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Entre los vellos y la belleza

Por: sofia.acalantide

En los hombres, la barba y el bigote fueron mandados a recoger hace mucho, y se “estrenan” (cada vez son más) en la depilación del vello púbico. Algunos necesitarán además un poco de atención en las orejas y en la naríz. En las mujeres la cosa es un poco más dramática: pelos únicamente en el cráneo. Así que debemos depilarnos, según la necesidad, desde las cejas, pasando por el bigote, (¿orejas y naríz también?), las axilas, los pezones, los brazos y las piernas, hasta el pubis. Habrá quienes necesiten ayuda también en la espalda, en el abdomen y en la cola. Esta rutina de depilación exige sesiones, si no diarias, al menos cada dos días (si se utilizan métodos tradicionales) y más o menos quincenales acudiendo a la cera u otras ayudas. De esta forma, nos vemos tod@s sometidos a cierta esclavitud que se obsesiona por eliminar los vellos de nuestro cuerpo.

Sin embargo, vale la pena zafarse un minuto de esa compulsión y preguntarse ¿quién se inventó que los vellos son feos? Hay suficiente evidencia que muestra que este parámetro estético no es universal ni ha existido desde siempre. Hubo un tiempo en que no fue así y sigue sin serlo en muchas latitudes. Sin embargo, en nuestro contexto la depilación es casi un mandamiento porque los vellos nos resultan desagradables. Para justificarlo buscamos incluso argumentos que creemos más fuertes que la estética (como el médico), y entonces decimos que “los vellos son antihigiénicos”.

Valdría la pena hacer una genealogía de ese prejuicio e identificar el momento histórico en que esta parte tan natural del cuerpo se volvió repulsiva, las causas por las que el cuerpo natural dejó de ser erótico. Entre tanto yo arriesgo una hipótesis: quienes nos vendieron la idea de que una persona con vello en las piernas o en el pubis resulta desagradable, fueron los mismos que nos enseñaron que una persona gorda es fea, que una de baja estatura pierde atractivo y que la naríz aguileña carece absolutamente de encanto. ¿Cuál es su interés en que creamos eso? Un interés económico, claro. La talla natural de la mayoría de las mujeres no es la 6, ni somos tod@s caras de ángeles de 1.80 de estatura, de manera que parecernos a dicho modelo requiere gastar dinero en cualquier cantidad de bienes y servicios, desde comida light, fajas y zapatos altos, hasta gimnasios, tratamientos estéticos y cirugías. Finalmente, el único que se beneficia con ese ideal de belleza es el flujo de capital. Por supuesto, para que la estrategia funcione es fundamental convencernos a tod@s de que esas, y sólo esas, son las características de un cuerpo bello, de que “verse bien es sentirse bien” y que por ello debemos desear esa apariencia, objetivo que no resulta difícil dado el aparato mediático con el que cuenta el sistema y nuestra pobre preparación para enfrentarnos a su volumen de mensajes.

Por esa razón intervenir nuestra materialidad (depilarnos, por ejemplo) se ha puesto de moda. Esa idea me seduce en tanto nos permite crear el cuerpo que queremos y nos facilita huir de cualquier determinación natural, sin embargo, la moda intervencionista apunta en un único sentido -he ahí el problema-: cambiar el cuerpo para hacernos parecid@s al estereotipo.

Como dije, esa es sólo una tímida hipótesis, pero me gustaría conocer las suyas: ¿Por qué nos depilamos? ¿Por qué nos parece que los vellos son horribles? Me gustaría escuchar respuestas que no pasen por el lugar común del “a mi me gusta así”, porque esa tesis se cae fácilmente mostrando cómo es la sociedad de consumo la que moldea nuestros gustos.

Buscando información sobre este asunto me encontré con la anotación de un blog que hablaba sobre las ventajas y desventajas de depilarse, del cual me gustó el tono y, sobre todo, las desventajas que plantea. Les dejo el link aquí . También se encuentra mucha documentación sobre la idea de que el gusto por la depilación púbica total radica en el aura infantil que genera, y a partir de ello entablan relación entre esta preferencia y las tendencias pedófilas. Incluso hay quienes juegan con la idea de proteger su “bosquecillo”y el de su pareja, es decir, otorgan a los vellos un valor simbólico y sentimental.

Sofía
sofia.acalantide@gmail.com

… OTRO MUNDO ES POSIBLE … 

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