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El  primer regalo que me dieron de  amigo secreto fue un pocillo hecho en cerámica con la forma de Dumbo  y con bigotes de ratón gay. Ese elefantito de color azul cielo con rosado, contenía tres o cuatro chocolates y venía envuelto en plástico transparente. Creo que tenía unos cinco años y me lo dieron porque a la profesora le pareció chistoso que jugáramos al amigo secreto en un colegio de sólo hombres y cuyos regalos compraban  las mamás. Ya perdoné  a la mamá de ese niño y espero no saber nunca quién fue. Y como si fuera poco, gracias a ese elefante odio los chocolates y detesto  el jugo de tomate de árbol, porque alguien en mi casa me lo sirvió en  ese recipiente de cerámica con pintura de plomo.

Todos sabemos que la tradición del amigo secreto se juega  en los días previos  de amor y amistad (aunque en algunas provincias tienen la infamia de jugarlo también en navidad). Y que a la vez, este último viene del día de San Valentín , y que lo trasladaron de Febrero a Septiembre en Latinoamérica por razones puramente comerciales. Lo que de pronto no sabíamos, es que el hecho de sacar una papeleta de una urna se remonta a los romanos (mucho antes de que  este Santo casara  parejas a escondidas) ;  en donde se rifaban mujeres entre los hombres  con fines meramente sexuales. Qué ignorancia la de mi profesora. De pronto ella se basó en que después de San Valentín, para no perder esta costumbre de rifar mujeres,  entre los jóvenes y las jóvenes, sacaban papeletas con nombres de santos, y tenían que emular sus virtudes durante el resto del  año.  Todo el resto del año.

Esto  me conlleva a una propuesta, así no les guste a los oficinistas  que le echan  los perros a Yurlady, la secretaría de tesorería, por la cual todos se pelean por tener su papeleta, endulzarla y luego darle su regalo;  lo que nos lleva nuevamente a los romanos con sus fines meramente sexuales.

 Mi propuesta es que el amigo secreto  permanezca así: secreto y para siempre. O por lo menos hacer como Jacky, no mi perra sino  Kennedy, la cual uno puede develar los secretos 50 años después de su muerte. Imaginémonos todos los alcances.  Por un lado , yo todos los años le mandaría regalos mortificantes al “Nene”, niño de 13 años que pesaba como 120 kilos y durante un año me persiguió para cascarme, y aunque nunca lo logró, si me mortificó porque me sacaba corriendo de todas las fiestas en donde yo estuviera. Y así mismo, siempre en todas las etapas de nuestras vidas encontraríamos personajes que nos gustaría mortificar ,   como el de la universidad:  ese compañero que en los trabajos de  grupo se volaba, y recibía la misma nota, o el que trabajaba de más y lo hacía quedar muy mal a uno (yo desempeñe  los dos roles). En el trabajo:   ese jefe sabelotodo  o que usaba las ideas de uno para vanagloriarse (también desempeñé  los dos roles).

Y mirando desde el otro punto de vista,  como uno no es pera en dulce, también se recibirían regalos todos  los años . La cuestión es cuántos regalos recibe uno, para saber a cuántas personas  le has caído mal en el transcurso de tu vida. Viviríamos paranoicos.

Pero también podríamos mandarle  regalos de amigo secreto a diferentes  personalidades sólo por diversión o porque las queremos mucho así nunca sepan quién sea su amigo secreto. Por ejemplo a Natalia (no es ni mi amiga ni la quiero mucho) le mandaría un crucigrama compuesto por una horizontal y una vertical. Al año siguiente le mandaría las instrucciones.  A Catalina le enviaría un combo 3×2 comprado en la feria del brasier y solo cuco. A Alberto un reloj de arena y a Julio una caricatura de Hussein diciendo “Julio por favor no me cuelgues” mientras que a Amparo le daría un imitador de José José, para que le cante 50 y 20, perdón 40 y 20, y finalmente a Leonel le daría una plancha para el pelo.

Sin más ni menos, jugar al amigo secreto o celebrar el día del amor y amistad, o peor aún, el día de san Valentín, siguen siendo una farsa de la cual yo siempre me escapo diciéndole a mi esposa que después la invito a almorzar para celebrar. Ya debo una fortuna en almuerzos. Lo importante es que siempre todos los días debes demostrarle a tus seres queridos que los amas sin importar la pelea del día anterior, o la guitarra que te acaban de manchar con los marcadores que le acabas de regalar. Ayyyyy felices días de amor y amistad!!!!

El  primer regalo que me dieron de  amigo secreto fue un pocillo hecho en cerámica con la forma de Dumbo  y con bigotes de ratón gay. Ese elefantito de color azul cielo con rosado, contenía tres o cuatro chocolates y venía envuelto en plástico transparente. Creo que tenía unos cinco años y me lo dieron porque a la profesora le pareció chistoso que jugáramos al amigo secreto en un colegio de sólo hombres y cuyos regalos compraban  las mamás. Ya perdoné  a la mamá de ese niño y espero no saber nunca quién fue. Y como si fuera poco, gracias a ese elefante odio los chocolates y detesto  el jugo de tomate de árbol, porque alguien en mi casa me lo sirvió en  ese recipiente de cerámica con pintura de plomo.

Todos sabemos que la tradición del amigo secreto se juega  en los días previos  de amor y amistad (aunque en algunas provincias tienen la infamia de jugarlo también en navidad). Y que a la vez, este último viene del día de San Valentín , y que lo trasladaron de Febrero a Septiembre en Latinoamérica por razones puramente comerciales. Lo que de pronto no sabíamos, es que el hecho de sacar una papeleta de una urna se remonta a los romanos (mucho antes de que  este Santo casara  parejas a escondidas) ;  en donde se rifaban mujeres entre los hombres  con fines meramente sexuales. Qué ignorancia la de mi profesora. De pronto ella se basó en que después de San Valentín, para no perder esta costumbre de rifar mujeres,  entre los jóvenes y las jóvenes, sacaban papeletas con nombres de santos, y tenían que emular sus virtudes durante el resto del  año.  Todo el resto del año.

Esto  me conlleva a una propuesta, así no les guste a los oficinistas  que le echan  los perros a Yurlady, la secretaría de tesorería, por la cual todos se pelean por tener su papeleta, endulzarla y luego darle su regalo;  lo que nos lleva nuevamente a los romanos con sus fines meramente sexuales.

 Mi propuesta es que el amigo secreto  permanezca así: secreto y para siempre. O por lo menos hacer como Jacky, no mi perra sino  Kennedy, la cual uno puede develar los secretos 50 años después de su muerte. Imaginémonos todos los alcances.  Por un lado , yo todos los años le mandaría regalos mortificantes al “Nene”, niño de 13 años que pesaba como 120 kilos y durante un año me persiguió para cascarme, y aunque nunca lo logró, si me mortificó porque me sacaba corriendo de todas las fiestas en donde yo estuviera. Y así mismo, siempre en todas las etapas de nuestras vidas encontraríamos personajes que nos gustaría mortificar ,   como el de la universidad:  ese compañero que en los trabajos de  grupo se volaba, y recibía la misma nota, o el que trabajaba de más y lo hacía quedar muy mal a uno (yo desempeñe  los dos roles). En el trabajo:   ese jefe sabelotodo  o que usaba las ideas de uno para vanagloriarse (también desempeñé  los dos roles).

Y mirando desde el otro punto de vista,  como uno no es pera en dulce, también se recibirían regalos todos  los años . La cuestión es cuántos regalos recibe uno, para saber a cuántas personas  le has caído mal en el transcurso de tu vida. Viviríamos paranoicos.

Pero también podríamos mandarle  regalos de amigo secreto a diferentes  personalidades sólo por diversión o porque las queremos mucho así nunca sepan quién sea su amigo secreto. Por ejemplo a Natalia (no es ni mi amiga ni la quiero mucho) le mandaría un crucigrama compuesto por una horizontal y una vertical. Al año siguiente le mandaría las instrucciones.  A Catalina le enviaría un combo 3×2 comprado en la feria del brasier y solo cuco. A Alberto un reloj de arena y a Julio una caricatura de Hussein diciendo “Julio por favor no me cuelgues” mientras que a Amparo le daría un imitador de José José, para que le cante 50 y 20, perdón 40 y 20, y finalmente a Leonel le daría una plancha para el pelo.

Sin más ni menos, jugar al amigo secreto o celebrar el día del amor y amistad, o peor aún, el día de san Valentín, siguen siendo una farsa de la cual yo siempre me escapo diciéndole a mi esposa que después la invito a almorzar para celebrar. Ya debo una fortuna en almuerzos. Lo importante es que siempre todos los días debes demostrarle a tus seres queridos que los amas sin importar la pelea del día anterior, o la guitarra que te acaban de manchar con los marcadores que le acabas de regalar. Ayyyyy felices días de amor y amistad!!!!

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Ingeniero Industrial de 36 años, casado y con un hijo de 1 año y 4 meses. Viviendo en Barranquilla.

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