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El universo está compuesto por dos principios eternos: energía y conciencia. En esa medida, cada estrella, árbol, brizna, hormiga o ser humano, está atado a la ley del karma. Su acompañante inseparable se llama dharma, el orden mudable que rige el modo en que el árbol se despereza en la inmensidad del azul del cielo, el mono aúlla en los recodos de los imperios de los árboles y los hombres lloran en las soledades rurales. Karma y dharma son los fundamentos que rigen el desenvolvimiento de la energía y la conciencia. Karma significa manifestación; no meramente acción. Así, todo lo que se expresa y se experimenta en esta vida es karma.

Cuando se adquiere un cuerpo, éste viene aparejado para un karma. Empleemos una metáfora sencilla. Imaginemos que el karma es un sistema operativo compuesto por cuatro softwares elementales.

Los cuatro componentes del primer software son los instintos básicos (ahara), el sueño (nidra), las inseguridades y los miedos (bhaya) y la sensualidad burda (maithuna). Esos instintos se proponen cumplir nuestros deseos, tocar la felicidad y eludir el sufrimiento. En su aspecto más básico, nuestra búsqueda en la vida está limitada a satisfacerlos. El segundo software es el carácter de nuestra mente (swabhava), bien sea materialista, pesimista, sensible, fuerte, humilde o arrogante. El tercer software son las impresiones acumuladas en vidas pasadas (samskaras). El cuarto se refiere al desempeño de nuestros sentidos.

Nada ni nadie puede existir sin karmas. Cuando nacemos los karmas empiezan a interactuar y florecer según las circunstancias, las exigencias de la sociedad, la educación, la familia y el paso de las épocas de la historia. Los sabios de Oriente aseguran que pueden ser direccionados y agotados. El paso delicado e inexorable consiste en modificar la conciencia que tenemos de ellos. Esta es la meta del aspirante espiritual. Tener esta conciencia y poseer aquel conocimiento le permitirá vislumbrar los diferentes nudos y desatarlos uno por uno. Dijo el maestro Sivananda a su discípulo Swami Satyananda: “Cuando los karmas se agoten, lo sabrás. Cuando la noche cae, sabes que el sol no brilla más en la bóveda celeste. Del mismo modo, cuando te halles libre del karma, lo sabrás”.

El primer paso para mejorar el karma es conocer el sistema operativo con el que estamos dotados. Debemos escudriñar que índole de naturaleza predomina en nuestro carácter. De poco servirá una píldora mágica pues ninguna reformará nuestra personalidad. El día que falte nuestra vida volverá a su mismo cauce de ruina y miseria. El yoga, por el contrario, obra en las distintas capas profundas del ser y direcciona el cauce tempestuoso de sus aguas. El segundo paso para mejorar el karma son las prácticas físicas, respiratorias y meditativas diseñadas por los rishis para profundizar en el conocimiento, el análisis, la templanza y la sabiduría.

Swamis

Paramahansa Swami Satyananda (izq.) junto a su discípulo Swami Niranjanananda (der.)

Estos seres que han alcanzado un altísimo grado de conciencia han tomado el nombre de jivanmuktas, espléndidos seres liberados de las ataduras terrenales después de haber vencido sus limitaciones humanas. Los yoguis son muy claros: los karmas solo pueden ser agotados a través del karma, no de la meditación, ni de los mantras ni de las austeridades. Estos pueden ayudar en su comprensión y en su tratamiento pero no podrán suprimir totalmente los instintos, la naturaleza de nuestra mente, las impresiones pasadas y los sentidos. Aquel que logre agotar sus karmas no tendrá que volver a este mundo de ilusión (maya). Los karmas irresueltos quedarán impresos en las siguientes vidas como la marca en una hoja de papel. Se puede borrar las palabras, pero lo que ha sido escrito nunca podrá ser completamente eliminado. Volveremos para saldar nuestro karma pues, de acuerdo a los sabios, siendo el espíritu de otra naturaleza persistirá en su empeño por perfeccionarse y purificarse hasta estar preparado para retornar con Dios.

Librarse de los karmas no significa exterminar los pensamientos, los sentimientos y las acciones. Más bien, se trata de haber desarrollado discernimiento y desapego por todo aquello que nos circunda. Es muy fácil renunciar a lo que nos suscita aversión o disgusto. Lo difícil es renunciar a lo que nos gusta, amamos y tememos. En este caso, renunciar no debe emplearse en el sentido absoluto de privación. Los sabios se refieren al hecho de que nada interno y externo influencie, perturbe o desequilibre nuestro estado de paz y contentamiento. Los jivanmukti han superado el miedo a perder su propia identidad y morir. Es decir, han dado caza al leviathan del ego y lo han sometido con su humildad.

Librarse de los karmas tampoco significa erradicar el dolor, reprimir el miedo o negar los aspectos negativos de nuestra mente. En el yoga, “ser bueno” es hacer las cosas bien en la mente, o como predicó Cristo, ser puro de corazón. Las buenas acciones seguirán naturalmente. Los sabios ordenan que no debiera haber expectativa sobre los resultados. Desde luego, todos esperamos algo a cambio. Y no está mal vivir esperando resultados. Lo malo es aferrarse y obsesionarse con ellos. Cuando esto sucede, el placer y el sufrimiento seguirán. Los sabios del yoga dicen hay que aceptarlos como eventos naturales de la vida, así como se acepta el día y la noche. “Andad ejecutando vuestros karmas con conciencia sin reparar en las ganancias o en las pérdidas. Cuando seáis capaces de vivir en equilibrio en el triunfo y en la derrota sin perturbación ni aflicción, este será el mayor tesoro de la vida. Sri Krishna dijo en el Bhagavad Gita: “El equilibrio en el éxito y el fracaso, ecuanimidad en la mente, es lo que llamo yoga”.

Permitir que el estado de ecuanimidad llegue a la vida se llama yoga. Karma yoga es este equilibro. De él procederá un contentamiento y una paz duradera en medio del vórtice de insatisfacciones, anhelos y deseos pasajeros. Practicar karma yoga es convertirse en un observador imparcial de sus propios instintos, estados de ánimo, recuerdos y sensaciones físicas. Permanecer inmune y libre a las reacciones fulminantes de la vida es karma yoga. No sufrir mientras dure el sufrimiento es karma yoga.

El progreso en la vida se realiza cuando hay reducción en los deseos y ambiciones. Esto quiere decir que no estamos obsesionados con ellos, no perdemos el balance de la vida por ellos. Al tumbar el árbol del ego y podar sus ramas, estaremos mejor capacitados para actuar. De lo contrario, seremos presa de nuestro karma, cualquiera que éste sea, el ánimo cambiará y el temperamento se atosigará de nubarrones plateados.

Entonces, practicar karma yoga significa cambiar el condicionamiento de la mente adquirido a lo largo de la vida. Los hombres suelen envejecer con la misma actitud mental inmadura de un bebé; tan solo cambian los deseos, miedos y ambiciones. Dicen los sabios que a medida que ahondamos en la aspiración espiritual, la perspectiva sobre el mundo cambia: experimentamos madurez, optimismo y amor. Si el karma no es la ley de la acción y reacción, como se ha dicho vulgarmente, sino que es la vida misma, entonces el karma yoga es un método para la total y radical transformación de nuestra conciencia.

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PERFIL
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Investigador del Centro de Estudios en Historia (CEHIS) de la Universidad Externado de Colombia. Ha trabajado como asistente de investigación del Centro de Estudios Latinoamericanos (St. Antony’s College) de la Universidad de Oxford. Magíster en Historia.

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