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Cuando se pierde la dignidad.

Se dice popularmente que la esperanza es lo último que se pierde. No, lo último que una persona puede perder es la “dignidad”, y cuando ésta se pierde pasa uno a ser un cero a la izquierda, o sea, no produce ningún efecto, se convierte en un ente abandonado que no lo conmueve nada de lo que suceda en su entorno, es un estorbo en la comunidad porque es más el daño que causa con su indigna pasividad que lo positivo que deja de aportar.

Esta cualidad de dignidad inherente a todo ser humano se ha venido devaluando en este país a marcha acelerada y en todas las instituciones estatales como secuela de una galopante y asfixiante corrupción, con mayor énfasis en la administración de justicia y en el parlamento colombiano, haciendo metástasis en otros organismos oficiales y en ciertos sectores privados y cuya reproducción maligna ha procurado una plena y perfecta simbiosis.

Esta situación, caótica por demás, ha llegado a unos extremos tales que su efecto anestésico produce afasia y amnesias temporales en una gran mayoría de la población, incluyendo por supuesto a los medios de comunicación, y toda la corruptela, los desafueros y abusos que se cometen no es que pasen desapercibidos, sino que se callan o se ocultan o, más grave aún, prestigiosos columnistas de algún medio de la prensa tratan infructuosamente de mostrar situaciones que son contraevidentes, sobre todo en lo relacionado con la administración de justicia, recurriendo a unos argumentos ininteligibles.

Para una persona tener autoridad, en el sentido amplio de la palabra, y poder hacer una defensa decorosa y con altura sobre la forma como se administra justicia en Colombia, debe empezar por desvirtuar de manera contundente y seria el estudio que realizó World Justice Project, sobre la probabilidad de condena que tiene un Homicida o un corrupto 5% y 3%, respectivamente, o la encuesta o medición reciente de Gallup Poll, administración de justicia 79% desfavorable, Congreso 69% desfavorable y los partidos políticos 78% desfavorable. ¡Qué tal esto! (Ver http://www.semana.com/opinion-online/articulo/columna-de-jose-manuel-acevedo/403640-3)

Las instituciones no tienen reparos como tal, son necesarias para el funcionamiento estatal, los que sí tienen reparos por su conducta dolosa son la gran mayoría de las personas que las conforman, tanto la rama judicial, me refiero a magistrados de las altas cortes y tribunales, como el parlamento (Senado y Cámara) se han desprestigiado solitos, han sido permeados por la corrupción y la impunidad y por la mano siniestra de los actores violentos de grupos ilegales: guerrilla, paramilitarismo y narcotráfico. Y nada ha pasado, todo sigue igual y tan campantes como el caballero del whisky escocés.

La gran responsabilidad de este caos deficitario de valores intelectuales, éticos y morales recae en primera instancia en el abstencionismo, quienes por su posición negativa permiten que unos pocos electores irresponsables, venales y de baja condición elijan a sabiendas en el Congreso nacional a unos parlamentarios de peor condición humana, de oscuro pasado, de relevante ignorancia y que son aupados y respaldados por narcoparamilitares y/o guerrilleros o por fortunas habidas de la cloaca corrupta. Y estos señores son los que hacen las leyes y son los encargados de “las grandes reformas” incluida la de sus jueces naturales. ¡Qué ingenuidad!

Así mismo, la posición obcecada de los abstencionistas permite a las minorías que elijan unos gobernadores y alcaldes de iguales o peores condiciones que los infestados y mencionados congresistas y que son los encargados de gestionar los avales para sus agentes regionales y locales. En ambas elecciones, en el departamento de Caldas, hemos tenido ejemplos patéticos por doquier, y las autoridades judiciales, en todos sus órdenes, lo saben porque en sus anaqueles duermen muchos procesos notorios y de verdad sabida y buena fe guardada. A esta situación de presión entre magistrados y parlamentarios hacía referencia la ex contralora Sandra Morelli, en su entrevista a RCN desde Roma, Italia.

Es paradójico que el pueblo colombiano que se ha distinguido por su férrea posición en todos los sentidos, por su coraje, por su dignidad y por su inteligencia, así ésta haya estado al servicio de lo ilícito, se muestre ahora con una mansedumbre acomodada y un silencio cómplice ante tantos desafueros producto de la corrupción y de la impunidad, y se haga el de la vista gorda y oídos sordos sin vislumbrarse una brizna de solidaridad ante unas denuncias públicas que algunos pocos hacemos de manera puntual en procura y espera de que los operadores judiciales cumplan con el sagrado deber de administrar justicia. Pero las uvas están verdes.

En los últimos años han ocurrido dos hechos que bien vale la pena recordar para refrescar la memoria y de paso señalar la manera tan olímpica como se pisotea la dignidad de un pueblo. La esperanza se tenía puesta en una verdadera reforma a la justicia, la cual resultó fallida, por cuanto se consignó en el acta de conciliación unos temas que no fueron debatidos en las plenarias de Senado y Cámara, y que de manera palmaria favorecían a los magistrados de las altas cortes y a unos corruptos parlamentarios, pero gracias a la reacción de mucha gente por las redes sociales, el Presidente se alarmó, como seria de grave, y lo indujo a tomar unas medidas no muy jurídicas para buscar su hundimiento. ¡Qué conducta tan dolosa la de los conciliadores! Y nada ha pasado, ni pasará.

En un principio la Corte Suprema fue merecedora de grandes elogios por la apertura de la investigación de la parapolítica, la cual fue variando de rumbo provocando la salida del magistrado Iván Velásquez, quien era inflexible en sus decisiones, y terminó a medias con unos Congresistas condenados, otros absueltos y otros tantos autos inhibitorios, pero de los que están presos no son todos los que están, ni están todos los que son, lo que resulto una burla y “contendillo” para muchos, quedando varios responsables de este Concierto, unos libres, y otros bien sentados plácidamente en sus curules reelegidas. ¡Y todo sigue igual!

Repito e insisto por enésima vez que mientras no se cambie la competencia para investigar y juzgar de manera rápida y eficaz al Presidente de la República, a los magistrados de las altas cortes y al fiscal general, este país seguirá sumido en el albañal de la corrupción, porque la impunidad será constante.

Marco Aurelio Uribe García.
Manizales, septiembre 25 de 2014.

Apostilla: Como estamos a un año de las elecciones para gobernadores y alcaldes, algunos amigos me han preguntado si pienso escribir sobre este tema en lo que toca a nuestro departamento. Y, por supuesto, tengo mucha tela que cortar sobre varias administraciones de Manizales y de unas pocas alcaldías que siguen en manos de personajes oscuros. ¡Ah!, y, también, sobre la percepción que tengo sobre el futuro del Partido Liberal en Caldas.

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Marco Aurelio Uribe García, abogado. Manizales

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