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Para este viaje de familia, volar en la cabina no fue una opción. En esta imagen, volando con el capitán Camilo Arjona, del programa Alas para la Gente.

Para este viaje de familia, volar en la cabina no fue una opción.

Me pasó hace dos semanas. Estaba sentado en el ‘business center’ del hotel con la intención de hacer mi ‘web check in’ a tiempo, cuando descubrí que mi avión ya había aterrizado. No en el aeropuerto de San Andrés, donde estaba, sino en Bogotá, a donde debía llegar.

No lo podía creer. Tenía en mente que el vuelo de LAN, que había comprado un par de meses atrás, despegaría a las 3:50 p. m. y no a las 3:50 a. m., como en efecto ocurrió. El aterrizaje fue puntual: a las 5:00 a. m.

Pero yo estaba ahí, aún en el hotel, con bermudas, camiseta y tenis, creyendo que tenía toda una mañana para ir a gastarme el dinero que me había quedado en ‘shopping’, la actividad favorita de mi esposa y mi hija.

Eran las 9:30 a. m. y un frío horrible recorrió mi cuerpo. Sentí un vacío interior, como si mi ser fuera succionado por un agujero negro. “¿Qué hacer?”, me pregunté. “Pues correr al aeropuerto”, me respondí. Sin embargo, antes de hacerlo fui al ‘lobby’ del hotel para pedir ayuda.

Cuando le conté la historia de que había perdido mi vuelo a la recepcionista del hotel, por creer que era en la tarde y no en la mañana, me dijo: “Eso pasa a cada rato”, y luego me sugirió que llamara a la aerolínea para tratar de conseguir un cupo.

Lo hice y al otro lado de la línea una empleada me dijo que solo tenía cuatro cupos para la lista de espera, pero que si no estaba en el aeropuerto en cuestión de 20 minutos, no podría hacer nada por mí.

Decidido, corrí por mi esposa y mi hija que a esa hora descansaban tranquilas subiendo fotos a Facebook y a Instagram. “¡Nos dejó el avión. Nos vamos ya para el aeropuerto!”, les dije desesperado. Pero ellas lo interpretaron como una broma y ríeron.

Tras insistirles, logré que corrieran a la habitación para terminar de empacar, hacer el ‘check out’ y salir en busca de tres de los cuatro cupos que nos ofrecían en la lista de espera. Al llegar al aeropuerto, nos encontramos con un comentario inquietante.

“Tienen que esperar a que se cierre el vuelo a las 11:00 a. m., para ver si les damos los cupos”, dijo una empleada de la aerolínea. Los tres, con maletas y agitados, nos parqueamos frente a la ventanilla para esperar si nos ocurría el milagro.

Teníamos tres opciones: comprar nuevos tiquetes a un precio más alto y con una tarjeta de crédito que estaba a punto de llegar al límite, quedarnos un día más en la isla sin reserva de hotel y en temporada alta, o esperar una larga hora para ver si nos podían subir al próximo avión.

Nos decidimos por la última, pero fue, quizás, la hora más larga de nuestras vidas. Cada vez que alguien se acercaba a la ventanilla a preguntar algo, rogábamos entre dientes que no fueron a comprar tres de los cuatro cupos que habían quedado libres.

Finalmente, el reloj marcó las 11:00 y nos dijeron: “Pasen al frente para darles sus pases de abordar”. Corrimos incrédulos, nerviosos y temerosos de que algo, a último minuto, nos dañara el regreso a casa.

Pero no. Llegamos justo a tiempo e, incluso, nos asignaron sillas en las primeras filas. El vuelo fue plácido, el aterrizaje suave y la fila para conseguir el servicio de taxi fue rápida. La desagradable experiencia de sentir que has perdido el avión había desaparecido.

Varios amigos, a quienes les contamos esta historia, nos dijeron que también les había ocurrido lo mismo. Natalia Marenco, @state_Of_mind, se dio cuenta de que su vuelo había despegado a las 6:00 a. m. y que no estaba programado para las 6:00 p. m., como ella creía, justo cuando estaba con su novio en la playa.

Yo, por supuesto, no pude dejar de culparme por no mirar con cuidado la hora exacta del vuelo y suponer que era en la tarde. La angustia que vivieron mi esposa y mi hija fue algo que no olvidé con facilidad.

Pero esta semana me encontré con un caso mucho peor. Le ocurrió a mi compañero de trabajo Ronny Suárez, @RonnySuárez_, quien invitó a los cinco integrantes su familia a un estupendo fin de semana en Cartagena con todos los gastos pagos.

Poco antes de partir al aeropuerto, Ronny descubrió que sus tiquetes no estaban fechados para el 2 de febrero, cuando planeaba regresar para cumplir con su jornada laboral, sino para el 2 de marzo. ¡Un mes después!

Me dijo que el hallazgo le produjo una fea sensación en el cuerpo, como si un terrible frío lo estremeciera o como si un agujero negro le hubiese succionado el cuerpo.

Y a ustedes, ¿alguna vez les ha pasado lo mismo?

José Antonio Sánchez

@elmonosanchez

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Historias de mascotas, de la ciudad y de sus habitantes. ¡Cómo nos cambia la vida cuando una de estas pequeñas criaturas llega a casa! Con licencia para opinar de otros temas que no sean perros.

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5 Comentarios
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  1. 😉 no a mi pero si a alguien a quien debia buscar en el aeropueto :)). Tambien vi una sra en la sala de espera… dormida, Cuando se desperto, su vuelo hacia mas de una hora que habia salido. Ni ella misma lo creia. No me ha sucedido pero si he soniado con eso… y que desesperacion de suenio. Rico leer notas asi … hacen volar un poquito la mente y dejar aun lado tanta mala noticia.

  2. Viajo con bastante frecuencia y esto no me paso a mi, pero cada vez que viajo a Colombia desde a NY donde vivo me ha tocado presenciar mas de una vez a un despistado que se aparece un dia despues de su vuelo de Avianca que usualmente esta programado a la 115 de la manana pero por esas confusiones a mas de uno le ha pasado y es my triste a ver la gente que llega con mucha ilusion para irse para Colombia y se encuentran con la sorpresa que le toca pagar hasta 400 dolares de penalidad por cancelacion mas cambio de tiquete ,multiplique eso por 3 o 4 miembros de la familia …he visto llorar a mas de uno y cancelar sus planes de vuelo .

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