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Ella era una naranja. En realidad, era una mitad buscando la otra parte que la convirtiera en una sola naranja. La vida le daba limones, pero ella sólo quería su complemento cítrico del color de un romántico atardecer. Aunque no le bastaba una toronja o una mandarina, ni tampoco una naranja cualquiera; tenía que ser esa exacta porción que encajara a la perfección con su alma jugosa. Te buscaba a ti. 

Eso fue lo que me dijo. Insistía que ella era única y, al tiempo, aseguraba que el cincuenta por ciento de su alma estaba en un cuerpo autónomo del sexo opuesto. Sin conocerte, te dibujaba como una fruta dulce y deliciosa con la que sería feliz por siempre. También te describía como ácida y amarga cuando perdía las esperanzas de fundirse contigo en una sola vitamina C. Eso me dijo de ti.
Y te estoy contando esto, porque me la bebí y ni cuenta me di que era tu media naranja. Espero entiendas que en la búsqueda del complemento perfecto -o sea tú-, ellas se entrenan con un imperfecto -o sea yo-. Inclusive con varios imperfectos -o sea yo y varios sinvergüenzas más-.
Me hice un jugo con tu media naranja
Su búsqueda anaranjada consistió en dejar en manos del destino, lo que nunca estuvo en sus manos. A una fortuita alineación de estrellas, le dejó la tarea de encontrar a una aguja en un pajar de 7000 millones de seres humanos. En otras palabras, tenía más probabilidad de llevarse a casa el premio gordo del Baloto (1 en 8 millones) que de ser la afortunada ganadora de la lotería sentimental (1 en 7000 millones). 
Pese a lo anterior, ella creyó encontrarte. Lo creyó muchas veces. También entonó canciones de despecho, a grito herido, en igual número de veces. El amor eterno se le acababa al tercer mes de noviazgo, cuando se percataba que no se había enamorado de la mitad de una naranja, sino más bien de un pedazo de papaya, una pepa de zapote, una cáscara de guayaba e incluso de un medio limón cuando lo mezcló con sal y tequila.  
En una ocasión, sí se emparejó con una naranja. Era oriunda del mismo árbol donde ella había madurado. Era del estrato más alto del naranjal. Era muy apetecida por todas. Era envidiable, pero no era su anhelada mitad. Sin embargo, lo intentó. Lo intentó cambiar, como es la costumbre testaruda del Sindicato Femenino. Lo alejó de sus ‘amigotes’. Lo hizo olvidarse de la música que le gustaba antes de conocerla. Le escogió un nuevo plato preferido del restaurante favorito de ella ambos. Hablaban igual, vestían igual. Las fotos de sus perfiles de Facebook eran idénticas. Parecían compartir un cerebro. Y cuando lo moldeó tal como quería, ella lo abandonó porque su sabor se había vuelto artificial.
El poder del destino no consiste en volver a unir naranjas que fueron partidas en dos pedazos. Ese poder quizá lo tenga Criss Angel, pero el destino sólo puede proveerte de piezas sueltas de un rompecabezas, hasta que alguna encaje contigo. Y es tu tarea intentar acoplarte con una, luego con la otra, después con tu compañera de universidad, siguiendo con la vecina que pillaste espiándote, continuando con la amiguita de tu hermanita que ya es mayor de edad… Hasta que la unión con una de esas fichas forme la imagen que buscas, en un simple rompecabezas de dos fichas. Dos fichas completas que se juntan como si fueran una, y no como una naranja remendada (Vale la pena aclarar que hay rompecabezas de tres fichas, sólo que esa es otra historia). Eso pienso yo, y sé que tu futura pareja no piensa igual.
Hoy te estoy escribiendo porque debo alertarte que tu media naranja, desde la última vez que hice un jugo con ella, está soltera. Es decir, desde hace rato. Y tanto tiempo de soledad le ha hecho perder su dulzura, se ha puesto agria y, eventualmente, se pudrirá. Al menos que te encuentre a ti, su otra mitad, su naranja gemela. ¿Por qué estoy seguro que es la tuya y no la de cualquiera? Porque en estos momentos está desesperada, y su otra mitad puede ser cualquiera. Hasta tú. Está esperando que la conviertas en la única media naranja de la vida real: en tu esposa. Y no por una cuestión de compatibilidad, sino porque bajo esa condición es la única que se puede llevar la mitad de lo tuyo en un divorcio. Considérate avisado.
Hasta una próxima verdad humanamente irracional, Amigos de lo Salvaje.
LL.jpgLucano Divina
Comandante Macondo de la Revolución Animal
Selvas de Sur America, septiembre 28 de 2012
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