Cerrar Menú Blogs
Las opiniones de los blogueros son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.
Profile image

Ingresa o regístrate acá para seguir este blog.

Seguir este blog

“Las luces se van apagando en toda Europa; y no las veremos encendidas en lo que nos queda de vida”, fueron las palabras, de una melancolía premonitoria, pronunciadas por Sir Edward Grey, miembro del Gabinete Británico, poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Hitler le daría la razón. La belle époque tocó a su fin y las penumbras se desplomaron como un cielo escarlata sobre el terreno de la política, electrizado por los nacionalismos, los imperialismos y la incapacidad de algunas democracias de ajustarse en unos casos a los cambios sociales, la política de masas y la amenaza del comunismo.

No es la primera vez que sufrimos una crisis del liberalismo y de representación política. La historia europea en la aurora del siglo XX está plagada de confusión, alianzas incoherentes, cambios fugaces de gabinetes, paramilitares, huelgas, masacres, tiroteos, luchas sindicales y bombazos. La complejidad de su política, la violencia y los dilemas mortales a los que se vieron sometidos los europeos de aquel tiempo, quizás no tengan paralelos, y sin duda ridiculizan cualquier postura que adoptemos en retrospectiva. El liberalismo sufrió una crisis crónica en casi toda Europa. Decidirse entre el comunismo o el fascismo, como en Italia y Alemania, obligó a muchos liberales al exilio.

No era nada sencillo, por ejemplo, resistirse al encanto del Nazismo de haber sido un campesino, un artesano, un funcionario público o un militar empobrecido y lacerado en su orgullo por la Primera Guerra Mundial. “¿Quién es este hombre, mitad plebeyo, mitad divino?”, registró el profesor universitario Joseph Goebbels en su diario, impresionado por su primer encuentro con Hitler.

Había razones para postrarse ante el Führer. La República de Weimar había sido humillada, hija de la derrota en la guerra, excluida del concierto de las potencias europeas, azotada por golpes comunistas en Baviera, la violencia paramilitar socialista en el norte industrial, y devastada por las reparaciones económicas, la descomunal inflación y el cercenamiento de sus territorios.

A menudo se explica el ascenso de Hitler como el caso de éxito de la publicidad (inexistente como campo profesional independiente). Sin lugar a dudas, el Nazismo retomó del fascismo italiano un estilo político para seducir a las masas. Es cierto, también, que el culto de la violencia y los deseos de venganza de 1914 movilizaron a una gran cantidad de jóvenes y que estas emociones se esparcieron como una hoguera.

No obstante, los seguidores de Hitler no fueron simplemente una corte de estúpidos, un coro de aduladores hechizados por la maldad colosal de un líder excepcional que espetaba falsas noticias. Ante todo, el Nazismo fue una salida a la crisis del liberalismo, la democracia alemana y la amenaza inminente del comunismo. Ni éstos últimos ni los socialistas tuvieron tanto éxito político, en parte porque los primeros fueron incapaces de movilizar grupos campesinos y clases medias (aunque sí desempleados), en parte porque los segundos sólo contaron con el apoyo de los obreros.

El talento de Hitler era incuestionable; y el talento, según el famoso canciller alemán Bismarck, es lo que se requiere para dominar el arte de la política. Hitler amplió los límites de la democracia alemana haciendo uso del espectro de hombres e instituciones disponibles. Su soñado Tercer Reich (Imperio) inspirado en el Sacro Imperio Romano Germánico tenía una proyección milenaria, avivada por los deseos de reconstruir una Alemania que había sido en aquel entonces una potencia industrial, militar y económica. Contó con ideólogos perversos, como Goebbels, y con matones mujeriegos, como el piloto Göring.

Pero la ideología por sí sola nunca ha sido suficiente para movilizar electores. En las democracias industriales europeas y en las comunidades agrarias atrasadas de Italia e Irlanda, el clientelismo deferente del mundo de los notables liberales probó ser ineficaz en un mundo nuevo de masas urbanas y campesinos empobrecidos. El sufragio universal masculino, “ese balón de oxígeno del parlamentarismo liberal” en palabras de Mussolini, no salvó a los regímenes liberales, culpados de las depresiones económicas e incapaces de movilizar campesinos, proletarios y clases medias.

Los partidos de izquierda y de derecha europeos inundaron la sociedad con instituciones y alianzas sociales para movilizar estas gentes en un mundo que se industrializaba y urbanizaba vertiginosamente en algunos lugares. El arraigo del comunismo en Italia, que rivalizaría con la Democracia Cristiana y el fascismo, se debió en gran medida a sus cooperativas agrarias. Por su parte, los conservadores ingleses realizaron ferias y fiestas en los condados campesinos mientras que los socialdemócratas alemanas se aliaron con los sindicatos y crearon sociedades deportivas, bibliotecas, bares y gabinetes de lecturas.

hitler_8Movilización del Nazismo de Hitler en 1930’s

De igual forma, el Nazismo envolvió la sociedad, a tal punto, que la política parecía algo orgánico. Los sindicatos le huyeron a Hitler, pero éste promovió alianzas con los militares, los funcionarios públicos, ligas campesinas, clubes sociales, comités de partido, tabernas y hasta barberos. También reclutó paramilitares, no para remedar la marcha sobre Roma de Mussolini sino para confrontar las bandas de paramilitares comunistas y socialistas. La violencia era una demostración de fuerza; un argumento legítimo en la República de Weimar. Y la soberanía de los poderes federales y la nula neutralidad política del ejército y los servidores públicos impidieron moderar estas disputas.

En esa confederación, con poderes estatales casi autónomos, el movimiento de Hitler salió de Baviera y pronto encontró apoyo en el campo, especialmente en el norte protestante. Los militares y los administradores civiles tampoco querían la democracia. Anhelaban y conspiraban para tener un monarca o un líder indisputable, aunque sería por las vías legales que tanto repudiaran que Hitler subió a la cancillería del Reich. La depresión económica de 1929 fue el golpe de gracia que le entregó la devoción de las clases medias empobrecidas, hambrientas y desasosegadas.

El abismo europeo que siguió y que todos conocemos afincó el camino de la democracia de masas en Europa. Se necesitaron dos guerras mundiales y millones de muertos para que este régimen político, que hoy nos parece a todas luces incuestionable, triunfara, aunque no completamente, pues el comunismo soviético se tomaría media Europa. 

(Visited 340 times, 1 visits today)
PERFIL
Profile image

Candidato a DPhil en Historia de la Universidad de Oxford. He trabajado de investigador del Centro de Estudios en Historia (CEHIS) de la Universidad Externado de Colombia y de asistente de investigación del Centro de Estudios Latinoamericanos, St. Antony’s College, Universidad de Oxford.

    Sigue a este bloguero en sus redes sociales:

  • twitter

Más posts de este Blog

  • Mundo

    La política como vocación

    En el año de 1919, la conferencia “La política como vocación” fue dictada por el sociólogo alemán Max Weber. Ante(...)

  • Mundo

    El Concilio de Nicea y la jerarquía de los cielos

    Uno de los rituales más espontáneos y cotidianos entre los católicos es realizar la señal de la cruz “en el(...)

  • Mundo

    El sabio Godelier

    Es inútil decirle al lector lo mucho que he aprendido con los libros de Godelier pero es importante recordarle, o(...)

  • Colombia

    Kissinger el idealista

    Escribir sobre Kissinger siempre levantará polvaredas de polémica. No ha sido, desde luego, un hombre común, pero suelen olvidarse los(...)

Ver más

Lo más leído en Blogs

1

“Todo tiene un propósito, incluso las máquinas; los relojes dan la hora,(...)

2

Hace un par de años quería ser influencer. De la nada me(...)

3

Aunque un poco más lento, si es posible adelgazar tomando pastillas anticonceptivas.(...)

0 Comentarios
Ingresa aquí para que puedas comentar este post
Reglamento de comentarios

ETCE no se responsabiliza por el uso y tratamiento que los usuarios le den a la información publicada en este espacio de recomendaciones, pero aclara que busca ser la sombrilla de un espacio donde el equilibrio y la tolerancia sean el eje. En ese camino, disponemos de total libertad para eliminar los contenidos que:

  1. Promuevan mensajes tipo spam.
  2. El odio ante una persona o comunidad por su condición social, racial, sexual, religiosa o de situación de discapacidad.
  3. Muestren o impulsen comportamientos o lenguajes sexualmente explícitos, violentos o dañinos.
  4. Vulneren o atenten contra los derechos de los menores de edad.

Además, tenga en cuenta que:

  • - El usuario registrado solo podrá hacer un voto y veto por comentario.
Aceptar
¿Encontraste un error?

Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.


Debes escribir el comentario
¡Gracias! Tu comentario ha sido guardado
Tu calificación ha sido registrada
Tu participación ya fue registrada
Haz tu reporte
Cerrar
Debes escribir tu reporte
Tu reporte ha sido enviado con éxito
Debes ser usuario registrado para poder reportar este comentario. Cerrar