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Servicios sexuales para mujeres

Por: sofia.acalantide

En una época que se autoproclama de equidad y que se jacta de haber dejado sin fundamento al activismo feminista, por cuanto -se supone- ya no hay nada por qué pelear, resulta lamentable el grado de discriminación al que aún nos vemos sometidas las mujeres en muchos aspectos. Quienes insisten en que hace mucho las oportunidades del mundo son iguales para todos los géneros, se equivocan: las desigualdades siguen siendo el pan de cada día; tal vez -y sólo tal vez- no en las situaciones de privilegio a las que podríamos acceder quienes hacemos parte de este blog (la universidad, los contextos urbanos de estratos altos, los bares “bien”, etc.) pero sí en otra gran parte de nuestra realidad, y como éste es un blog de sexo, me permitiré hablar esta vez sobre la discriminación de la que somos víctimas cuando de servicios sexuales se refiere.

A continuación sólo unos cuantos casos, todos provenientes de mujeres reales que han querido compartirlos conmigo:

Ejemplo No. 1
“Mi esposo y yo estamos casados desde hace 6 años. En alguna ocasión, para imprimir algo de novedad a nuestra vida sexual, decidimos asistir juntos a un show de streaptease. Escogimos un lugar bastante afamado de la ciudad, pagamos el cover (que no era nada barato) y entramos. Como era temprano todavía quedaban muchas mesas vacías (incluso mesas para dos personas), sin embargo los meseros dijeron que todas ellas estaban reservadas y nos asignaron una bastante retirada del escenario. Pedimos una botella de ron y esperamos el primer show. Las niñas del lugar recorrían las mesas coqueteando y conversando con los hombres solos y con los grupos de amigos, su presencia hacía parte del encanto que habíamos ido a buscar, pero ninguna se acercó a nosotros. Cuando intentamos acceder a alguna, ésta se retiraba a los pocos minutos. Cuando bajaban a bailar en las mesas, tampoco se nos acercaban. Estoy segura que si mi esposo hubiera estado solo, o con un amigo en vez de conmigo, todo habría sido normal. El problema era yo, y como que sale uno con ganas de caer en el lugar común: “¿es que mi plata no vale o qué?”

Ejemplo No. 2
“…como la vez que fuimos a un prostíbulo porque yo quería estar con una mujer. Vimos los bailes de las muchachas que se desnudaban en el escenario y a mi me gustó una. Hablamos con ella y nos dijo cuánto cobraba por estar con los dos (que era una tarifa mayor que si estuviera sólo con él, o sólo conmigo). En el lugar alquilaban habitaciones y cuál no sería nuestra sorpresa cuando nos estaban cobrando la entrada de dos prostitutas a la habitación! Les explicamos que era una prostituta solamente, y no dos, que mi marido y yo éramos los clientes, pero nada, no hubo manera de hacerlos entrar en razón. Mejor dicho, mi marido terminó pagando por mí también! Es que como que no las creen que las mujeres también podemos ser clientes, y por eso llega uno y no saben cómo atenderlo…”

Ejemplo No. 3
Estaba haciendo una investigación sobre los lugares que ofrecen masajes para encubrir prostitución y decidí asistir a una de tales sesiones, para hacerme una idea exacta de la manera cómo funcionaban. La niña que me asignaron (no pude escoger una en total libertad, como cualquier cliente, porque no todas atendían a mujeres) comenzó a hacer el masaje pero se volvió un ocho cuando debía pasar a los senos o el pubis… en sus servicios ofrecían masaje con los senos y con la cola, lo cual no me hicieron (pero tampoco me descontaron), y ni siquiera se murmuraron palabras excitantes en mi oído, como me habían contado mis amigos que hacen en estos lugares… mejor dicho, salí de ahí sintiéndome totalmente estafada…

Lo primero que a mí se me ocurrió al leer estos testimonios fue que si un sitio no puede atender mujeres debería decirlo y restringir su ingreso, pero no cobrarles tarifas plenas para terminar ofreciendo servicios tan mediocres. Y fíjense que eso no es más que simple lógica de mercados. Ahora, avanzando un poquito más allá de esta lógica ¿qué sucede con los servicios sexuales para mujeres? ¿Por qué esta pobreza? ¿Cómo se explica la disparidad en tiempos en los que la liberación sexual de nuestro género, se supone, ya es historia patria?

No hace falta indagar mucho para darse cuenta que el mundillo de los servicios sexuales es aún pobre, pobrísimo, en cuanto atención a mujeres se refiere. Me dirán ustedes que para ellas existen clubes especiales, pero en Bogotá, capital del país, podemos sólo citar Apolos y… ¿cuántos más? Créanme que se cuentan con los dedos de media mano. También están las acompañantes para parejas, donde la niña atiende a ambos por igual, pero para el efecto que me ocupa eso no vale, pues se trata, justamente, de atención a parejas y no a mujeres.

Dejando atrás prejuicios morales que cuestionen si es correcto o incorrecto comprar servicios sexuales (más aún para las mujeres cuya mente y acciones deberían estar avocadas a menesteres menos mundanos) un hecho es incontrovertible: la equidad en este campo ni se asoma.

Me anticipo a posibles explicaciones que dirán que el mercado ofrece lo que el consumidor demanda, así que no hay más oferta de servicios para mujeres porque ellas no se muestran interesadas. Mentira. El mercado hace rato que no espera a que el público pida, sino que se ocupa de crear necesidades en quien consume. No será, más bien, que muy en el fondo -y ni tanto- sigue pesando demasiado la idea de que el sexo por placer, por mera diversión, es asunto exclusivo de hombres?

Sofía

sofia.acalantide@gmail.com

…OTRO MUNDO ES POSIBLE…

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