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Prometí no volver a generar contenidos para ‘El Blogotazo’ hasta tanto el ‘home’ de www.eltiempo.com no cambiara su decisión de excluir los blogs del índice.

Pienso que una de las razones para tener un espacio como este alojado aquí es la visibilidad, y con semejante exclusión no veo ninguna diferencia entre hacer uso de un servidor privado y estar aquí.

Me mantengo en mi propósito, pero no quiero renunciar a la costumbre -ya establecida desde casi cinco lustros atrás- de publicar al menos una entrada por mes. Debido a ello, a continuación transcribo el siguiente y extenso cuento, del que fui autor hace alrededor de 10 años, con ilustraciones de Luisa Álvarez.

Ante la inactividad y la ausencia de fondos como para hacer algo mejor, decidí dar algún sentido a mis días recorriendo salas públicas de lectura.

Contra mis prejuicios tecnológicos indagaba entre los catálogos electrónicos de los computadores e intentaba encontrar cualquier cosa qué leer.

Así los imparables meses de desempleo se me antojaban menos largos y las horas de ocio, al menos a mi modo de ver, dejaban de serlo.

Me entretenía observando las viñetas descoloridas de las revistas polvorientas, los avisos publicitarios de tónicos reconstituyentes, pastas dentífricas o cervezas descontinuadas, y sonreía, satisfecho y perplejo ante su dulce ingenuidad.

«GOMELINA LUSTRAL. FÓRMULA FRANCESA. La mejor preparación sin grasa para sostener el peinado bien sentado y brillante todo el día….. La Peluquería del Gran Hotel Granada la está usando en su distinguida clientela con beneplácito de ella.

BÁLSAMO DE VIDA. Gran preventivo contra la anemia, paludismo, fiebres y fríos. Quita las fiebres y fríos en 24 horas y los colores pálidos en 15 días.

PUDINES PARAÍSO. Un éxito en su mesa. Fáciles de preparar, nutritivos y muy económicos. Se venden en tres sabores: vainilla, caramelo, chocolate…»

Por lo general evitaba observar a mis compañeros de mesa, procurando ubicarme en el más desolado de cuantos espacios se encontraban dispuestos en la sala, a la espera de no ser perturbado por nadie.

No faltaba, sin embargo, algún imprudente de turno solicitándome ayuda para diligenciar la ficha de solicitud; pidiénndome, en grosera calidad de préstamo, mi Pelikan Micropunta o haciendo cualquier pregunta estúpida, ante la cual yo lucía, por supuesto, el más hipócrita de mis antifaces.

En la tarde de la que voy a hablarles yo había llegado hasta una de aquellas bibliotecas, la Nacional, algo retrasado. Agobiado por el consabido tráfico capitalino. Ello no me parecía demasiado grave. Después de todo había, sin duda, había retrasos más preocupantes.

Aclarando que no hay en mi ser siquiera una poca de clasismo, debo decir de todas formas que en verdad conozco pocas experiencias peores que la de movilizarse en el transporte público bogotano. Y no es un asunto de clases sociales. Es de aspecto físico. De fenotipo. Fui y seré fenotipista: mas no elitista. ¿O podríamos hablar de elitismo fenotípico?

El problema es ese. Contemplar el desagradable semblante y aspirar los pestilentes aromas emanados por la desdichada gente que junto con uno comparte la desgracia de desplazarse en autobús con carrocería Bluebird por las calles de nuestra natal ciudad.

Apostarse en una silla atiborrada de pictogramas y mensajes obscenos, la mayoría transcritos con insultante ortografía.

Soportar los irrespetos y reproches del obeso conductor al entregársele un billete de alta denominación: «¡No, hermano. Me hace el favor y me da sencillito o se baja!».

Todo esto sumado, entre otras cosas, al no muy grato seseo de las damas que tararean la deplorable canción de moda (de seguro inspiradas por su mancebo de ocasión) y que por alguna extraña e inexplicable ley cósmica, siempre están ubicadas justo atrás de la silla en la que tratamos de dormir.

«Te comeré a besssittossss, bessitossss…» Y eso cuando por providencia divina tenemos la fortuna de vernos librados de los constantes martilleos de sus anillos al chocar contra el metal de la carrocería, marcando el compás vallenato sin mucha métrica.

Transcurrieron casi 50 minutos de interminable jornada entre mi humilde domicilio y el mencionado santuario de la cultura bibliográfica. Entretanto intenté hacer caso omiso del discurso del vendedor ambulante de turno, quien promocionaba -con indudable convicción y escasa elocuencia- ciertos folletos educativos en relación con el Virus de Inmunodeficiencia Humana, además de unas galletas tipo wafer rellenas de coco y chocolate, según él producto de remates de aduana.

Untitled-1.jpgNo puedo negar que en algo llegué a preocuparme al oírle decir que una posible vía de transmisión de tan terrible dolencia era la oral.

«¡Señores: es que la gente no sabe, pero muchas veces las encías sangran. Y si a ambos miembros de la pareja les sucede eso, entonces el sida puede llegar a contagiarse así!».

De inmediato me sobrevinieron angustiosas imágenes del ya incalculable número de mozuelas que por mis labios desfilaron, tras haber perdido el juicio por causa de la intoxicación alcohólica.

La mayoría de sus nombres, por fortuna, ha salido (para siempre, espero) de mi memoria. Y digo que esto es una fortuna porque de seguro mi pobre mente no podría soportar el lastre de tantos malos –y tan antihigiénicos– recuerdos.

Y a todas estas no tenía ninguna seguridad de que tales agentes virales hubiesen abandonado mi sistema inmunológico.

Con un sincero interés por ponerme al tanto acerca de mis niveles de riesgo en lo referente a la enfermedad mencionada, adquirí los plegables «por un costo y valor de tan sólo 2.000 pesos», obteniendo de regalo un hostigante chocolatín de caramelo, que minutos después terminaría su vida útil derretido en mi bolsillo derecho, justo antes de descender triunfal y de subir los 26 escalones que ahora me separaban del inmenso portón en madera de la Biblioteca Nacional de Colombia.

De muy buena mala gana enseñé mi identificación al vigilante, pues estaba seguro de que dadas mis frecuentes visitas él ya me conocía. Dejé mi portafolio en el casillero correspondiente, y me aproximé con prisa a la sección Hemeroteca.

El edificio que alberga la más importante colección bibliográfica de Colombia es fruto del excepcional talento del joven estudiante Alberto Wills Ferro, y una de las primeras construcciones de corte moderno en el país, muy a la manera de lo que por entonces imperaba en las tendencias urbanísticas internacionales.

Eso fue en 1938. Desde hace unos 10 años he venido oyendo que el volumen total de libros alojados en el establecimiento ha excedido las posibilidades espaciales del lugar, y que ya se ve cercano el día en que los cientos de miles de inanimados inquilinos de papel que hay adentro no quepan dentro de la reducida área útil del lugar.

A no ser, claro, que se cuente con la dudosa cooperación de gorgojos, comejenes, lepismas, lepidópteros, cucarachas, ortópteros, carcomas, termitas, polillas, roedores y demás hongos, bacterias, ratones e insectos destructores de folios y portadas, encargados de diezmar los anaqueles, con la lentitud de aquello que desaparece de nuestras vidas sin anunciárnoslo.

La Hemeroteca Nacional Manuel del Socorro Rodríguez, dependencia de la Biblioteca a la que suelo frecuentar con mayor regularidad, es un salón tan grande como poca la conciencia de respeto a la memoria escrita por parte de nuestros padres de la patria. Tiene un leve aspecto de L, circundado por unas 25 mesas, a su vez cubiertas por unas seis o siete capas de pintura. La que está a la vista exhibe un color marrón brillante que a veces oculta el tono original de la madera, además de algunos bajorrelieves a manera de ralladuras propinadas por el vandálico ingenio de ciertos inescrupulosos visitantes.

De los muros, vagamente amarillentos, penden docenas de fotografías, esas sí amarillas del todo, debido el constante acoso de los corrosivos rayos solares. En ellas se observan reproducciones de retratos todavía juveniles de célebres autores de la literatura local y universal. Al entrar hay una mesa en forma de hexágono, destinada a sostener los computadores, casi tan antiguos como los mismísimos incunables que en sus sagrados salones la Biblioteca alberga. Adentro hay, de hecho, libros y publicaciones que datan del siglo XVI

Ahí me encontraba yo, justo frente al monitor del también antiguo ordenador del que aún suelo valerme para llevar a cabo las búsquedas de la inútil información que me entretiene, cuando, sin haberlo advertido, apareció frente a mis miopes y estrábicos ojos, una agraciada dama de unos 21 años de edad.

Entonces la vi. No tenía un cuerpo ni un rostro perfectos, convencionalmente hablando, pero para mí excedían de sobra mis modestas aspiraciones. Las palabras se me esconden cuando de describir a alguien que me agrada se trata, pero intentaré hacerlo de manera, cuanto menos, decorosa.

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Pelo castaño claro, piel blanca… ¿o debo decir trigueña? Nariz recta. No alcancé a advertir el color de sus ojos, pero intuyo era miel. Clara miel de abejas… como los de la mayoría de las mujeres colombianas. Ahora que trato de escribirlo, pienso que podría seguir por el resto de mis días intentando describirla, sin tener éxito.

Por ello, aunque consciente de no haberlo logrado, no me atascaré aquí por siempre, en infructuosas intentonas. Salvaré mi responsabilidad diciendo, sin llamarme a engaños, que ella estaba bastante cerca de ser bella -o de mi idea estereotipada de lo que significa ser bella- dos conceptos que terminan por ser el mismo.

El caso es que, pese a lo corriente de su materia prima, que después de todo es la misma que la de cualquiera de nuestros congéneres (era una mujer, hecha con idénticos ingredientes a los de todas las demás) no guardaba semejanza alguna con mis diarios acompañantes en el autobús matutino. Desde ese momento me pareció que todo cuanto ella  rozaba, se veía de inmediato bendecido por una especie de magia contagiosa.

La anónima joven se ubicó a una silla de mi lugar. Yo la estaba observando de soslayo, mientras me deleitaba con la majestuosidad del sonido provocado por sus dedos al oprimir el botón izquierdo del ratón. Nunca antes había reparado en el melódico encanto que dicho timbre insignificante escondía, y tan sólo segundos después comprendí que las ondas provenientes del choque entre los dedos de los demás usuarios y el pequeño dispositivo no tenían nada de especial ni agradable, y que mis oídos tan sólo encontraban goce en el suyo propio. Algún prodigio estaba ocurriendo ahí, una tarde en la Biblioteca Nacional.

¿Quién era? ¿Sería tal vez que su única virtud era la de ser un alma corriente, torpe, simple y arrogante, adornada por una bella envoltura? ¿Acaso era posible que la genética se hubiese esmerado en vano por crear a alguien como ella? Hay seres con los que la hermosura se ensaña, tal vez para recordarnos de los muchos desmanes de los que puede, si quiere, ser capaz. Y de los que nosotros podemos ser capaces en nuestro ciego afán por adueñarnos de ella. Tal vez ella pertenecía a tal estirpe.

Odio cuando se desencadenan desde mi imaginación tantas preguntas de esa índole al momento de observar a alguien, pues conozco bien mi tendencia incontrolable a obsesionarme con lo que supongo o quiero suponer que ese alguien encarna, Y sé también que con la misma facilidad con la que la sorpresa viene, la decepción puede llegar. Con cierta ansiedad incómoda comprendí que de no actuar con prontitud seguiría desde ese instante atormentado con la idea de vivir ajeno a ella, por causa de mi negligencia y cobardía.

Traté de calmarme. Miré hacia las paredes del claustro. Sentí que antes de cualquier maniobra y para contar con su bendición era más que justo dar reconocimiento al diseñador de tan propicio monumento arquitectónico y del salón en donde en forma milagrosa estaba fraguándose mi ensoñación reciente.

Se lo dije en silencio: «¡Gracias, con 60 años de demora, señor Alberto Wills Ferro! Estamos dentro de un buen proyecto monográfico, sin duda. Su victoria en el concurso es inobjetable. Ha hecho usted una espléndida obra. Aunque ya los libros por venir se están quedando sin hogar, y aunque la Alcaldía Mayor esté haciendo poco por remediar tal situación! ¡No es su culpa! Ahora, con su venia, le ruego apruebe y vele usted por el buen curso de lo que estoy por hacer».

El objetivo inmediato, ya con la anuencia de San Alberto era investigar el nombre de la joven. Por desgracia me era imposible dilucidar la ilegible caligrafía que con su brazo iba estampando cerca de mí, sobre las boletas rectangulares de solicitud.

Recordé entonces mis días de colegio, cuando durante los exámenes bimestrales intentaba sin éxito transcribir los garabatos de mi vecino de pupitre, el más aventajado de la clase. Por alguna razón que no he logrado precisar, la importancia de la información a descifrar siempre se mueve en proporción directa a la ininteligibilidad de los signos con los que ésta es transcrita.

Me encontraba sumido en mis lamentables e infructuosas especulaciones escolares cuando de repente, algo tarde, noté que su nombre había sido pronunciado por la bibliotecaria sin que yo le prestase atención. Me aterrorizó pensar que su identidad hubiera sido contaminada por esa corriente extranjerista, tan en boga desde hace ya muchos años, y que sus padres hubieran optado por bautizarla como Hasbleidy Estrella o Jenny Marilyn. Eso habla muy mal de los antecesores de nuestros potenciales afectos, y casi siempre, termina por defraudarnos.

Dado que ya había perdido una oportunidad de oro para acceder a tales datos, por demás valiosos, traté de echar una mirada a las publicaciones solicitadas por ella, intentando conocer sus títulos y así deducir su naturaleza temática y sus intereses. Lo anterior me daría una idea, cuanto menos remota, de sus aficiones y ambiciones. Eran tres ejemplares de la Revista del Colegio de Abogados de Buenos Aires, Argentina.

Lo más lógico sería suponer que estaba frente a una estudiante de Leyes, algo que sin ser ideal de todas formas alcanzó a aliviarme, pues hubiera sido lamentable el saber que quien desde minutos atrás se había convertido en el foco de mi más irrestricta admiración, era una economista o una ingeniera civil en ciernes. Ahora bien, esto no solucionaba el problema de saber su nombre, pero al menos me daba la esperanza de buscarla, en el último de los casos, en todas las facultades de Derecho de la ciudad.

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La idea siguiente fue la de acercarme al mesón en donde se solicitaban los libros. Para efectos de entrega, la bibliotecaria exigía a cada usuario su ficha de ingreso (ese grueso distintivo en pasta amarilla numerado que nos entregaban a todos a la entrada); el carné de identificación; y las pequeñas boletas de solicitud con los títulos de los libros, previa verificación de que el compromiso de respetar la integridad física de éstos hubiese sido debidamente firmado, al respaldo de cada papelito. El obstáculo natural era que la mencionada funcionaria acostumbraba a distribuir las solicitudes de cada usuario en una extensa hilera y ponía la ficha amarilla sobre el documento de identificación, lo que obstruía la visión de los datos consignados en el carné.

Tenía entonces que encontrar la forma de distraer su atención de este lugar por unas fracciones de segundo, dar la vuelta a la ficha y hacer lo posible por leer la letra de imprenta con la que se estampaban los apellidos y nombres de la presunta abogada, todo esto procurando al mismo tiempo que los demás presentes, incluida la dama cuyos documentos personales estaba por hurgar, no notaran mi extraña actitud.

Miré la identificación que colgaba de la solapa de la funcionaria (con el logotipo estampado de la Biblioteca) y la llamé por su nombre, procurando generar cierto clima de familiaridad entre ella y yo que le hiciera sentirse más tranquila. ¿Quién podía descartar la posibilidad de que en un caso desesperado ella estuviese en disposición de suministrarme los datos requeridos, a cambio de una sencilla sonrisa o de la galleta tipo wafer que en mi bolsillo se iba derritiendo?

Con seguridad la Biblioteca debía contar con una especie de base de datos de usuarios, (con información concreta acerca de su domicilio, oficio e intereses) y cuya clave debía ser conocida por la bibliotecaria. No obstante, ese micropoder del que ella era beneficiaria tal vez la hinchaba de orgullo, impidiéndole transmitir tales datos a un sospechoso usuario corriente como yo. Como cualquier empleado público, ella de seguro debía gustar de mantener sus cosas envueltas por un manto de misterio, con el que conseguía sentirse importante. No debe ser nada fácil ser un empleado en una biblioteca pública. Todos les tratan con displicencia, sin anteponer ninguna palabra cortés a sus recurrentes peticiones. Entiendo que quieran sentirse poderosos, por instantes.

–Mariela. ¿Sería posible tomar copias de estas revistas?– le dije a sabiendas de la negativa venidera, mientras le señalaba a lo lejos uno de los tomos solicitados con antelación. Supuse que mi cálida estrategia de llamarla por nombre propio la conmovería. Pero no se dibujó en su gesto gratitud alguna.

–¿De qué año son?–.

–De 1932–.

–No señor. ¡Qué pena! Está prohibido sacar fotocopias de los materiales anteriores a 10 años–.

–Sí. Eso lo sé. Pero es que se trata de una investigación importante–.

–Pero, mire –continuó mientras tomaba un volumen empastado en sus manos para ilustrar lo que trataba de decirme–. Al doblar esas revistas para ponerlas en la fotocopiadora el libro se va a descuadernar. ¿No ve que eso está todo gastado? Nosotros tenemos que cuidar las publicaciones. Usté entiende. Si yo le autorizo a sacar fotocopias después la jefe me regaña es a mí–.

–¿Y si habláramos con alguien? Debe haber alguien que pueda autorizarnos. Le garantizo que el propósito de mi investigación es muy serio y que si no fuera así yo no vendría a pedírselo–.

Detesto la forma en que los mandos medios, por omisión o por voluntad propia se interponen en una diligencia sencilla, y lo poco capaces que son de tomar ninguna decisión por sí solos.

–Pues…. sería con la jefe. Pero sinceramente yo no creo. Ella nunca deja. Entienda que aquí vienen muchos pidiendo lo mismo.. Y si le hacemos el favor a uno toca hacérselo al otro. Son las reglas de la Biblioteca–.

–Hagamos una cosa: Llamemos a la jefe. Si ella dice que no, pues dejamos así. No hay nada qué hacer. Pero ayúdeme, por favor. Yo se lo sabré agradecer, doña Mariela–.

Era esta la base de mi plan. Para que la señora Mariela pudiera hacer uso del sistema de citofonía (tan anticuado como el resto del mobiliario del lugar) e intercomunicarse con la supuesta jefe, era necesario que ella y todo su cuerpo se dieran la vuelta por completo, ya que éste se encontraba adherido a la tapia posterior de su despacho, lo que distraería su mirada del mesón. Esto me daría unos pocos segundos valiosos en los que tendría que aguzar mis capacidades de percepción para acceder al codiciado documento.

Se trataba de una buena excusa para obtener mi cometido, y así al menos conocer el nombre de la joven. Con algo de suerte todo funcionaría bien y yo no despertaría sospecha alguna en nadie, siempre y cuando obrara con la suficiente prisa y no dejara ver mi desesperado afán por leer la identificación.

A contrapelo ¿No sería un tanto más fácil acercarme con menos ceremonia al foco de mi inquietud e indagarle alegremente por su nombre? La idea, de entrada, me pareció descartable. No he oído mayor despropósito que esa detestable máxima de: «Lo peor que te puede pasar es que se vaya, o que no te conteste, o que te diga que no». Lo peor que me puede ocurrir, en verdad, es el síndrome de arrepentimiento y complejo post–osadía. Esa sensación frustrante que me acompañaría por el resto de mi existencia al saberme derrotado en mi patológico fin. Ese eterno cuestionamiento dolorido por haber adjuntado un fracaso más a mi ya vasta colección, y luego las inevitables preguntas sin respuesta… ¿Y si no hubiera dicho eso sino otra cosa? ¿Y si hubiese sido un tanto más metódico en el diseño y ejecución de mi estrategia? ¿Y si tan sólo me hubiera callado y hubiera dejado de actuar como un imbécil suponiendo que existía alguna posibilidad de éxito?

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Contrario a lo que podría predecirse, ya que soy corto de vista, mientras la funcionaria elevaba su consulta de citófono a los altos cargos de la Biblioteca, conseguí dar lectura e interpretar los extraños símbolos que, convertidos en un enigma difícil de traducir, me hacían imposible el encontrar un verdadero nombre a mi reciente obsesión: «Luisa Fernanda Caldas Botero».

Ahora, ya resuelta la primera gran pregunta, estaba empezando a preguntarme por la procedencia, abolengo, linaje o denominación de origen a la que su nombre debía hacer referencia. Ya no me bastaba con saber cómo se llamaba.

Y en eso comencé a pensar. Según los genealogistas hay apellidos toponímicos y patronímicos. Los primeros son aquellos que aluden a un lugar de origen. Los segundos a un gran patriarca. Valenciano, por ejemplo, pertenece a esta primera categoría. Fernández, a la segunda.

Por asociación Caldas podría referirse a cierta región del país o del mundo. Pero luego me pareció idiota el solo hecho de haberlo considerado. No todos los seres humanos apellidados Pereira, Medellín o Cartagena son originarios de Risaralda, Antioquia o Bolívar.

Ni Susana Caldas Lemaitre ni el sabio Caldas son caldenses. Lo anterior, sin embargo, no implicaba descartar un muy posible parentesco entre Luisa Fernanda y la ex soberana de la belleza local, para más señas imagen oficial durante muchos años de La Fina Chiffón, espacio hoy profanado por algún mal cantante de tropipop egresado de Berklee.

Una tercera posibilidad, meramente asociativa, me hacía pensar en el vocablo ‘caldo’. Pero la idea fue rechazada automáticamente por mis prejuicios, en vista de la escasa carga de romanticismo que puede haber en equiparar al ser deseado con un espeso y grasiento consomé a base de piel de pollo.

Si el chapinero era, como lo leí alguna vez, un fabricante de zapatos llamados ‘chapines’ que hace siglos viviera en los territorios entonces baldíos de la actual estación de gasolina de la 60 con Séptima, tal vez un ‘botero’ podría ser a su vez un fabricante de botas. Pero dudo que el tatarabuelo de Luisa Fernanda, la abogada, tuviera relación alguna con la elaboración de calzado. Más complicado aún ¿Y qué hay si Luisa Fernanda no fuera en verdad abogada? Mis deducciones, como pueden notarlo, habían avanzado poco.

Pensé en la similitud entre ‘Botero’ y ‘Gotero’, y por unos segundos creí que ahí podría estar la explicación de todo. ¿No sería tal vez que la palabra para referirse a la pequeña goma unida al tubo cilíndrico de cristal utilizado para distribuir las gotas que alivian los dolores estomacales o auditivos podría haber sido distorsionada hasta convertirse en ‘Boteros’? Al final recordé que una ‘b’ y una ‘g’ no se parecen mucho. No sé, claro está, si el ‘botero’ original fabricaba botas para almacenar manzanillas y alcoholes hispanos (como esas botas que empuñan quienes cometen la atrocidad de asistir a la Plaza de Toros La Santamaría), o si tan sólo elaboraba calzado al capricho del chapetón de turno. De cualquier forma la idea no era buena y no quería llegar hasta el delirio obvio de relacionar a mi Luisa Fernanda con el orgullo de la plástica nacional. El tiempo se me estaba acabando.

Nada hace arder con más vigor el fuego de la obsesión que el dar un nombre y un rostro a ese algo, largamente añorado e imposible de tener. LUISA FERNANDA CALDAS BOTERO. ¿Estaré en capacidad de olvidarte? De ser así ¿querría hacerlo? ¿O acaso no tendría sentido vivir si no fuera para seguir pensando en ti? Lo he oído y sentido en un millón de distintas circunstancias: olvidar es algo que te ocurre, no algo que provoques.

Ahora cuanto menos contaba con el obvio recurso de preguntarle al sabio Google por su nombre completo entrecomillado. Después de todo, imagino, todos, o casi todos en algún modo existimos en el ámbito de la virtualidad. Aunque no muy extraño el nombre no era del todo común. Si había en la red una «Luisa Fernanda Caldas Botero» esa tenía que ser ella.

En tan absurdas especulaciones me hallaba concentrado mientras Luisa Fernanda, –sin saber lo que su presencia había desencadenado en mi alma enferma– ya iba entregando sus revistas de vuelta en el mesón para dar por terminada su labor.

Sin título-Escaneado-05.jpgYo aspiraba en secreto a que la causa fundamental que alentaba su ímpetu investigativo fuera su propio interés por las leyes, y no una vulgar y obligatoria asignación académica encargada por algún aburrido docente universitario de baja estopa. Mientras la veía recoger los pesados volúmenes de su mesa jugué con la ridícula idea de dirigirme a ella con algún pretexto inverosímil.

¿Qué decirle? Podría por ejemplo izar las banderas descaradas del engaño y hacerle pensar en mí como un amante de las leyes interesado en su trabajo, y luego invitarla a discutir a tal respecto. Al frente, en la Terraza Pasteur hay una heladería barata en donde además venden café. O podría intentar alguna discusión en torno a su dudosa genealogía, al preguntarle si formaba parte de los Boteros de Manizales, de Risaralda, de Caldas o de Antioquia.

Pero, la verdad sea dicha, con tan débiles excusas, Luisa Fernanda podría tomarme por un imbécil, o por un demente, o por ambas cosas, que aunque parecidas, no son lo mismo.

 

Como fuera, y después de horas de intentar trazar un buen plan para acercármele, pude comprobar con dolor que el tiempo empleado para perfeccionarlo había sido un desperdicio, pues entretanto ella ya había devuelto la totalidad del material de consulta, estaba abandonando la sala, y se iba alejando de mi alcance sin remedio. Y la posibilidad de Google estaba. Y ni siquiera en el vasto y clasificado mundo Google hay garantía de que todos existamos.

Me llené de un súbito pánico. Si aún así insistía en conocerla, tendría que partir tras ella con afán ante el gesto desconfiado y atónito de los bibliotecarios, guardianes, responsables de aseo y mantenimiento, lectores y demás, obstáculos que se sumaban a la escrupulosa requisa del vigilante a la salida, antes de retirar mis utensilios del casillero de la entrada.

Ella estaba cada vez más lejos. Ahora bajaba la escalera. Y yo comenzaba a correr. Sólo me quedaba perseguirla. Ir corriendo como un desaforado detrás de mi endeble sueño por toda la Carrera Séptima. Quise gritarle desde lejos que desde ese mismo instante había optado bajo ninguna presión y del todo convencido por entregarle mi vida.

La requisa y la entrega de fichas a la salida fue rápida. Ya estábamos afuera y yo comenzaba a agitarme, asustado por la posibilidad de perderla de vista entre la muchedumbre, Trataba de tranquilizarme ensayando un centenar de tonterías por decirle.

Sin título-Escaneado-06.jpg–Hola, Luisa Fernanda. ¿O debo llamarte Fernanda? ¿O Luisa? No es que eso importe mucho porque yo mismo aborrezco los nombres compuestos. Soy Ignacio. Bien. Te desconozco. Me desconoces. ¿Para qué perder tiempo en tan insignificante hecho? En realidad me llamo Luis Ignacio. Tengo un nombre compuesto también y me odio por ello. Ya que ambos contamos con defectos parecidos podremos, tal vez, algún día, vivir en el mismo lugar, y crear una especie de vida para ambos. Me parece que pronto serás una gran abogada, y yo, y yo, yo viviré para ti. Mis padres tienen algunos ahorros y buenos amigos. Aunque yo mismo no lo parezca, y tal vez no debería merecerlo, pertenezco a una decente y digna familia. Tal vez encuentre un trabajo para mí, y entonces conseguiremos una pequeña casa en donde vivir. Al principio no dispondremos de mucho dinero, pero podremos jugar a no ser pobres. Sé que con nuestros nombres compuestos, nuestra persistencia, los fondos de mi madre y tu talento de abogada lo vamos a conseguir. Cuando envejezcas cuidaré de tu piel blanca, y te compraré henna para teñir tu pelo plata de negro. Te prometo ser amable con los tuyos. Sé que luzco algo extraño al principio, y que mi hiperactividad suele desconcertar, pero con el tiempo podrán entenderme. Tengo el don de hacerme querer, si quiero. Podríamos tener una mascota. ¿Te gustan los gatos? Supongo que sabrás ser paciente con mis invisibles demencias, y soportarás mi insomnio y el sonido de mis discos de vinilo a altos volúmenes. Será un canje, nada desigual, aunque bien lo sé, las propuestas de canje siempre suscitan sospechas.

No parezco tener una carrera promisoria. Lo sé. De hecho soy un vulgar estudiante con baja reputación entre mis maestros. Alguien que finge éxito académico para mantener a sus padres tranquilos y orgullosos. Alguien que acude a las bibliotecas como tú, en busca de algún consuelo barato para sus días estériles. Que se esconde en viejos avisos de publicidad, en revistas perforadas por los molares de alguna especie desconocida de termita sabanera–.

Iba tras ella con prisa hacia la Carrera Séptima, bordeando el decrépito Teatro Embajador, ya próximo a transformarse en un impersonal múltiplex. ¡Cómo extrañé entonces las majestuosas salas de cine de antaño con sus inmensos auditorios y el opaco sonido que de sus bocinas brotaba! Atravesaba la calle frente a la Terraza Pasteur, mientras me preguntaba por qué habían demolido a su antecesora clásica, y por qué ahora el lugar era sede de decenas de decrépitos bares universitarios, además de expendio de sustancias y cuerpos indecorosos. ¿Por qué no fabricarán camisetas en mangas largas de colores? Nada de lo que busco está disponible. Y ahora, para no asustarla, debía guardar distancia prudente de Luisa Fernanda, bajo el latente riesgo de perderla de vista entre vendedores ambulantes de incienso y palo de santo.

Sin título-Escaneado-07.jpgLa perseguía con tenacidad febril tratando de ensayar el mejor de los parlamentos, sólo para ella. La veía caminar, del todo ajena a lo que gracias a su presencia estaba ocurriéndole a mi alma y a mis deseos de creer en el mundo. Supongo que Luisa Fernanda debe gustar del buen discurso, sin demasiada antesala retórica. Tal vez quiera ser litigante. Ya puedo verla en pocos años transformada en primera dama de nuestras leyes. Aunque bien me han dicho, los juicios en Colombia no lucen como en el cine. Las cortes deben tener el aburrido aspecto de la mayoría de despachos públicos del país. No me la imagino pronunciando vocablos tan molestos como piropo, ñapa, chamba, chica, amigovios, o parce. ¿O será tal vez que ella gusta de eso? ¿Qué hay si es en realidad una estudiante cualquiera de Comunicación Organizacional o Ingeniería Mecánica? ¿Qué hay si voy a donde sus padres y éstos comienzan a profesar hacia mí un gratuito e instantáneo aborrecimiento? Tal vez viva demasiado lejos de mi hogar y ello entorpezca la regularidad de los encuentros que, de todas formas, tendremos que planear. Tal vez sea fanática irredenta de Leonardo DiCaprio, o quizá en su discoteca haya una abrumadora mayoría de álbumes de Alejandro Sanz, sostenidos en los extremos por ejemplares de los más recientes trabajos de Bonca o de Gerau. Y eso sería algo qué lamentar. Pero no. Mi Luisa Fernanda no podría ser así.

Ahora ella estaba entrando a un decrépito taller dedicado a la reparación de cámaras fotográficas en el costado suroccidental de la Plaza de Las Nieves. Subió al segundo piso. Había una vitrina con una cantidad de lentes, obturadores y diafragmas antiguos exhibidos. La perseguí hasta allá sin que lo notara. Por un momento estuve decidido a hablarle de golpe; a hacerle saber que desde los pasados 30 minutos había decidido voluntariamente deberme a ella. Pero, luego, por alguna providencial razón, algo amortiguó el impulso de este falso encuentro casual.

Eran las ideas, aquellas que nos atormentan y nos restringen de ser como quisiéramos. Aquellas que en instantes pueden dar un brusco e inapelable viraje a la más firme de decisión. Mientras Luisa Fernanda buscaba en el bolsillo de su pantalón desteñido el recibo de un gran angular Vivitar que, según expresó con cierta molestia, llevaba tres semanas albergado en la bodega sin haber sido siquiera revisado por los técnicos del establecimiento, que por cierto apestaba a polvo y a alguna emulsión fotográfica cuya composición química desconozco, me ubiqué justo a un metro de ella para decirle lo que sentía. Alguien, que no era yo, parecía estar construyendo las frases que salían de mis labios y que no se parecieron a lo que había practicado para decirle, Al principio no me prestó atención. Pero luego subí mi voz y comencé a hacerme oír…

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«Lo he decidido, Luisa. No serás para mí, ni yo para ti… ¿Para qué convertirnos en cuentas por pagar, en barras de jabón para remover la mugre, en recibos de arriendos o hipotecas, llanto de niños hambrientos y sucios, domingos de pizza y tedio? En suma… para qué transformarnos en una miserable y conformista autodestrucción… ¿Para qué aburrirte viéndome convertir ante tus ojos en un carácter predecible y monótono? ¿Para qué hacer de nuestros días una mala comedia automática en la que no haremos más que fingir entendernos y acompañarnos hasta que alguno de los dos quiera irse o tenga que hacerlo? Te prefiero imposible e incierta. Permanecerás ahí, como un recuerdo al que nunca pude tocar, al que nunca podré destruir. Como la más ajena e incontaminada parte de mi vida, y como la más hermosa de mis frustraciones. Yo por mi parte seré por siempre el objeto de tu desconcierto. •Ese mismo que ahora experimentas y que te obliga a seguirme oyendo, aunque tal vez ya comience a fastidiarte. Ahora me iré, implorándote al tiempo que no vayas a gritar, ni a llamar a nadie más clamando por auxilio. Aún mi demencia no ha sido certificada por especialista alguno, ni cuento con antecedentes delincuenciales, falsos o ciertos. Es que tengo tanto miedo a una tardía o temprana decepción….»

Partí corriendo, sin darle la oportunidad de preguntarme, recprocharme o decirme nada. Aturdido subí a saltos por alguna calle que no recuerdo hacia arriba para perderme en mi propia soledad, y me fui en paz a seguir viviendo mi vida de todo el tiempo. Por un tiempo creí que habría de volvérmela a encontrar alguna otra tarde en la Biblioteca Nacional, pero eso aún no ha sucedido. Y de alguna manera prefiero que así sea. Después de todo, cuando me visita la duda y me hace preguntarme si me arrepiento de no haber intentado retenerla y de haberle dicho tantas cosas absurdas ahí, frente al taller de reparación de cámaras, me respondo sin dar lugar a la duda que no. Que supongo que no. Que supongo que la ame. Y que aunque supongo que cualquiera podría cuestionarme con razón acerca de si es posible o no amar a alguien a quien nunca conocí yo podré contestar sin titubeos que precisamente por eso fue que un día pude amar a Luisa Fernanda, una tarde en la Biblioteca Nacional. Supongo.

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PERFIL
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Andrés Ospina nace en 1976. Durante 1980 cursa preescolar en las guarderías La Frasadita y Juan Salvador Gaviota. Recibe su grado de kínder en el Jardín Infantil Piloto Federico Froebel. Desde 1982 hace parte del Gimnasio del Norte, entidad de la que cancelan su matricula en 1991. En 1992 ingresa al Gimnasio Los Robles, de donde se titula en 1994, tras repetir Décimo Grado. Trata de aprender Música y Literatura en la Universidad de Los Andes. Durante 1998 y 2000 co-redacta y funda el desaparecido sitio El Utensilio. Desde 2002 ha sido colaborador con revistas como Cambio, Rolling Stone o CARAS; realizador 99.1, hoy Radiónica (emisora en la que trabaja para los espacios 'La Silla Eléctrica' y 'Rockuerdos'), y libretista e investigador para el magazín de televisión Culturama. Entre los proyectos en los que comparte las culpas están www.museovintage.com y www.elblogotazo.com. De momento prepara una novela sobre un psiquiatra forense demente, y la exposición Bogotá Retroactiva.

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    Viaje a Bogotá: 1960

    Me aferro a la creencia -entre fantasiosa y mística- de que son los objetos quienes nos buscan a nosotros, y no nosotros a ellos.

    Al presentársenos sin haberlos convocado, archivos como el que hoy resaltamos parecieran comprobar tan alucinada convicción.

    Ante la escasez de documentos fílmicos ambientados en la Bogotá de mediados del siglo XX, y en color, cualquier hallazgo de dicha índole alcanza sin dificultad la categoría de incunable.

    Para nuestra fortuna estas imágenes se quedaron, convertidas en cientos de cuadros por minuto, en tecnicolor, como una sucesión medio anárquica de planos secuencia, desmintiendo el prejuicio de que los ojos de quienes habitaron esta ciudad en 1960 veían sólo en blanco y negro.

    Una familia de extranjeros -con cuyos herederos no hemos podido establecer contacto- vino de visita a la ciudad para registrar estos 621 segundos ambientados en una Bogotá que poco se parece a la actual.

    Cierto usuario de YouTube --de seguro miembro del grupo familiar de turistas de mitad de siglo-- se dio a la tarea de transferirlo a digital, tal vez desde una película en formato súper 8, y de subirlo a la red.

     



    Lo que se ve -puesto en palabras (siempre imperfectas)- es algo así como esto:

    Un barrio Santa Fe, aún despojado de las hordas de trabajadores sexuales de los tres géneros que han convertido al decadente vecindario en su sede, es el solariego remanso donde unos pequeños se columpian mientras alrededor se engullen rosados y esponjosos algodones de azúcar.

    Luego, la familia en pleno, ataviada con notable cuidado, asciende a Monserrate. A lo lejos se divisa el teleférico.
    Después se dirigen hacia un Salto del Tequendama cuyo aire y aguas aún parecen respirables y abundantes.

    Una tercera estación en el periplo turístico son las minas de sal en Zipaquirá. Los pequeños tratan de arriar a un asno terco por entre algún baldío de lo que podrían ser las inmediaciones de la Autopista Norte o la carretera Guaymaral vía Chía. Los adultos se entretienen escanciando jugos y degustando colaciones vernáculas.

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    El que parece ser el padre, sumido en un tabaquismo al que no aparenta estár interesado en renunciar, satisface su adicción con orgullo (mucho antes de que dicha costumbre se convirtiera en un hábito condenado por la sociedad).

    Luego, en las terrazas aún habilitadas de un muy joven Aeropuerto El Dorado, los visitantes se despiden, y sus gestos, algo sospechosos, nos hacen dudar acerca de si les gustó o no la ciudad, o si sus sonrisas (tal vez forzadas) son producto de las reglas de cortesía para con el anfitrión, de quien se están despidiendo.

    He tratado sin éxito de establecer contacto con el responsable de semejante ofrenda a nuestro muy escaso patrimonio filmográfico.

    Por tanto, ante la ausencia de voces en qué apoyarme, haré de la especulación mi mayor herramienta investigativa acerca de la procedencia de la misteriosa familia.

    "Kohn Kerpel Goodfriend Sernik 1960" es el título del clip.

    "A 1960 trip tgermanio.jpgo Colombia, SA, by the Goodfriends, to visit the Bogota based cousins" es la descripción que le sigue.

    Algunas obviedades pueden deducirse:

    Kohn, Kerpel y Sernik son (evidentemente) apellidos. Aunque Goodfriend pareciera no serlo, una rápida revisión a algunos documentos genealógicos desmiente nuestras dudas.

    Según indica un mapa, la mayor parte de 'Goodfriends' diseminados en el mundo proviene de Estados Unidos, Canadá y Argentina. Por otro lado, no existen documentos que avalen la existencia de alguna familia Goodfriend en Bogotá (ni ahora ni en los 60 del siglo XX). Goodfriend es la variable inglesa de Guot Vriunt, apellido del que tampoco parece haber registros en la ciudad.


    Tampoco disponemos (que se sepa) de indicios de la existencia de una familia Sernik establecida en Colombia. Como una anotación al margen se sabe que Sernik es el nombre de un alimento polaco de evidente semejanza con el popular 'cheesecake'.

    Con respecto a Kohn y a Kerpel sí hay pistas.

    Al observar la guía telefónica de 1958 aparecen varios individuos identificados con dicho apellido... Guillermo Kohn Olaya, Rodolfo Kohn Olaya y Salomón Kohn.

    Hay algunos Kerpel, también, muchos de ellos habitantes de vecindarios cercanos al lugar en donde tienen lugar las tomas de parque... Benjamín y Enrique Kerpel.
     

    En lo relacionado con los orígenes del apellido Kohn esisten dos teorías: Una lo considera judío; la otra, gaélico-irlandés.

    Lo cierto es que un destacado técnico de la fábrica de cerveza Bavaria, de hecho, llevaba por nombre Rudolf Kohn. Nació en Pilsen (Checoslovaquia), y ya adulto se radicó en Bogotá, para trabajar con la naciente firma. Era hijo de Wilhelm J. Kohn y Teresa Arnstein.

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    Tras algunas diferencias con su jefe --don Leo Kopp-- el señor Kohn inició una suerte de disidencia de la firma, lo que le llevaría en 1903 a fundar la casa Germania, productora entre algunas otras de las cerveza del mismo nombre, además de la Pilsener, la Azteca y la Cabrito; y de bebidas a base de malta tipo Maltogen, Biomalta y Malta Sansón.

    Durante años, la empresa de Kohn disputó con Bavaria el liderazgo en el mercado del popular fermento de cebada. Kohn falleció en 1935. En una de aquellas ironías corporativas Bavaria convenció a sus herederos de venderla y absorbió en 1945 a Germania. Triste destino el de las empresas que como Aces o Germania son adquiridas por una más grande con el mezquino propósito de ponerles fin.

    Debido a sus exiguas utilidades, la planta productora de Germania fue clausurada en 1960 y vendida como chatarra a la Universidad de Los Andes, pero la marca siguió produciéndose hasta el comienzo de los 80.
    De la infancia recuerdo los trolebuses exhibiendo avisos de Cerveza Germania y las cuñas radiales interpretadas por un grupo de jayanes de voz gruesa, vociferando los versos: "Cerveza Germania... Y se siente de primera".
     

    Como testimonio de lo que fuera Germania nos queda la ruta de buses ejecutivos que ostenta esa identidad.

    germanios.jpg
    Los primos Kohn a los que vemos en este video podrían ser entonces una rama familiar de don Rudolf, y de los Kerpel (ambos de origen hebreo) radicada en otro país.


    No llegué al descaro de indagar entre los dos Kohn que figuran en la más reciente edición del directorio de abonados de la ETB, porque en ocasiones me abstengo de husmear en vidas ajenas.

    Si uno de los que estuvieron presentes en esta faena turística de 1960 llega a reconocerse a sí mismo o a alguno de sus antepasados en el video y puede proporcionarnos alguna información al respecto, lo agradeceremos.

    Es posible que muchos de los protagonistas de este documento ya se hayan ido del planeta. Pero nos quedarán sus hijos y nietos.

    Tal vez ellochimeneas.jpgs mismos hayan alcanzado a escapar al olvido, pues su supervivencia quedó de alguna forma garantizada por este filmograma, envuelto en la bruma del misterio y en la escasa luz que alumbra unos colores poco definidos.

    Por ahora sólo nos queda imaginar. Si alguno de los lectores de la presente nota cuenta con pistas adicionales la ciudad se los agradecerá.

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  • Entretenimiento

    100 canciones esenciales en la historia del rock bogotano (1963-2011)

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    En cuestión de música los listados definitivos siempre serán materia de conflicto. Escoger 100 obras como las más representativas de un movimiento determinado y descartar otro tanto equivale a proporcionar municiones para el combate a los inconformes, y a despertar la sensibilidad de quienes -muchas veces con razón- se sienten excluidos.

    Emprender un proyecto de semejante envergadura en una ciudad goza -además- de un amplio número de peculiaridades. Los registros documentales son pobres. Las fuentes de consulta, incompletas. No hay listados. Las historias están fragmentadas. Y, lo que es aún más grave, el acceso y la consecución del material sonoro es labor más propia de un arqueólogo que de un coleccionista.

    Aun así la aventura termina por volverse fascinante. Un permanente temor al desconsiderado error de la omisión, y las intenciones nobles, aunque quijotescas, de aglutinar en 100 canciones lo mejor -o cuanto menos lo más representativo del rock bogotano, convierten a semejante empresa en una tarea delicada.

    Quienes sean suspicaces en cuestiones de lenguaje habrán notado la deliberada omisión del artículo determinado 'las' en el título escogido para la presente lista.

    Ello se debe a que hablar de 'las 100 canciones' sería en extremo pretencioso, y enviaría un mensaje cifrado, insinuando que las creaciones a continuación enunciadas son -en efecto- verdad inobjetable.

    El ejercicio de dar una mirada de espejo retrovisor a nuestra música pone de manifiesto una buena cantidad de enunciados que sin duda ameritarían un examen ulterior y que inspiran preguntas en las mentes inquietas.

    ¿Por qué la abrumadora mayoría de discos aquí mencionados nunca fue reeditada? ¿Cuántas de estas canciones están presentes, verdaderamente, en la memoria colectiva de los bogotanos? ¿Existe alguna explicación que justifique el hecho de que muchos de los artistas mencionados no hayan lanzado más de un disco de larga duración, o -en muchos casos- un sencillo al mercado? ¿Por qué hay tan pocos solistas? ¿A qué se debe que -al compararnos con otros territorios- el aporte femenino sea tan escaso? ¿Qué medida de responsabilidad compete a cada uno de los actores de la industria en el hecho de que las mencionadas obras no estén tan presentes en nuestros recuerdos?

    Como sea El Blogotazo espera que el siguiente sea un buen divertimento alrededor de algunos de los más memorables sonidos producidos en la capital, y que, de la misma forma, posibilite reacciones alrededor de un tema que, sin duda, ameritaría algo menos de indiferencia.

    Habrá quienes caigan con su oleada de críticas, hecho que, más en aras de la diversidad de conceptos que de la polémica, debe ser considerado como positivo.

    Por tanto este tablón público da la bienvenida a sugerencias, correcciones, insultos y aclaraciones.

    Aquí vamos...


    1. Bolero Falaz - Aterciopelados



    Por ser, casi con seguridad, la pieza de rock hecho en Colombia más popular en el resto del mundo. Por haber apuntalado nuestros sonidos hasta a escenarios que hasta ese momento -por la mala suerte y las decisiones erráticas- le estuvieron vedados. Por tratarse de una de las obras del que hasta la fecha ha sido el proyecto más sostenible en su género, en un mar de experiencias no muy afortunadas. Por haber visibilizado una naciente escena, antes enclavada en el subsuelo de una Bogotá que quería hablarle al mundo, 'Bolero falaz' es, con el beneficio de la subjetividad, la más relevante de las piezas de rock confeccionadas en territorio capitalino. La canción se inspiró en los conflictos vividos por Héctor Buitrago y Andrea Echeverri al término de su vida como pareja, como una especie de caricatura creada a partir de los tradicionales esquemas de la música romántica. Su videoclip, una de las últimas oportunidades de contemplar el aterrador aspecto de esa vía espinosa y gris llamada 'Troncal de la Caracas', fue éxito instantáneo en el recién inaugurado canal MTV Latino.


    2. Emiliano Pinilla - Banda Nueva



    Quiso el destino que en 1973 cuatro jóvenes bogotanos en sus tempranos 20 lograran convencer a Eduardo Calle -propietario de Discos Bambuco- de financiarles el capricho de grabar un disco de rock. Y quiso la suerte que don Eduardo se olvidara del asunto por un año, permitiéndoles usar el estudio por espacio de casi 10 meses, cada fin de semana. El resultado: una producción que a la fecha sigue siendo referente de excepción en la historia de nuestra música. 'La gran feria' es la obra maestra por excelencia del rock hecho en Bogotá y mezclado en Caracas. 'Emiliano Pinilla' por su parte, una extraña fusión entre ritmos latinos y rock, fue el sencillo que apuntaló una carrera de uno de los más prometedores ensambles del país, por desgracia extinto demasiado temprano.


    3. Siloé - Compañía Ilimitada



    Cuando nadie en todo el país se atrevía a hacer rock en castellano. Cuando el destino parecía indicar que ninguna producción de esta índole en Colombia habría de tener éxito alguno, y cuando la fe de unos pocos había comenzado a ceder su lugar al escepticismo de todos, Compañía Ilimitada, una de las bandas más persistentes en la historia de nuestra música, irrumpió con un trabajo digno de ser prensado y oído en cualquier otro país. 'Siloé', una canción salida del creciente interés de Piyo por el urbanismo y una prolongada estadía en Cali, fue el inicio de un largo periodo de silencio para los descreídos. La segunda de las tres versiones existentes de esta canción cuenta, además, con el crédito en la producción de Andrew Loog Oldham, uno de los nombres más significativos en la historia de la música contemporánea a escala global.


    4. Don Simón - Génesis



    Tras la desintegración de Los Speakers (junto a Los Flippers una de las dos bandas más recordadas de los 60 bogotanos en el siglo XX) Humberto Monroy y algunos amigos músicos decidieron radicarse en el territorio rural de Usme, para vivir en comunión con el Cosmos, en conformidad con lo que cualquier hippie consideraría una vida perfecta. Comenzaron a ensayar con instrumentos acústicos y a hacer música más orientada hacia ritmos autóctonos que hacia el rock and roll. Se hicieron llamar 'El Gen', y luego se convirtieron en Génesis. 'Don Simón' obra perteneciente al disco homónimo fue lanzada en Radio Visión mediante una campaña de expectativa en la que en teoría se buscaba a un hombre extraviado. Lo cierto es que la canción fue dedicada a un constructor de instrumentos con el que Humo se tropezó en sus correrías por el país. 'Don Simón' es la obra original más conocida de la más importante banda de los 70 en la ciudad.

    5. Ovni - Los Flippers


    Terminada la década de los 70 del siglo XX, Los Flippers se embarcaron en una gira patrocinada por la línea de cosméticos London Look. La idea era desplazarse por varias ciudades del país en un autobús acondicionado para tales efectos, diseminando su repertorio por todo el territorio nacional. Tras dicha experiencia, afortunada por demás, los Flippers quedaron reducidos a un trío, reforzado -eso sí- por el fichaje de Charlie Cardona, una de las mejores voces de entonces. 'Pronto viviremos un mundo mejor' es el resultado de esta triada de creadores, creando una música más compleja que aquella por la que la banda se había hecho famosa en la década anterior. Vientos, una decidida influencia de músicos negros y amalgamas rítmicas hicieron de este disco el mejor logrado por Los Flippers en su segundo decenio de vida. 'Ovni', historia de un encuentro extraterrestre, sorprende por su energía, por sus versos alucinados y por el esplendor vocal del difunto Cardona.


    6. Si la guerra es buen negocio invierte a tus hijos - Los Speakers



    El advenimiento de las producciones autofinanciadas se anticipó por mucho a la oleada masiva de músicos que en los 90, extenuados por la indiferencia de la industria disquera, decidieron convertirlas en una opción para no extinguirse. Tras retornar de una gira por Ecuador, y ya con cuatro álbumes en los anaqueles de las tiendas, Roberto Fiorilli, Humberto Monroy y Rodrigo García comenzaron a trabajar lo que habría de ser su quinto larga duración. Se trataba de un proyecto más ambicioso y experimental en materia sonora y temática (con canciones pacifistas, decididamente rebeldes, y no muy fáciles de programar en la radio de entonces). Los rechazos se sucedieron uno tras otro. No obstante, tras haber convencido a David Drezner (de Ingesón) de permitirles el uso del estudio gratuitamente a cambio de mencionarlo en el disco 'Los Speakers... en el maravilloso mundo de Ingesón' vio la luz. 'Si la guerra es buen negocio invierte a tus hijos' es una suerte de marcha satírica en contra de las confrontaciones bélicas en la que los tres integrantes cantan al unísono.


    7. Ay qué dolor - La Derecha



    Difícil (con todo y lo fastidioso que suena) rehusarse a emplear el absurdo término 'alternativo' para aludir al movimiento del rock bogotano de los años finales del siglo XX en Bogotá. Porque sólo puede ser alternativo lo que es minoritario, y la corriente imperante del momento fue, precisamente aquella cobijada por tan mal utilizado concepto. La Derecha, una combinación entre música y elementos de teatralidad puestos en escena, lanzó un primer disco, producido por el británico Richard Blair. Bastaron algunos meses para que, a través de espacios televisivos como el recordado 'Mucha Música' la canción se convirtiera en uno de los emblemas de la música del momento. Pocos años después, el destino convertiría a Mario Duarte en uno de los gestores del primer festival Rock al Parque, una iniciativa de proporciones impredecibles, convertida desde hace años en el evento masivo de mayor trascendencia en la ciudad.


    8. Igor y Penélope - Pasaporte



    El pop colombiano de los 80 del siglo XX debe sin duda un postergado reconocimiento a Pasaporte. Esta banda, también conformada en gran parte por ex miembros de algunos proyectos truncos en años anteriores, enfrentó el reto insoslayable de debutar en el escenario del multitudinario Concierto de Conciertos. Su único éxito, hasta el momento, había sido 'Igor y Penélope' una canción a la que Bogotá conoció a través de 88.9 Súper Stereo, de Todelar Stereo y de Radio Tequendama, las únicas estaciones interesadas en programar el género. El estupendo teclado de Pablo Tedeschi y la voz de Elsa Riveros hicieron de ésta un clásico instantáneo, cuyo videoclip fue el inicio de una brillante carrera como director para Simón Brand. Como curiosidad debe anotarse que la autoría de esta pieza icónica se debe a Fernando Caballero (Zona Postal).

    9. El rock no te necesita - Hora Local


    Más una banda de bares que de radio, a Hora Local le corresponde el honor de haber hecho un rock mucho menos ingenuo que el de la mayoría de sus contemporáneos, centrados sobre todo en problemáticas adolescentes. 'El rock no te necesita', grabada como muchas producciones de entonces en los estudios de William Constaín, no fue objeto de la aplastante acogida de sus contemporáneas 'La calle (Compañía Ilimitada)' o 'Igor y Penélope (Pasaporte)'. No obstante, el círculo íntimo de conocedores del género hoy la trata con mayor respeto.


    10. La causa nacional - Sociedad Anónima


    El ingenio cáustico de Carlos Posada (cuya salida de Compañía Ilimitada se debió en gran parte a divergencias en relación con el nivel de acidez admitido en el PH de sus canciones) se sumó a algunos otros músicos de posiciones ideológicas similares, en una especie de disidencia colectiva. Tras algunos años de trabajo y en virtud del repentino despegue del fenómeno y de un renovado y sospechoso interés de las disqueras, Sociedad Anónima consiguió prensar un sencillo cuya cara A ('La causa nacional') fue número uno durante algunos días en los 11 Superéxitos de 88.9. El éxito sirvió para que Polydor les grabara un LP completo. 'La causa nacional' surgió inspirada en las noticias de violencia y narcotráfico que por entonces abundaban en los informativos de televisión.

    11. El platanal - 1280 Almas
     


    En 1996, cobijados bajo el manto protector de Discos BMG, y ya con dos producciones discográficas en su currículo, esta banda con nombre extractado de una novela de Jim Thompson, se aprestaba a lanzar un álbum al que se llamó 'La 22'. 'El platanal', otra de las muchas canciones inspiradas en las infamias experimentadas por el país como consecuencia del conflicto armado, es un clásico en todo su derecho, y representa como pocas un amargo momento de la historia del país cuyo fin aún no se vislumbra.

    12. Mujer gala - Aterciopelados



    Suena y huele tal como sonaban y olían los mal llamados 'bares alternativos' de entonces. Después de una destacada carrera en el circuito bogotano, y de hacerse famosos en espacios regentados por ellos, tales como Transilvania, Delia y los Aminoácidos fueron de a poco transformándose en Aterciopelados. El nombre estaba inspirado en un texto de Simone de Beauvoir, en el que se mencionaba una "aterciopelada flor de la pasión". 'Mujer gala', cuya primera versión fue modestamente grabada en los estudios de Javeriana Stereo, se convirtió en un éxito radial inmediato, y a la postre, en el prólogo a una de las carreras más consistentes en la historia reciente de nuestro rock.


    13. Cali girls - Ship



    Ship no pretendía ser una banda. Esta afortunada reunión de músicos surgió, más bien, de la necesidad de reunir a algunos instrumentistas para poner a prueba el recientemente inaugurado estudio de Fonovisión (más adelante llamado Audiovisión). La pretensión de los inversionistas era convertir a estas instalaciones para producción de música en las más modernas de América Latina. Para ello contrataron a Eddie Krammer (célebre ingeniero de sonido), y convocaron a Jorge Barco para que sirviera de conejillo de Indias. Fue tal su entusiasmo con la idea que, una vez terminadas las sesiones, Barco se endeudó en varias decenas de miles de dólares para producir lo que a la postre sería el álbum 'Born', primera y única obra de Ship. 'Cali girls' les canta en perfecto inglés a las mujeres de la capital vallecaucana y muestra que aún en los distantes 80 del siglo XX era posible hacer discos colombianos de calidad destacable.

    14. Joricamba - Columna de fuego


    A comienzos de los 70 del siglo XX, Jaime Rodríguez, Marco Giraldo y Roberto Fiorilli (todos ellos sobrevivientes de la ola sesentera) trabajaban como músicos acompañantes en un centro nocturno llamado El Castillo de Chapultepec. La necesidad de ampliar su repertorio los llevó a explorar ritmos tropicales, además de rancheras, vallenatos, tangos, bossanovas y aires del Pacífico. Con el tiempo los tres dieron inicio al curioso proyecto de mezclar por primera vez estos últimos sonidos con el rock. Como resultado quedaron dos discos de larga duración, uno de ellos grabado en España, una gira por territorio Europeo y esta canción, basada en los lamentos de los esclavos negros al ser sometidos a horripilantes vejaciones laborales.

    15. El excusado - Distrito Especial


    "Puse un negocio en Chapinero, pero un gamín me lo incendió. Los del seguro se burlaron. Su polizá ya se venció". Versos inocentes y cómicos como este hacen parte de la muy bogotana letra de esta obra, a ritmo de 'gastrofunk', una buena descripción de algunos de los lugares más emblemáticos de aquella Bogotá de finales de los 80 del siglo XX. Nadie habría imaginado que Andrea Echeverri, autora de la carátula y artista plástica en ciernes, habría de convertirse en uno de los emblemas femeninos del rock en la ciudad.


    16. Alba - Iván y Lucía



    Sin saberlo el poeta José Luis Díaz-Granados escribió la letra de una de las canciones que -a mediados de la penúltima década del siglo XX- circularían con largueza a través de cintas magnetofónicas distribuidas entre amigos. Desde 1981 Iván Benavides y Lucía Pulido hicieron una carrera a fuerza de construir un nombre en la escena bohemia bogotana de entonces, a la manera de la nueva trova cubana y la nueva canción chilena y argentina.

    17. No ha pasado nada - Zona Postal


    Jaqui Rozo, Eduardo de Narváez, Juan González, Coque Arango,
    Bruno Mancini, Mak Macario García Calvo y Fernando Caballero fueron, en distintas etapas, el núcleo de este proyecto, dos de cuyas canciones, prensadas en un disco sencillo, alcanzaron alguna medida de figuración en la radio AM y FM bogotana, por allá en 1988. 'No ha pasado nada', inscrita en la línea de protestas airadas en contra de la situación colombiana en aquel entonces goza de la misma vigencia dos décadas después de haber sido escrita.


    18. El rey del pañete - Banda Sonora


    El gran Félix Riaño, inquieto músico, periodista, investigador y voz oficial del canal CityTv, logró una buena medida de popularidad en la ciudad debido a su trabajo en estaciones de radio y a una canción grabada en homenaje a la radio. Al comienzo de los 90 del siglo XX, y antes de convertirse en Félix Sant-Jordi, este creador multifuncional de sobrados talentos deleitó a la ciudad con una grabación en homenaje a los honorables representantes del gremio de la construcción en Bogotá. Se inspiró en las palabras de un pariente cercano, quien decía envidiar a quienes tenían tal actividad por oficio.

    19. Hay un daño en el baño - Bloque de Búsqueda



    La Provincia, banda acompañante de Carlos Vives, contaba sin problema con el talento suficiente como para tomar distancia de su nombre y desarrollar un proyecto independiente. Figuras ligadas por distintos motivos a la historia de nuestra música, tales como Iván Benavides, Teto Ocampo, Maité Montero, Pablo Bernal y Carlos Iván Medina hicieron parte de esta iniciativa, de la que nos quedan dos excelentes álbumes como imborrable testimonio. 'Hay un daño en el baño' es, posiblemente, la más popular de sus canciones.

    20. The 'Fuck'lands - Crash



    Las canciones del que estaba llamado a convertirse en el primer álbum de esta súper banda bogotana, conformada por veteranos de algunos otras agrupaciones tales como Augusto Martelo (Malanga, Hope) y el eterno músico de sesión Ernie Becerra, además del hawaiano Randy Dowling, nunca fueron prensadas en disco. Tal vez se tardaron demasiado para hacer un LP, hasta el grado de suspender su lanzamiento, por coincidir exactamente con la eclosión del fenómeno rock en español de 1988. Las canciones, todas angloparlantes, habrían sonado fuera de contexto en medio de Compañía Ilimitada, Pasaporte y Sociedad Anónima. 'The 'Fuck'lands', joya inédita, fue escrita como una protesta más ante el conflicto Inglaterra-Argentina. No es coincidencia que The Clash y Crash estén separados tan sólo por una de las 26 letras del alfabeto inglés. Al menos en esta pieza su sonido es muy similar.


    21. El golpe del pájaro - Los Speakers



    Esta versión "traducida al castellano" del clásico de los Trashmen, conformada por secuencias onomatopéyicas cantadas de manera instintiva, fue el epígrafe a una corta aunque prolífica carrera, a un ritmo de producción de disco por año, entre 1965 y 1969. La portada del álbum debut de esta banda bogotana es uno de los símbolos visibles de los 60 en la ciudad, con las fotos brumosas en la Estación de la Sabana, procurando lucir como Liverpool.

    22. Nievecita - Malanga



    Se trata de un sencillo autogestionado por los miembros de la banda. Los nombres de sus integrantes son recordados por distintos Motivos. Augusto Martelo, Alexei Restrepo, Chucho Merchán , Álvaro Galvis y Carlos Álvarez -con la cooperación decidida de personajes como Edgard Hozmann- hicieron de éste una pieza infaltable en toda buena colección de rock bogotano. Con una evidente influencia de Carlos Santana, la ciudad se queda con la frustración de no tener un álbum completo confeccionado por las inquietas manos de Malanga.

    23. Desdoblamiento - Los Flippers



    Sumergido en su interés por experiencias astrales y meditaciones trascendentales e intrascendentes, Arturo Astudillo (hoy convertido en un gurú de la alimentación) sorprende con esta pieza suelta del conjunto de obras que componen el estupendo 'Pronto viviremos un mundo mejor'. De nuevo resaltan los vientos y el impecable trabajo vocal de Charlie Cardona.


    24. That is only love - Miguel Durier


    Miguel Durier, tan indisciplinado como talentoso, desertó de Los Flippers, con el compromiso a cuestas de grabar un nuevo disco, para irse en pos de Los Cuatro Crickets a territorio mexicano. Su personalidad, díscola y aventurera lo llevó después a Nueva York, lugar en donde vivió buena parte de su juventud, en circunstancias no siempre halagüeñas. 'That is only love' es una pieza inédita, jamás prensada en formato de disco. Un buen testimonio de su potencial creativo, no despojado de cierto sentimiento de frustración por su pronta partida.

    25. Become - The Hall Effect


    Tal como al comienzo de los 80 era mal visto que unos bogotanos trataran de hacer rock hispanohablante, en el siglo XXI se hizo poco popular el que quisieran hacerlo en la lengua de Shakespeare. Más allá de lo anterior, a fuerza de persistencia, disciplina y talento, D-MIC cambió su nombre por The Hall Effect y se sometió a un positivo veredicto del público con su álbum debut 'Aim at me'. 'Become' su primer éxito, fue un buen pretexto para poner a Bogotá al tanto de las capacidades de Óscar Correa como cantante y de la inventiva guitarra (muy a la inglesa) de Charry. Pero, sobre todo, sirvió de base para capturar la atención del legendario Phil Manzanera, quien, después de haber sido bien impresionado por ellos y de refrendar sus nexos cercanos con Colombia accedió a producir un segundo disco para ellos.

    26. Deep cut - Traphico



    A Traphico le corresponde el privilegio de haber sido la primera banda colombiana en figurar en un aviso de página entera (pagado, naturalmente) en la revista 'Billboard'. Todo fue posible gracias a la visión de un empresario empírico y talentoso a quien muchos de los avances del rock como industria durante los 70 y 80 deben ser endilgados. Hablamos de el gran Armando Plata Camacho, su manejador, gerente de la firma Espectáculos. Después del lanzamiento de su primer álbum, esta singular banda conformada por el genial Ernesto 'Che' Rozo, el ruso Vitalii Druzhinin, Miguel Alzate y Enrique 'Blue' Martínez tuvo que enfrentarse a la partida de su vocalista soviético. Su segundo disco, llamado a sellar con consagración como estrellas nacionales del rock se abrió con este 'Deep cut', muy a la manera de Rush. Aunque no fue un éxito comercial, marca un punto interesante en la historia de nuestro rock, a ritmo progresivo.

    27. Mundo de imágenes - Banda Nueva


    Juan Carrillo (una de las voces más dulces de nuestro rock) fue el autor de esta canción, dedicada a quienes, a través de artilugios escapistas pretenden sustraerse al mundo circundante. Una magnífica melodía, buenas armonías vocales y el hecho de haber sido un éxito radial en 1974 la convierten en pieza fundamental de este cuadro de honor.


    28. María - Compañía Ilimitada



    María es el resultado de un pleito amistoso entre tres ex alumnos del Gimnasio Moderno. Para 1984, el poeta y financiero Gonzalo Mallarino, hoy una de las figuras prominentes de la narrativa en el país y gran fabulador de Bogotá esperaba su primera hija, María. Juancho Pulido y Piyo Jaramillo se tardaron demasiado en visitar a su ex condiscípulo, quien en tono de sorna les reclamó. A manera de desagravio ambos llegaron a su casa con esta canción, clásico contenido en el sencillo 'El año del fuego', primera incursión discográfica de un dúo que antes fue grupo.

    29. Sueñas, quieres, dices - Génesis



    "Llévales flores y meditación a los que están muriendo de inanición" dice Humberto Monroy en la primera canción de tendencias autocríticas ante los ideales -muchas veces ingenuos- de la comunidad hippie. La canción -con un brillante uso de escalas cromáticas- toma distancia de las proclamas naíf de años anteriores, y demuestra la versatilidad de Monroy como letrista.

    30. Latino - Harold
     

    A Harold se le recuerda -en primer término- como uno de los grandes representantes de la llamada 'nueva ola' colombiana y como miembro prominente del grupo de artistas de Estudio 15. Otros, más jóvenes, hablan de él como el estupendo creador de música publicitaria que siempre ha sido. Sin embargo 'Evolución', álbum al que pertenece 'Latino' nos muestra su más espléndida, y al mismo tiempo menos conocida faceta. Funk grabado a 2.600 metros de altura, con fuerte presencia de vientos, y no pocas incursiones experimentales.

    31. Los porcinos - Sociedad Anónima



    Agobiado por las presiones de algunos de los representantes de la aristocracia bogotana radicados en Villa de Leyva, a su vez descontentos con las conductas díscolas de Carlos Posada en sus viajes a tan pacífico remanso, éste decidió escribir 'Los porcinos'. La canción crítica la muy colombiana proclividad al chismorreo, desplegada con largueza por muchos de nuestros compatriotas.

    32. Cinco pistolas - Mario Duarte


    Tal vez animado por su creciente popularidad, debida a incursiones actorales en la popular telenovela 'Yo soy Betty... la fea', el talentoso músico cartagenero se decidió a iniciar con firmeza una carrera como solista. El álbum recibió buenas críticas, pero a la vez contó con discreta divulgación. Años más tarde, su utilización para la banda sonora de la película 'El carro', le permitió disfrutar de la vitrina que siempre mereció. 'Golpe de ala' (título del disco y de una de sus canciones) nos deja como recuerdo esta brillante canción, en muchos sentidos superior a las ejecutorias de Duarte con La Derecha (mucho más famosas).

    33. Bam - Doctor Krápula


    Con inusual constancia y destacable éxito, Doctor Krápula pertenece a la generación de bandas bogotanas surgidas con el siglo XXI. Su popularidad, debida en gran parte al carismático temperamento del vocalista Mario Muñoz, los convirtió en protagonistas de una trayectoria ascendente con relativa repercusión internacional y les mantiene con vida después de una década, algo inusual en lo que a rock bogotano respecta. 'Bam', una proclama onomatopéyica anti-violencia, es -si bien no su mejor canción- por lo menos una de las más populares.

    34. The train kept a rollin' - Time Machine


    Yamel Uribe, Roberto Fiorilli, Óscar Lasprilla y Fernando Córdoba (todos ellos ex miembros de bandas importantes al comienzo de los 60 del siglo XX) se unieron para conformar uno de los mejores ensambles musicales de su momento. Triste es decirlo, nos quedan tan sólo cuatro canciones, prensadas por Disco 15, como testimonio de sus afortunadas incursiones en el circuito bogotano de bares de entonces. Su mayor mérito consistió, tal vez, en la selección de un repertorio bastante más atrevido que el de sus contemporáneos. Su versión de este 'standard' del jazz (más conocido quizá en interpretación de los Yardbirds) lo dice todo.

    35. Mi verdad - Ex3


    A comienzos de los 90 del siglo XX un grupo de veteranos se reunieron (ya habían estado tocando juntos a comienzos del siglo XX bajo el mismo nombre) para grabar este éxito, de altísimo impacto en la radio de entonces. Chucho Merchán hizo las veces de productor de un álbum cuyas ventas, como suele ocurrir, no se acomidieron con la calidad de los músicos responsables de su manufactura. La voz de Rubén Morales, su vocalista, ya era bien conocida de todos por sus frecuentes apariciones en música publicitaria. Nombres como el de Blu Martínez, Alexei Restrepo, Iván Sotomayor y Nacho Pilonieta deben, sin duda, son dignos de un lugar prominente en la historia de nuestro rock.

    36. Cali es Cali - Odio a Botero


    Ocurrente candidato a la presidencia de la República, ciudadano emérito del Estado de Orland, posmoderno Gabriel Antonio Goyeneche Corredor, René Segura es una de las figuras más polémicas y queridas del rock hecho en Bogotá. La voz 'paila' de la banda, cómo ellos mismos la denominaron, y Carolina Cantor (la melodiosa), fueron por años la base para una de las más populares agrupaciones representantes del punk en la ciudad. Lo anterior, por supuesto, gracias a la presencia tutelar de figuras como el entrañable Reggae Man y el Señor Plátano.


    37. Los desertores - Pasaporte


    Una estupenda balada, con un magnífico trabajo vocal de Elsa Riveros, fueron el colofón para un disco al que la historia recordará por tres o cuatro canciones, por su considerable volumen de ventas y por haber sido el prólogo a una carrera que, por la misma esterilidad del entorno, se quedó al comienzo del camino. Produce nostalgia el pensar qué habría sido de nuestro pop-rock si el entusiasmo de aquel 1988 se hubiera mantenido, y no hay nada mejor que "la gloria de los desertores" para recordarlo.


    38. La payola de Los Marinillos - Troller y Arias



    "Si no pagan el millón no les pegó la canción en la nueva programación de mi radioestación". Esta sentencia -tan certera como dolorosa- a ritmo de trova paisa, es, hasta el día de hoy, la más pura forma de denuncia jamás ejercida por músico alguno alrededor de la tiranía de los programadores de emisoras. Con una mano siempre lista para fustigar al artista y la otra dispuesta a recibir sobornos a cambio de incluir una canción en el repertorio de las estaciones de radio a su cargo. 'La payola de Los Marinillos', buena oportunidad para oír a dos miembros de la más pura raigambre cachaca impostando el acento antioqueño, hace reír y llorar.


    39. Redes rojas - Catedral


    Durante los 90 del siglo XX fueron muchos los músicos bogotanos ilusionados con el advenimiento de una nueva era para nuestro rock. Con demasiados "volver a comenzar" y abundantes "ahora sí" la escena parecía vislumbrar por fin un futuro venturoso. La proliferación de bandas, la abundancia de ofertas en materia de bares, la siempre providente opción de lanzar discos independientes y la existencia de nuevos medios, tales como la Frecuencia Joven de la Radiodifusora Nacional de Colombia, en los 99-1 del FM, daban motivos para pensarlo. '4 canales', un programa creado y dirigido por el gran Héctor Mora Junior fue quizá el producto más depurado de esta aparente revolución. 'Redes rojas', canción de catedral producida por el omnipresente José Gandour, fue su marca de identidad por varios años.

    40. Mamá - Génesis


    "En el cuarto, debajo de la cama, hay dos átomos jugando...". Este verso, tan contundente como alucinado, dispuesto al comienzo de 'Mamá' es el resultado de la unión del talento vocal e instrumental de Humberto Monroy con los versos de Sibius, poeta nadaísta allegado a algunos de los más importantes músicos de la época. Esperaban a Génesis excelentes episodios creativos, 'Mamá', primer corte del álbum 'Adios', fue el mejor prólogo para esta historia de leyenda que comenzaba a escribirse.


    41. Candelaria - Distrito




    Pocos vecindarios en Bogotá con nombres tan pintorescos como el de La Candelaria. La canción (dice el saber popular, fue dedicada a una abuena con ese nombre, y no al barrio). Como sea, y de regreso a la asociación libre, los 90 del siglo XX, poco antes de que sus calles comenzaran a verse manoseadas (o mejor aún, pisoteadas por las hordas de mamertoides, chocolocos, estudiantes bebedores de Moscatos Passitos y falsos artistas de vanguardia que hoy amenazan con provocar su ruina) los miembros de Distrito decidieron tañer unas notas en su honor. La banda ya era harto conocida en la ciudad por cuenta de su febril actividad en distintos escenarios de la ciudad y por su relativamente éxitos D. E. Mentes (antes de renunciar al sufijo 'especial'). El reciente éxito de Carlos Vives y sus 'Clásicos de la provincia' en Sonolux, le permitieron soñar con que su nombre y el de su sello Gaira, habrían de servir de plataforma para otros talentos. Si bien esto no correspondió a las expectativas, lo cierto es que Gaira dejó tras de sí producciones verdaderamente memorables, tales como 'Documento' álbum de donde se extrae este corte, a ritmo de bambuco.


    42. Londres - Carlos Vives


    Con motivo del aniversario número 20 del surgimiento de la legendaria agrupación Hora Local se programó la grabación de un álbum tributo, firmado por nombres tan heterogéneos como los de Pornomotora, Nawal y Odio a Botero interpretando versiones de sus clásicos. El disco, rebosante de sorpresas, cuenta con el atractivo adicional de mostrarnos la faceta rockera del gran Carlos Vives, desconocida para la mayoría del país, embebido en gotas frías y alicias adoradas.


    43. La gran feria - Banda Nueva


    Al comienzo de alguno de los ensayos para lo que habría de ser el primer disco de la Banda Nueva, llevados a cabo en la casa del pianista Orlando Betancourt, sus tres compañeros de aventuras lo sorprendieron tocando una pieza del húngaro Béla Bartók, tan extraña como su título. En forma espontánea se le fueron sumando, tal vez alentados por el reto de subvertir la estructura de esta canción para transformarla en una pieza de rock, con amalgamas, cambios de tempo y una destacable muestra de las virtudes de Betancourt al teclado y de Jaime Córdoba como percusionista. 'La gran feria', en versión de la Banda Nueva, terminó por dar título a su único álbum y aún en la actualidad puede ser, tal vez, la pieza instrumental mejor concebida en la historia del rock bogotano y nacional.


    44. Altísimo - Héctor Buitrago


    'Conhéctor' fue el ingenioso nombre conferido por Buitrago a su primer trabajo como solista, un proyecto ingenioso en el que decidió rodearse de cofrades talentosos. Algunos de los miembros de la 'nómina de ensueño' estuvieron Álex Ubago, Julieta Venegas y Andrea Echeverri, por supuesto. 'Altísimo' la historia del viaje de un ave por el espacio aéreo bogotano es, junto con 'Buses a todos los barrios', una de las dos mejores piezas dedicadas a los vecindarios de la ciudad.

    45. La chica de Chernobyl - Hora Local


    "Desde Kiev hasta Choachí", dice uno de los versos de esta obra, representante máxima de la escena subterránea de Bogotá en aquellos finales 80. Prensado bajo el sello independiente Roxy, responsable también del 'Chapinero Gaitanista' y del único álbum de los Necro Nerds, con la producción de Many Moure, se trata de una de las producciones más serias de nuestro rock en esta década, más recordada por otros proyectos con mayor fortuna radial y menos ambición musical.


    46. Mi gran, loco y dulce amor - Lukas


    Algunos puristas no reconocerán en Lukas a un verdadero cultor del rock hecho en Bogotá. Error fatal aquel de trazar linderos acerca de un organismo tan intangible y cambiante como la música en cuestión. Luis Carlos Osorio, un caleño de buen ver, con barba jesucristiana y voz particular, bajo la tutela de Armando Plata Camacho y de la mano de músicos como el infaltable Camilo Ferrans. Buen uso de teclados en un país inmune a la influencia benefactora del new wave.


    47. Nada me obliga - La Pestilencia


    'Productos desaparecidos' es, sin duda, el más depurado de los muchos hijos concebidos por esta agrupación de culto, a la cabeza del gran Dilson Díaz. Si bien podrían existir disputas entre Medellín y Bogotá debido a la nacionalidad del conjunto, 'Nada me obliga' tiene un lugar indiscutible dentro del repertorio de clásicos de nuestra música, una muestra de que un gran productor sumado a una banda con oficio pueden obrar prodigios. 


    48. La carta - Los Flippers



    Ferdie Fernández es, sin duda, uno de los más inventivos compositores de la primera fase del rock hecho en Bogotá. Por alguna razón las grabaciones de Los Flippers, en términos técnicos resaltan por su calidad superior a las de la mayoría de sus contemporáneos. La carta es una buena muestra del talento de estos jóvenes prodigio.


    49. Detesto el new wave - Los Necro Nerds


    Este álbum de culto -escaso, y jamás divulgado en forma masiva por las vías convencionales- es la piedra angular del movimiento 'underground' en la Bogotá de los finales 80 y los primeros 90 del siglo XX. Con la libertad de acción que presupone el hecho de andar por la vida despojado de pretensiones económicas. Esta canción, en muchos sentidos, es una declaración cómica de repudio por quienes creen encontrarse en un estadio superior de conocimientos por el simple hecho de tener acceso a música poco común. Su sonido es, tal vez, el más europeo de cuantos han conseguido cocinarse en las toldas muiscas.


    50. Esto no es Madrid - Hotel Regina y la Orquesta Sinfónica de Chapinero

    "Fui a por un Picasso y me empacaron un Botero. Entré al Museo del Prado y era la casa del Florero" es el verso inicial de este paralelo entre la capital ibérica y la colombiana, a ritmo de punk. Pocos proyectos tan bogotanos como esta especie de collage musical dedicado por entero a la ciudad y surgida de las mentes de un par de bogotanos inquietos, viejos amigos desde sus tiempos de estudiantes en el colegio Helvetia, y autores del renombrado 'Chapinero Telegraph' una publicación 'underground' de espíritu satírico.


    51. Espías malignos - Darkness


    Darkness, justos ganadores de un concurso para la promoción de talentos emergentes organizado por Coca-Cola fueron en parte responsables del crecimiento del thrash metal en Bogotá. Su primer disco, prensado en formato vinilo y grabado en días festivos tiene una historia interesante. Auspiciados por el legendario Dr. Rock y su almacén La Rockola (desaparecido establecimiento en el que muchos fanáticos del género se guarecieron, en busca de calor y consejos) consiguieron gestionar el uso de los también desaparecidos estudios HN en fechas no hábiles. Como recompensa para Darkness -hijos célebres de la casi bogotana Soacha- para el Dr. Rock y para el género quedó esta pieza quintaescencial a la que muchos recuerdan también por su llamativo diseño de portada.


    52. En el bus - Cascabel


    Juan José es un pobre bogotano sometido a los diarios avatares del transporte público en la ciudad. Un constante "oiga: eche pa' atrás" es el leitmotiv de esta lastimera y graciosa canción, fruto del genio creativo de personajes como Mario García y de la prodigiosa voz de Charlie Cardona. Cascabel firmó con la CBS, hecho que según testimonios del mismo García incidió de forma negativa en el control creativo de sus producciones discográficas.
     

    53. Marlohábil - Confucia de Arco


    Refrescante saber que en medio de un entorno estéril en materia de buenos vocalistas surgiera -contra todo pronóstico- una figura como la de Andrés Restrepo, una excepción en el más completo y gratificante sentido del concepto. Por esta época parecía como si los cantantes bogotanos de rock escogieran su oficio por descarte, al no ser diestros en el manejo de instrumento alguno. Restrepo, con sobradas virtudes vocales, demostró que ello -por fortuna- no siempre ocurría. El sonoro neologismo Marlohábil, una especie de cadáver exquisito conformado por silabas extractadas de nombres de peluquerías estará por siempre ligado a la historia reciente de nuestro rock.


    54. Ojalá - Morfonia


    La Bogotá de los 90 del siglo XX era -en muchos sentidos- bastante diferente de la de 2011. Bares como Kalimán y Las Moskas, y escenarios como los Sótanos de la Jiménez y el Auditorio La Calleja veían salir y entrar a innumerables bandas, en modo alguno emparentadas con sus antecesoras de la década anterior. Audio 8, sala de grabación de propiedad del buen Ricardo Rodríguez, fue teatro de operaciones en el que muchos de estos momentos fueron inmortalizados. Para fortuna de nuestro rock la suerte escogió a esta
    'casa estudio', en donde se cocinaron varias obras importantes de aquel entonces con limitados recursos, y a fuerza de recursividad, sobre todo debidos a la presencia de un buen ingeniero de sonido. 'Ojalá', tal como está registrada aquí, fue grabada en el mencionado Auditorio, el 3 de abril de 1997 y pertenece al álbum 'Morfonia en vivo'.


    55. New York 1990 - Lukas


    Una profecía apocalíptica en la voz de un iluminado. Lukas, un místico en todo el sentido de la expresión, sorprendió con esta canción, un juicio anticipado a lo que habría de ocurrir con la civilización a la hora de ajustar cuentas con el resto del universo. Unos hombrecitos de color azul celeste hacen su arribo, en medio de un entorno enrarecido. Vienen vientos y teclados, y el mundo jamás vuelve a ser igual.


    56. Ni con plegarias - Pasaporte


    Pese al éxito del primer disco de Pasaporte -sólo equiparable en ventas al 'Contacto' de Compañía Ilimitada- los ejecutivos de Sonolux seguían siendo timoratos a la hora de apostarle con más fuerza al segundo prensaje de esta talentosa agrupación bogotana. Conscientes de que la autogestión era la única forma de sobreaguar en un medio estéril, por idea de Pablo Tedeschi, y con recursos propios, los miembros de la banda importaron desde Argentina al gran Cachorro López, quien permaneció durante más de un mes en las instalaciones de Ingesón para producir lo que más adelante sería bautizado como 'Un día X'. 'Ni con plegarias', su primer sencillo, surgió impulsado por una fuerte campaña de expectativa y por los mejores augurios. No obstante, la canción, cuya calidad -como es usual- habría merecido mejor fortuna, no correspondió a su evidente calidad. Entre las muchas razones para explicarlo puede apelarse al angustiante clima de violencia surgido en la Bogotá de 1989. Para los fanáticos de Andrés Calamaro 'Un día X' contiene 'Lejos de aquí' una curiosa pieza escrita por él -según cuenta la 'petit histoire'- en cinco minutos, e interpretada a dúo con Elsa Riveros .


    57. Te olvidaré - Los Speakers


    Bastante más recursivos y maduros instrumentalmente que en sus álbumes anteriores, 'Los Speakers' álbum homónimo, lanzado por la banda en 1967, marca una nueva dirección en su trayectoria. El disco está conformado en su totalidad por composiciones originales. 'Te olvidaré' es, quizá, la más salvaje de las canciones lanzadas en dicho larga duración, notable por los perceptibles avances de cada uno en su posición de ejecutores. De destacar el fugaz fichaje de Óscar Lasprilla en la formación de un grupo afectado por constantes cambios en su alineación.


    58. Bogotá - Pala


    Importada desde Medellín nos viene esta joya de la nueva canción colombiana en la voz de uno de sus más versátiles e ingeniosos intérpretes y compositores contemporáneos. Aparte de la estupenda poesía presente en su letra, es de destacarse el hecho de que 'Bogotá' sea un reflejo cariñoso, despojado de prejuicios, procedente de la mirada sensible de un antioqueño. Una buena creación que sin duda habrá de ganarse un lugar en la antología de composiciones dedicadas a la ciudad, mérito absolutamente imputable a Carlos Alberto Palacio Lopera.


    59. Déjame - Carpe Diem


    "Fiesta privada, música duro... ¿qué tiene de malo?". 'Subterránica' un compilado de canciones creadas por un 'pool' heterogéneo de artistas de mediados de los 90 del siglo XX es, tal vez, el más fiel testimonio de la forma cómo sonaba el rock hecho en Bogotá, por aquel entonces. Carpe Diem fue una de las bandas convocadas para tan noble fin, llevado a cabo bajo la batuta de Discos MTM. 'Déjame', por su parte, fue uno de los himnos libertarios de ese estupendo programa llamado 'Cuatro canales', uno de los grandes responsables de atizar el fuego del fenómeno.


    60. El beat de mi corazón - Ciegossordomudos


    Ciegossordomudos, otro proyecto surgido dentro de la fragua de iniciativas de la prolífica década de los 90, conformado por el trinomio Alejandro Gomes-Cáceres, Jota García y el infaltable Pablo Bernal, tuvo su mejor momento varios años después de su aparición. 'El beat de mi corazón', uno de los cortes de su álbum de relanzamiento 'En paz', alcanzó destacable grado de rotación en el MTV Latino y demostró que la veteranía vale por sí sola.


    61. Empleada erótica - La Rebeca


    Canción que prevalece en la memoria debido sobre todo a su inclusión en el compilado 'Subterránica', hito de una era que debió haber prevalecido por algún tiempo más. La Rebeca, otro de los emblemas de la década de los 90, esta vez con nombre de escultura, hace un muy morboso y cómico homenaje a ciertas agraciadas trabajadoras del servicio doméstico y su capacidad de despertar impulsos libidinosos en el sistema hormonal de algunos adolescentes de barrio. Un interludio curioso hace de esta composición una pieza maestra del humorismo musical.


    62. Hari Hari - Cocoa


    Poco se sabe acerca de este proyecto cuyo único sencillo, sin embargo, alcanzó cierta rotación en la radio AM de aquel entonces. Los finales 70 y los tempranos 80 del siglo XX fueron -al menos en volumen de producción- años de sequía para el rock hecho en Bogotá. No obstante, a pesar de las evidentes posibilidades de no tener éxito, Cocoa se atrevió con este sencillo del que hoy poco se recuerda, pero que aun así merece ser recordado por su osada aparición en momentos de sequía.


    63. El limbo rock - Los Daro Jets


    Meritorio trabajo el de esta banda, por regla general ignorada en reseñas y recuentos, superando sin problema la versión original del Gran Chubby Checker. No deja de resultar paradójico que uno de los primeros discos de rock and roll y twist grabados en el país cuente con un concepto de producción mucho más sólido que el de muchos de aquellos que le sucedieron décadas después.


    64. El blues del bus - Banda Nueva


    Inspirado, al igual que su contemporáneo Mario García, en el diario avatar de los usuarios frecuentes del servicio de autobuses en la ciudad, Banda Nueva aparece de nuevo en este listado, lo que la convierte, con indiscutibles méritos en la agrupación con mayor número de canciones pertenecientes a un solo disco, de entre todas las convocadas a este listado. A ritmo de blues, Jaime Córdoba escribió esta sátira, tan vigente en aquel entonces como hoy.


    65. Oda a la gente mediocre - Los Speakers


    Aparte del mérito de haber sumergido en un viaje psicodélico a toda una generación, con el respaldo químico de una inocente pastilla de Minichiclets Adams, a Los Speakers debe reconocérseles la capacidad de evolucionar a velocidades inusuales. 'Oda a la gente mediocre' es la prueba audible de que unos jóvenes, inscritos en el extracomercial estereotipo de los jóvenes 'go go' podían ser ambiciosos a la hora de hacer música.


    66. Cajas de cartón - Alerta Roja


    Más de 20 años después de su surgimiento (no del todo consumado hasta la fecha), es triste aunque muy cierto afirmar que el sonido de las producciones colombianas (salvo no más de cinco excepciones) estaba muy por debajo de sus similares en los mercados más competitivos de América Latina (léase México y Argentina). Alerta Roja, agrupación conformada por Iván Correa, Iván Sotomayor, Pablo Bernal y Manuel Escobar (todos ellos artistas con credenciales serias) se unieron para la grabación de este disco, cuya ingeniería de sonido corre por cuenta de Alfonso Abril (veterano guerrero de muchas batallas desde los 60). La intención, por ausencia de recursos técnicos, termina quedándose por encima del resultado. No obstante 'Cajas de cartón' sigue siendo un buen reflejo de mediana conciencia social en medio de las banalidades de su década.


    67. Soy así y qué - Los Streaks


    Con un solo álbum a su favor y el escepticismo de una época en su contra, bien puede hoy decirse que Los Streaks fueron un proyecto incomprendido. La 'Operación a go-go' fue -como fácil es diagnosticarlo a posteriori- una idea descabellada para su época. No obstante, esta declaración de independencia pertenece hoy, alegre y orgullosamente, a esa extraña especie de cosas que mejoran al envejecer.


    68. Cara de acuarela - Los Pelukas


    El mérito de esta rareza, nunca incluida dentro de los cánones oficiales de nuestro rock (si es que algo como ello puede existir dentro de una escena tan incipiente) es haberse adelantado al menos por 13 años a lo que más adelante se convertiría en un fenómeno mundial. Filtrado por los oídos castos de un purista, en 1964, la calidad del álbum es, a todas luces, discutible. No obstante, una mirada más suspicaz nos hará pensar en este trabajo como una curiosa muestra del protopunk colombiano. Latinoamérica entera se demoraría una década más en alcanzar este techo.


    69. Polikarpa y sus viciosas - Puta podrida


    En un listado afligido (como muchas fiestas bogotanas) por la desmesurada proporción de público masculino -en paradójico y triste contraste con la carencia de población femenina- resulta refrescante encontrarse con este trío de hacedoras de buen punk. Con letras contestatarias y un sonido contundente, 'Puta podrida' hace un eficaz inventario de denuestos. Los dos minutos mejor aprovechados en la historia de nuestro rock.


    70. Florecita rockera - Aterciopelados


    Después del inesperado éxito de 'Con el corazón en la mano' y ya convertidos por la fuerza de los hechos en músicos profesionales, un puñado de seguidores se mantenía expectante acerca de cuál habría de ser la dirección tomada por Aterciopelados como figuras de la canción popular. 'El Dorado' (1995) fue una respuesta satisfactoria a quienes se preguntaban si esta banda, cuyos inicios se remontaban a la escena subterránea de la ciudad en la década anterior, podría ser capaz de navegar en aguas internacionales. 'Florecita rockera' supo mantener el alto rango de prestigio alcanzado con 'Bolero falaz'.


    71. La calle - Compañía Ilimitada


    Esta composición, con el aroma de los cafés dispuestos en la acera de la carrera 15, entre calles 82 y 85, fiel reflejo de la Bogotá de mediados de los 80 del siglo XX, no fue escrita en Bogotá. Surgió de una improvisación de Juancho Pulido en el piano, después de una presentación nunca llevada a cabo (por ausencia de público) en el Museo del Castillo de Medellín. Se convirtió en el primer sencillo del álbum 'Contacto', responsable en gran parte de despejar el terreno para que el mal llamado 'rock en español' aterrizara sobre suelo bogotano, en aquel legendario y ya casi olvidado 1988.


    72. Musa - Delavil


    Víctor Rondón (miembro en su natal Ibagué de diversos ensambles folclóricos), Daniel Restrepo (Marlohábil) y Guillermo Morales (Yuri Gagarin), pusieron su veteranía al servicio de este trinomio del que se recuerda a 'Musa' como uno de sus más ingeniosos momentos. Una letra triste, un potente 'riff' de guitarra y un magnífico video, de notoria rotación en MTV hicieron de ésta una de las canciones más representativas de la primera década del siglo XX.


    73. Cuando me muera - Humberto Monroy


    Posiblemente durante la más hippie de sus fases, el popular Humo hizo su contribución personal al mundo de las canciones dedicadas al día del fallecimiento propio. Una magnífica y optimista pieza, resultante de este extraño proyecto, prensado para Codiscos, único trabajo en solitario de Humberto Monroy en toda su carrera.

    74. Cuchipe - Los Daro Boys


    Cuenta la leyenda que alguna vez, en 1963, doña Cecilia Fernández de Soto -directora del Teatro Colón- recibió la visita del empresario Simon Daro Dawidowicz, quien venía a pedirle autorización para presentar a "sus muchachos" en el sagrado recinto. Doña Cecilia descartó de plano la posibilidad, pues la idea de profanar dichos predios con sonidos de rock and roll le parecía digna de un demente. El señor Daro -que era coleccionista de arte- insistió, argumentando que, de autorizar la presentación de sus Daro Boys, él estaría dispuesto a donar un busto de Beethoven al Teatro. Gracias a ese inocente soborno nos queda un espléndido álbum en vivo, del que sobrevive esta curiosa versión del clásico 'Cuchipe', parte de cuya letra fue traducida al francés.

    75. Cachipay - Los Electrónicos


    Casi todos los instrumentistas profesionales de la escena rock en los 60 del siglo XX, una vez apaciguado el entusiasmo comercial de la década y carentes de plazas laborales, tuvieron que buscarse una vida como músicos de sesión al comienzo de los 70. Congregados en los pasillos de Ingesón, durante una pausa como acompañantes de Ana y Jaime, Miguel Drezner (gerente del estudio) y Roberto Fiorilli discutían acerca del poco impacto de la música tradicional colombiana en los jóvenes. Con este interrogante cómo motivación Fiorilli y algunos otros músicos más emprendieron la labor de grabar este disco, prensado para Phillips, con versiones contemporáneas de números clásicos del repertorio colombiano. 'Cachipai' destaca por su inventiva y originalidad.

    76. Ciudad dura - Los Flippers


    Los finales 60 y tempranos 70 del siglo XX fueron años de cambio en el espíritu y la alineación de Los Flippers, desestabilizados por deserciones de integrantes importantes y mantenidos con viva gracias a la persistencia de Arturo Astudillo y de otros aliados de ocasión. 'Ciudad dura', en la misma línea de 'Mi parque' - canción dedicada a la decadencia experimentada por el famoso Parque de la 60- al finalizar la década, es una queja graciosa en contra de la mecanización en la que un individuo se ve sumido en el contexto de una urbe moderna. Resalta el manejo de vientos y la estupenda voz de Charlie Cardona.

    77. Viaje 2 - Siglo Cero


    Enmarcado en el legendario Festival de la Vida (debido en gran parte a los profesionales y eficaces oficios de la espléndida Tania Moreno), el álbum 'Latinoamérica' única producción del proyecto Siglo 0, una reunión de músicos reconocidos trabajando bajo la premisa de improvisar, contiene sólo tres cortes. Dos de ellos surgen de dinámicas 'ad libitum', grabadas en vivo, como testimonio del festival mismo. El restante es una lectura de un poema de Sibius, poeta nadaísta allegado -como se ha visto- a la escena rock de entonces.


    78. Abran fuego - The Mills


    Tras el relativo éxito generado por el fenómeno The Hall Effect, Bako, un publicista en sus tardíos 20 se decidió a congregar a alguno músicos de edades diversas, con el noble fin de emular las proezas de algunos de sus ídolos británicos (léase U2). Con dicho fin, el talentoso vocalista, estableció contacto con Charry (genio creativo de The Hall Effect), quien serviría de productor para el primer trabajo de lo que llegaría a denominarse The Mills. El hecho de que 'Abran fuego' sea interpretada en castellano hace de esta canción una pieza atípica en la historia de la banda, a la que debe reconocérsele contar con un espectáculo impecablemente producido. Su letra -muy oportuna para el país- le asegura un lugar en este listado.

    79. Long tall shorty - The Wallflower Complextion


    Es muy probable que los primeros reflejos de blues en Bogotá, mucho antes de los miércoles en Crab's Bar, llevados a cabo 30 años más tarde, se deban al ingenio de esta agrupación, integrada por los hermanos Fred y Rick Sampson, Chris Cryzs, y Glen Baca, cuatro norteamericanos radicados en la ciudad, con su centro de operaciones localizado en el entonces residencial y solariego barrio de El Chicó. Dicen quienes estuvieron presentes en los duelos 'a go-go' de entonces, que los Wallflower Complextion (con una T incluida en su nombre, por error del diseñador de la carátula) superaban con facilidad a cualquiera de las bandas locales, situación debida, tal vez, al hecho de llevar el rock and roll en la sangre.


    80. I got my mojo workin' - The Black Cat Bone

    Un viejo clásico del blues, popularizado por la versión de Muddy Waters, por allá en 1957, sirvió como pretexto para la realización de un video de carretera, grabado en los Andes colombianos, pero ambientado en Norteamérica. Su creciente actividad en distintos establecimientos de la ciudad y el guiño positivo del que fueron beneficiarios por cuenta de la radio juvenil comercial, además de su innegable calidad, hicieron de TBCB, una de las bandas más recordadas de la década inicial del siglo XXI en la ciudad.


    81. For your love - Los Young Beats


    Grabar una canción de los Yardbirds en medio de la banalización de la que fuera objeto la escena bogotana a mediados de los 60 del siglo XX, por cuenta de los inexpertos mercaderes del género, no es de poco mérito. Al revisar con cuidado la escogencia del repertorio interpretado por los Young Beats en el álbum 'Ellos están cambiando los tiempos', resulta muy evidente que sus intenciones rebasaban a las del promedio. No deja de ser cómico el imaginar cómo estos jóvenes imberbes consiguieron burlar a los directivos de Discos Bambuco en su afán por imponerles a Santander Díaz (quien mucho sabía de música pero poco de rock and roll) como productor.


    82. El valle de los árboles rojos - Humberto Monroy


    El único álbum solista de aquel a quien con indiscutibles méritos y ya fallecido se ganó el honor de figurar en este listado, haciendo parte de seis proyectos distintos, es -quizá su mejor autobiografía, resultado de sus cada vez más radicales excursiones místicas. 'Sol y luna' (1976) es un disco de carácter intimista, tocado por las habilidosas manos de Orlando Betancourt, quien funge como productor, arreglista y teclista.


    83. París - Los Necro Nerds


    Si hay alguna banda que amerite ser considerada como representante de la escena subterránea de la ciudad al término de la década de los 80 y al comienzo de la de los 90 del siglo XX ésta son Los Necro Nerds. La dulce voz de Simone Balmer, y la participación de Gabriel Madero, Fernando Muñoz Botero y Gonzalo de Sagarmínaga, encontró en aquel crisol independiente de Discos Roxy, el pretexto ideal para relatar la consabida historia de una mujer de aspiraciones, radicada en los perniciosos fondos de la capital francesa.


    84. Por la mañana - Los Speakers


    Desde el lanzamiento de su penúltimo álbum, 'Los Speakers', de 1967, conformado en su totalidad por composiciones originales, ya se iba haciendo claro que los miembros de esta banda (sometida a distintas deserciones y a nuevos fichajes) había adoptado la determinación consciente de alejarse del estereotipo de los ídolos adolescentes del momento. Bigotes, extravagancias en el vestir y aires seudointelectuales fueron el comienzo de la que fuera al mismo tiempo su más prolífica y corta etapa. Este corte, con la responsabilidad a cuestas de abrir el legendario 'Maravilloso mundo de Ingesón', de 1968, es una estupenda muestra de la dirección creativa que habría de tomar el español Rodrigo García en años posteriores, muy embebido en devolverse varios siglos para explorar los aires renacentistas.


    85. Pérez Prado - Charconautas


    "En la noche hay fantasmas que espantan. Que te embalan". Traviesos navegantes de charcos. Creadores de canciones con nombres propios de individuos a las que muchos recuerdan. Una era 'Plácido Domingo'. La otra se llamaba 'Pérez Prado'. Una voz polémica, letras disparatadas y cierta dosis de excentricidad presente en sus composiciones fueron las claves de estos protagonistas de la movida noventera bogotana.


    86. El caimán - The Wallflower Complextion


    Aparte de los atrevidos intentos de fusión iniciados unos años atrás por los Daro Boys -precursores nunca del todo reconocidos del movimiento en la ciudad- es más que anecdótico el encontrarse con unos estudiantes norteamericanos del Nueva Granada, haciendo su muy peculiar versión de este clásico de la música nacional, autoría del gran José María Peñaranda.


    87. Con su soledad - Los Flippers


    La historia, que no dista demasiado de la de 'La bikina', se remite al drama de una dama que se desplaza solitaria por el mundo por causa de un agravio sentimental. Una composición original de Ferdy Fernández (tal vez uno de los más prolíficos creadores en la Colombia de los 60) que da perfecta cuenta de las singulares destrezas de los Flippers como instrumentistas habilidosos.


    88. Bogotá - Distrito Especial


    Durante años los rockeros bogotanos parecieron tener la convicción tácita de que nuestra ciudad capital era demasiado prosaica como para dedicarle canciones. Gracias a la patriótica iniciativa de Distrito Especial (más adelante abreviado a Distrito, pues la constituyente de 1991 cambió las cosas) Bogotá se vio eximida de la deshonra de no contar con una sola pieza de rock grabada a su nombre. Esta obra antológica a ritmo de 'gastrofunk' -término acuñado por los integrantes mismos de la banda para definir su estilo de música- sigue siendo referente obligatorio a la hora de hablar de nuestra ciudad en clave de rock.


    89. Drulos - Ultrágeno


    Entre la onda industrial y el hardcore, la presencia característica de un atípico violín, y la propuesta -irónica cómica y agresiva- de 'Drulos', hizo de esta una de las más creativas invenciones de la banda y una muestra inobjetable de los afanes progresistas de la frustrada ola independiente bogotana de aquellos ya casi lejanos años 90 del siglo XX. Se conoce como drulo al individuo dado al consumo de anfetaminas, ácidos y demás drogas en presentación píldora.


    90. Perro lanudo - Los Ampex



    La canción, que poco se diferencia de muchos de los números versionados de manera masiva por distintas bandas emergentes en la América Latina de los 60 del siglo XX, relata el drama de un joven cuya privacidad íntima al lado de su prometida se ve violentada por las acciones imprudentes de un perro, posiblemente ovejero. Los Ampex -como muchas bandas de aquel momento- carecieron de repertorio propio. No obstante, el ingenio vocal de Yamel Uribe, sumado a la fuerza que transmiten en esta canción, amerita un lugar en la historia de nuestro rock and roll.


    91. Viernes por la noche - Verde 3


    Champi, viejo conocido de las noches bogotanas, por su labor combinada de músico y 'hombre de bares' sumado a Diana Galán, son los cerebros tras este colorido proyecto, una de cuyas canciones sonó con considerable frecuencia en las radios independientes de la ciudad, a mediados de la primera década del siglo XXI. El sonido, atípico en la mayoría de producciones hechas en la ciudad, hace pensar en las muchas jóvenes de pelo tinturado y actitud desenfadada -con ese típico dejo entre lo indiferente, lo despectivo, lo melancólico y lo encantador- que por aquel entonces ornaban los estrechos corredores de lugares como Socorro, El Gabinete y Eje Bar (en algún tiempo rebautizado como Mod).


    92. Al que madruga le da sueño - Banda Nueva


    "No creo que nadie pueda comprender, el por qué salen mal las cosas siempre", comenzaba cantando Gustavo Cáceres, mientras empuñaba un bajo Hofner, que servía de fondo a unos vientos interpretados por músicos que poca relación tenían con el mundo del pop. Inmaculados arreglos de voces terminaban por ambientar esta entretenida pieza, perfectamente ajustada al estilo de la ecléctica 'Gran feria'.


    93. La gafa - Troller y Arias


    Nada más inadecuado para un verdadero bogotano que someterse a los rigores del turismo playero. En esta sátira, a ritmo de merengue -resultado del trabajo a seis manos entre el conocido binomio y Félix Riaño- queda claro que todo cachaco que merezca ser llamado como tal es animal de tierra fría. Elegir un plan vacacional en forma equivocada puede llegar a ser letal.


    94. Violeta - Vietato


    El siglo XXI se inició con un reto adicional para las bandas bogotanas. Tener un CD prensado, dadas las facilidades técnicas para su producción, dejó de ser un lujo para convertirse en una obligación rutinaria. Vietato Fumare (más adelante abreviado a Vietato) nació en un entorno agobiado -o bendecido, si se quiere- por esta premisa. Bien reseñados en 2004 por la desaparecida revista 'Rolling Stone' en su edición Cono Norte, la banda sobrevivió con relativo decoro, pese a haber enfrentado desagradables momentos como la suspensión de su concierto en el marco de la legendaria tormenta de Rock al Parque 2007. 'Violeta', corte inicial de su trabajo del mismo nombre fue quizá su producción mejor lograda.

    95. HM - Pollito Chicken


    Momento memorable en la historia de Rock al Parque cuando, en el marco de su tercera edición, la tarima se vio invadida por las presencias de los miembros de una banda debidamente ataviada con crestas. No nos referimos al clásico peinado distintivo de los punks. Estamos hablando de las características protuberancias de ciertas especies ornitológicas. Sin que muchos lo sepan, 'HM' (extraída de algún MiniDisc, a la usanza de 1997), rebosante de samplers y de pistas semiescondidas, fue una gentil dedicatoria de tan talentosos músicos a ese incansable trabajador de la escena que fue y sigue siendo el gran Héctor Mora Jr.


    96. Amada mía - Tribu 3


    Es más que lamentable que el trabajo de Tribu 3, con sus fusiones latinas y su firme deseo de hacer una música propia de exportación, no haya llegado jamás a los anaqueles de las grandes tiendas de discos. El grupo, cuyo principal gancho era la presencia de Mingo Lewis (percusionista de Carlos Santana y padre de Mateo Lewis -Ratón Pérez-) dejó un buen número de canciones, tristemente olvidadas por las mayorías. 'Amada mía', de la que sobrevive un videoclip, grabado para el programa 'Sábados espectaculares', de Armando Plata Camacho, fue una de ellas.


    97. Aída - La donna e móbile e questa o quella - Los Streaks


    Basta con oír esta canción y con corroborar que su fecha de prensaje original tuvo lugar en 1967 para desmentir a quienes supongan que aquello de poner en simultánea a ópera y rock fue un invento de los progresivos 70, con Freddie Mercury como gran abanderado. La 'Operación a go-go... una idea descabellada' fue sin duda un proyecto ambicioso, no del todo entendido por una audiencia aún inmadura. Su mayor promotor, el músico y locutor Édgar Restrepo Caro, sería el responsable de convencer a Jairo Alfredo Galán de semejante desfachatez. Triste pensar que el destino de Los Streaks terminaría por inclinar su balanza del lado del género tropical.


    98. Perfume atomizante - Yuri Gagarin


    Característica onmipresente en la mayoría de las grabaciones de los 90 del siglo XX era un armónico generado desde el sonido del redoblante de casi todas las bandas del momento. 'Perfume atomizante', obra de una agrupación en principio conocida con el nombre de 'Yuri Gagarin y Los Correcaminos' y luego abreviado, constituye una de las más depuradas muestras de tan singular fenómeno.


    99. Abajo de la 15 - Carlos Reyes y la Killer Band


    Ex integrante de Agony y de The Black Cat Bone, dos nombres para nada desconocidos en el ámbito rock bogotano, y ya maduro, el bajista Carlos Reyes se lanza a la batuta de esta banda, eterna peregrina de la noche en bares y escenarios citadinos. 'Abajo de la 15' es un retrato fiel a ritmo de blues, del paisaje urbano que circunda a una de las más convulsionadas vías capitalinas.


    100. NPI - Por qué o qué


    A ritmo de guascarrilera y blues, ataviados con ruanas, Alejo Monroy, José Rodríguez e Iván Fernández decidieron reinventarse los tradicionales ritmos originarios de la meseta cundiboyacense, con resultados acaso afortunados. 'Por qué o qué' es uno de los disparates mejor logrados en la historia de nuestro rock.

    Por ahora hemos terminado... Como bien lo dijimos, aceptamos correcciones, insultos y sugerencias....

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112 Comentarios
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  1. RAULROBERTORAMIREZ

    Creo que a todos nos ha pasado esto, una o varias veces en la vida. El final fue el mejor para uno de estos encuentros. Aunque ya lo debe saber,
    la abogada parece que sí existe, debe tener 30 años, estar felizmente casada y ser madre de uno o dos hijos.
    Nombre Luisa Fernanda Caldas Botero
    Nombre en citaciones CALDAS BOTERO, LUISA FERNANDA
    Nacionalidad Colombiana
    Formación Académica
    Especialización Universidad Externado de Colombia
    Derecho de2003 – de 2004
    Pregrado/Universitario Universidad Externado de Colombia
    Derecho
    de1998 – de 2002
    RESPONSABILIDAD PENAL DE LOS ENTES COLECTIVOS
    Secundario Colegio Nacional Integrado
    de 1992 – de 1997
    Primario Colegio Jardin de Maria de 1987 – de 1991

  2. RAULROBERTORAMIREZ

    Creo que a todos nos ha pasado esto, una o varias veces en la vida. El final fue el mejor para uno de estos encuentros. Aunque ya lo debe saber,
    la abogada parece que sí existe, debe tener 30 años, estar felizmente casada y ser madre de uno o dos hijos.
    Nombre Luisa Fernanda Caldas Botero
    Nombre en citaciones CALDAS BOTERO, LUISA FERNANDA
    Nacionalidad Colombiana
    Formación Académica
    Especialización Universidad Externado de Colombia
    Derecho de2003 – de 2004
    Pregrado/Universitario Universidad Externado de Colombia
    Derecho
    de1998 – de 2002
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    Secundario Colegio Nacional Integrado
    de 1992 – de 1997
    Primario Colegio Jardin de Maria de 1987 – de 1991

  3. RAULROBERTORAMIREZ

    Creo que a todos nos ha pasado esto, una o varias veces en la vida. El final fue el mejor para uno de estos encuentros. Aunque ya lo debe saber,
    la abogada parece que sí existe, debe tener 30 años, estar felizmente casada y ser madre de uno o dos hijos.
    Nombre Luisa Fernanda Caldas Botero
    Nombre en citaciones CALDAS BOTERO, LUISA FERNANDA
    Nacionalidad Colombiana
    Formación Académica
    Especialización Universidad Externado de Colombia
    Derecho de2003 – de 2004
    Pregrado/Universitario Universidad Externado de Colombia
    Derecho
    de1998 – de 2002
    RESPONSABILIDAD PENAL DE LOS ENTES COLECTIVOS
    Secundario Colegio Nacional Integrado
    de 1992 – de 1997
    Primario Colegio Jardin de Maria de 1987 – de 1991

  4. maravilloso escrito, me transporte a mis epocas de estudiate ..las interminables caminatas por la 7a hasta la biblioteca luis angel arango…tantas historias en la biblioteca,,,en el camino a la biblioteca,,,en el bus a la biblioteca,,,,en fin,,,retrocedi 10 an/os!!!

  5. maravilloso escrito, me transporte a mis epocas de estudiate ..las interminables caminatas por la 7a hasta la biblioteca luis angel arango…tantas historias en la biblioteca,,,en el camino a la biblioteca,,,en el bus a la biblioteca,,,,en fin,,,retrocedi 10 an/os!!!

  6. maravilloso escrito, me transporte a mis epocas de estudiate ..las interminables caminatas por la 7a hasta la biblioteca luis angel arango…tantas historias en la biblioteca,,,en el camino a la biblioteca,,,en el bus a la biblioteca,,,,en fin,,,retrocedi 10 an/os!!!

  7. Lo felicito Sr. Ospina, esta entrada está muy bien elaborada. Ha logrado despertar en mí una vehemente admiración por este personaje del cual desconocía por completo detalles de su vida. Me alegra ver que ha sacudido un poco su “estilo” y ha demostrado que usted realmente puede generar un marcado interés en sus escritos.

  8. Tuve el honor de escuchar en persona a Goyeneche exponer sus programas y de comprar de su mano «un Volumen» (varios cuadernillos surtidos de los que vendía, el volumen a $ 1.-, por allá en el ’70 en la Nacional). Lo recuerdo contándonos que solo tenia un par de medias, las cuales lavaba todas las noches, y el por qué había que fundar un colegio de Bachillerato en Soacha y ponerle el nombre que no recuerdo de un tio de él. También recuerdo el agradecimiento conque recibía un tinto y el cariño conque devolvía la atención regalando a cambio uno o varios de sus escritos. Hombre humilde, bueno, de mirada limpia. Paz en su tumba.

  9. Desde Barranquilla debo agradecer al cronista Andrés Ospina el favor de transportarme a los años y a la ciudad donde realicé algunos estudios superiores, a la que aprendí a querer hasta considerarla mi segunda cuna. Recuerdo a ese personaje, Goyeneche, todo cándido, físicamente frágil, íntimamente convencido y con una gran dosis de simpatía, cómo compartía su vida y sus ideas con los que, por alguna razón, nos deteníamos a escucharlo en la Nacho, en la Séptima, o en cualquier sitio de la Bogotá en que los caballeros caminaban tomados del brazo, cuando todavía se escuchaba La Gata Golosa y el Parque Nacional era todo un deleite, para mencionar apenas algunos recuerdos. Debo confesar que, sencillamente, me emocioné con esta lectura. Ah, si el señor Ospina, como «culpable», se compromete a continuar con la idea de levantarle un monumento a Gabriel Antonio de los Reyes Goyeneche Corredor, puede contar con mis $ 50.000.oo barritas, o más. Espero poder asistir al descubrimiento del busto o de la estatua de este personaje nacional.

  10. Sinceramente,tenía mucho tiempo de no leer una crónica tan bien escrita y confieso que casi no la leo,por cuanto lo usual en los medios de comunicación, actualmente es leer notas mal redactadas.Felicito al señor Andres Ospina por deleitarnos con este magnífico relato de este personaje popular de la historia de colombia,que nada tiene que envidiarle a algunas de las excelente cronicas, ya en extinción de nuestro Nóbel García Márquez.

  11. Excelente cronica. En medio de la lectura me sentia presente en las distintas escenas relatadas por Andres.Sin haber tenido la oportunidad de conocer o saber antes de tan especial personaje, se que muchos de nosotros tenemos en el corazon a un politico idealista, ingenuo y bonachon como lo era este Señor. Muchos quisieramos que Colombia fuera distinto, diferente, que las cosas se hicieran al derecho. Desafortunadamente y al igual que el Dr Goyeneche no contamos con la maquinaria ni los recursos y aun menos los votos. Lo que si podemos hacer es expresarnos atraves de nuestro voto y ejercer un efectivo control ciudadano. Lo que nadie nos puede quitar es la libertad de expresion. Hablemos, escribamos, compartamos con otros las ideas e impregnemos a los demas del anhelo de ver a una Colombia distinta, prospera, con equidad social y sobretodo unida y solidaria. Cronicas como esta vale la pena leer. Dios los bendiga.

  12. Ha pasado el tiempo y en la mente de los colombianos se va menguando la imagen de aquel personaje de hace varias décadas llamado Gabriel Antonio Goyeneche. Fue un personaje que su politica fue la de hacerle bien a colombia, de ser delicado con el bien publico, de gobernar sin odios ni componendas. En su época palabras como parapolítica, narcopolitica, narcotraficante no existian. No conoció nada de esto, solo las buenas ideas pasaron por su mente. Fue un politico que murió muy pobre, es un ejemplo para muchos personajes actuales que deberían parecerse a Goyeneche por la delicadesa en el manejo de la cosa publica.

  13. Cuando alla por el 1974, era yo estudiante de la universidad nacional, tuve la oportunidad de conocer y dialogar con el Dr. Goyeneche, personaje de el que ya se hablaba antes de mi encuentro personal con Gabriel Antonio; fue un intercambio fugaz de palabras pero con mucha actitud me decia que tenia la solucion de el problema de los ferrocarriles nacionales pero que nadie le ponia atencion; era locuaz al hablar, hablaba con conviccion y vaya usted a saber si verdaderamente tenia la solucion de los problemas de los ferrocarriles, probablemente si porque hay que estar loco para manejar esta colombia. Los felicito por este articulo, me trajo muchas remembranzas de la bogota que vivi y que no olvido y para el doctor Goyeneche mis respetos y que este bien por alla por donde anda en el cielo dictando catedra, parece que alla si lo eligieron porque no ha vuelto.

  14. Que bien.

    Hay muchos Goyeneches en este país.
    Lamentablemente o afortunadamente según como se vea.

    Al país no le interesa cual o cuan calificado sea el hombre, sino que físico tan escultural, que rico aroma, que traje tan hermoso.

    Esperamos lecturas sublevadas por estudiantes calificados.
    amantes de lo cotidiano, del raciocinio que nos pide más.

    de la poesía que enamora y del estudiante reducido.

  15. CYRANODEAQUI

    En muchos sentidos este Quijote vivió una Colombia mejor, menos bobalicona que la que estamos viviendo. Así como hoy no se puede arrestar a un delicuente antes de las 6 a.m. o después de las 6 p.m.; con seguridad, si hoy Goyeneche viviera, pondrían preso al rector de la nacional, por peculado, por el sueldito, el cuarto y el plato de comida que le brindaban a este personaje. También quiero aportar al monumento de esta figura de la política colombiana!!!

  16. EMPRESARIOCOLOMBIANO

    Y POR QUE EL ESTADO VA A QUEBAR..?? ACASO DONDE ESTA EL DINERO DE LAS REGALIAS DEL CARBON ,PETROLEO,DE TODAS LAS RIQUEZAS QUE PRODUCE COLOMBIA,PERO CLARO COMO EL ESTADO VA A TENER DINERO SI SE LO ROBAN TODO,,PERO SI ES POSIBLE CUALQUIER IDEA POR ABSURDA QUE LA VEA UNA PERSONA MIOPE.

  17. Felicitaciones, señor Ospina. buen blog en medio de la mediocridad de los cronistas de El Tiempo (salvo Daniel Samper y alguno más).
    En algún archivo de los exalumnos de la Nacho deben reposar los impresoso, no mimeografiados, de los volantes del Dr. Goyeneche. Su título era invariable en la década de los setentas: IMPORTANTE, y les seguía un número. Recuerdo el «Importante No.1» de 1974, en donde acusa al Presidente con estos términos: «El presidente Pasrana debió pensar: si cierro la cafetería de la Nacional, Goyeneche se muere de hambre y me lo quito de encima».
    ¡Ah! Entre sus contertulios no faltaban las eminencias académicas y hasta el Maestro Otto de Greiff se dejó fotografiar llevando del brazo al candidato, en plena Carrera Séptima de Bogotá.
    Guardémonos los pesitos pues no veo al honesto que administre el monumento a Goyeneche.

  18. Felicitaciones sr.Ospina,tremenda cronica sobre el candidato vitalicio a la presidencia de Colombia el Dr

    Gabriel Antonio Goyeneche,nuestro quijote Colombiano.LO recuerdo en la U.N.,cuando nos explicaba sus

    proyectos y los discutia con otro personaje,creo de apellido Agudelo,que muy graciosamente le decia,en

    vez de pavimentar el rio Magdalena,el construiria un pescadoducto para cada hogar colombiano,de tal for

    ma que cuando quisieran comer pescado lo unico que tenian que hacer ,abrir la puerta de dicho

    pescadoducto ,agarrar el pescado y freirlo

    Saludos desde Venezuela

  19. Felicitaciones sr.Ospina,tremenda cronica sobre el candidato vitalicio a la presidencia de Colombia el Dr

    Gabriel Antonio Goyeneche,nuestro quijote Colombiano.LO recuerdo en la U.N.,cuando nos explicaba sus

    proyectos y los discutia con otro personaje,creo de apellido Agudelo,que muy graciosamente le decia,en

    vez de pavimentar el rio Magdalena,el construiria un pescadoducto para cada hogar colombiano,de tal for

    ma que cuando quisieran comer pescado lo unico que tenian que hacer ,abrir la puerta de dicho

    pescadoducto ,agarrar el pescado y freirlo

    Saludos desde Venezuela

  20. Excelente semblanza sobre el profesor Gabriel Antonio Goyeneche, quien era parte del paisaje de la Nacional de los sesenta período en el cual estudié y residí en ese «territorio libre» de la ciudad univeristaria. Bellos recuerdos de una buena época. Lo único que parece erróneo era que habitara en la Facultad de Enfermería cuando parece que sus predios eran los de la Facultad de Veterinaria, de donde lo veíamos salir todas las mañanas con una botella de leche que le regalaban, producto del ordeño de las vacas allí residentes. Felicitaciones

    Amadeo Rodriguez Castilla

  21. El Doctor Goyoneche fue y sera un personaje que siempre lo llevaremos en el corazon, por sus birllantes ideas, lo conoci personalmente y tuve la oportunidad de disfrutar muchas veces de sus brillantes ideas,l aultima vez que lo vi cunado paso por el colegio a donde estudie fue mas o menos hace 5 decadas y que sorpresa tan grande me he llevado en el dia de hoy con este reportaje tan bello a cerca del Dr. Goyoneche.

  22. El Doctor Goyoneche fue y sera un personaje que siempre lo llevaremos en el corazon, por sus birllantes ideas, lo conoci personalmente y tuve la oportunidad de disfrutar muchas veces de sus brillantes ideas,l aultima vez que lo vi cunado paso por el colegio a donde estudie fue mas o menos hace 5 decadas y que sorpresa tan grande me he llevado en el dia de hoy con este reportaje tan bello a cerca del Dr. Goyoneche.

  23. El Doctor Goyoneche fue y sera un personaje que siempre lo llevaremos en el corazon, por sus birllantes ideas, lo conoci personalmente y tuve la oportunidad de disfrutar muchas veces de sus brillantes ideas,l aultima vez que lo vi cunado paso por el colegio a donde estudie fue mas o menos hace 5 decadas y que sorpresa tan grande me he llevado en el dia de hoy con este reportaje tan bello a cerca del Dr. Goyoneche.

  24. robertorodriguezmejia

    Por fin alguien escribe algo bueno y entretenedor en el Diario el Tiempo. Quien escribio este articulo me hace recordar que Gabriel garcia Marquez empezo escribiendo buenas cronicas en un periodico, no sea que estemos frente a un nuevo Gabo.

  25. Andrés, ¿tiene usted algún documento videográfico de Goyeneche? Es una lástima no encontrar más que un par de fotos en internet y una que otra pequeña mención sobre su vida. Que bello sería poder ver por ejemplo, el fragmento que alcanzó a grabar el camarógrafo aquel de ‘Mundo al Día’ o, ya sin imagen, al menos poder escuchar alguna que otra entrevista.

  26. No se porque pero cada vez que me acuerdo del dr. goyeneche,se me viene de inmediato a la mente, las arengas y discursos del dr lucho garzon.Sera mera intuicion o una verdad de a puño?

  27. Gracias Sr Ospina, sus blogs siempre interesantes y faciles de leer. Durante mi estadia en la UN como estudiante de ingenieria 1969-1974, tuve oportunidad de conocer y compartir con el Dr Goyeneche, escuchar sus tertulias despues del almuerzo en la cafeteria, y en verdad tengo gratos recuerdos tanto del Dr Goyeneche como del campus universitario, cuando no estaba cercado ni exclusivo, sino que era sitio de reunion familiar los fines de semana. Que bonita epoca de la UN, despues nos toco la humillacion de recibir clases con la PM frente a nuestras facultades. Fue bueno recordar esa epoca, vivo en Venezuela hace 35 anos, cada vez que voy a Bogota, entro y camino para percibir el ambiente de mi universidad, y saludar a algunos profesores de ingenieria que fueron companeros de estudio. Que buenos recuerdos, gracias mil

  28. Sonará ridiculo, pero yo aportaría 1.000.000 para elaborar un busto a este señor, he leido ya tres libros de historia Bogotana que hablan de este curioso personaje. Definitivamente histórico, por lo excentrico, por lo ridiculo, por lo emprendedor, por lo ingenuo, por lo que se le quiera mirar, pero sin duda alguna es un personaje histórico.

  29. En algún momento de mi vida de estudiante le compre una hoja que quedo guardada entre montones de apuntes de 10 semestres, y que he recuperado y aun conservo como legado de un ser que pensaba en el bienestar de Colombia.
    Alguna vez pensé que Mockus era su heredero, pero encontré que hay una diferencia entre un loco patriota y un imbécil.

  30. Que personaje tan honesto fue un buen aliciente, un politico honesto, a comparacion de los hoy que son corruptos, lo del doctor GOYENECHE y sus pensamientos tambien son parte se la historia de colombia, felicitaciones por este articulo.

  31. En alguno de sus programas para la presidencia recuerdo uno especial y que para la época era imposible…. coocarle marquesina a Bogotá. Lo curioso es que hace poco vi en Megaestructuras, que planean colocarle capa de protección a algunas ciudades…

  32. Sabe que señor escritor lo confieso: Me baje el árticulo con algo de egoísmo para poder leerlo una y otra vez, pero igual despues lo iré a compartir con más personas. Aqui tiene otros 50.000 pesos con un manojo de llaves en bronce para la estatua y que ojalá la ubiquen en el jardín frente a la torre de enfermería.

  33. Goyeneche siempre sera recordado por quienes le conocimos como estudiantes, su memoria pertenece al patrimonio de esa vieja Bogotá donde la septima era angosta y Chapinero estaba llena de casas señoriales que hablaban de una ciudad amable y de vida apacible.

  34. Da gusto leer este articulo, felicitaciones al escritor que hizo evocar los cuentos que mi padre me transmitio de cuando él fué estudiante de Farmacia en la Universidad Nacional, el cotraste de sus historias( de mi padre) encaja a la perfección con las del árticulo, al punto de hacerme sentir inmerso en el mundo de Goyeneche, muchas gracias por estas letras tan bien escritas y por su investigacion profunda. Creo que si el autor escribe una novela estaremos adportas de un gran escritor, así que adelante. Señores del Tiempo que esperan para contratar a esta pluma antes de que migre a otro medio.

  35. Gracias mil por el articulo la verdad dicen qu recordar es vivir y fueron unos anos muy bellos para las personas que tuvimos la oportunidad de coocerlo y escucharlo ha sido un momento de felicidad

  36. De las personas que nunca se olvidan mas de 40 anos hace que lo conoci en la U nacional tenia unas ideas locas pero cuando escribia numeros repartiendo el dinero era de admirar tuve la oprtunidad de votar por el era un hombre que creian loco pero mucho mas cuerdo que todos

  37. Sin saberlo que en realidad existía creamos una parodia humorítica del antipolítico Goyeneche en tiempos del bachiller, creyendo en lo personal que era un personaje creado por el idealismo de la cultura popular. Ahora a mi media vida (espero), me entero que fue un personaje de carne y hueso. Una flor a su sepultura y una oración por su alma.

    Gracias al periodista por su trabajo. Su cronica me recuerda a mi abuela y sus dichos «Se debe ser feliz con lo que se tiene y no infeliz con lo que no se tiene». Dedicado a los que conocen la honestidad eterna y la felicidad inmaterial.

  38. RAULROBERTORAMIREZ

    Andrés: Como lo he dicho de la mayor parte de sus escritos, lo felicito. Que buena documentación y muy agradable la forma de evocar hechos que aunque no los haya vivido, nos transporta a la época y contexto que nos esté presentando.

    Nuevemante gracias además por hacer lo que le gusta y entregar ese talento a los demás.

  39. Volvió el periodismo de verdad al tiempo, ya hacia falta. A propósito, yo también estaría dispuesto a dar los 50000 para el bien merecido monumento en honor al Dr. Goyeneche.

  40. Je, je, je, excelente crónica, también lo conocí en la U. N., siempre llegaba a la cafetería a almorzar, no hacía cola y se colocaba en la parte de adelante, mi hermana siempre llegaba y la hacía pasar delante de él y le decía a los demás estudientes que el le estaba cuidando el puesto… y se ponía a conversar con ella y terminaba proponiéndole matrimonio. Un personaje

  41. frankyllanero

    Definitivamente el dr.Goyeneche,ha sido el mas honesto de los politiqueros y si sus obras las hubiesen terminados eran mas baratas que todo el dinero q’ han robado los colegas del dr.goyeneche en los 50 anos que llevan destuyendo esa via,(magdalena)projectos mas audaces q’los que propuso goyeneche de acuerdo a la nueva tecnologia,creo que sus competidores solo pensaron en sus bolsillos ojala los nuevos politiqueritos adopten el evangelio de la honradez tan dificil de cumplir.gratos recuerdos invoca la figura de eterno honesto lider (que bonito ejemplo ha seguir pero que dificil)

  42. Gracias a mi madre siempre supe de este personaje pero nunca tuve una idea en mi cabeza de como era muchas gracias por las fotos ahora tengo completa la historia del compañero de U de mi madre.

  43. Excelente artículo… gracias por compartirlo la verdad empecé a leer por curiosidad ya que mi apellido es Goyeneche y no tenía ni idea siquiera que este señor existió…….. gracias

  44. FreddieMercury

    Llevaba, en verdad, mucho tiempo esperando leer una crónica que le hiciera honor al género. Esta es refrescante, ilustrativa, rebosante de investigación y, sin duda, muy bien escrita. Lo felicito sinceramente y quiero decirle que lo que ha escrito hoy bien podría publicarse en una revista cultural de importancia en Colombia, como sería El Malpensante.

  45. Porqué los votos a favor no se muestran? solamente los votos en contra?… todavía El Tiempo teme que el «Dr Goyeneche» que vive dentro de cada colombiano se tome el poder ?

  46. ESTE ES UN HOMENAJE HERMOSO A UN PERSONJE UNICO. LO CONOCI EN LOS TIEMPOS EN QUE VISITE LA UNAL EN BOGOTA Y ERA FIEL LECTOR DE SU PIZARRA. NUNCA SUPE DE SU MUERTE. HOY ME OPRIME EL CORAZON POR LA ALEGRIA DEL RECUERDO Y POR MI TARDIO DUELO. GRACIAS.

  47. Gloria y loor a quien siempre entendió la política como una vocación de servicio y no un medio para el enriquecimiento. Sus «geniales» propuestas no le restan mérito para ser considerado un verdadero personaje nacional. Gracias por la crónica.

  48. ¡Maravillosa crónica! Mi más sinceras felicitaciones, amigo Andrés. Insto a los señores editores de El Tiempo a que tengan la valentía y el justo acto de publicarla en su edición dominical impresa. Demuestren, señores editores, que todavía tienen criterio.

  49. biribistumbas

    Felicitaciones una crònica muy bien documentada. Siempre escuche a mi padre q.e.p.d. hablar sobre la marquesina de Bogotà y la pavimentada del rio Magdalena. Nuevamente felicitaciones a Andres Ospina y a el Tiempo.

  50. Hombre, Andrés, por ahí va la cosa. Este es el primer escrito que, aunque sigue conservando algo de ese barroco que enreda hasta la exasperación en sus escritos, se lee fácil y se disfruta. Por ahí va la cosa..

  51. Hoy en día existe un político que copio literalmente la audacia política del dr. Goyeneche; habla dice se contradice y vuelve a retomar la idea inicial para luego contraargumentarse y finalmente preguntar ¿ cual era la pregunta?. si si señores estoy hablando del profesor Mockus- !!!!!!!!yo vine porque quice a mi no me pagaron !!!!!!!!!!!!

  52. Gracias al señor Andres Ospina y al periódico «EL Tiempo» por regalarnos estos recuerdos del Dr. Goyeneche, el eterno candidato a la Presidencia de la República. Algunas veces he hecho referencia en mis comentarios en los foros a su programa bandera de «pavimentar el Río Magdalena». Por increíble que parezca todavía hay candidatos proponiendo cosas igualmente absurdas por lo irrealizables. Por ejemplo, el señor Gustavo Petro, a quien tanto alaban sus partidarios por su inteligencia, se permitió ofrecer, con tal de cazar votos, «pensión digna» para todos los colombianos que cumplan los 60 años de edad. Hombre, si el Estado está a punto de quebrarse con la carga pensional de quienes aportaron al sistema de seguridad social, de dónde diablos va a salir el dinero para pensionar a todo el mundo ?

  53. Ojalá fuera cierto, pero la verdad es que no es el tiempo, es un blog independiente que el tiempo publica. La mediocridad oficial cotidiana del diario persiste, pero bueno… afortunadamente hay buenos cronistas en blogs.

  54. Que buena crónica, es grato leer algo de calidad entre tanta mediocridad periodística. Definitivamente la buena escritura de antaño sólo persiste en los blogs porque oficialmente en los periódicos hay muy poco.

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