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Primera parte. 

Sus ojos se abrieron lentamente con la mirada fija en la ventana, la persiana a medio abrir mostraba que ni un rayo de luz salía aún. Los recuerdos llegaban poco a poco a su mente, se notaba una mirada triste y desesperada y yo era la única que la acompañaba y sabía la causa de su dolor, la relación con ella no había sido la mejor, pero yo la quería mucho, igual era mi hermana.

En una época estuve enamorada de él, cuando veía fotos y por supuesto al verlo en persona también, pero yo era más pequeña y él se fijó fue en mi hermana, la diferencia de edad era menor y el hecho de que ella era hermosa, toda una mujer ya, yo apenas era una niña. Envidia sí que le tenía a Carolina, pero escuchaba en la misa del domingo y el padre decía que eso era pecado y más con la familia, entonces le seguía teniendo envidia pero la disimulaba, me repetía en la cabeza todo el tiempo: “es su hermana, no sea envidiosa y egoísta”. En el fondo más que envidia se fue convirtiendo en admiración, pero eso fue con el paso del tiempo, en esa época era pequeña y no lo entendía de esa forma.

Recién llegó él, solo deseaba que me mirara aunque fuera un poquito y no se quedara como hipnotizado con Carolina. Celos que no mostraba por miedo a sonrojarme frente a él por algún comentario o burla de mis papás.

La primera vez que vino Juan Camilo, estábamos de pocos años y recuerdos de eso ni tengo, solo me han contado que hacía llorar a Carolina porque todo el tiempo le ganaba en juegos infantiles, pero es que él era mayor. Las cosas no cambiaron mucho, luego la seguía haciendo llorar pero ya por otras cosas, ya eran cosas del corazón. La vez que más recuerdo de sus visitas es en la que yo tenía unos 12 y mi hermana 17 y él 19 años claro que desde ahí siguió viniendo más seguidito y mi mamá feliz porque cuando venía le traía plata para la casa.

No sé por qué dejó de pasar tanto tiempo desde su última visita para volver como todo un hombre, ya 19 años y tan atractivo y sencillo como siempre lo había descrito la familia. Creo que no había vuelto por el estudio, porque plata de seguro no era. Sus ojos me encantaban, con esas pestañas largas y negras, la mirada aún de un niño inocente y las pupilas brillando de alegría, de vigor.

No, creo que así no era el inicio de esta historia. Por esas cosas no iba yo a comenzar esta historia, me distraje un poco, y tristemente no sé muy bien cómo o por dónde comenzar.

No, creo que así no era el inicio de esta historia. Por esas cosas no iba yo a comenzar esta historia, me distraje un poco, y tristemente no sé muy bien cómo o por dónde comenzar.

Mi mamá era muy dura con Carolina, le pegaba mucho y aunque eran golpes que no pasaban de una cachetada, a veces la castigaba con la comida y era aún más triste como la trataba, a mí no tanto porque era la más pequeña y como mi abuelita estaba enferma muy seguido en esa época, me mandaba para allá y, mi abuelita era un amor, siempre preguntaba por Carolina pero solo por saber cómo estaba porque igual estaba de acuerdo con que la mayor se quedara ayudando a la mamá.

Mientras yo disfrutaba con mi abuela casi todo el día y todos los días, iba ya entrada la tarde donde mi mamá y me daba cuenta como le gritaba y le pegaba a mi hermana. Yo me mantenía en silencio y aún no sé por qué lo hacía.

Mi papá llegaba en la noche y era como un respiro para mi hermana, la consentía mucho y a mí también pero naturalmente yo no lo necesitaba tanto como ella. Eso pasó hasta la llegada de Juan Camilo, por eso se querían tanto esos dos y a pesar de todo, la tragedia no pudo evitarse.

Recuerdo que una tarde por accidente escuché que Carolina le hablaba Papá y le contó como la trataba mi mamá, sin muchos detalles claro, pero tuvo el valor luego de tanto tiempo de hablar y mi papá la consintió mucho, pero le contó a mi mamá por esas cosas de la confianza y porque creyó que mi hermana estaba exagerando.

Lo malo es que el día siguiente fue peor y Carolina perdió cualquier impulso para volver a hablar, me preocupaba porque dejó de salir con las amigas del pueblo, se enfermaba mucho y en el colegio ya ni le iba muy bien, la sonrisa se le perdió por un tiempo, hasta que llegó Juan Camilo.

Me pregunto por qué no se quitó la vida en esa época, si yo hubiese estado en su lugar lo hubiera hecho, estoy segura de que lo pensó por lo menos. En un lapso de un año, sus manos ya eran huesudas, a pesar de ello, los hombres del pueblo se enloquecían al verla, eso generó envidia en las mujeres, muchas le dejaron de hablar y otras lo hacían por hipocresía o interés en cambio los hombres que le hablaban lo hacían con otros intereses.

Ahora que lo recuerdo todo, me da aún más tristeza, la ropa ni que decir, en eso si nos iba mal a las dos, pero a ella se le veía muy bien todo lo que se ponía por lo alta y delgada, a mí sí me molestaba porque mala ropa y yo bajita, medio gordita, no servía mucho y yo si me arreglaba la cara desde pequeña, porque esa hermana tan bonita me tenía medio acomplejada, ella hasta sin maquillaje tenía una cara perfecta, me acuerdo que cuando vino Juan Camilo si se arregló, por lo menos las pestañas sí se las volvía crespas y daba un poquito de color a sus labios.

Sonó el teléfono uno de esos días de vacaciones donde me tocaba ayudar en la casa y a Carolina se le duplicaba el trabajo, ese teléfono a parte de cumpleaños o malas noticias nunca sonaba, pero ese día llamaron para saber si Juan Camilo podía venir al pueblo y quedarse un tiempo de sus vacaciones, mi mamá no dudó ni un minuto porque una platica extra si que le hacía falta.

Después de eliminar de mi mente las posibles razones de la llamada, Carolina y yo nos miramos y mi mamá solo gritó que Juan Camilo venía, yo me alegré en medio de mi inocencia, siempre había sido como un amor platónico para mí.

Después de eliminar de mi mente las posibles razones de la llamada, Carolina y yo nos miramos y mi mamá solo gritó que Juan Camilo venía, yo me alegré en medio de mi inocencia, siempre había sido como un amor platónico para mí. Mi hermana por su parte no mostró mayor reacción ante eso y mi mamá ya se veía contando los billetes uno sobre otro. Hace unos tres años que no lo veíamos.

Como dos semanas después de estar arreglando entre todas la casa para que pareciera decente y no se sintiera la pesadumbre que la albergaba día a día, llegó el momento tan esperado. Cada vez que venía él, yo me la pasaba más en la casa que donde mi abuela y a mi hermana la trataba un poco mejor mi mamá.

El teléfono sonó de nuevo y era él, avisando que ya casi llegaría al paradero de buses, que le dieran las instrucciones para llegar o que pasara alguno por él. Mi mamá aprovecho para empezar a robarlo, mandó a un amigo suyo a recogerlo y le cobró el triple para repartirse la plata y aunque no era mucha, mi mamá mendigaba por cualquier centavo. Nos vistieron mejor de lo normal ese día, con ropa de la que guardábamos para eventos especiales o para cuando llegaba visita de otros lados, como era el caso.

La puerta sonó y la ansiedad se apoderaba de mí, quería verlo otra vez, mi hermana disimulaba más pero sé que estaba igual que yo. Entró algo tímido cuando papá le abrió la puerta, como si quisiera comprobar si era un error o si era la casa correcta. El mismo lugar que había abandonado hace algunos años, tal como lo había dejado, deprimido y horrible. Ahora sé que es horrible porque he salido y conozco el mundo mucho más. Sé que esa vida no era la mejor, he salido gracias a Juan Camilo pero esto se debe a su cargo de conciencia, no quiere que termine igual que mi hermana y por eso me está pagando hasta el estudio, es como mi padrino a pesar de que siempre lo he querido como hombre. Una vez casi nos besamos por iniciativa mía y mucho después de la muerte de Carolina. Él no quiso, pero casi. Eso es que todavía piensa en ella y de nada le va a servir solo va a lograr amargura toda la vida.

En fin, estaba en el día en que llegó a la casa. Mi mamá de una vez lo sentó en la mesa, le trajo jugo y panes de bocadillo. Juan Camilo nos saludó a las mujeres de beso en la mejilla, todas quedamos encantadas y a mi papá lo saludó con un apretón de manos, eso le dio una buena impresión a la familia en general, entre mis papás lo bombardearon con preguntas del viaje y de cómo estaba la familia, hasta ya entrada la noche lo dejaron en paz.

Carolina lo miraba como si ese hombre fuera el conquistador de un país entero, cada cosa que decía la deslumbraba más, en realidad nos deslumbraba a todos.

Esa noche me dio algo más de frío porque tuvimos que compartir las cobijas con Juan Camilo, pero a mi hermana le gustaba el frío entonces ni se levantó, por mi parte me desperté en repetidas ocasiones y veía que Juan Camilo tampoco dormía mucho. Se distraía mirando dormir a Carolina. ¡Que tiempos aquellos!

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PERFIL
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Daniela Castillo Manosalva es comunicadora social con énfasis en educación de la Universidad Santo Tomás. Empezó su carrera en diferentes espacios radiales, de allí se dio paso al mundo de la televisión, fue periodista y presentadora de la sección de cultura en City Noticias y productora de Invitados y libretista del Programa Bravissimo de CityTv. Sin embargo, su gran pasión siempre fue el mundo de las letras, así que se alejó de las pantallas para ser parte de Panamericana Editorial, lugar donde trabaja actualmente mientras cursa un máster en escritura creativa en la Universidad de Salamanca, España.

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