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POR QUÉ EL RESPETO NO CALA EN COLOMBIA. EL RESPETO COMO VALOR SUPREMO.

Por: PietroRoca

Esta cantaleta busca remachar en la importancia del respeto como valor supremo, muy por encima de valores cristianos más atractivos.

ADVERTENCIA: Los razonamientos que expongo aquí no tienen la intención de convertirse en verdad absoluta y no representan cosa diferente al particular punto de vista de este, su humilde bloger.

De tiempo atrás hasta ahora, he venido rompiéndome el magín acerca de los motivos por los cuales nuestro país no ha logrado consolidar una sociedad armoniosa en donde los hombres y las mujeres puedan trabajar y pensar en sana paz, con lo cual seguramente nos habríamos elevado, como nación, a las cumbres del desarrollo y la prosperidad. Es evidente que los ingredientes objetivos están al alcance de la mano y se nos han prodigado con generosidad; sino considérese la capacidad de trabajo y la inteligencia del colombiano promedio, además de su incuestionable recursividad, cualidades que canalizadas adecuadamente hubieran servido para construir un país superlativo. Infortunadamente no ha sido así. Hemos sido testigos del empleo destructivo de tales dones y de la catástrofe resultante. Definitivamente el malvado es más dañino mientras más recursivo y más inteligente sea. Y no se crea que hablar de las cualidades intrínsecas del colombiano obedece a un patriotismo miope. No; el colombiano sí que se destaca por una particular manera de ser, muy distintiva, que pudiera ser tanto su redención como ha sido su condena. A eso súmese el paraíso que nos ha sido dado a modo de territorio patrio, que por cierto, no podía ser de otra manera, nos estamos parrandiando.

Entonces, ¿por qué nos ha quedado grande la empresa de construir país? Existe un cúmulo de estudios de toda índole para explicar este fenómeno. Los enfoques han sido de carácter histórico, religioso, sociológico, antropológico, etc. Teorías han sido lanzadas desde todos los rincones de la academia, unas más plausibles que otras…. y la situación no da síntomas de mejorar, por el contrario empeora progresivamente. De todo el material que he consultado, de todo el tiempo que he desperdiciado entretejiendo pensamientos y razones, he ido llegando a conclusiones, posiblemente nada originales. Se preguntará el lector, si lo hay, ¿estas ideas que expone el señor Roca en su blog harán alguna diferencia? Yo no lo creo. Sin embargo me tomo el trabajo de escribirlas al menos para desahogarme en el ámbito íntimo.

Mis cavilaciones me han conducido al corazón del complejo escenario que gobierna la interacción entre los individuos de la especie humana. He querido llegar al meollo del asunto, quiero decir: a los valores. ¿Y que son los valores? Pues según creo yo, los valores son el conjunto de convicciones que determinan el comportamiento de los seres humanos en su fuero privado y en la interacción con sus pares, e indudablemente están influenciados por factores culturales y ambientales. Para determinar los valores que permiten que una comunidad pueda convivir pacíficamente de forma espontánea, es oportuno recurrir a los ejemplos que nos brindan las sociedades que sí han podido construir sana convivencia y contrastarlas con nuestra propia sociedad. Hay todo un espectro de valores sobre los que podríamos basar nuestra pesquisa, pero ¿cuál es el más importante? No se trata de buscar fórmulas mágicas, sin embargo, si en sus manos estuviera el lanzamiento de una campaña para promocionar una cultura basada en valores, ¿por cuál comenzaría?, ¿a cuál le pondría énfasis? Yo ya hice mi elección. Para mí el valor fundamental es EL RESPETO.

¿Qué es el respeto? Según las definiciones formales de la RAE, el respeto está asociado a conceptos como miramiento, consideración, deferencia, y en un plano más jerárquico, con veneración y acatamiento. Yo tengo mi definición que se acomoda al propósito de este escrito y que no se contradice del todo con la RAE. Aquí va:

Respeto es la actitud que adopta un ser humano en su aproximación hacia otro ser humano, en la medida en que dicha actitud es la que él espera de los demás hacia sí mismo.

Por supuesto estamos hablando de seres humanos con una sana autoestima, porque no faltará el caso patológico de aquel que se considera a sí mismo una basura y por lo tanto no tiene inconveniente en dañar a otros, así como no le importaría ser dañado o auto dañarse. No. Estamos hablando de las personas que tienen un grado aceptable de aprecio por sí mismas, como la mayoría de las personas, como usted o como yo. No ha de olvidarse que nosotros, los seres humanos, somos víctimas de una dualidad cósmica, ya que somos mitad dioses y mitad animales, y en nuestra convivencia con los otros seres humanos tendemos a olvidar, más frecuentemente de lo que se piensa, que estamos tratando con otros dioses. Ahí reside el mayor obstáculo para lograr la sana coexistencia. Cómo conciliar los anhelos y los ímpetus en constante confrontación de los dioses que somos todos nosotros, en nuestro afán por afirmar nuestra propia condición divina. Se exige un sacrificio. Ese sacrificio representa ceder un poco mi ímpetu divino, en el reconocimiento de que el Otro también es un dios, como yo, y entendido eso, evitaremos poner a prueba permanentemente nuestros ímpetus, so riesgo de abocarnos hacia la preponderancia de uno y la destrucción del otro, o hacia la mutua destrucción. En suma, para mí en eso estriba el respeto: reconocer en el Otro a un ser humano, a un dios tan valioso como Yo, a un Igual, y proceder de conformidad.

Cuando estamos formados en fila, no lo hacemos porque sea una actividad intrínsecamente placentera, sino porque reconocemos en las otras personas que llegaron antes, a seres humanos cuyo tiempo es tan importante para ellos como el nuestro para nosotros. Cuando evitamos robarle a una persona sus bienes a pesar de que tengamos la oportunidad de hacerlo, no lo hacemos ya que sabemos que esa persona tiene tanto derecho a disfrutar sus bienes como lo tenemos nosotros a los nuestros. Cuando evitamos pegarle un tiro a un semejante, por más que sintamos un odio visceral hacia él, nos comportamos así porque reconocemos en esa persona a una criatura cuya vida es tan sagrada como la nuestra. Y claro, tampoco cometemos esos exabruptos porque tenemos la confianza razonable de que las demás personas tampoco los cometerán con nosotros. Eso en sociedades avanzadas donde existe un pacto tácito y explícito en tal sentido, porque en Colombia la cosa es bien diferente. Uno de los beneficios del respeto generalizado es su poderoso efecto igualador, y por eso es un valor altamente estimado en las sociedades democráticas reales.

Ahora quiero resaltar la diferencia del respeto como valor, comparándolo con la tradición cristiana sobre la cual hemos fundamentado principalmente nuestro sistema de valores. Se nos ha enseñado desde nuestra tierna infancia que debemos honrar valores que tienen un alto componente de desigualdad. Comencemos con uno emblemático: la compasión. La compasión implica la existencia de alguien que está bien en contraposición con alguien que está mal. Entonces el que está bien, mediante un acto soberano, dirige sus acciones en beneficio del que está mal. Es un acto que enaltece al compasivo y lo hace digno de admiración. Algo similar ocurre con otros valores análogos: la caridad, la generosidad, la solidaridad, etc. Al mismo tiempo que se estimula al que está bien para que ponga en práctica su espíritu de desprendimiento, se incentiva al que está mal para que se conforme con su triste situación en aras de una futura bienaventuranza en el Cielo. Se elevan la pobreza, la desgracia y el conformismo a la categoría de virtud.

Los valores propios del cristiano exigen de él un desprendimiento de sus posesiones materiales principalmente y promueven un sistema de conformismo. En cambio el respeto como valor, exige de quien lo honra, un menoscabo de su posesión más valiosa: su ímpetu divino, su alto concepto de sí mismo, tal como lo expresé antes. El respeto exige un esfuerzo espiritual e intelectual mucho más grande; requiere de cada uno de nosotros que nos revaloremos en relación con los demás, en cierta medida nos obliga a devaluarnos al aceptar que los demás poseen derechos limitantes de los nuestros. Lo sorprendente de las sociedades avanzadas es que en ellas, esa inhibición del afán por pasar por encima del Otro, que es una manifestación inmediata del respeto, ha sido interiorizada de tal forma que ya está íntimamente incorporada en las relaciones cotidianas de sus asociados y forma parte integral de su espíritu. ¿Cómo llegar a ese punto? Por lo que hemos podido consultar, sólo es posible mediante la reeducación en valores, de los cuales el principal debe ser el respeto, entonces esa educación se apartará un poco de los valores tradicionales que nos han sido enseñados, y se deberá reorientar hacia una educación profundamente humana en la que se promueva la percepción del Otro como alguien fundamentalmente igual a , con los mismos derechos y también con las mismas obligaciones.

Un amable lector me ha hecho ver que un valor promocionado frecuentemente en las últimas épocas, la tolerancia, conlleva dos aspectos diferentes: Por un lado se puede ver en la tolerancia una implícita aceptación de la agresión, frente a la cual no cabría otra actitud que la de aguantar estoicamente muy al estilo de “poner la otra mejilla”. La otra acepción, y que creo es la más difundida últimamente, es la que tiene que ver con aceptar al Otro a pesar de que no comparta nuestra misma escala de valores religiosos, estéticos, etc., es decir, más afín con lo que hemos querido definir como respeto. Analizando un poco sobre este tema, me parece que el respeto contiene también dos aspectos similares: Uno se refiere como mencioné antes, a la aceptación no forzada del Otro como un ser tan válido como Yo, una vez que esta aceptación se ha interiorizado e incorporado de tal forma a nuestra escala de valores, que ya se asume como algo natural. Otro aspecto se refiere a nuestra voluntad positiva y deliberada de adoptar la actitud de respeto hacia el Otro, así nos pese, así el Otro sea un individuo que nos caiga como patada de burro en el estómago. Yo pienso que ambos aspectos del respeto, el natural y el deliberado, el militante, deberán ser el resultado de un proceso educativo desde la tierna infancia. El respeto natural obedecerá a una dinámica de condicionamiento y el respeto deliberado a una de concientización. En toda comunidad humana por más civilizada que sea, habrá individuos con temperamentos más exaltados que otros. La capacidad de esos individuos para refrenar sus impulsos será la verdadera medida de lo afianzada que esté la cultura de respeto en esa comunidad. Lo diré de otra manera. Por más civilizados que seamos, siempre existirán personas a las que nos gustaría insultarlas o ponerles la mano. La solidez de nuestro civilismo se determinará por el hecho de que efectivamente les pongamos la mano o de que nos aguantemos las ganas.

El respeto como valor es frío, insensible, incluso podríamos decir, despiadado. Los valores orientados hacia la compasión y la solidaridad son bastante más glamorosos y ornamentales, pero para construir civilización se requiere primordialmente del primero. De hecho la civilización es fría, de cierta manera, porque es intolerante con la exaltación abusiva que prospera silvestre en estas latitudes tropicales. Muchas veces he oído o leído comentarios que realzan la exuberancia de nuestra idiosincrasia, comentarios en los que se glorifica al colombiano con argumentos tan deleznables como los siguientes:

El colombiano es una berraquera o una chimba porque no te dice señor sino parce

… no te ofrece una copa de licor sino que te brinda un guarito

… no te ofrece su apoyo sino que está contigo pa’ las que sean

… no se reúne en grupo sino en combo

…no te dice que eres una buena persona sino un bacán

… si llegas a la casa de un colombiano de sorpresa, hay comida para tí, porque donde comen dos comen tres.

y muchas cosas más que por supuesto, están bien y alegran la vida. Pero resulta que además de lo mencionado, el colombiano muy probablemente…

… no se salta la fila groseramente sino que te pasa por la galleta

… no te estafa sino que te da por la cabeza

… no te abandona en el momento difícil sino que te deja colgado de la brocha

… no se descuida sino que da papaya… y por supuesto no devuelve la papaya dada sino que la parte

y lo peor no es eso, sino que además el colombiano…

… no te asesina sino que te ajusticia

… no dispone de tu sagrada existencia sino que te declara objetivo militar

… no te secuestra sino que te retiene

… no se roba los dineros públicos sino que hace valer su “cómo voy yo” (CVY).

Les digo, queridos compatriotas que prefiero mil veces la frialdad del anglosajón que no te dice parse, ni te ofrece un guarito, ni se une a tu combo, pero en cambio no te da por la cabeza, no te pasa por la galleta, no aprovecha la papaya que le das, y mucho menos te ajusticia, ni te retiene, ni te declara objetivo militar. En conclusión, te respeta. Eso sí que es una berraquera y una chimba. No quiere decir que no me guste la calidez de nuestra gente, pero si fuera una opción, la sacrificaría mil veces por un poco de aséptico respeto.

 

PIETRO ROCA

LA PIEDRA AFUERA

Correo: pietro.roca@hotmail.com

Blog: http://www.eltiempo.com/blogs/la_piedra_afuera/

Publicado en: El Tiempo, Vida de hoy

18 comentarios

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  1. 1

    pragmatias 10 diciembre, 2009 a las 23:25

    Ocurre que ahora se oye siempre el cacareo de la “tolerancia”… Esta es opuesta al respeto y la predica, generalmente, quien quiere abusar.. Ásí, quien le pide a uno que sea “tolerante”, tiene el pié listo para ponérselo encima… Lamentablemente, los medios de comunicación, con sus “periodistas” burdos y torpes, contribuyen enormemente a éste fenómeno.

  2. 2

    edhco 11 diciembre, 2009 a las 5:30

    Buena cantaleta. falto el chanchullo.

  3. 3

    scratchone1 11 diciembre, 2009 a las 6:34

    Desafortunadamente el colombiano promedio se siente “feliz” rompiendo cuanta regla pueda hasta que le es inconveniente y es entonces cuando “reclama”, les cuento que en la universidad para un parcial X, se filtraron las respuestas, todo el grupo excepto yo, obtuvo 5.0 (yo saque 3.5), y todos se alababan a si mismos “lo duros” que habian sido al hacerle trampa al “profesor”, y alli lo tienen, el colombiano promedio es un “malo de oportunidad”, con este juego de valores es apenas justo que vivamos el infierno que vivimos y tengamos el pais que tenemos, todos tratan de pasar por encima de otros sin importar nada mas que el “todo vale” y “yo primero”…

  4. 4

    Claudia0216 11 diciembre, 2009 a las 7:02

    Nadie se da cuenta?? Que tal la educación, desde el colegio obviamente pasando por la casa y no hablo de colegios públicos que cuentan con problemáticas igual de serias a la falta de respeto, hablo de los colegios privados (de ricos), de los que hay que comprar acción para poder ingresar a formar parte de sus “ilustres” alumnos. Acaso en esos colegios enseñan a contestar bien, a decir “buen día” cuando uno ingresa a cualquier parte (o contestar por lo menos cuando alguien lo dice), a hacerle caso a la mamá y al papá, algo tan básico pero tan importante para nuestro comportamiento social a futuro, y que decir de la ética y la moral!!! Noooooo, el respeto como valor supremo no lo enseñan en la calle, lo enseñaba mamá en la casa ……………….. que se puede esperar con tantos divorcios y padres que trabajan (los dos) y no tienen “tiempo” para sus hijos?

  5. 5

    Heinkel 11 diciembre, 2009 a las 7:02

    Exelente análisis, muy objetivo y realista para el contexto actual nacional, pero desgraciadamente el enquistamiento de otros pseudos valores que enaltecen la desigualdad ya han ocupado un lugar muy profundo dentro del común colombiano, por esto precisamente al leer las noticias, foros, comentarios y demás espacios se puede observar nuestra decadencia como sociedad civilizada y equanime, se tiene que apostar a la educación como la unica herramienta que evite nuestra propia caida

  6. 6

    estepao 11 diciembre, 2009 a las 7:18

    La mejor táctica para sostener modelos como el de uribe es demostrar y crear conciencia agresiva en la población. Por eso vemos desde el Presidete incluyendo a todos sus funcionarios y periodstas mandaderos de los poderosos, cuando se refieren a un contradictor siempre buscan tratarlo mal y señalarlo para levantar el fervor de sus hooligass, que después hacen el trabajo en los aeropuertos y restaurantes, cuando no terminan con poner en peligro la vida. Valores como: atacar ideas no personas, coherencia, respeto a la palabra dada, buscar el bien común etc, las desaparecieron. Por eso deben los educadores empezar a enseñar la “urbanidad de carreño” y asi las próximas generaciones puedan vivir en armonia.

  7. 7

    estepao 11 diciembre, 2009 a las 7:19

    La mejor táctica para sostener modelos como el de uribe es demostrar y crear conciencia agresiva en la población. Por eso vemos desde el Presidete incluyendo a todos sus funcionarios y periodstas mandaderos de los poderosos, cuando se refieren a un contradictor siempre buscan tratarlo mal y señalarlo para levantar el fervor de sus hooligass, que después hacen el trabajo en los aeropuertos y restaurantes, cuando no terminan con poner en peligro la vida. Valores como: atacar ideas no personas, coherencia, respeto a la palabra dada, buscar el bien común etc, las desaparecieron. Por eso deben los educadores empezar a enseñar la “urbanidad de carreño” y asi las próximas generaciones puedan vivir en armonia.

  8. 8

    patomecoes 11 diciembre, 2009 a las 8:51

    MUY BUENO SU COMENTARIO COMO TEMA DE REFLEXION,Y LE ADICIONARIA QUE EN UN PAIS DE ANTIVALORES SE ADMIRA Y SE RSPETA A PERSONAS CON EL PRURITO DE CASTIGAR ASI NO SE TENGAN LAS CALIDADES HUMANAS MINIMAS NECESARIAS,ES LA INSANA ENVIDIA,DE ESOS DIOSES RAQUITICOS INFELICES,ES LO QUE VENDEMOS A TODOS LOS NIVELES Y POR ESO TENEMOS UNA DIRIGENCIA CORRUPTA,DONDE EL TALENTO SOLO SIRVE PARA EXPLOTARLO EN BENEFICIO PROPIO DE LOS QUE USUFRUTAN EL PODER Y APOYAN EL ESTATO QUO,O LES CONVIENE REFORMAS CAVERNARIAS,Y TODO LO QUE BUSCA EL BIENESTAR COLECTIVO LES HUELE A SUBVERSIVO.EN FIN SON HUECOS NEGROS DE UNA SUCIEDAD,DONDE EL RSPETO ES UN SALUDO A LA BANDERA DONDE NO HAY GARANTIAS Y POR LO TANTO EL RESPETO SE PERDIO EN LAS MIASMAS DEL RECONOCIMIENTO MEDIATICO Y DE PRESTIGIO OSCURO Y DE PASADO AMNESICO.

  9. 9

    JUANCHOU2 11 diciembre, 2009 a las 8:54

    Colombiano: (adj. / masc. / fem.) Persona con ganas de mejorar el mundo; de palabra, más no de hecho.

  10. 10

    herbely 11 diciembre, 2009 a las 9:01

    Amigo, totalmente de acuerdo, llevo años predicando en mi entorno, que el mayor mal que tiene nuestro país, es la ausencia absoluta del respeto, lo cual genera resentimiento al que se siente ofendido y progresivamente nos va convirtiendo en seres agresivos, intolerantes, llenos de resentimiento, producto del choque permanente con la soberbia y agresión del que pisotea la dignidad y las normas mínimas de convivencia.

    Y no es solo un problema de estado, se ve en el trato entre amigos, educadores, compañeros de trabajo, empleadores, conductores, en los comentarios que se lenn en Internet, en fin cada uno, contribuye a esta triste y desalentadora realidad.

  11. 11

    malcom46 11 diciembre, 2009 a las 9:58

    Pietro Roca, ni el respeto como tampoco la honradez nos identifica en el globo terraqueo. No entiendo por que tanta gente escribe y arma presentaciones que llaman “el orgullo de ser colombiano” “colombia es pasion” etc……cual es el orgullo de ser colombiano? a mi me da pena decir que soy colombiano, siempre me preguntan por las drogas y en los aeropuertos me interrogan con especialidad por ser colombiano….! algunos compatriotas se han comunicado para que les de trabajo y lo primero que dicen es que “son personas honestas y trabajadoras”……..! son los unicos que se identifican con esos adjetivos, los de otros paises simplemente envian su hoja de vida y en ninguna parte especifican que son “honestos y trabajadores”

  12. 12

    mafalda29 11 diciembre, 2009 a las 9:59

    su articulo adecuado para nuestro entorno es asombroso ver la falta de respeto en todas las clases empezemos por nuestro espacio, accabamos empujando al q pasa a nuestro lado sin importarnos, al de genero la igualdad de condiciones tanto en hombres como mujeres ha hecho q los hombres pierdan la caballerosidad y se porten altaneramente en las calles, en el gobierno a que no se respeten los derechos de los ciudadanos y los altos mandos tomen decisiones inapropiadas para nuestra sociedad.

  13. 13

    rjime 11 diciembre, 2009 a las 10:06

    Inspirador tú escrito y tremendamente estimulante, es como recibir una bocanada de aire fresco en medio de un ambiente pesado. Coincido en la gran mayoría de tus opiniones y solo quiero complementar tus ideas. Privilegiar un concepto sobre otro corresponde a nuestra grandiosa naturaleza humana y esto siempre me ha dejado en un estado de incertidumbre sobre si es correcto o no?. Ghandi decía que no debías poner la mejilla una sola vez si no las veces que fuera necesario y hacer sentir vergüenza a tu agresor, con la idea de que poco a poco la agresión se transformaría en respeto. Recordar esto me hizo preguntarme si solo con respeto se solucionarían todos nuestros problemas, mi respuesta en primera instancia me dice que no es suficiente. Trato humildemente de practicar alguna enseñanzas budistas y la compasión es una de estas, mi invitación es a que la practiques asumiendo que no los has hecho, de no ser así te pido excusas. La practico de manera silenciosa por lo que no comparto contigo que sea un acto que me enaltece o me pone en una posición correcta respecto a mi contraparte, es más sintiendo compasión deja de ser un acto de posición correcta o incorrecta. En segunda instancia abandonar las posesiones terrenales no es una idea de cristiana únicamente, es más está mucho mejor desarrollada en el hinduismo, al parecer el desapego por lo material te lleva a la vivencia de la verdadera felicidad, no coincido contigo en que nos ponga es una posición conformista. Por último podríamos respetarnos en este país pero aún así haría falta amor y otro tanto de palabras bonitas que nos hacen mejores seres humanos. Yo te puedo respetar Pietro, pero te puedo amar como el ser maravilloso que cada uno tiene dentro de nosotros, si logramos amarnos el respeto vendrá por añadidura, la pregunta es si nos respetamos el amor vendrá?. Gracias por estas palabras, los periódicos y revistas deberían estar llenas de artículos tan acertados como el tuyo.

  14. 14

    Zokotroco 11 diciembre, 2009 a las 10:29

    Más cortico y más sencillo: la falta de respeto se origina en una sociedad que sólo habla de derechos y para nada se mencionan los deberes. Los manuales de convivencia que servirían para dirimir conflictos al interior de los planteles educativos y que regulan la relación estudiantes-profesores-padres de familia parten dizque del “derecho” del individuo a expresar su libre desarrollo de la personalidad. Es cierto que la sociedad se compone de individuos pero en últimas quién necesita más a quién? Si usted lector es capaz de proveer a todas sus necesidades básicas y no básicas: alimento, vestido, vivienda, educación, seguridad, etc. de manera AUTODEPENDIENTE entonces podría asimilar el problema al del huevo y la gallina. Como no es así, y usted para todo depende de sus semejantes, entonces con QUÉ DERECHO voy yo a imponerle condiciones a la sociedad que me acoge en su seno? Eso manuales de convivencia deberían partir del DEBER de respetar el derecho de mi vecino.

  15. 15

    veltena 11 diciembre, 2009 a las 10:35

    Mencionas al otro, al otrora prójimo,y que es acaso sino competencia cuando no carga?. mas allá de mis queridos y cercanos, los demas son competencia, por el trabajo, por el genero, por lo que sea y cuando no, son carga, como la pobresa y su mantenimiento. En lugares más civilizados, primer mundo, el bozal, la ley y justicia, funciona, esta bien apretado y castiga. eso es lo que hace produce respeto, disuade porque funciona. quitale el bozal al perro, civilización, y que pasará?
    lo que si no podemos confundir es respeto con tolerancia. se tolera lo diferente, practicas sexuales, religiosas, artisticas, politicas, pero si por ejemplo, practicas sexo enfrente de casa o cantos religiosos a horas indebidas, ahi ya estas irrespetando la tolerancia brindada. y sí, aquí prevalece el irrespeto.

  16. 16

    Pucher 11 diciembre, 2009 a las 11:04

    Mientras en casa, en familia no se recupere el buen ejemplo y se enfatice en los buenos principios, seguiremos cada día peor. La juventud no es culpable pues como jamás ha recibido preparación para actuar y reponder con educación menos que responsabilidad. Los valores se ha ido extinguiendo, la cultura pasó de moda, los terminos vulgares y ofensivos pululan; la tv colombiana con sus novelitas que insentivan a la promiscuidad, uso de drogas y formación de sicarios es el pan de cada día (pandillas guerra y paz, el capo, las muñecas de la mafia, los victorinos, y etc, etc) esa es la cultura con la cual crece nuestros hijos; la musica violenta (regueton, corridos populares, jip jop, ) el afán por el dinero rapido y aparentemente facil (prostitución, drogas, y alcohol) el pesimo ejemplo de lídres sociales, políticos y religiosos (corrupción, trafico de influencias) Eso es lo que a cada momento se le envia a nuestra niñez y juventud… entonces de qué nos quejamos ah?

  17. 17

    PietroRoca 11 diciembre, 2009 a las 15:09

    Gracias a rjime por manifestar su desacuerdo con algunos de mis planteamientos de forma tan respetuosa. Sí, pienso que el respeto es el primer valor para crear civilización, sin embargo estoy consciente de que la felicidad, si es que se puede llegar a ella, está más ligada a otro tipo de valores.

    A mi juicio (es mi opinión muy particular), el mayor mérito de Ghandi consistió en demostrar que hay maneras mucho más efectivas de lograr cambios, haciendo uso de una dignidad descomunal como la que él tenía. Ese mensaje es más que actual y ojalá sirviera a personas que quieren promover los cambios a punta de plomo cuando en realidad lo que están haciendo es servir a su propio resentimiento y de hecho postergando la implantación de esos cambios.

  18. 18

    contabbog 14 diciembre, 2009 a las 7:31

    Cuando hablamos de valores, ¿de por qué la mayoría de nosotros no se nos inculcan y por qué no las inculcamos? Tiene una respuesta tan sencilla y la cual considero patetica: “el libre desarrollo” ; frase en la que nos escudamos la mayoria de veces para hacer todo lo que hacemos y luego salir a defendernos.