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Hay religiones que no necesariamente viven de los diezmos monetarios. Así como los deportes o la política, en la cultura también se fabrican idolatrías. Partiendo de esa consideración y tomando en cuenta lo que sucede cuando el fanatismo llega a extremos ¿qué es lo que pasa con Suicide Squad (Escuadrón Suicida), el reciente estreno cinematográfico de Warner Bros y la legendaria fábrica de héroes DC Cómics?

En una época, moría por los icónicos personajes de Superman y Batman. Tuve la lonchera de los Superamigos, y como casi todo niño, alimentaba la fantasía de reunir poderes o habilidades extraordinarias para salvar al mundo todos los días durante seis o siete años de infancia. No creía en la existencia de la hoy llamada cultura geek. Viví las aventuras de los personajes que conocí por la televisión, como les habrá pasado a algunos.

¿Denny O’ Neil? ¿Frank Miller? Nooo, nada de eso. La historia detrás de las recreaciones más emblemáticas de los “manes” diseñados por Jerry Siegel & Joe Shuster y Bob Kane era física cuántica para mí, así como la enervante cantidad de vueltas a los orígenes y mundos paralelos que pretendían “ampliar el universo” en donde solo faltaba tener babybatmans, Superman para abuelitas y todas las posibilidades de villanos cuyo único propósito era destruir la tierra o ser sus amos (¿?) Esa lógica me alejó de los cómics y sus desarrollos posteriores, incluyendo los cinematográficos, se convirtieron en mera anécdota. Pero ello no me convierte en un analfabeta cómico. Simplemente me mareaba tanta vuelta al inicio para explicar lo ya explicado, para hacernos creer que la ficción no podía ser más ficcionada. Un ejercicio eterno de redundancia, por muchos matices creativos que innovaran.

El empujón de Marvel en el cine en el nuevo milenio tampoco cambió mi percepción hacia el mundo del cómic. Ires y venires de los personajes en cualquier plataforma, contando la vida hasta del perro del Capitán América me parecen excesivos, aunque con mayor coherencia en su propósito y estilo. Pirotecnia pura, como cuando se hace espuma en la tina del baño. Divertida y efímera. Mientras más espuma ves más ganas tienes de sumergirte… hasta que se diluye y solo encuentras agua jabonosa.

Por contraste, algunas de las películas que recreaban “el universo DC”, pecaban por sesudas, pero con un agudo interés en humanizar los arquetipos y armarlos de soberbia, cinismo o ambigüedad. La era Nolan llegó para darle sobriedad a los infames recuerdos noventeros de la historia de Batman y mostrarnos un antihéroe en toda su dimensión con antagonistas no muy distantes de ellos. Fue el antes y el después en la manera de relatar sus odiseas sin hiperralismos, con la dosis suficiente de irrealidad. Ciudad Gótica (y no el mundo) ¿necesitaba un paladín de la justicia o reconvertir sus bases morales? Allí está la gracia de la única historia que me ha gustado. Luego llegó Deadpool (justamente de la competencia) plasmando un antihéroe más cercano a un tío borrachín y vulgar que a un ejecutivo impoluto ¡Cuáles heroísmos! ¿Un planeta que salvar? ¡Bah, no sin antes unos tequilas!

Suicide Squad parecía la dici-respuesta a ese movimiendo marveliano. Desde los coloridos afiches se advertía una historia desenfrenada, menos prejuiciosa y con las licencias propias de una pandilla conformada por “los malos más malos”. Empezaron los teasers, trailers y fotos en redes sociales del director David Ayer de la carta promocional (nótese la ironía) de la cinta: una reinterpretación del personaje del Joker, encarnado por el versátil actor y cantante Jared Leto. Casi al tiempo despuntó la sensualidad pseudopornográfica de Harley Quinn (esperen registros civiles con esta marca) y la avalancha de cosplayers que recorrerán las calles en octubre. Toda una calculada estrategia de marketing que esperaba inclinar la balanza a su favor tras la vapuleada Batman Vs Superman. Ni los casi 900 millones de dólares recaudados valían la burla de la que fue objeto, por lo que la consigna era no repetir esa humillación.

El cómic original de John Ostrander reunía las condiciones para ser la siguiente bala de cañón de celuloide en este decenio plagado de segundas, terceras y quintas partes de mitologías cansinas. Pues bien: salieron las primeras críticas en Estados Unidos y Rotten Tomatoes casi tuvo que pedir asilo político en la finca de Heidi. Y en Estados Unidos la crítica ha coexistido con la industria creativa desde casi sus inicios, así que ¿cuál es el escándalo? Ante todo una reseña cinematográfica es una perspectiva de una persona que reúne ciertos conocimientos para brindar una apreciación en niveles que van desde lo estructural hasta lo interpretativo.

Ahora bien, si predomina la pasión, es básicamente un comentario personal, y los comentarios personales también revelan algo. En España crearon Film Affinity, donde el público califica y opina sin problema. No es un misterio que si coinciden crítica y público (tanto en share of voice como en recaudación) estamos frente a un verdadero clásico. Fue el caso de The Dark Night. Sí es posible crear productos entretenidos y con sentido, sin inclinarse a favorecer a un lado o al otro. Es igual de aburrido el cine pretencioso al cine que se conforma con copiarse a sí mismo y pegar escenas de un millón de dólares, cual película de El Hombre Radioactivo.

Como siempre digo, es importante entender el contexto, y en el caso de la realización de Suicide Squad, los tropiezos estuvieron a la orden del día, como lo reseña The Hollywood Reporter. En la legendaria contradicción entre la visión del director y la de los empresarios puede rastrearse el argumento de la crítica hacia el resultado finalmente exhibido en estos días.

Por el momento, las críticas en Iberoamérica son eco de lo que sucedió en la Unión Americana. Así como pasó con la demoledora “mierda” de Peter Travers en Rolling Stone, GQ España, En Filme y Salón del Mal de México y hasta la Revista Arcadia de Publicaciones Semana, por dar algunos ejemplos, no tuvieron empacho en calificarla como ‘decepción’, siendo benevolentes. Entonces ¿son paranoias de críticos? ¿Ganas de figurar? Puede haber algo de eso, no lo dudo, pero lo cierto es que la industria sin buena crítica es autocomplaciente y falta de sensatez. Pura espuma.

Cierro con lo que me ha parecido la mejor reflexión sobre nuestros apasionamientos frente a la crítica cinematográfica expresada por Emmanuel Báez, editor del portal paraguayo Cinéfiloz, del cual extraigo esta frase:

“Si les interesa la crítica, si les interesa debatir y no despotricar ciega e inmaduramente, entonces vayan más allá de los símbolos, las calificaciones y las estrellas, y lean. Lean y comenten sin insultar ni sentirse superiores”.

@juanchoparada

juanchopara@gmail.com

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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

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5 Comentarios
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  1. En ese punto, discrepo. La crítica de cine parte de una supuesta superioridad intelectual, a partir de la cual sus palabras son relevantes para influenciar al público destino, algo que ha venido convirtiéndose en un ejercicio de reafirmación para quienes tienen mayor divulgación de sus opiniones: tenemos a críticos entonces en un rol moralmente superior al de directores, actores, productores, lo cual es perjudicial para el desarrollo del diálogo entre audiencia y las industrias culturales. Si la crítica como actividad se mantuviera como un ente de expresión y no de influencia, sería un punto de referencia; pero al ser una autoproclamada guía infalible para distinguir entre buen y mal producto cultural, tarde o temprano serán rechazados por la audiencia a la que pretenden guiar, como en este caso.

  2. juanchopara

    patriota1 la crítica seguirá haciendo su trabajo, honestamente o no, en ese sentido será una referencia…del resto cada quien formará su opinión, misma que puede moldearse adecuadamente pues resulta que existe algo llamado formación de públicos, argumento a lo que se recurre a la hora de justificar por qué no vemos cine nacional…

  3. Lo siento mucho Juancho, pero la era de los críticos, esos personajes que ganan crédito por hablar del trabajo de otros, ya quedó muy atrás: murió al acabarse la edad del odio en internet, ese odio que ya se enzarza con cualquier tema. Y los columnistas que aún hacen de ésta su vida, ya sea en la dinosáurica Rolling Stone on los neohipsters de Slashfilm cada vez son menos leídos, cuando no ignorados. A prenderle velitas a Roger Ebert, les digo a los críticos de esquina.

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