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Abril 25 2012 El Tiempo B

Ahora que la Corte Constitucional negó la adopción de hijos no biológicos a parejas homosexuales y redujo el fallo prácticamente a “concebir para poder adoptar”, vale la pena raspar lo que quedó en el sedimento y llevarse lecciones para darle mucha más dignidad y eficacia a los próximos debates sobre igualdad que deben venir y vendrán. Si para algo sirve la derrota es para saber qué se hizo mal.

La decisión de la Corte, como sucede con los fallos escrupulosos, será anecdótica. Más temprano que tarde el derecho orgánico y el sentido común irá rompiendo barreras clericales y políticas, pero no es ese el comienzo ni el final de la tarea. Es tan trascendental que una pareja gay pueda adoptar legalmente como que pueda vivirlo con tranquilidad sin ser juzgada por los vecinos, sin enviar a su hijo al colegio con temor al matoneo o a las reuniones de padres.

En cualquier caso, la adopción no es una solución para los 10.500 niños colombianos vulnerados sino una medida de protección, por eso hay que seguir revisando el problema río arriba. Es ahí donde como sociedad no parecemos preparados, como si todo esto se tratara de convencer a un juez que, por godo que sea, está fallando ante la incompetencia del Congreso.

La próxima discusión sobre ampliar o reducir la adopción jurídica* debe seguir alejándose de términos morales y políticos pero también de lo gaseoso y lo prefabricado. Que fulano haya crecido con padres gays y no sea gay o que mengano sea gay y sus padres sean hetero no comprueba nada útil para el debate y en cambio lo inunda como quien rinde un sancocho. Ahora, no solo en las conversaciones de pasillo sino también en instituciones como la Universidad de la Sabana que, sí o sí, alguna lección aprendió. Los argumentos efectistas están muy bien (muy mal) para rellenar noticieros y auto complacerse pero no para llegar a  acuerdos sociales fundamentales, llámense adopción, homosexualidad o la misma soltería.

Los homosexuales solteros pueden adoptar y eso hay que celebrarlo, pero no se puede desconocer que la de esta semana fue una lucha por el reconocimiento de una figura jurídica más que por los niños, ni olvidar que estamos ante un asunto de prioridades. El derecho a pertenecer a una familia está por encima del derecho a crearla, por eso es más importante el adoptado que el adoptante. Y luego, entre adoptantes, lo primero es garantizar que los mejores candidatos a padres estén adelante en el filtro. Esto no solo tira por la borda el manoseado argumento de que “todos somos iguales” -concepto pretencioso cuando, por ejemplo, un homosexual no podría adoptar si está desempleado, deprimido o en la ruina- sino que también mandaría de últimos en la fila a los solteros, diferente a lo que propone Viviane Morales en el referendo, que sería en términos prácticos sacarlos de la cola.

No debe indignar ni sorprender. Es cuestión de matemática y probabilidad, si se quiere: una pareja colombiana o extranjera mentalmente sana y con mayor expectativa de vida es más confiable que una con peores indicadores; igual, la adopción jurídica de una pareja colombiana o extranjera es 50% menos riesgosa que la de un soltero. Y el mismo ejercicio para los niños, paradójicamente alejados del debate; a menor edad, mayor posibilidad de que la adopción sea exitosa. Es allí donde empieza a delinearse la trampa: la adopción es una medida de protección pero no deja de ser una salida artificial, por eso la exigencia debe ser mayor para evitarla y reducirla. En el engranaje, esa debería ser -y esta vez tampoco lo fue- la rueda más grande.

Hay que darle la vuelta a la foto y ver el derecho de las cosas como cuando se habla de adopción de mascotas. Va siendo hora de entender que lo ideal no es que las parejas homosexuales adopten. Lo ideal es que la adopción jurídica, que es una maniobra de última opción, retroceda hasta convertirse en un margen de error bien atendido. Los esfuerzos de una sociedad para que los niños conserven su familia -y que esta sea la más idónea- deben ser mayores que los esfuerzos para encontrarles una nueva. Lo que siga de ahí en adelante es desatar el nudo: entre menos niños vulnerables haya, mejores familias adoptivas les corresponderán. ¿Y qué corte, congreso, minoría, institución o sociedad puede ir en contra de eso?

Andrés Guevara Borges
@palabraseca
Palabraseca.com

*Adopción jurídica, por decirlo de alguna manera, la que no compromete vínculos biológicos.

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Seco/ ca. Guiso sin caldo. Volante sin sacrificio. Periodista Digital. Escribo, blogueo fotografío y dibujo. Vivo en Madrid, España. [ www.palabraseca.com ]

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4 Comentarios
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  1. Lo que toca es defender cada uno su posición: Los homosexualistas diciendo que es algo natural, bien visto, necesario, trascendente, etc. Y los heterosexualistas que vemos la unión entre homos como algo contra natura, desviado, artificioso, degenerativo, decadente, reservado, vergonzoso, etc.
    Cuando uno estudia cualquier disciplina, tema o materia académica o histórica lo primero que se ve es que las uniones primigenias y naturales son entre machos y hembras (Génesis 1, 27, entre cromosomas X con cromosomas Y; y no entre X con X o Y con Y, ni entre hembras con hembras y machos con machos, o así mismo en el mismo sentido.

  2. Igual este tema solo está empezando en mi concepto. Espero que sigan luchando, y aprendiendo de estos errores. No verlo desde el punto de vista de la pareja, si no del niño que necesita padres (o madres, o padre, o madre).

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