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La historia más grande jamás contada: el 20 de julio de 1810

Por: ladooscuro3

El 20 de Julio de 1969 es una fecha mítica que representa la llegada del hombre a la luna. Si llegó o no a la luna, es tema de largo debate e investigación para otro día, pero lo cierto es que éste año los medios de comunicación decidieron contraatacar las teorías que muestran incongruencias en los viajes realizados y han desplegado toda una parafernalia mediática alrededor de la luna para enaltecer la maravillosa carrera espacial.

Celebran la llegada del hombre a la luna y el inicio de la conquista del espacio, pero vale preguntarse también ¿Cuál conquista del espacio si acá no hemos dejado de jugar a conquistarnos unos a los otros? ¿Toda ésta tecnología y todo el universo por recorrer y todavía celebramos que estuvimos en la luna hace 40 años? ¿Toda esa tecnología y el desgaste de recursos destinados al complejo militar no podrían habernos llevado hace rato a otras partes? En fin, tema para otra ocasión…

Para Colombia, el 20 de Julio poco o nada tiene que ver con la luna, pues en ésta fecha se concentran todas la emociones, tradiciones y miedos que definieron la historia de los últimos 200 años. Si hubo o no independencia, es tema que a continuación trataremos, pero lo cierto es que no deja de sorprender la ignorancia colectiva acerca de la coyuntura política y social que había en éste territorio hace 200 años.

No es exageración. Según el mito del 20 de julio, la mayoría de gente cree que una pelea, iniciada entre criollos y un español engreído dueño de un florero, fue la excusa diseñada por los “próceres” para que la clase criolla y las clases populares forzaran la creación de una junta de gobierno para sustituir al virreinato y eliminar los vínculos políticos y territoriales con el Rey y España. Supone la mayoría de la gente, que el 20 de julio se consumó una conciencia emancipadora general que sólo 9 años después pudo ser materializada y mantenida en el tiempo. También supone la mayoría de gente que la clase criolla simpatizaba con mestizos, indígenas y negros, y que compartían su deseo de emanciparse del Rey.

¿Porqué tanta suposición? Por que nadie parece conocer la historia del siglo XIX y la forma como se des-organizó el país después de 1819 y la intromisión de Simón Bolivar y la filosofía de la ilustración. Plena prueba de la ignorancia colectiva está en que la población identifica la independencia con el 20 de julio de 1810, antes que con el 7 de agosto de 1819 o con la constitución de Cúcuta de 1821.

El 20 de julio
debería ser, en Colombia y en cualquier lugar del mundo, un día de
preocupación y alerta sobre nuestra capacidad para engañarnos y nuestra
incapacidad para aprender del pasado.
En
Colombia celebran airadamente la independencia de uno de los países más
violentos y corruptos del mundo. Cabe preguntarse entonces:
¿Independencia de qué o para qué?.

Para comprender y promover una conciencia crítica y sincera sobre lo que realmente ocurrió, presento a ustedes un aparte del libro “elementos críticos para una nueva interpretación de la historia Colombiana”, donde Hugo Rodriguez Acosta se situa en los documentos y cartas de la época para desmitificar la independencia y traer a la luz la realidad histórica de 1810.

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Libro: Elementos críticos para una nueva interpretación de la historia Colombiana.
Autor:
Hugo Rodriguez Acosta

“(…) Algunas consideraciones sobre la estrategia de la Revolución. ¿Porqué, a pesar de su ilustración, no aprovechó la aristocracia criolla, la crisis española de 1808 (expresada en el sometimiento del país a los ejércitos franceses), para romper los vínculos de dependencia con España? ¿Porqué el 20 de julio de 1810, aún contando con circunstancias favorables, (como la creciente agitación popular, el control militar del parque de artillería, la neutralización de las tropas realistas acantonadas en la capital, etc.), mantuvo su adhesión a la monarquía?

Estos interrogantes, carecerían de respuestas lógicas y coherentes, si se omite un aspecto, ignorado en términos generales por la historiografía: La realidad cultural de los pueblos neogranadinos. La revolución política acaudillada en América Latina por las clases aristócratas, habrían tenido un carácter más radical desde sus comienzos, de no haber mediado en el proceso histórico, la actitud contraria a la emancipación por parte de las masas populares. ¿Cómo interpretar éste fenómeno? A simple vista parece irracional que las capas bajas de la población colonial, explotadas y degradadas, se mostraran reacias y aún beligerantes, a aceptar la independencia de España. Es preciso pues, encontrar la razón.

Desde los tiempos de la conquista, se fue operando en América un proceso de penetración ideológica, que tenía como centro a las comunidades aborígenes y como promotores a los evangelizadores cristianos. El resultado no podía ser otro que la conversión del indigena idólatra al cristianismo. Bajos los auspicios de la iglesia, se llevó a cabo la alienación del nativo, generando en la aculturación, un sentimiento de respeto hacia las máximas instituciones de la monarquía: El rey y la iglesia. A causa del condicionamiento ideológico, la américa hispana siempre mantuvo su sumisión hacia el poder civil y eclesiástico.

Del respeto hacia las instituciones fundamentales de la Monarquía, emergió en la Nueva Granada, una concepción errónea respecto a la causa de la opresión. Los pueblos neogranadinos padecieron con todo rigor los efectos de la explotación colonial, más, en las conciencas de indígenas, negros y labradores sencillos, era inaudito atribuir su causa al Monarca. Sobre alguien debe recaer la culpa y ella recayó sobre el organismo ejecutor de las políticas económicas, que desde la península trazaban el rey y sus colaboradores: El gobierno colonial.

La aristocracia criolla, cuya agudeza escapaba de alguna manera de la sumisión idólatra respecto al rey español, se abstuvo de hablar de emancipación o independencia a los pueblos. De un lado, sus aspiraciones de convertir el poder político en una República burguesa que le permitiera la libre administración de sus privilegios de clase. Del otro lado, se encontraba el temor de que la resistencia popular saliere a relucir cuando se pretendiese ignorar la autoridad monárquica. La aristocracia desde luego, no podía tolerar la continuidad del régimen colonial, pues ello era lesivo para sus intereses, pero dada la adhesión de los pueblos a la Monarquía, tenía objeciones respecto a una ruptura total con la metropoli. Por eso la aristocracia criolla, particularmente la santafereña, se vió precisada a adoptar como estrategia de lucha, una política reformista orientada a buscar una participación de los criollos que fuese igualitaria a la de los funconarios españoles, tanto a nivel de Junta Central de Gobierno como a nivel de Gobierno colonial. Tales fueron en síntesis, los objetivos a cumplir del “Memorial de Agravios”.

Con ésta estrategia, la aristocracia criolla abrigaba la esperanza de conciliar sus intereses con los de la metropolí, sin romper los nexos de dependencia externa. En ese contexto debe entenderse el 20 de julio de 1810 y por ésta razón el “acta de independencia” menciona que “La Nueva Granada, no abdicará los derechos imprescriptibles de la soberanía del pueblo a otra persona que, a la de su augusto y desgraciado Monarca don Fernando VII, siempre que venga a reinar entre nosotros“. Dice Lievano Aguirre al respecto “Los compromisos pactados en la noche del 20 de julio, no implicaron como suele pensarse, una declaración de independencia, sino que ellos se limitaron a institucionalizar el gobierno de responsabilidad compartida entre el Virrey y los grandes voceros del estamento criollo. En esa alianza, acordada a espaldas del pueblo, los dos socios se beneficiaban mutuamente: El virrey continuaba de Jefe de gobierno, previa declaración de que el Nuevo Reino reconocía a Fernando VII y al Consejo de Regencia de España, y los notables criollos ingresaban en la Administración, como miembros de la Junta Suprema, para compartir el poder con quien representaba a la Corona y servía de símbolo a las relaciones de dependencia entre los Dominios y la Metropolí.”

Así por ejemplo, en el juramento de posesión que tuvieron que hacer los miembros al Primer Congreso de la Nueva Granada (diciembre de 1810), los diputados viéronse forzados a jurar afirmativamente, que contribuirían a sostener los derechos del rey destronado: “Juráis por Dios nuestro señor y los Santos Evangelios que estáis tocando defender, proteger y conservar nuestra Santa Religión Católica, Apostólica y Romana, sostener los derechos del señor Fernando VII contra el usurpador de su corona Napoleón Bonaparte y su hermano José.”

Las capitales de provincia en donde mayor era la ilustración y menor el fanatismo religioso, aceptaron con relativo entusiasmo y tranquilidad, las ideas de independencia. Sin embargo, la población rural (indios, encomendados, labriegos libres, jornaleros, negros, etc.), que constituía el mayor conglomerado humano de la Nueva Granada, fue extremadamente beligerante y contraria a la ruptura de los nexos de dependencia.

La adhesión franca y decidida de todos los pueblos neogranadinos a la causa de una República libre e independiente, se logró, como lo anota muy objetivamente Tulio Enrique Tascón, cuando la expedición pacificadora comandada por Pablo Morillo, y patrocinada por la corona, vino a demostrar el despotismo de quien gozaba gran respeto en la Nueva Granada: Fernando VII. Víctimas del terror desatado por el ejército expedicionario, las masas populares empezaron a comprender la naturaleza de su amado monarca. Los patíbulos, los fusilamientos masivos, las expropiaciones y excesos cometidos por soldados y oficiales españoles, fue el factor que contribuyó al rápido deterioró de la monarquía. La demostración de la conversión de las masas, vino a quedar demostrada en el apoyo moral y material que recibió el ejército libertador dirigido por Bolivar y Santander.

Sin embargo, la adhesión de fuerzas no implicó que la independencia favoreciera a todas las clases que se unieron alrededor de la independencia. Antonio García, gran economista colombiano, lo resumió así:

“Es un enorme error histórico suponer que las guerras de independencia tuvieron el rango de una revolución social consumada y que por medio de ellas América Latina empezó a vivir como las sociedades nacionales europeas. Este error histórico oculta el hecho fundamenta de que la república no aportó nada nuevo a América Latina, desde el punto de vista de constitución social: La aristocracia terrateniente conservó su status de privilegio y condición de centro de gravedad en el nuevo sistema de poder; la clase media letrada, la burguesía de comerciantes, los funcionarios, artesanos, menestrales, peones y todos los grupos sociales, conservaron su colocación y su ordenamiento tradicional.

Las guerras de independencia (producto de la crisis definitiva del colonialismo español), solo liberaron a la aristocracia criolla, de su dependencia política con respecto a la metrópoli. Gracias a ellas, pudo estructurar una República jurídicamente burguesa, pero economicamente colonial, a través de la cual consolidó sus intereses de clase.(…)
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Espero que éste nuevo panorama sea útil. Ahora que comprendemos que las guerra de independencia favorecieron exclusivamente a las clases terratenientes y su posteridad, vale la pena observar éste artículo del periódico eltiempo, donde se revelan las conexiones entre los “proceres criollos” y los políticos actuales. Vaya meritocracia la que nació en 1819!

Escrito por Andrés Serna Isaacs

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Publicado en: Cine, Cultura y Ocio, El Tiempo

1 comentarios

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  1. 1

    sircharlitos 22 julio, 2009 a las 16:06

    la meritocracia no creo que estuviera en la mente de los granadinos. por otra parte no olvide que por la misma época ocurren las “independencias” de otros países de la región, lo cual aporta un argumento muy interesante al tema: que no debe despreciarse la crisis por la que pasaba el imperio español. Hay un autor muy interesante, Xavier Guerra que preguntándose por la caída de la Unión Soviética y su desmembramiento en varias repúblicas se dio cuenta que habia una relación con la España del siglo XVIII la cual sufrió un proceso un poco parecido…
    Y otra cosa a tener en cuenta es que el proceso de construcción de los Estados Nación (de los cuales los latinoamericanos son pioneros) requiere elementos “mitológicos” que construyan identidad nacional, el 20 de julio y el florero pertenecen a ese proceso, no importa cómo ocurran (ni siquiera si de verdad ocurren), lo importante es que remita un significado.