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La primera vuelta presidencial dejó en evidencia las dos posturas políticas por las que nos inclinamos mayoritariamente los colombianos e inevitablemente, de esas dos opciones saldrá el nuevo presidente.

Sin embargo, además de definirse las dos tendencias más grandes, al terminar la primera vuelta también se empieza a conocer un poco mejor a los ex-candidatos y a comprender la verdadera coyuntura por la que atraviesa nuestra nación.  

La primera vuelta ha dejado claro que una parte de los colombianos pretende que Uribe siga mandando en Colombia a través de Iván Duque y de ese modo, que el país experimente un retroceso de más de 16 años. La otra gran parte de los colombianos le apuesta al cambio, al humanismo, al desarrollo y a enfocarse en un mejor porvenir bajo el liderazgo de Gustavo Petro. Son dos modelos antagónicos: el primero anacrónico y retardatario el segundo juvenil y progresista. 

Lamentablemente, son los mismos ex-candidatos y sus partidos los que no parecen contextualizar las circunstancias por las que atraviesa Colombia. De hecho, todo indica que por lo único que siempre se preocuparon es por su propio bienestar y no por la suerte de la patria.

Por ejemplo, Sergio Fajardo ha manifestado que votará en blanco según él por razones de “coherencia y consistencia”. Algo que aunque es respetable, también es cuestionable pues no está teniendo en cuenta que con su decisión, le puede estar entregando el país en bandeja de plata al uribismo. Se le olvida a Fajardo su función como líder, función que no se pierde con los resultados de la primera vuelta.

Lo anterior denota que este ex-candidato no está realmente comprometido con el cambio que el país desea, que únicamente estaba probando suerte y que ahora de forma ambiciosa, sólo piensa en las elecciones regionales del 2019. Razones que nos dejan comprender el motivo por el cual no pasó a la segunda vuelta, pues es claro que carece de una visión holística de la realidad nacional y de un compromiso serio con la sociedad.

Otro dirigente político de la Alianza por Colombia que está dejando en vilo al país y que abandonó a sus electores es Jorge Robledo. Es incongruente que un senador de su talante y que dice combatir la corrupción y la política hereditaria, por el simple orgullo prefiera votar en blanco a elegir al candidato que destapó el Cartel de la Contratación que tanto daño le hizo al Distrito Capital. Es absurdo que Robledo afirme luchar contra las monarquías criollas y a la vez le entregue su electorado a los políticos tradicionales.

Por su parte, Humberto de la Calle parece estar más preocupado por sus deudas de campaña que por el país. Todo indica que ese ex-candidato no es consciente que al votar en blanco le está regalando sus votos a quienes pretenden volver trizas el Acuerdo de Paz por el que tanto se esforzó. Si Humberto de la Calle realmente apreciara el Acuerdo y todo el sacrificio que hizo para alcanzarlo, su opción en la segunda vuelta sería diferente.

A lo anterior se suma una serie de personajes que en campaña afirmaban “luchar contra la corrupción” pero que apenas perdieron en la primera vuelta, se unieron de forma desvergonzada al uribismo con tal de seguir viviendo a expensas de los colombianos. Por ejemplo, Vargas Lleras y su fórmula vicepresidencial adhirieron a la campaña de Iván Duque junto al expresidente César Gaviria quien no quiso apoyar al candidato de su partido, aun cuando está poniendo en riesgo la constitución del 91 que él mismo gestionó cuando fue presidente.

El momento por el que atraviesa Colombia hace necesaria la reflexión de los militantes de todos los partidos políticos, de sus excandidatos y de sus electores. Hace falta humildad para reconocer que Petro fue el ganador entre las fuerzas alternativas y que lo más sensato es apoyarlo en la segunda vuelta como él lo hubiera hecho de haber perdido. Más si se tiene en cuenta que su programa de gobierno es similar en muchos aspectos al de Sergio Fajardo y al de Humberto de la Calle.

Es hora de dejar el orgullo a un lado y pensar más en el país. La Alianza por Colombia compuesta por el Partido Verde, el Polo Democrático y el movimiento Compromiso Ciudadano; deben aceptar su derrota en las urnas y apoyar a la Colombia Humana pues es lo más coherente con sus postulados y con su ideario. No hacerlo daría lugar a muchos cuestionamientos y pondría en entredicho su credibilidad como fuerzas alternativas de cara a las elecciones regionales del 2019. Esto mismo lo deberían entender las fracciones liberales que apoyaron a Humberto de la Calle.

Los colombianos debemos comprender que estamos pasando por un momento clave en nuestra historia. En la segunda vuelta está en juego el Acuerdo de Paz y la inversión extranjera que ha llegado a partir de su firma. También la justicia, la independencia de los medios, la garantía de los derechos ciudadanos y todos los demás avances que ha tenido el país en los últimos 8 años.

Elegir a Iván Duque es devolvernos al pasado, es arrojar a la hoguera todo aquello que nuestra sociedad ha logrado, es volver a la barbarie, a la incertidumbre y a la guerra. Elegir a Iván Duque es acabar con las Altas Cortes y con ellas la Acción de Tutela, es reanudar las chuzaDAS, es permitir que se comentan otros 10000 falsos positivos, es continuar con el programa Agro Ingreso Seguro, es seguir privatizando la salud y la educación y es aceptar que no se paguen las horas extras ni los dominicales. Elegir a Iván Duque es dañar nuestros ecosistemas, es hacer fracking, es aprobar la minería ilegal y mil barbaridades más.

Votar por Iván Duque es votar por un personaje sin trayectoria que nadie conocía hasta hace algunos meses, es votar por alguien que no tiene ninguna experiencia en la administración pública ya que nunca ha sido ni alcalde ni gobernador. Votar por Iván Duque es votar por un personaje que afirmó haber realizado un doctorado en la Universidad de Harvard cuando no era cierto y es votar por alguien que se pintó canas en el cabello para parecerse a su jefe.

Y lo anterior es precísamente lo más grave pues elegir a Iván Duque es reelegir a Uribe y nunca estará bien elegir a un presidente con jefe, menos si ese jefe es un ex-dictadorzuelo en decadencia que se aferra al poder. Debemos entender que el “uribismo” no es un movimiento político ni corriente de pensamiento alguna, tan solo es una organización perversa que de forma descarada le hace mucho daño a Colombia en complicidad con algunos sectores del país.

Votar por Petro es todo lo contrario, es votar por una Colombia Humana donde los niños tendrán garantizada su educación desde el jardín infantil hasta la universidad. Votar por Petro es votar por un país donde se tenga un servicio de salud digno y acceso a la vivienda. Votar por Petro es votar por una Colombia donde se apoye el emprendimiento y el sector TIC. Votar por Petro es votar para que se proteja la naturaleza y se potencialice la agroindustria. Votar por Petro es votar para que se priorice al ciudadano por encima del político. Votar por Petro es votar por un país donde se construya sobre lo construido de manera que se garantice el Acuerdo de Paz y con este la inversión extranjera y la viabilidad de la patria.

Petro representa un salto al futuro, a las libertades individuales, al civismo, a la justicia social y a la prosperidad. Un futuro al que no hay que temerle y por el contrario, un futuro que todos debemos pretender. A lo único que debemos tenerle miedo los colombianos es a volver al pasado porque el mundo avanza hacia adelante, como la vida misma.

Es por ello que los electores deben revelarse a sus dirigentes políticos y a sus partidos pues los ciudadanos somos más importantes que los intereses de unos burócratas que pretenden perpetuarse en el poder a costa de nuestro destino. Ya no se trata de Sergio Fajardo ni de Humberto de la Calle, tampoco de la Alianza por Colombia ni del Partido Liberal. En este momento los colombianos debemos pensar en nuestro futuro como nación, en lo que nos conviene como ciudadanos y en garantizar que el país siga progresando.

El voto en blanco no es una opción en la actual coyuntura, hacerlo se asemeja a desentenderse de la realidad del país, a ser indiferente y con ello irresponsable. El voto en blanco equivale al orgullo mezquino de los malos líderes que creen que porque perdieron en la primera vuelta, la nación debe hundirse con ellos. Votar en blanco es ser un mal perdedor y un egoísta sin límites que carece de corresponsabilidad con las futuras generaciones.

La política es mucho más que los partidos y sus candidatos, la política la debemos hacer todos los colombianos de manera que seamos responsables del futuro de la patria más allá de nuestra postura en la primera vuelta. Es hora de pensar como ciudadanos libres y demócratas que debemos escoger con madurez entre volver a un oscuro pasado o avanzar sin miedo hacia el porvenir.

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Le invitamos a leer:

¿Por qué votar por Petro?

ICETEX: ¡La propuesta de Petro es la mejor!

Las 10 razones por las que Petro es el candidato de los millennials 

Iván Duque y el cuestionable negocio de las Cajas de Compensación

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