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El beso del payaso y otros juegos en día 28

Por: sofia.acalantide

En realidad la sangre puede llegar a ser un fetiche, uno entre muchos otros. Uno como el fetiche tan común entre los hombres de venirse sobre el cuerpo o la cara de sus compañer@s, y no sólo venirse, sino además esparcir el líquido derramado sobre la superficie que lo ha recibido. Se trata de una variante muy normal, con la que, a estas alturas de la vida, nadie se escandaliza. Lo llamativo de esta modalidad es que ambos pueden ver el semen sobre el cuerpo, y eso propicia un ambiente de mucho erotismo, de mucha intimidad. Pero no estamos hablando ahora de ese fetiche, sino del fetiche sangre, sangre menstrual concretamente.



Comencemos por los otros juegos. Los dedos por ejemplo. Si estamos en esos días, y nuestra pareja juega con sus dedos lo más probable es que se unte de sangre, claro. Pero es que lo interesante del asunto es justamente que se unte, que podamos luego ver sus manos rojas, que deje rastros de esa sangre cuando nos abrace. Eso es fetichismo puro.



Otro juego: la penetración. Parece ser que los días que menstruamos algo sucede con nuestras hormonas, algo que a muchas nos incrementa el deseo. Además, existe mayor lubricación natural y se produce un alivio a los posibles cólicos (obviamente no en todas las posiciones), pues el estimulo placentero relaja la musculatura del útero. Así las cosas, ventajas hay muchas para quiénes se permiten hacer de lado los escrúpulos. Ahora, es normal que tras el masaje al útero éste se contraiga y expulse más sangre. Si antes de la relación las mujeres nos damos un buen baño, es probable que sea menos, pero alguna señal quedará en las sábanas, cojines, alfombra o cualquier cosa sobre la que estemos. Eso es muy sencillo de solucionar: una toalla debajo o a la mano y ya está. Es más, encontré en internet un consejo fantástico: “lo mejor son los plásticos como los de los hospitales, baratísimos, como los que utilizan para los viejitos, se consiguen en las tiendas de ropa de cama, tienen hule por un lado y toallita por otro, se pone por la parte de la toallita”. Finalmente la sangre, como el sudor, la saliva o el semen, se va con agua y jabón, así que no veo por qué convertirla en un obstáculo. Ah! Otro buen consejo que me pasaron l@s amig@s fue hacerlo estos días bajo la ducha… eso elimina rápidamente todo rastro!



Y el juego por donde comenzamos: el Beso del Payaso. Al leer sus comentarios al respecto siento necesidad de sentar una posición: cualquier cosa que pueda decir en este blog se apoya en el postulado de que cada cama es un universo distinto, en el que todo está bien cuando media la voluntad de l@s implicad@s. El sexo oral con la regla puede llegar a ser una experiencia muy agradable si hay la confianza suficiente para permitirse disfrutarlo. Sobre el miedo a probar la sangre, alguien decía “¿Y es que el clítoris emigra? ¿Por qué no se aprende a utilizar el tampón como un juguete?”. Cuanta verdad en ese comentario! Si el problema es sencillamente la sangre, se trata de un problema fácil de resolver con un poquito de imaginación. El reto radica entonces en abrirle caminos al deseo, en vez de cercarlo.





Sofía

sofia.acalantide@gmail.com

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