Cerrar Menú Blogs
Las opiniones de los blogueros son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.
Profile image

Ingresa o regístrate acá para seguir este blog.

Seguir este blog

Llegamos al apartamento de Ramiro antes de la media noche. Allí se encontraban varias parejas, incluyendo la esposa del anfitrión, una mujer de cabello corto que me recordó a Valentina, la ilustración de Guido Crepax. Ella vestía una malla de encaje que dejaba traslucir la sombra de sus pezones y llevaba puestos unos tacones resaltaban su curvilíneo empeine. Era verdaderamente atractiva. Cualquier hombre la quisiera para gozar con ese encanto. Al llegar, Valentina nos acogió con amabilidad.

-Buenas noches.
-Mucho gusto, soy Petra y él es Andrés.
-Soy Alicia –contestó-. Y son bienvenidos a mi casa y a nuestra fiesta.
-Gracias por la invitación, recibí el email hace unos días.
-Claro que sí, adelante, quedo a tus órdenes

La imaginada Valentina ahora era Alicia, como salida de un país de las maravillas, el país de las maravillas sensuales.

Lo normal es que la gente venga a una fiesta swinger para no mentir. Según la web de la North American Swing Clubs Association (Nasca) el objetivo de estos encuentros con otras parejas, es evitar caer en la trampa del sexo por fuera de la pareja. Evitar el engaño. Según la misma asociación, más de la mitad de matrimonios comunes practica la infidelidad secreta. Nada, entonces, como los honestos swingers.

Aunque no tengo nada serio con Andrés, me intriga esta aventura conjunta, esta libertad sexual que surge del consenso, este supuesto ¨adulterio¨ frentiado y disfrutado. Pero yo creo que esto es solo parte de la explicación. Y lo creo, porque, entonces ¿qué hacemos Andrés y yo acá, sabiendo que no tenemos nada serio entre los dos? ¿Por curiosidad? ¿Por deseo? ¿Por vicio? Ni sé. Lo mejor era seguir el camino trazado por la sed infatigable que tenemos los seres de esta raza intranquila, inteligente y lujuriosa.

La sala era profunda y ancha, con luces tenues y contaba con 3 grandes sofás. Una chimenea que hacía el ambiente mucho más favorable para el llamado de Eros. Raúl y Laura estaban en toalla, eran los más adultos y desde hace 3 años participan de las fiestas que organizan. Nubia y Manuel son novios y suelen intercambiar con Alejandro y Juliana, una pareja de esposos swinger desde hace 10 años, que en medio de trago y trago nos socializaron con los demás y nos ofrecieron algunas copas.

El anfitrión nos invitó a tener una ropa más cómoda. Andrés y yo nos dirigimos a los baños y dejamos nuestros vestuarios a un lado mientras cubrimos nuestra desnudez con una diminuta toalla. La sala era el espacio de socialización, lugar infaltable en estos ambientes, pues aquí una no viene a acostarse con la primera pareja que encuentra, sino con aquella con la que siente confianza.

Ir a un lugar swinger no significa que el sexo sea un deber, muchos van de mirones, otros de curiosos y otros simplemente no encuentran la pareja con la que sienten química. Lo bueno de las fiestas privadas, a diferencia de los bares swinger, es que muchas de las personas que asisten, asumen el intercambio de pareja como un estilo de vida, son swingers por vocación y gusto, no por curiosidad o novedad.

En una de sus crónicas Gabriela Wienier escribió: “Georges Bataille decía que es un error pensar que el matrimonio poco tiene que ver con el erotismo sólo porque es el territorio convencional de la sexualidad lícita. Lo prohibido excita más, eso se sabe, pero los cuerpos tienden a comprenderse mejor a la larga: si la unión es furtiva, el placer no puede organizarse y es esquivo. Imagino que los swingers no le darían crédito al francés Bataille cuando además escribió: «El gusto por el cambio es enfermizo y sólo conduce a la frustración renovada. El hábito tiene el poder de profundizar lo que la impaciencia no reconoce». Para la mentalidad swinger, un matrimonio es impensable sin fiestas, sin otras parejas, sin una visita eventual a un club de intercambio. Yo imaginaba que éste sería un templo de sofisticación y placer al estilo de Eyes Wide Shut, la película de Kubrick.”

Pero lo que ocurre dentro de un club swinger no se parece tanto a esas escenas de glamour y lujuria que la gente suele imaginar desde afuera. Para empezar, está lleno de cuerpos comunes y corrientes, en donde no falta una que otra chica siliconada. Tampoco es esa utopía de la paridad que quieren vender los políticos swingers: un mundo repleto de gente con fantasías para compartir y cuyo fin es reducir los índices de divorcios. Lo que dicen las cifras es que los divorcios son más comunes entre parejas liberales. ¿Y? A los swingers esto no parece importarles.

Llegamos a la sala nuevamente, Ramiro me invitó a bailar y Alicia tomó la iniciativa con Andrés. Después de unas cuantas canciones ya era evidente la química entre los cuatro. Ramiro no estaba del todo mal y Valentina, perdón, Alicia, me llamó la atención desde el principio. La química no se hizo esperar y la confianza que nos brindaban me hacía sentir como si hace rato nos hubiéramos conocido. Nubia, Manuel, Alejandro y Juliana ya se habían ausentado, estaban en una de las habitaciones y ya me empezaba a animar.

-Andrés, -Susurré-,  a mi me gustan Ramiro y Alicia. ¿Qué dices?
-Tú sabes que no tengo problema, querida.

Andrés me dijo que Alicia le parecía una mujer amable y le brinda confianza. Su esposo también.
A pesar de tener el cuidado de hablar en voz baja, cuando Andrés terminó de responderme, Alicia me pasó su copa y me ofreció de su trago.

-¿Vamos al cuarto? –nos preguntó.

Mientras nos miraba con intensidad, cogió la pierna de su esposo, demostrando una especie de aceptación de esta fiesta por parte de él. Andrés y yo nos miramos, y sin reparos respondí:

-Claro que si- contesté-, justamente estábamos por proponerlo.

Andrés asintió. Él conoce mis escasos límites y yo los suyos. Antes de haber acordado venir a esta fiesta o encuentro privado, ya habíamos hablado y puesto en práctica, lo que nos gusta y lo que no. Pese a que ambos somos muy abiertos con nuestra sexualidad, tenemos nuestras reservas. Por ejemplo, Andrés no es bisexual, ni bicurioso, ni heteroflexible. Nada de eso, por el contrario es muy heteroaburrido para mi gusto, por lo tanto, yo sé que no tendrá ningún acercamiento con Ramiro. Tampoco le gusta ser sometido en público, las prácticas sadomasoquistas las disfruta en privado. De mi parte, no me gusta sentirme presionada a hacer algo que no quiero y no me gusta tener sexo mientras estoy borracha.

Otras parejas, tienen más restricciones que nosotros al momento de intercambiar. Por ejemplo, hay unas que sólo se dan besos entre ellos, y no permiten los besos con las otras personas, otras que esperan que su esposo sólo eyacule con su pareja y no con las otras mujeres. Hay otras parejas, que sólo permiten que sean las mujeres quienes tengan relaciones sexuales entre ellas, mientras los hombres las miran o sólo pueden ser penetradas por su pareja en una especie de trío. Existe un sinnúmero de reglas en este mundo que parece tan liberado, y es que justamente la libertad sexual implica el consenso con los otros o las otras, y los consensos implica reconocer al otro con sus particularidades eróticas.

Los jadeos de la alcoba se incrementaban mientras nosotros nos acercábamos. Alicia abrió la puerta…

OTROS ARTÍCULOS DE ESTE BLOG:

LAS MENTIRAS DEL PORNO

GIMNASIO DE VAGINAS

LOS ESPERO A TODOS EN MI TWITTER: @petra_santa

UN BESO!

HASTA DENTRO DE OCHO, QUE VENGA CON OTRA DE LAS HISTORIAS DE EN LA CAMA CON PETRA

(Visited 6.031 times, 1 visits today)
PERFIL
Profile image

Soy periodista y me gustan los hombres maduros, pero a veces se me va la mano, porque hay unos pollos que mejor dicho... A todas y a todos, les mando un besito. Quedan cordialmente invitados a leer.

    Sigue a este bloguero en sus redes sociales:

Más posts de este Blog

Ver más

Lo más leído en Blogs

1

Este horóscopo se basa en las 30 cartas del oráculo “Ángeles(...)

2

Aunque un poco más lento, si es posible adelgazar tomando pastillas anticonceptivas(...)

3

El 26 de abril de 1986 ocurrió en la antigua Unión(...)

0 Comentarios
Ingresa aquí para que puedas comentar este post
Reglamento de comentarios

ETCE no se responsabiliza por el uso y tratamiento que los usuarios le den a la información publicada en este espacio de recomendaciones, pero aclara que busca ser la sombrilla de un espacio donde el equilibrio y la tolerancia sean el eje. En ese camino, disponemos de total libertad para eliminar los contenidos que:

  1. Promuevan mensajes tipo spam.
  2. El odio ante una persona o comunidad por su condición social, racial, sexual, religiosa o de situación de discapacidad.
  3. Muestren o impulsen comportamientos o lenguajes sexualmente explícitos, violentos o dañinos.
  4. Vulneren o atenten contra los derechos de los menores de edad.

Además, tenga en cuenta que:

  • - El usuario registrado solo podrá hacer un voto y veto por comentario.
Aceptar
¿Encontraste un error?

Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.


Debes escribir el comentario
¡Gracias! Tu comentario ha sido guardado
Tu calificación ha sido registrada
Tu participación ya fue registrada
Haz tu reporte
Cerrar
Debes escribir tu reporte
Tu reporte ha sido enviado con éxito
Debes ser usuario registrado para poder reportar este comentario. Cerrar