo peor es que hay consumidores que lo financian y terminan pagando sumas absurdas por ese aparato.

Los ejemplos son innumerables y se presentan en todos los sectores y con todos los bienes y servicios que se comercializan en el país. Desde bienes de consumo como zapatos, productos alimenticios, productos deportivos, smartphones y electrodomésticos; hasta servicios bancarios, de educación, salud y transporte. También en los bienes industriales. Todos cuentan con un elevado sobrecosto, un alto impuesto y un gran nivel especulativo en su precio final.

Lo anterior ha ocasionado que la economía no crezca en los porcentajes esperados y que incluso baje el nivel de consumo aún cuando la inflación esté controlada. Como consecuencia, los consumidores se ven obligados a financiar los productos que necesitan o desean y como efecto de ello terminan pagando hasta el triple del valor inicial, un modelo económico que claramente tiene como principal beneficiario al sistema financiero y a los grandes monopolios.

De nada sirven los acuerdos comerciales con otros países si no generan precios más cómodos para los consumidores. Los importadores y distribuidores están abusando de su posición siendo de los pocos que se han beneficiado al comprar a menor costo en el exterior y dejando de hacerlo a los productores nacionales con las consecuencias que esto trae para el país. Sin embargo, no han querido transferir ese beneficio económico al consumidor final pues siguen vendiendo a los precios de siempre e inclusive los han incrementado.

Si bien es cierto que la importación de un producto le transfiere al mismo un costo adicional por distintos conceptos logísticos e impositivos, en Colombia dichos valores se han aumentado de forma tan exponencial que están afectando la calidad de vida de la población. Esto sin medir las consecuencias que trae para la economía y sobre todo, para el desarrollo y el progreso del país. Y aunque es obvio que los grandes exportadores también ganan con el alto precio que experimenta el dólar, ello no beneficia a los trabajadores colombianos ya que estos escasamente reciben el SMLV que se establece cada año. A diferencia de esta situación, en otros países y en algunas empresas, a mayores ventas-mayores ingresos para todos y viceversa, y como ejemplo están las diferentes compañías japonesas y más recientemente la estadounidense Apple.

La Superintendencia de Industria y Comercio tiene el deber de impedir que los grandes distribuidores especulen con los precios, más si se trata de productos de la canasta familiar. Del mismo modo, debe procurar que los electrodomésticos, celulares y automóviles (entre otros productos) bajen de precio pues es una promesa básica de los TLC. Por su parte, el Banco de la República y la Superintendencia Financiera deben trabajar para que las entidades financieras bajen las tasas de interés y se estimule de ese modo el consumo. También para que dichas entidades dejen de lucrarse de forma tan descarada a costa de los colombianos ya que son las organizaciones que más se enriquecen bajo este inequitativo modelo económico.

En cuanto al fisco, este se debería enfatizar en las personas verdaderamente ricas y en las distintas actividades empresariales según sus utilidades. Pero sobre todo; se debería castigar con mayor ahínco las diferentes formas de evasión de impuestos, perseguir el contrabando y las inmensas fortunas que se esconden en paraísos fiscales. Igualmente, es necesario eliminar por completo la burocracia parasitaria que representan las Cajas de Compensación las cuales se enriquecen tanto del sector público como del privado, esto evitaría en su conjunto futuras reformas tributarias que sólo afectan al consumidor.

Si comparamos lo que gana al mes un colombiano promedio (1SMLV) que equivale a $781.242 pesos con lo que gana un estadounidense que trabaje apenas 8 horas al día a tan sólo 10 dólares c/u, encontraremos una diferencia de $5’885.406 pesos mensuales que reciben de más los trabajadores de Estados Unidos (según la TRM de la fecha en que se escribe este artículo $2.777.77 M/L). Ahora, si confrontamos ese ingreso con lo que paga cada consumidor por los productos e impuestos en su respectivo país, entenderemos que los colombianos nos encontramos en una situación de total desventaja y sumamente injusta por no calificarla de otra manera.

Con semejantes precios e impuestos que pagamos, los colombianos deberíamos tener mejores puertos marítimos y fluviales, aeropuertos, autopistas, hospitales, colegios, universidades, parques, casas, automóviles, electrodomésticos… que EE.UU. y Europa en su conjunto. También una mejor infraestructura de telecomunicaciones y en sí, un mayor estándar de vida. Infortunadamente, ocurre todo lo contrario y lo único que evidenciamos es corrupción en todos los sectores de la economía. Siendo consecuentes con el mercado y teniendo una justa proporción entre lo que se trabaja, lo que se gana y lo que se gasta; un ciudadano colombiano debería recibir un salario mucho más alto o por lo menos a la par que cualquier ciudadano estadounidense o europeo, pero de forma irracional sucede lo contrario.

Es absurdo que algunos “empresarios” se quejen de que la economía no crezca lo suficiente cuando no están realmente comprometidos con la generación de empleo y cuando los pocos puestos de trabajo que producen los remuneran con bajos salarios y a la vez, pretendan vender con los precios más altos de la región. Desconocen que al pagar mejores salarios los consumidores tendrán mayor poder adquisitivo y por lo tanto se generará un mayor consumo, mucho más si dejan de cobrar tanto por los productos.

Esto es en lo que más se diferencia la economía de Estados Unidos de la colombiana pues mientras el empresario estadounidense trata de vender al menor precio posible para lograr utilidades por volumen de ventas, el empresario colombiano trata de vender al mayor precio que pueda así sean pocas unidades. De igual forma, el empresario estadounidense se esfuerza por pagarle buenos salarios a sus trabajadores para que tengan mayor poder adquisitivo, mientras que el empresario colombiano se restringe al SMLV y hace lo posible para no pagar ni siquiera las prestaciones sociales.

Del mismo modo, algunos empresarios colombianos creen erróneamente que sacarle el máximo de dinero a su cliente en una sola transacción es hacer un buen negocio, cuando en realidad están dañando una posible relación a largo plazo que les traería mejores resultados comerciales. También se equivocan al creer que el pagar bajos salarios les ahorra costos cuando es lo contrario pues sus colaboradores no harán su labor con gusto, no se comprometerán con la empresa y se irán apenas tengan una mejor oportunidad. Lo peor es que existen muchos personajes a los que ni siquiera se les puede llamar empresarios ya que se dedican a vivir de la renta y del interés más no del esfuerzo personal y del hacer empresa.

Colombia debe encaminarse hacia una nueva cultura empresarial basada en el precio justo de los productos y en salarios bien remunerados. También en unos impuestos más proporcionales a las distintas actividades empresariales, a su utilidad final y a la verdadera riqueza que poseen las personas naturales y jurídicas. Asimismo, el sector público y el sector privado deben converger para que exista una justa distribución de la riqueza de modo que se eleve el estándar de vida y a la vez se contribuya al desarrollo del país teniendo como principal objetivo el bienestar y la felicidad del ciudadano.

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Profesional en Mercadeo & Publicidad. Magíster en Marketing Digital. Bogotá D.C. / Colombia / LATAM

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14 Comentarios
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  1. edwin988074

    Los autos son caros porque los impuestos son del 68%, por considerarse un articulo de lujo, nuestra falta de competividad tiene que ver con que no vendemos nada al exterior solo petróleo y casi que estamos atados a los vaivenes de ese producto. Perù, Chile Argentina Brasil generan riqueza a partir de exportación de productos agrícolas en cantidades. Soya maíz y trigo para se exactos. Peru y chile ha diversificado mas con frutas y vegetales. pero si algo hay de que quejarse es de la falta de impulso al campo porque la violencia se gesta allà, en las ciudades solo vemos los cinturones de miseria alimentados por la falta de unas políticas claras de impulso a las actividades agrícolas.

  2. olfancalderon0516

    Es muy claro su análisis, pero todo se lo debemos a la politiquería corrupta que nos carcome cada dia mas y mas, ojala en las próximas elecciones no cambien el voto por un tamal, o una teja.

  3. jorge312607

    Ese Ecuador de ensueño, real y progresista, es la obra que dejo ese “mal” Presidente Correa, nacionalista y defensor de un Ecuador digno e independiente. Inversión honesta, obras reales, Metro en Quito … lastima que Lenin Correa, El Presidente reemplazante, este retomando la senda de Abdala Bucaram y otros politicos corruptos que tenian a Ecuador como uno de los paises mas atrasados, su Pueblo no debe permitirlo ,,,

  4. Muy buen articulo me imagino que el mismo periódico censurara o limitara este tipo de artículos ,pero la verdad es que los Colombianos estamos mamados de todos los artículos que pretenden mostrar que estamos muy bien ,por ejemplo en Ecuador los peajes de la frontera a Quito son todos a un dolar (2750 pesos)y solo hay 3 hasta la capital, con carreteras en excelentes condiciones doble carril sin reporte de falla geológica no se si en ecuador no ocurren fallas geológicas o arreglan bien las carreteras y bien pavimentadas y la gasolina es a 1.25 dolares cerca de 3600 pesos por galón es mas en pasto es a 6500 pesos pero en Popayan es cerca de 9000 pasos por galon ,los Colombianos solo podemos tanquear después de Ibarra,esto es lo que queremos ver y no la basura que a diario nos presentan en este periódico.

  5. diegofabian339555

    Muy buen análisis, aunque no deberíamos compararnos directamente con las grandes potencias ya que estas tienen ingresos y políticas muy diferentes a las de nosotros, lo que si debemos es empezar a ver lo que podemos llegar a ser si realmente adoptamos un rumbo diferente al que tenemos actualmente, las elecciones presidenciales deben ser las que marquen ese nuevo camino.

  6. carlos616173

    Este articulo confirma lo que nos critican en el exterior: los colombianos somos más ricos que cualquier país, pues nos damos el lujo de pagar el doble o el triple por el mismo articulo que compra en USA o Europa, y nos limitamos a decir que está caro y lo pagamos. Todo gracias a los impuestos a lo que se produce o importa, para poder sostener procesos de “Pa$$”. Sigamos sosteniendo que somos el segundo país más feliz del mundo, nos gusta que nos den duro y nos reímos. Y no tenemos ni criterio ni motivación para salir de esa situación.

  7. ingcartorres

    El articulo demuestra que el mercado Colombiano es altamente proteccionista, el vaso medio lleno es que esto debería incentivar el consumo local…. el tema de la gasolina si es un descaro y no tiene justificación el como nos están robando

  8. pedro985278

    Muy buen post. En colombia todo es carisimo, mientras los salarios están por muy por debajo del promedio. Aun así es el segundo país mas feliz del mundo :). No hace falta un camaro ni un iphone, solo una hamaca a la orilla de un río.

  9. criticopuro

    Muy buen análisis, la gente tiene que hacer este tipo de denuncia una y otra vez, sin parar, la desigualdad de Colombia con otros paises de economías parecidas es alarmante y la gente tiene que hacerse oir. No es justo pagar el doble o triple por un producto cuando se gana la mitad o la tercera parte de lo que ganan en paises del primer mundo.

  10. pablo409563

    Casi todos los modelos de negocio en Colombia están diseñados para que la banca, el sistema financiero, obtenga casi todo el beneficio. Eso está frenando el desarrollo del país de manera dramática.

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