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Hace algunos días nos despertamos con un informe de la Corporación Transparencia Por Colombia que refería que en los últimos años, Colombia ha perdido mas de cuatro mil billones de pesos por causa de la corrupción. La cifra es escandalosa, pero puede eventualmente quedarse corta ya que se estima con base en los casos detectados y la existencia de casos que pasan inadvertidos casi un axioma.
La revelación de nuevos escándalos de corrupción, sean estos de repercusión local o nacional, se ha vuelto casi el pan de cada día y los nombres de los implicados han pasado a ser parte del arsenal de chistes recurrentes que convierten hechos de suma gravedad en parte del folclor; así convivimos con ese desangre. Sin embargo, es afortunado que a pesar de la costumbre nacional de anestesiarse mediante la trivialización de los problemas, no perdemos la capacidad de asombro y aún nos ofendemos profundamente con cada caso.
Escapa de nuestro entendimiento como es que personas del común, y extraigo de esto a muchos políticos de conocida tradición familiar de una proclividad casi genética a apropiarse del erario, se ven envueltas cada vez con mas frecuencia en casos de aprovechamiento de recursos públicos en propio beneficio. No es extraño ver ligados a escándalos, personas que carecen de apellidos rimbombantes y de acervo familiar de deshonestidad, pudiendo ser  incluso, nuestros propios vecinos.
La clave del asunto tal vez esté en disecar algo de nuestra propia cotidianidad y escarbar allí, justo donde elementos aparentemente inocuos pero que presentes de manera repetitiva van ablandando y confiriendo una ductilidad inusual a nuestra base ética, que le permite la condición de deformarse sin llegar del todo a quebrarse, en virtud de la necesidad del momento. 
Situaciones que prácticamente todos hemos vivido y por qué no, aprovechado, van aportando a ese proceso de transformación de nuestros principios. Desde asuntos aparentemente baladíes como lo que en algunos colegios llaman «jeans day», que consiste en periódicamente acordar un día en el cual pagando una pequeña cantidad de dinero los estudiantes tienen vía libre para no vestir su uniforme habitual, lo que acerca probablemente sin intención, a unos niños en pleno proceso de formación a la idea de que es válido saltar una norma a cambio de dinero, pasando por el que imprime sus documentos de tipo estrictamente personal, como trabajos de la universidad, usando recursos de su sitio de trabajo, hasta la herramienta no pocas veces utilizada por algunos universitarios y escolares, de pagar a un tercero que les haga sus trabajos o aún aquel que se burla de la norma de pico y placa zigzagueando en vías secundarias y terciarias y que en días de comparendo pedagógico sale a la calle en plena restricción y sin recato alguno. La corrupción vive en nuestras casas y se alimenta de nuestra tolerancia.
Inmersos en una sociedad que enseña que incumplir las normas es provechoso,  tolerado, y en algunos casos hasta aplaudido, donde la impunidad florece en cada esquina y quienes sufren algún castigo es porque tuvieron «mala suerte», o «se dejaron atrapar», estamos en la obligación de entender que no porque se haya hecho siempre, está bien hecho; como tampoco que si otro lo hace, valida que yo lo haga. El cambio debe empezar hoy y en cada uno,  para que tal vez para nuestros nietos, la corrupción sea solo un referente histórico. 
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Bogotana, médico por compromiso, internista por vocación, hiperactiva por instinto. Testaruda hasta el tuétano, mi deporte favorito es nadar contra la corriente. Cuando tenga fama y dinero me llamarán iconoclasta, por ahora solo soy una vieja intensa y complicada. La mayor enseñanza que me ha regalado la vida es la tolerancia con casi todo, excepto con la injusticia. Aprender es mi vicio.

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1 Comentarios
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  1. Felicitaciones por su artículo. Sintetiza la realidad nacional sobre el tema. Sólo le agregaría que la falta de una pronta y efectiva justicia y de unos entes de control más efectivos han contribuido a que la micorrupción se haya enquistado en la sociedad colombiana a lo largo de su historia.

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