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Los colombianos acostumbramos a programar con tiempo nuestras protestas. La de la semana pasada, por mencionar solo una, incluía la toma de la vicepresidencia de la República.

La toma se cumplió el día señalado. Y haciendo lo que debía hacer: apartar de su labor a la vicepresidenta, y violar así su derecho al trabajo…Al trabajo inútil, por cierto.

Martuchis oyó el alboroto y, fiel a su costumbre, no entendió qué ocurría. Tras el esfuerzo mental de sus asesores comprendió al fin que era una rebelión. Una revuelta de estómagos de estratos 5 y 6 contra la inequidad arrocera reinante.

Una repentina protesta que, como ya se dijo, sacó a Martuchis de su principal función vicepresidencial, que, como bien sabemos, consiste en procurar meter la pata cada vez que habla.

Y cada vez que reza. Y reza ella tanto, que el Estado le paga, no por trabajar, sino por orar a la virgen de Chiquinquirá. A una virgen que quisiera protestar por tan insistente martirio, pero que, como se ha comprobado, no está en capacidad de hacerlo.

Para decirlo en palabras de ella misma, una atenida esta vicepresidenta. Atenida de la mundialmente boyacense virgen de Chiquinquirá, que es, sin duda alguna, la funcionaria más eficiente de la actual Vicepresidencia.

Pero sigamos con la protesta. Separada de su orar, Martuchis pierde su única herramienta de gobierno: la virgen de Chiquinquirá. Entonces atiende, sola, la rebelión. ¿Lo hará a lo tonto? No. Prefirió, en cambio, hacerlo a lo tolondro. Muy poquito, en realidad.

La revuelta decide atacar. Carga contra los mercados que compra y regala el Gobierno. Afirma que el valor de compra del arroz que hay en ellos amenaza con derribar uno de los pilares esenciales de nuestra democracia: el arroz con huevo frito.

Y argumenta luego: “Mientras los buches de estratos 2 y 1 disfrutan del arroz que el gobierno compra a $20.000 libra, los cultos estómagos de estratos 5 y 6 debemos soportar un arroz que ni en su mejor momento cuesta más $3.000 libra”.

Y remata: “¿Por qué nos privan de arroz tan enriquecedor como lo es el arroz gubernamental? Esto es injusticia arrocera. ¡Haga algo por acabarla!

Martuchis enfrenta el asunto, prometiendo:

“Primero exaltaré, mediante ascenso, la contribución del buche colombiano al desarrollo del hambre nacional. Lo haré ordenando que los buches asciendan con honores al grado de estómagos.

«Luego, y para alcanzar la igualdad arrocera, otorgaré a los estómagos de estratos altos un derecho fundamental: el derecho a pagar $20.000 o más por una libra de arroz común”.

La protesta vuelve a la calle. La virgen de Chiquinquirá, a la solución de los problemas que la vicepresidenta le encomiende en sus oraciones. Y Martuchis, a lo de siempre: a apropiarse de los logros de la virgen, y a publicarlos luego como suyos.

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En vida laboral, Hugo Molano Rojas hizo a veces de ingeniero industrial y a veces de periodista. Hoy en día es un ciudadano a sueldo de una de las pocas empresas que patrocinan el último ocio: Colpensiones.

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