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Mi vagina, mi pene

Por: sofia.acalantide

Hace mucho sabemos que los hombres se masturban. No hace tanto sabemos también que las mujeres no nos quedamos atrás. Es nuestro cuerpo y resulta necesario conocerlo, explorarlo, antes de compartir esa intimidad con otr@s y lograr sentirnos plen@s en ello.

Aunque en estos días ya suene a “cuento viejo”, aunque parezca una afirmación ahistórica el hecho de que una persona adulta no conozca su pene o su vagina, todavía l@s hay, tal vez no entre l@s más jóvenes, pero conviven entre nosotr@s generaciones para las cuales ese conocimiento de lo más cercano (su misma corporalidad) fue muy tardío, o no ha sido aún. Ocurre mucho menos entre los hombres, pues la presencia de esa parte del cuerpo salta a la vista y de verlo a manipularlo el camino es corto. Pero para las mujeres la entre pierna fue durante mucho tiempo un vacío, nada saltaba a la vista, era necesario buscar para encontrar, y esa búsqueda aparecía como peligrosa, malsana.

Los testimonios dan escalofrío: “sabía que mi vagina estaba ahí, pero en realidad nunca la había visto”, “la tocaba al bañarme, pero no me detenía, nada más”. Para muchas mujeres el conocimiento que tienen sobre su propia vagina está mediado por el otro. Algunos hombres las han tocado de manera placentera, ellas saben cómo les gusta ser penetradas y cómo no, pero dado que siempre está de por medio esa otra persona, son incapaces ellas mismas de reproducir esas caricias, y mucho menos de contarle a un nuevo o una nueva amante lo que prefieren.

Ahora bien vaginas hay de muchos tipos y de sensibilidades muy distintas. Ya escribí aquí alguna vez que “el tamaño del pene sí importa” pero que no a todas nos gustan del mismo tamaño, y eso se relaciona directamente con la forma y profundidad de nuestra vagina. Es cierto que la vagina puede llegar a dilatarse mucho (incluso bebés pueden llegar a pasar por allí) pero la cercanía entre el orifico de entrada y el cuello del útero es más o menos permanente en cada una, y varía de mujer a mujer. Por eso un coito placentero implica un pene de “nuestra talla”. Lo que para algunas es un tamaño perfecto a otras puede parecernos excesivo y llegar a lastimarnos; lo que para unas es muy poco, para otras está hecho a la medida.

Mientras escribo estoy mirando una serie de fotografías en primer plano de varias vaginas reales y me sorprende ver lo diferentes que son. Labios más grandes, otros más pequeños, clítoris prominentes, otros no tanto, con y sin vellos. Trato de ubicar la mía en alguno de los modelos y no lo consigo: sería como un poquito de ésta y otro poquito de aquella. Entonces me pregunto si las personas que amamos podrían reconocer nuestras vaginas o nuestros penes (que se supone deben conocer tan bien) en una fotografía. ¿Podrían ustedes?

Sofía

NOTICIA: La primera semana de junio tendrá lugar el lanzamiento oficial de mi libro “El Sexo de Sofía”, evento en el que espero conocerlos a tod@s ustedes. Ya les contaré los datos precisos.

sofia.acalantide@gmail.com

…OTRO MUNDO ES POSIBLE…

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