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Vivimos en un constante estado de negación: del pasado, de lo que nos desagrada y de lo que queremos. El mundo moderno no tiene una noción adecuada de cómo preservar cosas lado a lado. Las conquistas culturales no deben perderse o ser despreciadas porque tengan algo de polvo encima, o por qué sea necesario que cada moda borre lo mejor que se encuentra en las demás. Así ocurre con el sentimentalismo de los jóvenes que prescinde del romanticismo y del matrimonio creyendo que así son más libres.

Tomemos, por ejemplo, la invención del “amor libre”. En realidad, decir “amor libre” es una contradicción en los términos, algo así como decir un “león domesticado”. No conozco el primer amante que hubiera jamás sido libre o pudiera ser libre. La naturaleza del deseo es atarse a sí mismo. Y en la medida en que nuestras propias expectativas sean insatisfechas o no correspondidas, el amor dejará de ser incondicional. A fin de cuentas, el “amor libre” ni es libre ni tiene mucho de amor.

En opinión de los hombres del pasado, el matrimonio fue la mayor de las odiseas. De hecho, la Odisea fue la gran historia de un hombre que buscó regresar con su esposa después de veinte años de ausencia. ¿Cuál es la odisea moderna? En la práctica, ir meramente detrás del placer es ir detrás de la moda. Curiosamente, ir en búsqueda de la moda es ir en busca de la convención, sólo que se trata de una nueva. ¿Lo que los jóvenes celebran es el gozo de la convención o el gozo de la verdadera libertad?

Estoy en las antípodas de los partidos conservadores de este país en esta materia. Pero reflexionar sobre la conservación del pasado en un tiempo en que algunos no quieren mirar nunca más hacia atrás, no debe ser únicamente tarea de los conservadores ni su blasón. La belleza teológica del matrimonio, los meticulosos pasos que recorrieron los teológos, los caminos que desbrozaron entre el cielo y la tierra y las palabras sagradas que hicieron acompañar el rito, son de una magnificencia y pomposidad incomparables. Su simbolismo, significado, sentido y lujo nunca serán superados ni desbancados por el laicismo de nuestros días. La falta de poesía es completa cuando se prefiere la presencia de un gris notario a los coros celestiales de Dios. Los teólogos en sus recónditas abadías convirtieron en dogma el matrimonio y se ocuparon de salvar a los hombres del pecado, de usurpar las fortunas de los señores medievales y ponerlas bajo la propiedad eterna de la Iglesia, y de ampliar su jurisdicción sobre la sociedad. No sé quien en sus cinco sentidos pueda decir que los teológos fueran aburridos.

Y lo lograron. El sentimentalismo de los jóvenes se rebela hoy ante el éxito incontestable de los teólogos. Se ha rebelado con razón ante la hipocresía, aburrimiento, obligaciones y convenciones de los matrimonios. Pero al navegar hasta la otra orilla se ha pisado sobre el vacío, la insatisfacción permanente y la soledad. El romanticismo de los muchachitos de las novelas del siglo XIX puede resultarnos patético pero al menos era estable. El amor moderno, que ha causado tantos divorcios, es enemigo de la estabilidad. Los teólogos fueron más inteligentes al combatir el “amor libre”. Se dieron cuenta que fundar una familia debe hacerse sobre un cimiento firme. Descontemos la religión, y de todas formas la educación, bienestar y salud de los niños debe ser protegida por una unión paciente y permanente. Esa es la conclusión de la historia, y en gran medida el sentido común se inclina de su parte. Que a éstas ideas les pueda caer el rótulo de conservador es una operación ideológica arbitraria que en modo alguno invalida la sensatez del razonamiento. Los modernos a veces avanzan sin brújula como burlonamente espetó H. G. Wells de sus contemporáneos: “arriba, arriba, arriba y adelante, adelante y adelante”.

4th May 1940:  English author H G Wells (Herbert George Wells, 1866 - 1946) at his desk. Amongst his most famous works are his science fiction stories 'The Time Machine ' (1895), 'The War of the Worlds' (1898), and 'The Invisible Man' (1897). Original Publication: Picture Post - 282 - Unite Or Perish - pub.1940  (Photo by Kurt Hutton/Picture Post/Getty Images)

H. G. Wells en su estudio de Londres a principios del siglo XX

No creo que los muchachos de hoy experimenten un amor más libre que el de antes pues el horizonte de esa libertad sólo la pueden palpar las viejas generaciones que han sufrido el paso del tiempo. Tampoco creo que sufran menos; sufren lo mismo pero a causa de nuevas convenciones.  Justamente, un reconvertido católico de principios del siglo pasado fue capaz de comprender el sentimentalismo de los muchachos de nuestros días mejor de lo que ellos mismos serían capaces. Ya en aquel tiempo, la reacción contra el romanticismo y el matrimonio victoriano había estallado. Y en ese momento, G. K. Chesterton prendió una antorcha que todavía nos alumbra:

“Los muchachos, como los perros, tienen una especie de ritual romántico que no constituye siempre su yo verdadero. Y ese ritual romántico es, por lo general, el ritual de no ser romántico; la pretensión de ser mucho más masculinos y materialistas de lo que son. En su yo profundo los muchachos son muy sentimentales. La cosa más sentimental en el mundo es ocultar sus propios sentimientos haciendo demasiado caso de ellos. El estoicismo es el producto más directo del sentimentalismo; y los escolares son individualmente sentimentales, pero colectivamente estoicos”.

 

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PERFIL
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Candidato a DPhil en Historia de la Universidad de Oxford. He trabajado de investigador del Centro de Estudios en Historia (CEHIS) de la Universidad Externado de Colombia y de asistente de investigación del Centro de Estudios Latinoamericanos, St. Antony’s College, Universidad de Oxford.

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