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Es inútil decirle al lector lo mucho que he aprendido con los libros de Godelier pero es importante recordarle, o según sea el caso informarle, acerca del lugar eminente que ocupan sus libros en las ciencias sociales. La explicación del misterio del don, las críticas a la mirada de la economía formalista, estructuralista y marxista, la inquietud por los fundamentos de una sociedad y el surgimiento de la estructuración social y de los sistemas de dominación, son todas preguntas fascinantes, importantes y por las que Maurice Godelier sigue indagando a tientas con una antorcha en el lento ocaso de su vida. Nunca tuvo miedo a abordar los grandes problemas. Nunca buscó encajar en ninguna ortodoxia vieja o nueva.

En el año de 2007, salió publicada una entrevista hecha por Gastón Gil al renombrado antropólogo francés. Quisiera subrayar algunos puntos importantes que podrían incitar la curiosidad por su obra.

Godelier siempre dudó de la idea formalista de la economía. A la luz de las tribus contemporáneas y de la evidencia histórica, le parece ridículo sostener que los hombres siempre han buscado maximizar sus ventajas y minimizar las pérdidas.“Eso siempre me pareció una idea banal, de una insuficiencia evidente, ya que muchas sociedades, a través del don y otros procesos, pueden plantear complejas estrategias”. Sobre este asunto, sus libros El Enigma del Don, Lo Material y lo Ideal y Economía, fetichismo y religión siguen siendo verdaderos clásicos de las ciencias sociales, una fuente de inspiración y una comprobación de la variedad de experiencias y valores humanos a lo largo del tiempo.

Otra de sus grandes luchas fue enfilar baterías en contra de las miradas simplistas del marxismo académico. Demostró muy bien por qué no se puede considerar que el pensamiento de las sociedades sea el mero reflejo de sus relaciones de producción. Le dijo a Gil en su entrevista:“los componentes ideales no se podían seguir concibiendo como reflejos de las relaciones infraestructurales”.

Sobre este punto se explayó más detenidamente haciendo referencia a la supuesta existencia de unos fundamentos de las sociedades. Durante décadas, los antropólogos fueron víctimas de la leyenda de la familia como el pilar de las sociedades. Para Godelier, aunque sea rebatible, esto es una ilusión: “Es falso, la familia no genera escuelas, no fabrica aviones, no nos da hospitales, no nos proporciona un gobierno político. Es una creencia falsa para cualquier sociedad, para los “primitivos” y para nosotros, más allá de que muchos antropólogos continúen trabajando con esta leyenda. Ahora, tampoco las relaciones económicas constituyen el fundamento de la sociedad. Y eso es grave para el marxismo. Esa supuesta determinación del modo de producción sobre los aspectos superestructurales es totalmente falsa. No se pueden explicar, a partir de las relaciones económicas, los vínculos de parentesco, tampoco el dios cristiano”.

Su propuesta es distinta; exige repensar la economía al lado de la política.“Lo que deberíamos buscar es reponer la economía al lado de la política para explicar la historia, reponer a las masas al lado de las élites como agentes de la historia”. Y añade: “Lo que me interesa son las relaciones que fundan los grupos humanos, de clan, de casta, en una sociedad. No es lo mismo. No son los fundamentos de la sociedad, el lazo social, sino qué es lo que fabrica una sociedad que dura un siglo, dos siglos, o una sociedad milenaria como la china”.

Una de las grandes novedades de esta entrevista quizás sea su crítica exquisita al postmodernismo. Aunque no las mencionara explícitamente, Godelier se refería a la importación de los filósofos franceses del siglo XX en las universidades de Estados Unidos y a la corrección política que ha proyectado nuestros valores democrático-liberales distorsionando la comprensión del pasado. “Pero radica allí una gran diferencia con el postmodernismo, que deconstruye para disolver la ciencia social. Porque el postmodernismo ha ido mucho más lejos que cualquier crítica a las relaciones que establece un antropólogo con sus poblaciones, o de los problemas del colonialismo. El postmodernismo es la demagogia fácil. Es como si yo le pidiera a los griegos que se arrepintieran públicamente porque Platón y Aristóteles tenían esclavos. O que condenara a todo el pueblo francés porque sus ancestros tenían siervos. Se juzgan retrospectivamente procesos históricos como si los valores morales fueran universales e inmanentes”.

No podría estar más de acuerdo con Godelier. En cuanto a su reflexión sobre la instauración de las clases y castas sociales, ha tenido una mirada original y polémica. En su obra abundan reflexiones interesantes sobre los incas, las tribus americanas y los Baruya, su objeto de estudio por más de dos décadas. Para él, la dominación social se explica mejor por el consenso y la legitimidad que por el empleo de la violencia. Vale la pena tomar en serio esta consideración. Por ejemplo, ¿podría explicarse satisfactoriamente la presencia de los españoles en tierras americanas durante más de tres siglos solamente a partir de la violencia? ¿Incluso si sabemos que casi no existió un ejército en la mayoría de los territorios?

Godelier reflexiona: “Pienso sobre esa pregunta –de cómo explicar la manera en que los grupos ocupan el primer lugar en el proceso de producción sin participar en el proceso de trabajo-, que la respuesta está en el neolítico. Los testimonios arqueológicos nos informan de los procesos de la formación de la diferenciación social en un contexto de dependencia sobre los recursos, del acceso a los bienes materiales y determinadas creaciones imaginarias, como por ejemplo quien asegura las condiciones para la reproducción de la vida, lo que genera el espacio para la aparición del shamán que puede ejercer la conexión con los espíritus. Por consiguiente, la cuestión de la instauración de las jerarquías es un asunto fundamental y creo que esas autoridades se fundan primordialmente en lo religioso, y es en ese marco en donde se crean las clases sociales. Y las conclusiones a las que estoy llegando marcan que esa instauración de las diferencias de clases y otras formas de autoridad se sostienen en una legitimidad antes que en un acto de violencia fundante. Una posición que, por supuesto, va a llevar a que muchos marxistas me terminen de excomulgar”.

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PERFIL
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Candidato a DPhil en Historia de la Universidad de Oxford. He trabajado de investigador del Centro de Estudios en Historia (CEHIS) de la Universidad Externado de Colombia y de asistente de investigación del Centro de Estudios Latinoamericanos, St. Antony’s College, Universidad de Oxford.

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