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¿Podemos aceptar como cierto, aquello que tanto suele repetirse, que la literatura es capaz de retratar satisfactoriamente una época?

Siempre he enarcado la ceja ante esta fatigosa predisposición afirmativa cada vez más manifiesta en las estrellas fugaces del arte, una especie de manto estelar que recubre de confianza al joven artista inseguro y a la vez engreído. Thomas Mann no es joven ni injustamente fatuo ni mucho menos una estrella fugaz. La Montaña Mágica es una crónica demoledora y mágica de una Europa decadente y enferma de principios del siglo XX.

La epopeya del hipocondriaco Hans Castorp, joven incauto, ingeniero naval impresionable y aburguesado, en el sanatorio para tuberculosos en las montañas de Davos Platz recoge los grandes temas de principios del XX: la crisis de representación literaria –aunque Mann no maulló como tantos excéntricos y tristes modernistas- el psicoanálisis, el dominio de la técnica sobre el pensamiento, la relatividad del tiempo, el auge de los partidos comunistas, el transformismo hacia la derecha y la crisis del liberalismo. Por supuesto, los descubrimientos del amor (eros) y de la muerte (tánatos) son conmovedores.

Las dualidades rebosan la novela, como en la vida. La montaña y el llano, la salud y la enfermedad, el amor y la muerte, el liberalismo y el comunismo, el resplandor del Siglo de las Luces y la oscuridad de la Edad Media, Dios y el Diablo. Los duelos intelectuales entre el jesuita Naphta y el garibaldino Settembrini, ambos personajes entrañables e inolvidables, son la batalla feroz entre fuerzas tan colosales y contradictorias como el materialismo, el espíritu, el progreso y la libertad.

Pero Mann, cuya inteligencia es amplia y afilada, escinde estas falsas claridades de percepción, muestra la debilidad de sus premisas, se burla de todas y las confunde. “Las contradicciones -dijo Naphta- pueden estar acordes. Únicamente los mediocres y las medidas medio llenas no pueden armonizarse”.

Las criaturas de Mann nos devuelven una visión más compleja del mundo. Hans Castorp, indeciso, al final de su aventura parece inclinarse hacia la robustez de los razonamientos del conservador Naphta, a tal punto, que traiciona a su Sócrates liberal, Settembrini, quien alterado le espeta cómicamente en medio de una trifulca de palabras: “Cállese ingeniero”.

¿Quién es el Diablo y quién Dios? Ambos se debatirán, como pedagogos, el alma de Castorp, un símbolo de la joven Europa burguesa en estado de enfermedad, en una mágica alegoría de la realidad alemana.

Al joven ingeniero, huérfano de padres burgueses, le es descubierto con el paso de las primeras semanas en el sanatorio una mancha húmeda muy cerca del corazón, símbolo de su condición material y espiritual. Lo más profundo de Castorp, como en muchos rincones de Europa, se hallaba enfermo. El resto de la historia es una crónica de esta enfermedad dotada de una extraordinaria ironía y sentido del humor.

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 Thomas Mann en su exilio en Estados Unidos

Mann empezó a escribir la novela antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Interrumpido por la Gran Guerra, retomó su escritura poco después. Aunque defendió inicialmente la beligerancia alemana, tuvo un cambio súbito de posición política tras los golpes comunistas en Baviera y el surgimiento del nazismo. Se dio cuenta de lo que le esperaba a Alemania. En un célebre panfleto, hizo pública su conversión a la República de Weimar y defendió la democracia. La novela es un tapiz de este mundo.

Confieso que mi gusto en literatura rehuye de las novelas demasiado intelectuales. No obstante, la novela de Mann es una epopeya de su época de raras calidades.

Al principio me pregunté si una novela podía representar satisfactoriamente una época. Esta empresa titánica fue llevada a cabo por Mann con admirable talento. Sus páginas suscitan reflexiones políticas que no han pasado de moda, como lo son el dominio de la técnica en la vida y la crisis del liberalismo.

Mann termina su novela con el estallido de la Gran Guerra. Sus últimas palabras no dejan de fomentar cierta introspección piadosa en nosotros, en lo alto de estas montañas andinas. “De esta fiesta mundial de la muerte, de esta mala fiebre que incendia en torno suyo el cielo de esta noche lluviosa, ¿se elevará el amor algún día?”

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PERFIL
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Candidato a DPhil en Historia de la Universidad de Oxford. He trabajado de investigador del Centro de Estudios en Historia (CEHIS) de la Universidad Externado de Colombia y de asistente de investigación del Centro de Estudios Latinoamericanos, St. Antony’s College, Universidad de Oxford.

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