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Ricardo Villafañe, Rey Arhuaco en la Sierra Nevada de Santa Marta

1 millón de voces por la Sierra es una iniciativa del Rey Arhuaco, quien, a través de la música, quiere hacerse escuchar ante el mundo para la preservación de la Sierra Nevada de Santa Marta, su territorio, lugar sagrado para el planeta entero. Esta es la historia de Ricardo Villafañe, un acordeonero que está participando como aficionado en el Festival de la Leyenda Vallenata en su versión número 51 en homenaje a Carlos Vives, el cual se llevará a cabo durante los días 26 a 30 de abril del presente año en la ciudad de Valledupar. Sobre todo, es una historia que busca alzar las voces a favor de la Sierra Nevada de Santa Marta, ante las crecientes amenazas para este territorio por diversos intereses de actores armados, así como otros de tipo económico y político que, poco a poco, los han ido desplazando de su territorio o bien, han deteriorado el ecosistema.

Ricardo bajaba de la Sierra con su padre, Vicente, desde muy pequeño para ayudarlo a cargar las compras que hacían cada vez que bajaban al valle (Valledupar). Tendría entonces unos 10 años cuando sucedió algo que cambiaría su vida para siempre. Como ellos bajaban siempre muy temprano, el pequeño no había escuchado nunca el acordeón pero un día, se les hizo tarde para regresar y con el calor, un viejo conocido por donde siempre pasaban, le ofreció una cerveza a su padre e hicieron una pausa en el camino. Se trataba del Turco Gil, maestro de acordeón y de una academia de música. Mientras descansaban, se podía escuchar la música vallenata de una casa de enfrente y a él le generó algo que le llegó al corazón, esa vibración que no tiene cómo explicarse pero que sube por el torrente sanguíneo, haciendo poner la piel de gallina. Él buscó el origen de este sonido y se asomó en la ventana de la casa y al notar esto, el Turco Gil siguió sus pasos y mientras su padre descansaba, le enseñó la academia y todos los instrumentos que allí conservaba. Le dio un acordeón de dos teclados y se generó una conexión que, sin imaginarlo, sería un romance para toda la vida. Su padre, mientras tanto, lo buscaba por todo lado preocupado y se enfadó al darse cuenta que estaba en la academia tan tranquilo con ese acordeón y se fueron. Antes de irse y al notar lo que había sucedido, el Turco le dijo, “¡serás un gran acordeonero!”.

Estas palabras calaron en él y mientras su padre lo regañaba, muy a pesar de la carga que llevaban a cuestas y del sol de mediodía, ese acordeón era lo único en lo que podía pensar. Su padre, al ver esto, le regaló un radio pequeño para que pudiera escuchar música vallenata y tiempo después, al notar el amor que le tomó al acordeón, le regaló uno que fabricó con cartón. El pequeño Arhuaco se lo tomó más que en serio y soñaba cantando y tocando a su público que, por ese entonces, eran unos cuantos chivos. Su padre le regaló, entonces, un acordeón de juguete, pero que ya sonaba, a diferencia del de cartón. Sentado junto a la radio, lograba, a puro oído, tocar sus canciones favoritas. Tenía un talento escondido y una pasión indescriptible.

Sin embargo, su padre nunca lo llevó a la academia del Turco hasta que un día, ya con 12 años y algo más maduro, lo enfrentó con su rebeldía y lo inquietó por no haberlo llevado nunca cuando este señor le había dicho que iba a ser un gran acordeonero. Su padre le reveló el porqué ya no pasaban más por el frente de la academia así tardaran más tiempo. El señor Vicente Villafañe, su padre, amaba la música vallenata y había estado desde la primera versión del Festival Vallenato cuando Alejo Durán había sido Rey. Pero no tenía dinero para comprarle un acordeón, o para que pudiese pagar un profesor y mucho menos su estadía en Valledupar. Ante esta confesión, resignado, Ricardo le pidió que lo dejase pasar por la academia por última vez. Fue entonces cuando decidió pasar a saludar al Turco Gil quien se sorprendió al verlo tras dos años. El joven indígena le contó su situación al maestro y contra todo pronóstico, le dijo que si él realmente quería, que se fuera a vivir con él en Valledupar, que él le daría comida y techo y le enseñaría a tocar el acordeón, porque creía en su talento y su capacidad.

Fue inevitable aceptar el ofrecimiento tanto para la familia como para el joven arhuaco. Y así fue que se inició en la vida como acordeonero. Para su familia fue duro, en especial para su madre siendo él el menor de sus hermanos. Es por esto que la familia juntó, con mucho esfuerzo, un dinero para comprar un lote y hacer una pieza para estar más cerca de su hijo y donde también pudiese dormir Ricardo. Recordar estos momentos de su vida, despierta nostalgia en él. Así, se fue haciendo este músico que, al preguntarle, me manifiesta que el vallenato ha sido un medio para muchas otras cosas importantes de su vida; aprendió a hablar bien el español, por ejemplo, lo que le permitió terminar su bachillerato e iniciar su formación profesional. Hoy, es contador público y especialista en gestión pública. También le debe al vallenato haber podido viajar y conocer el mundo y lo más importante, adquirir esa seguridad para llegar a las demás personas y poder conocer otras culturas, otras formas de pensar y de ver el mundo. Sobre todo, poder hablar a nombre de su tierra y poder defenderla a través de la música.

La campaña de 1 millón de voces por la Sierra es la forma en que Ricardo, el Rey Arhuaco, le canta al mundo para dar a conocer los Principios Culturales de la Sierra. De los Taironas descienden los grupos que actualmente habitan la Sierra, tales como los Koguis, Arhuacos, Wiwas y Kankuamos. Sus principios están fundamentados en el equilibrio ambiental y espiritual, bajo el direccionamiento de los Mamos, máxima figura de liderazgo espiritual para ellos. La importancia de su territorio, según su cosmovisión, se da porque para ellos, el planeta es un ser viviente, el cuerpo de la madre, que sufre con cada daño que se le hace y busca su sanación permanentemente. La Sierra Nevada de Santa Marta, entonces, es el corazón de ese cuerpo, que bombea la energía para equilibrar la vida y el espíritu del planeta, la que regula todos los excesos del hombre y sufre con cada herida.

Ricardo no busca alimentar un ego al participar en el Festival Vallenato, sí, quiere ser Rey, y ya ha quedado de segundo y de tercero en otras oportunidades, pero lo hace para elevar su voz como embajador de los indígenas Arhuacos y de la Sierra y llevar su mensaje en torno a la protección y fortalecimiento de su cultura, de las fuentes hídricas y de la protección de las tierras sagradas. Actualmente y según informe de Sostenibilidad Semana existen 132 títulos mineros vigentes y 244 solicitudes más en la Sierra Nevada de Santa Marta. Con respecto a las fuentes hídricas, se han reducido considerablemente y ríos como Manzanares, Piedras o Gaira, han perdido cerca del 70% de su caudal. El tradicional y reconocido río Guatapurí pasó de tener 11.200 litros por segundo de caudal, a 5.000 en tan solo dos décadas. La nieve es prácticamente imposible de ver, tan solo se puede apreciar una mancha blanca en la parte superior. La situación se agrava con la intención de crear una hidroeléctrica. Todo esto, acompañado de oscuros intereses económicos, políticos y de grupos armados ilegales.

Por esto lucha contra la corriente sabiendo que él solo debe asumir los gastos de los músicos que lo acompañen en la tarima, debe hacer publicidad para que la gente lo conozca, asumir transporte, alimentación y demás viáticos para todo el grupo, pagarles el tiempo de los ensayos, etc. Es decir, ser Rey Vallenato, así sea en la categoría de aficionados, requiere grandes inversiones, por lo que siempre busca patrocinios pero difícilmente logra cuadrar caja, lo que implica que dure pagando todo el año las deudas contraídas. Sin embargo, está convencido de que vale la pena, por eso ha adecuado su acordeón con los tejidos tradicionales y siempre se sube a la tarima con su traje tradicional, lo que ha logrado llamar la atención de la gente, conquistándolos, obteniendo su cariño, convirtiéndose, poco a poco, en una figura reconocida.

A Ricardo lo conocí gracias a Cristina Zapata Naranjo, una amiga que, junto con su esposo, se han radicado en Valledupar con el sueño de impulsar el turismo en esta ciudad. Inicialmente, montaron el Provincia Hostal, que lograron posicionar en guías como Lonely Planet, National Geographic Traveler, Petit Futé y TripAdvisor, entre otras, gracias a sus esfuerzos y altísima calidad, además de convertirse en un modelo a seguir al tener, en su momento, el principal punto de información turística de la región en la ciudad. Su rol dentro de la promoción del turismo de Valledupar, ha sido fundamental por lo que han recibido diferentes premios y distinciones. Ahora, han abierto otro establecimiento en Valledupar, llamado Casa de los Santos Reyes, con una decoración hecha con amor, llena de matas, preciosos jardines y unas habitaciones muy bien logradas, persiguiendo un concepto más boutique y con alta responsabilidad social y un sentido por la protección del medio ambiente que pocas veces se puede ver en otros establecimientos del mismo tipo.

Es así como en mi última visita a Valledupar, nos juntamos con Cristina, su esposo, Miguel, Ricardo y su novia, Diana, para ver uno de los espectáculos que está tomando cada vez más fuerza en la ciudad. Se trata de los conciertos en donde el protagonista no es el cantante reconocido por su gran voz, sino que se le está dando cada vez más importancia a los compositores, los poetas detrás de bambalinas de las más famosas canciones. En este caso, se presentaba Chiche Maestre, autor de canciones interpretadas por reconocidos artistas vallenatos como Diomedes Díaz, los Hermanos Zuleta, el Binomio de Oro, Jorge Oñate, entre otros. Una maravillosa velada al lado de un gran artista, un poeta, un mago de las letras. Valledupar se ha convertido en la vitrina de los músicos de la música vallenata desde hace años y es por esto que cobra tanta importancia triunfar en esta plaza y de ahí el anhelo de Ricardo por lograrlo, toda vez que a sus 29 años, ha ganado más de 40 trofeos en todo el país, además de haber compartido escenario con Carlos Vives, invitado por este artista, en varias oportunidades.

Hoy, el movimiento #1millóndevocesxlasierra busca seguidores, personas que busquen apoyar, sea a través de la divulgación del mensaje, o sea porque visiten estos territorios sagrados con respeto, etc. También, que sigan y conozcan a Ricardo Villafañe en Facebook o Instagram. O quizás y para quien pueda, será importante la contribución económica para la compra de tierras para la labor de autoregeneración del territorio, algo que se ha convertido en un reto fundamental para luchar contra la minería, tanto legal como la ilegal. Yo, en lo particular, espero ver por primera vez, un Rey Vallenato Arhuaco, y apoyaré a Ricardo en su objetivo con toda la mejor energía posible. También alzaré la voz a favor de la Sierra Nevada de Santa Marta para la preservación de sus tradiciones culturales, las fuentes hídricas y la autoregeneración del territorio. A quienes visiten Valledupar en el Festival Vallenato en su versión 51 con homenaje a Carlos Vives, muy atentos de la categoría de aficionados, porque este 2018, habrá un Rey Vallenato que no es más, ni menos, que el Rey Arhuaco.

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PERFIL
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Maestrando en Pensamiento Complejo de la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin en México, Máster en Periodismo de Viajes de la Universidad Autónoma de Barcelona. Especialista en Evaluación y Desarrollo de Proyectos, Economista y profesional en Finanzas y Comercio Internacional de la Universidad del Rosario. Sus líneas de investigación abarcan: Felicidad, Desarrollo y Pobreza, Paz y Posconflicto, Planificación y Gestión del Turismo, Viajes y Turismo.

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1 Comentarios
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  1. yalile503485

    Yo creo que la apropiación del dolor de la tierra y su defensa, hará de Colombia un país que comienza su proceso de sanación ambiental. Espero que Ricardo sea nuestro próximo Rey Vallenato

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