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La televisión privada sigue empeñada en su invariable juego de imitación. No obstante, en los últimos tres años le ha traído mejores resultados al Canal Caracol. Su competencia, el Canal RCN, lo ha intentado todo: de resucitar una y otra vez programas de baile, reencauches o programas de supuesta telerrealidad, hasta narcoseries o comedia popular… pero no despunta definitivamente.

Tras el descalabro de El Comandante, que reseñé a inicios de este año, en esta ocasión hay que reconocer la apuesta por La Ley del Corazón, una telenovela ideada por la talentosa libretista ya fallecida Mónica Agudelo, mezcla de drama legal con historias colombianísimas. Pues ocurrió lo que hace rato no pasaba: si bien solo hasta su final se encumbró en la cima de las mediciones, peleó con dignidad con armas muy potentes: un buen casting, resaltando la química en los personajes masculinos al estilo de la serie Hombres, temas de actualidad como la violencia de género o la adopción por parte de parejas del mismo sexo y un argumento central que mezclaba el romance de los protagonistas con la resolución de un crimen que involucraba al antagonista.

Como melodrama alejado de la tendencia actual de bionovelas y narcohomenajes, restauró momentáneamente la posición que alguna vez tuvo la telenovela colombiana la industria, respaldado por cientos de fans que además seguían los perfiles creados en Twitter a los principales personajes. Lidió con su principal lunar, el tratamiento de algunos temas jurídicos, que fueron objeto de críticas por parte de expertos, y tuvo ante sus cámaras el más grande desfile de actores y actrices invitados de la televisión nacional.

En ese orden de ideas ¿era necesario el anuncio de una “segunda temporada”? ¿Después de 131 capítulos? Dirán que soy anacrónico pero la industria tampoco es estúpida. A duras penas tenemos verano e invierno en este país y todavía nos parqueamos en el arribismo tropical de creernos Hollywood. Claro, con la mala costumbre de Telemundo de hacer “temporadas” eternas de sus superseries, qué se podía esperar.

Pero los errores no vienen solos. ¿Estrenan el formato Soldados 1.0, un morboso divertimento con el Ejército Nacional de decorado, y enseguida lo acompañan de No Olvidarás Mi Nombre, la versión “rcneista” del proceso de paz firmada por Fernando Gaitán?  Más interesante resulta el reciente choque entre el noticiero del canal con las Fuerzas Militares por cuenta de una presión indebida que este curioso matrimonio de reality + respuesta a La Niña caracolera.

¿Y qué es No Olvidarás mi Nombre? Si nos dieran tiempo de leer las explicaciones que anteceden la emisión de los capítulos o la despedida hasta entenderíamos para dónde va la propuesta. Ahí está el principal error. Como el Canal RCN no ha consolidado sus franjas ni conoce bien a su audiencia, experimenta con lo que cree que puede funcionar sin tener en cuenta los hábitos de su público. Es importante contar todas las historias detrás de nuestro conflicto armado, por aquello de la memoria y la reconciliación, pero hay que saberlas venderlas, que la gente se enamore de ellas, y programarlas adecuadamente. La gente aún quiere abstraerse de nuestra dolorosa realidad y lo último que esperaba es una nueva lección dramatizada sobre las víctimas de la violencia, que estaba mejor en el horario de las diez de la noche ¿Por qué no mantener en la franja un producto en el mismo tono que la Ley del Corazón? Por lo pronto sabemos que el yuppie interpretado por Iván López se untará de esa realidad buscando a la mujer que le robó el corazón pero que está involucrada en el secuestro de un menor de edad  cuya familia  es comandada por un patriarca sospechosamente inspirado en cierto expresidente. Para resaltar: las grabaciones en exteriores y la música del cabezote.

Para colmo de males, la ya acostumbrada engavetada de productos trae como consecuencia la triplicación de los actores en el prime time, hasta en la competencia. El Iván López de “No Olvidarás…” parece la continuación de su Nicolás de “La Ley”. Andrés Toro solo cambia de peinado entre esta y Venganza, amén de Susana Rojas, quien también aparece en ambas producciones. Eso que no contamos el exceso de Lina Tejeiro de la semana anterior, pues estaba disponible para todos los gustos: como aspirante a amazona militar, abogada cursi y sexy asistente ¿Le alcanzará para premio de la Academia?

Como sea, el Canal RCN patea la lonchera y volverá a desesperarse con los números, pues ni los partidos del torneo colombiano le empujaron su deseo de estar en la cumbre más tiempo. Debería investigar un poco más, pues Caracol está cómodo con su desfile de historias costeñas ¿No lo habían notado? Una de las regiones con más dificultades de acceso a internet y energía eléctrica se ve resignada a engullir lo que le mandan de Bogotá (salvo la honrosa excepción de La Niña Emilia) dándole una clara ventaja al canal de la Floresta. ¿Por qué no miran más bien cómo pelearle la audiencia en el Caribe?

Y un consejo adicional: cuiden las declaraciones de su personal. Tras el bombo de su campaña “Soy Periodista”, el sarcasmo empleado por el presentador Felipe Arias en un video que ya nos sabemos de memoria constituye un patinazo monumental, que solo arruina más la credibilidad del canal y desacredita el doble a una profesión que no necesita esos “defensores”.

 

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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

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