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Dicen que es muy fácil criticar a los demás. Pero creo que lo es más, criticarse a uno mismo y eso también lo hace más divertido. El procedimiento es muy sencillo. Consiste en  levantarse una mañana con el pie izquierdo (o sea todos los días porque la cama está pegada contra la pared derecha) y mirarse al espejo y decirse: Hoy me voy a desquitar de mí.

Llevo 23 semanas  viviendo en Barranquilla, y lo sé no porque las esté contando cual preso en cárcel, si no porque llevo un registro diario de todas mis actividades para no perder detalle alguno. Cabe anotar que ya había vivido aquí hace casi 25 años, y cuando jugaba  fútbol, se nos iba el balón a la casa siguiente en donde vivían tres señoras  vestidoras de santos, que eran cuidadas por un muchacho no mayor de 18, quien era el que nos pasaba el balón. Hoy en día esa casa es una notaría,  lo que quiere decir, que si a alguien se le va el balón, toca reclamarlo con  una firma autenticada de Golty.

Cuando llevaba unas 10 semanas me invitaron a jugar futbol,   y mis compañeros de equipo  a los, cuales acababa de conocer  iban diciendo : cacha esto, cacha lo otro, cacha cómo te comes ese gol?. Ahí fue que me di cuenta que todos los gritos de cacha iban dirigidos a mí. Pensaba que cacha, era el apodo de alguien más y que no necesariamente significara cachaco. Pero cómo se enteraron que yo era cachaco si ni siquiera había abierto la boca. Muy fáci., Lo tenemos pintado en la cara y en todas partes. Comencé a analizar mi comportamiento y mis actitudes ante una sociedad que descubre rápidamente a un cachaco de Bogotá, no sólo por su cara roja con apenas 2 minutos al sol, e inicié mi autocrítica burlesca.

Primero, me burlo de mi ropa. Los cachacos como yo, tenemos que usar medias en todo momento. No soporto ponerme ningún tipo de zapatos  sin medias, ni siquiera hace 25 años que se usaban los zodiac; y si me toca usar chanclas tres puntadas, me las pongo con medias así parezca una geisha.  Para hacer ejercicio, soy el único que se le ocurre salir a trotar a las 12 del medio día, con una camiseta negra con un dibujo de Pepe Le pew, con tal de no usar camisilla sin mangas, pero termino oliendo igual o peor a esta caricatura.

En otros aspectos , lo cachacos tenemos fama de “chochos”. Y sí,  lo somos, porque en mi caso no soporto pasar por una calle y ver a lado y lado mínimo 6 locales bailables, todos con la música a  alto volumen , donde el acordeón de un local se mezcla con los versos cantados de otro local, mientras que las camionetas cuatros-puertas se extienden en el andén, con  niñas meneando la cabeza como si estuvieran pogueando ( con vallenato) y los “manes” mamando whisky 12 años en copitas de plástico en el bordillo. Para mí nada como un buen whisky con dos hielos en vaso de vidrio, y si hay que menear la cabeza, se hace con la música respectiva. Qué cachaco, qué chocho.

A parte de eso soy complicado. No la cojo  suave, porque me molesta que se armen 3 carriles en cualquier esquina o calle de barrio, cuando pensaba que eso sólo sucedía en los giros a la izquierda de la carrera séptima, o que me quieran adelantar por la derecha o por la izquierda cuando voy frenando al frente de un jardín infantil.

Soy anticuado porque crecí en una Bogotá de  Mockus-Peñalosa-Mockus en donde se me quedaron arraigadas a la cabeza, y por eso no soy flexible,  el uso de las cebras,  de las “x” de las intersecciones,  y del   uso o abuso  del pito. A cambio, me emberraco  aquí porque cualquier carro particular (pensaba que era exclusivo de buses y taxistas) cruza su semáforo en verde cuando sabe  que va  a quedar  obstruyendo la intersección.O cuando yo soy el que tengo el semáforo en verde y no quiero cruzar porque quedaría en la mitad, y los  que están  detrás   pitan como si tuvieran vuvuzuelas. Cuando yo pito es porque ya estoy muy enfadado y a penas hago un pequeño  push a la bocina  , para no enfadar mucho al que va  adelante.

Soy quisquilloso porque en el colegio me enseñaron a “tomar distancia”, y no entiendo por qué,  a pesar del calor, la gente hace las filas en el banco, en el cajero o en la caja registradora como si quisieran ver los mensajes de texto que uno está leyendo.

Y soy un cachaco  intolerante porque me parece agresivo cuando la gente confunde informalidad con buenos modales. Un “por favor” basta,  cuando se trata de recibir un recado y no escuchar un  ” díle a …..”

En todo caso, así me tilden de cachaco mamón, amo esta ciudad y me gusta autocriticarme y burlarme de mi , adaptando  la canción de Sting, I´m a legal, I´m a legal alien, I´m a  Cachaco-man in Quilla-York

Llevo 23 semanas  viviendo en Barranquilla, y lo sé no porque las esté contando cual preso en cárcel, si no porque llevo un registro diario de todas mis actividades para no perder detalle alguno. Cabe anotar que ya había vivido aquí hace casi 25 años, y cuando jugaba  fútbol, se nos iba el balón a la casa siguiente en donde vivían tres señoras  vestidoras de santos, que eran cuidadas por un muchacho no mayor de 18, quien era el que nos pasaba el balón. Hoy en día esa casa es una notaría,  lo que quiere decir, que si a alguien se le va el balón, toca reclamarlo con  una firma autenticada de Golty.

Cuando llevaba unas 10 semanas me invitaron a jugar futbol,   y mis compañeros de equipo  a los, cuales acababa de conocer  iban diciendo : cacha esto, cacha lo otro, cacha cómo te comes ese gol?. Ahí fue que me di cuenta que todos los gritos de cacha iban dirigidos a mí. Pensaba que cacha, era el apodo de alguien más y que no necesariamente significara cachaco. Pero cómo se enteraron que yo era cachaco si ni siquiera había abierto la boca. Muy fáci., Lo tenemos pintado en la cara y en todas partes. Comencé a analizar mi comportamiento y mis actitudes ante una sociedad que descubre rápidamente a un cachaco de Bogotá, no sólo por su cara roja con apenas 2 minutos al sol, e inicié mi autocrítica burlesca.

Primero, me burlo de mi ropa. Los cachacos como yo, tenemos que usar medias en todo momento. No soporto ponerme ningún tipo de zapatos  sin medias, ni siquiera hace 25 años que se usaban los zodiac; y si me toca usar chanclas tres puntadas, me las pongo con medias así parezca una geisha.  Para hacer ejercicio, soy el único que se le ocurre salir a trotar a las 12 del medio día, con una camiseta negra con un dibujo de Pepe Le pew, con tal de no usar camisilla sin mangas, pero termino oliendo igual o peor a esta caricatura.

En otros aspectos , lo cachacos tenemos fama de “chochos”. Y sí,  lo somos, porque en mi caso no soporto pasar por una calle y ver a lado y lado mínimo 6 locales bailables, todos con la música a  alto volumen , donde el acordeón de un local se mezcla con los versos cantados de otro local, mientras que las camionetas cuatros-puertas se extienden en el andén, con  niñas meneando la cabeza como si estuvieran pogueando ( con vallenato) y los “manes” mamando whisky 12 años en copitas de plástico en el bordillo. Para mí nada como un buen whisky con dos hielos en vaso de vidrio, y si hay que menear la cabeza, se hace con la música respectiva. Qué cachaco, qué chocho.

A parte de eso soy complicado. No la cojo  suave, porque me molesta que se armen 3 carriles en cualquier esquina o calle de barrio, cuando pensaba que eso sólo sucedía en los giros a la izquierda de la carrera séptima, o que me quieran adelantar por la derecha o por la izquierda cuando voy frenando al frente de un jardín infantil.

Soy anticuado porque crecí en una Bogotá de  Mockus-Peñalosa-Mockus en donde se me quedaron arraigadas a la cabeza, y por eso no soy flexible,  el uso de las cebras,  de las “x” de las intersecciones,  y del   uso o abuso  del pito. A cambio, me emberraco  aquí porque cualquier carro particular (pensaba que era exclusivo de buses y taxistas) cruza su semáforo en verde cuando sabe  que va  a quedar  obstruyendo la intersección.O cuando yo soy el que tengo el semáforo en verde y no quiero cruzar porque quedaría en la mitad, y los  que están  detrás   pitan como si tuvieran vuvuzuelas. Cuando yo pito es porque ya estoy muy enfadado y a penas hago un pequeño  push a la bocina  , para no enfadar mucho al que va  adelante.

Soy quisquilloso porque en el colegio me enseñaron a “tomar distancia”, y no entiendo por qué,  a pesar del calor, la gente hace las filas en el banco, en el cajero o en la caja registradora como si quisieran ver los mensajes de texto que uno está leyendo.

Y soy un cachaco  intolerante porque me parece agresivo cuando la gente confunde informalidad con buenos modales. Un “por favor” basta,  cuando se trata de recibir un recado y no escuchar un  ” díle a …..”

En todo caso, así me tilden de cachaco mamón, amo esta ciudad y me gusta autocriticarme y burlarme de mi , adaptando  la canción de Sting, I´m a legal, I´m a legal alien, I´m a  Cachaco-man in Quilla-York

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Ingeniero Industrial de 36 años, casado y con un hijo de 1 año y 4 meses. Viviendo en Barranquilla.

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