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Me tomé el trabajo de leer el libro La Guerrilla por dentro de Jaime Arenas, uno de los líderes estudiantiles más notables de la UIS que integró el ELN. Este libro desencantado, ponzoñoso y bien escrito, parece haberle costado su vida. Retirado del grupo guerrillero, Arenas se encontraba trabajando en el ministerio de Educación en febrero de 1971. Dos meses después de publicar el libro, fue presuntamente abaleado por las redes urbanas del ELN en el centro de Bogotá.

El libro describe con mucha paciencia la creación del ELN en 1964, sus primeras y poco heroicas tomas armadas, y finalmente las divergencias que ocurrieron de manera temprana en el alto mando. Es un testimonio invaluable. Sorprenden muchas cosas. Me detendré en unas pocas.

Arenas describe minuciosamente un ambiente represivo durante los años 60’s. Es innegable la aversión al comunismo que existía en buena parte de la sociedad, y quizás algún grado de represión estatal, pero es menos claro en dónde operaba y con qué grado de eficacia. Arenas menciona una gran diversidad de agrupaciones de izquierda que se reunían, tenían conferencias públicas y prensa propia. Si el ambiente hubiera sido tan represivo, ¿habría podido Camilo Torres pasearse por las ciudades como lo hizo? ¿Habría tenido lugar tantas conferencias y reuniones? Esto hubiera sido impracticable en los Estados Unidos. El Frente Unido propiciado por Torres fracasó no por supuestas represiones estatales, sino por las divisiones internas de la izquierda que fueron imposibles de superar entre las distintas organizaciones políticas de la época.

También sorprende la ingenuidad de Camilo Torres, quien en algún momento creyó que en dos meses la revolución triunfaría. Sorprende, igualmente, la escasa formación intelectual de sus altos mandos, su aversión por los libros y por el estudio. No sorprende la pobreza, el escaso entusiasmo entre el campesinado católico, y la rusticidad de su entrenamiento militar. El ELN abandonó rápidamente algunos de sus ideales formulados en diversas proclamas: el respeto por la vida civil, por el “pueblo”, por la formación política y por el trabajo de sus redes urbanas, a las que empezaron a tildar incomprensiblemente de “burguesas”.

No sorprenden la crueldad y los privilegios que Fabio Vásquez fue otorgándose y a su círculo cercano. Tampoco es una gran sorpresa que una teoría tan ridícula como la del “foco” triunfara en sus filas. Y no deja de ser llamativo que el gran jefe fue eliminando uno tras otro a los estudiantes que podían brindar alguna base intelectual al movimiento. La desconfianza por los intelectuales condenó a Torres a ser un simple guerrillero, y por tanto a la muerte, una determinación que nunca pudo comprender Arenas. Poco a poco, el ELN rompió sus vínculos con las ciudades y terminó convirtiéndose en una guerrilla campesina.

Mis escrúpulos son claros. Se requiere paciencia para entender cómo funcionan las cosas. Si uno quiere cambiar algo, necesita una buena descripción. ¿Dónde se pueden encontrar estas descripciones pacientes? Justamente, el libro de Arenas es una magnifica descripción de los vacíos de la lucha revolucionaria. No es valioso por sus meditaciones, tanto porque se tratan de meditaciones desencantadas. En efecto, en el mercado son comunes los libros vindicativos de las propias causas. Por el contrario, Arenas demuestra con una grandísima honestidad intelectual por qué el ELN se tornó en un maestro de las causas perdidas.

La reflexión puede incluso hacerse también hacia fuera. Uno se pregunta si la candidez, la pequeñez intelectual y el mesianismo trasnochado, no son los rasgos principales de la izquierda en América Latina. Uno se pregunta si su ineficacia se ha debido más a sus divisiones internas y su escasa preparación que a la represión estatal, exceptuando, desde luego, el episodio atroz de la Unión Patriótica. Los políticos de izquierda, sus funcionarios administrativos y sus seguidores, tapan el sol con un dedo pero no les alcanzan las manos para tapar los muchos soles del universo. La política se les ha tornado entonces en una vendetta. Poco se diferencian en sus prácticas políticas de sus opositores. El valor del autoanálisis no existe. Uno se pregunta si la izquierda, desafortunadamente, no se ha convertido en su propia caricatura, así como la guerrilla de Arenas se convirtió en una.

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Candidato a doctor en Historia de la Universidad de Oxford, St. Anne's College.

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2 Comentarios
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  1. joserodolfo282762

    Esta plaga ya no existe.. es una simple cuadrilla que se traslada pa darle al oleoducto porque creen que con eso cobran beligerancia. Pero lo que si cobran es el chantage a las multinacionales… no son mas de 100.

  2. rodrigomolina0513

    Con tantos horrores internos, crímenes contra la gente que dicen defender y representar, ya es hora que esta horda de criminales sea un capítulo del pasado triste de Colombia.

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