Cerrar Menú Blogs
Las opiniones de los blogueros son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.
Profile image

Ingresa o regístrate acá para seguir este blog.

Seguir este blog

Escribir sobre Kissinger siempre levantará polvaredas de polémica. No ha sido, desde luego, un hombre común, pero suelen olvidarse los aspectos más comunes que envuelven su aura de leyenda. Por ejemplo, su excelente sentido del humor. “No puede haber una crisis la próxima semana. Mi agenda está llena” o “lo agradable de ser una celebridad es que, si aburres a la gente, ellos pensarán que es culpa suya”. A veces, bromeaba con los medios con envidiable ironía. Preguntado por unos periodistas acerca de cómo debían dirigírsele después de su juramento como secretario de Estado, Kissinger contestó: “No me sostengo en el protocolo. Si tan sólo ustedes me llamaran Excelencia, estaré conforme”.

Sus excentricidades corrientes no acaban en su sentido del humor. Allí apenas empiezan.

Hace poco me llamó la atención el título de una biografía escrita por Niall Ferguson. El subtítulo indica un rasgo común de cualquier hombre que no suele recaer en el monstruo de la guerra contra el comunismo. Ferguson tituló con exquisita y llana provocación los años vividos por Kissinger entre 1923 y 1968 como los del “idealista”.

Uno de los aspectos menos estudiados y conocidos de Kissinger fue su tesis de doctorado. A World Restored: Metternich, Castlereagh and the Problems of Peace, 1812-1822 (Un Mundo Restaurado: Metternich, Castlereagh y los problemas de la paz, 1812-1822), sustentada en 1954 en la facultad de Ciencias Políticas de Harvard, merecedora del premio Senator Charles Sumner y publicada con dificultad tres años más tarde, fue una rara pieza de erudición. Fue, también, la reflexión de un idealista.

En primer lugar, fue un acto cercano a la inmolación presentar una tesis con semejante cronología en la facultad de ciencias políticas. La inmensa mayoría de sus compañeros exceptuando a uno, presentaron sus investigaciones sobre asuntos contemporáneos. Hoy en día, el trabajo de Kissinger seguiría siendo mirado con escepticismo en cualquier facultad de gobierno.

No obstante, este capricho -pues su tema de investigación fue el resultado de una decisión independiente del parecer de su profesor y amigo en Harvard, William Yandel Elliott- fue difícilmente alentado para avanzar su carrera en la academia o en el servicio público. Algunos han sugerido que estudiar la década después de la retirada de Napoleón en Moscú escapó a cualquier consideración fuera de instruirse a sí mismo. Aunque atractiva, esta hipótesis adelantada por un amigo cercano no parece ser suficientemente lúcida ni aclaratoria.

En realidad, Kissinger era un idealista en el sentido kantiano. Su afición por el filosofo alemán ha sido bien documentada. Y los años que vivió desde su exilio de Alemania, su residencia en una jerárquica, racista y desigual Nueva York, la Segunda Guerra Mundial donde sirvió en el ejército norteamericano cazando nazis en 1945, quebraron los horizontes del joven idealista que soñaba con la paz perpetua. Fueron años en los que perdió su fe religiosa. Su prospecto de matrimonio con Leonie Harbert, reprobado por su familia judía, propició una dura reprimenda a sus padres. Una carta revela su estado de ánimo en los años de post-guerra:

“Para mí no existe sólo el bien y el mal sino muchas sombras en el medio… Las verdaderas tragedias de la vida no son decisiones entre el bien y el mal. Sólo las personas más insensibles escogen lo que saben que está mal. La verdadera tragedia sobreviene en el dilema de evaluar lo que está bien. Los verdaderos dilemas son dificultades del alma, que provocan agonías, y que en su mundo de blancos y negros ustedes ni siquiera podrían empezar a comprender”.

Estas palabras se repetirían en otros pasajes, en otros momentos de su vida. Para Kissinger, como para Kant, los grises no significan caer en la anarquía moral. En la vida hay acciones moralmente superiores a otras y lo único que se puede hacer en ocasiones es evitar un mal mayor.

Fue la obsesión por la paz perpetua de Kant, los peligros indudables que representó la expansión del comunismo soviético en el sudeste asiático y el Medio Oriente en medio de la turbulencia de los nacionalismos y los proyectos de independencia colonial, lo que decidió a Kissinger a hallar una solución para el orden internacional.

Si la paz perpetua era inalcanzable, al menos tendría que haber un modo de moderar la amenaza de una guerra nuclear después de los fracasos de las Sociedad de las Naciones y la incipiente incapacidad palpable de las instituciones internacionales recientemente creadas. Kissinger, aunque cuidadoso de las analogías históricas, halló una respuesta y una inspiración insospechadas en la historia de las potencias europeas después de 1815.

Gran Bretaña fue el gran poder moderador del mundo en el largo siglo XIX. En el siglo XX, este papel debía ser asumido por los Estados Unidos, en un momento en que Corea tambaleaba hacia el comunismo.

Las motivaciones detrás de su obra académica son cuando menos refrescantes e inusitados aspectos desconocidos de un hombre que ha sido tildado de monstruo carente de cualquier capacidad de reflexión moral.

Kissinger hizo de un tema común para un académico, su tesis doctoral, una verdadera originalidad y demostró algo que los historiadores encerrados en su tribu han olvidado: la historia sirve para gobernar el mundo. Esta lección de método parece olvidada también por los secretarios de Estado estadounidenses recientes. Y sin embargo, en estos instantes, en la China, trabaja incansablemente una de las élites políticas más históricamente orientadas y conscientes del mundo. Y la pregunta que tanto buscó resolver Kissinger en su tesis de doctorado conserva una imperiosa vigencia en un mundo con una Europa en crisis, una China y una Rusia con pretensiones imperiales y un Estados Unidos que quiere acabar con los logros de su política exterior en los últimos sesenta años. ¿Qué país o países moderarán el mundo en los siguientes 100 años? ¿Quién buscará responder al desafío de lograr la paz perpetua?

Muchos cargos justificados e injustificados pueden hacérsele a Kissinger en el curso de su carrera política, pero es justo reconocerle su originalidad y la sinceridad temprana de su idealismo construido en medio de una generación que experimentó los totalitarismos más espantosos y la amenaza todavía latente de una guerra nuclear.

(Visited 194 times, 1 visits today)
PERFIL
Profile image

Candidato a DPhil en Historia de la Universidad de Oxford. He trabajado de investigador del Centro de Estudios en Historia (CEHIS) de la Universidad Externado de Colombia y de asistente de investigación del Centro de Estudios Latinoamericanos, St. Antony’s College, Universidad de Oxford.

    Sigue a este bloguero en sus redes sociales:

  • twitter

Más posts de este Blog

  • Opinión

    Para una historia del municipio de nuestra América

    Entre los muchos papeles acumulados en el archivo del presidente Eduardo Santos, una carta de un político liberal cubano siempre(...)

  • Mundo

    Vistazo a la jerarquía en Oxford

    La Universidad de Oxford es una federación de colleges (colegios) prestigiosos, la inmensa mayoría de ellos con su tradición secular(...)

  • Mundo

    La política como vocación

    En el año de 1919, la conferencia “La política como vocación” fue dictada por el sociólogo alemán Max Weber. Ante(...)

  • Mundo

    El Concilio de Nicea y la jerarquía de los cielos

    Uno de los rituales más espontáneos y cotidianos entre los católicos es realizar la señal de la cruz “en el(...)

Ver más

Lo más leído en Blogs

1

La denominada ciudad bonita Bucaramanga tiene mucho potencial gastronómico. Basta con decir(...)

2

Aunque un poco más lento, si es posible adelgazar tomando pastillas anticonceptivas.(...)

3

“Hace unos días un amigo me invitó a una cena en su(...)

0 Comentarios
Ingresa aquí para que puedas comentar este post
Reglamento de comentarios

ETCE no se responsabiliza por el uso y tratamiento que los usuarios le den a la información publicada en este espacio de recomendaciones, pero aclara que busca ser la sombrilla de un espacio donde el equilibrio y la tolerancia sean el eje. En ese camino, disponemos de total libertad para eliminar los contenidos que:

  1. Promuevan mensajes tipo spam.
  2. El odio ante una persona o comunidad por su condición social, racial, sexual, religiosa o de situación de discapacidad.
  3. Muestren o impulsen comportamientos o lenguajes sexualmente explícitos, violentos o dañinos.
  4. Vulneren o atenten contra los derechos de los menores de edad.

Además, tenga en cuenta que:

  • - El usuario registrado solo podrá hacer un voto y veto por comentario.
Aceptar
¿Encontraste un error?

Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.


Debes escribir el comentario
¡Gracias! Tu comentario ha sido guardado
Tu calificación ha sido registrada
Tu participación ya fue registrada
Haz tu reporte
Cerrar
Debes escribir tu reporte
Tu reporte ha sido enviado con éxito
Debes ser usuario registrado para poder reportar este comentario. Cerrar