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Por: Brian Andrés Garzón Monroy

La historia del país ha sido escrita con sufrimiento: de parte de muchos colombianos. Se han desplazado más lágrimas por la cara de nacionales que personas hacia el sueño capitalino.

Muchos han llegado a hacer cosas inesperadas y de las cuales no se sienten orgullosos. Algunos han dado su vida, la cual ha sido arrancada por tan sólo oprimir un gatillo de un arma que ni siquiera fue diseñada en este país.

Pero ha demostrado ser la forma más eficiente para mostrar el desacuerdo de las partes en muchos países del mundo. Las armas, son como la poesía de la guerra, son la figura literaria favorita de la muerte.

Lamentablemente, varios compatriotas han escrito historias nefastas y escalofriantes con este tipo de “plumas”. Como es el caso de ex combatientes de los grupos alzados en armas o como los llaman a nivel internacional Terroristas.

Sin embargo, a estas personas la vida no se les ha convertido del todo en muerte – por la culpa que deben sentir al recordar su pasado –. Al contrario, la vida les ha sonreído nuevamente y les ha dado una nueva oportunidad para salir adelante haciendo algo mejor que alistarse en las filas de la insurgencia.

Estás personas, decididas a cambiar, endulzarán en algún momento e indirectamente la vida de algún transeúnte en el mundo por medio del Cacao. Su medio de subsistencia y nueva forma vida.

Atrás quedaron parte de los temores de morir en combate, o las falsas expectativas generadas por los grandes comandantes insurgentes. Los cuales olvidaron pensar que la violencia no es sólo un medio de represión y temor hacia un país: es una herramienta y se debe saber usar y no abusar de ella. Aunque aquí no se sabe cuál es la estrategia y el uso de ésta. Lo cierto es que varios se han librado de las armas para buscar una nueva oportunidad.

Asociación de productores agropecuarios: ASOPA loro uno de Putumayo

ASOPALas palabras entraban por un oído, pero salían por el otro…

El comandante hablaba sin parar; no sé qué me pasaba ese día, quizás no estaba concentrado y mi mente estaba en otro lugar.

Imaginaba a mi familia viva, nuevamente; abrazaba a Camilo, mi hijo. Besaba a Natalia, mi hija; despertaba al lado de Carmen, mi esposa.

Tenía estos recuerdos en mi mente y no me dejaban poner atención y escuchar claramente lo que mandaba el Jefe. Sin embargo, salí como todas las madrugadas a seguir las órdenes diarias, dejando de lado, el plan del día.

No obstante, no dejaba de pensar en mi familia: me cuestionaba y me hacía preguntas ¿Cómo estarán? ¿Dónde estarán? Y me respondía, ingenuamente – porque de la muerte y de la vida no sabemos nada realmente los seres humanos, sólo podemos hablar de lo que vemos al tener vidas finitas y mentes finitas – Espero estén bien, por lo menos ya no se tiene que angustiar por nada. Camilo, ya puede hacer en el día lo que él desee, no tiene que ayudarme con los quehaceres de la finca. Natalia ya no tiene que aprender a cocinar; Carmen ya no tiene con quién discutir. Esto de una u otra manera me daba tranquilidad y, de hecho, yo que no me considero el más creyente en Dios esperaba que los tuviera en su gloria: si es que de verdad él existe.

Es curioso porque en ese preciso momento en que esperaba que ellos estuvieran en la gloria de Dios, el viento se hizo fuerte y empezó a soplar con violencia por mi rostro – Era como si estuviera cayendo por un precipicio – El viento soplaba, intensamente, los ruidos de la maleza al pisarla ya no sonaban con la misma intensidad, mi mente estaba en blanco – no pensaba nada, pero seguía viendo a mi familia, era como si estuvieran en ese momento corriendo a mi lado: al frente de mí – Sólo se hacía audible el sonido de los fusiles al disparar; y, de repente, caí en cuenta de que el viento se había puesto intenso y fuerte por la cantidad de proyectiles que pasaban a mi lado.

Logré detenerme en la sombra de un árbol grueso; añorando no ser herido o dado de baja, a mi lado ya no había nadie, estaba solo. Y en ese momento le dije a Dios “No quiero morir aún”. Es extraño porque uno en este tipo de casos, solo espera morir, pero yo no quería, y tal fue la sensación, no sé si de temor o de confusión, que llegué a creer en algo superior a mí. Y fui cayendo lentamente al suelo hasta perder el conocimiento: fui herido.

En medio de mi recuperación, coma de 4 meses, estuve con mi familia; la sentí real, puedo jurar que los podía tocar, éramos plenos y felices. Yo tenía un mejor futuro y, lo mejor de todo, era que estaba alejado de la ilegalidad y de las armas; hoy no sé si fue cosa de Dios o de mis pensamientos que aún me mantengo vivo.

ASOPA loro uno de Putumayo.

Todas las historias de vida son diferentes. Pero, tal vez, comparten interiormente un mismo anheloEl de dar orden al caos

Este proyecto fue desarrollado con la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito UNODC. Su prioridad es el fortalecimiento y organización de los agricultores locales desde una visión: técnica, social y empresarial. Que demuestre que el cultivo de Cacao es una alternativa legal de desarrollo económico.

Se han beneficiado hasta el momento 560 familias en Putumayo en el Valle de Guamuez. Donde se ha logrado demostrar que esta iniciativa es funcional y sostenible. Estas familias reciben su sustento de este oficio; han dejado atrás la ilegalidad y, ahora, buscan día a día un mejor presente y futuro. Trabajando hombro a hombro con las personas que les brindan acompañamiento técnico y de formación para el éxito de sus cultivos.

La comunidad se ha dado cuenta que el cambio lo puede favorecer, por lo cual, son un ejemplo a seguir y fomentan el cambio de los cultivos ilícitos por el de Cacao. El nivel de educación no es un impedimento. Los campesinos están guiados en todo el proceso.

Estas 560 familias son un ejemplo de cambio tanto a nivel regional como nacional. Ellos por iniciativa propia decidieron invertir sus recursos y apostarle al cultivo de Cacao con el propósito de entrar a la legalidad y el buscar una mejor forma de sustento económico. Por el momento, se ha logrado sustituir alrededor de 2070 hectáreas sembradas de Coca por Cacao.

Su oficina principal se encuentra ubicada en el barrio la Esmeralda, Municipio del Valle del Guamuez, Cabecera municipal La Hormiga. Para afiliarse cada productor debe pagar una cuota que oscila en los $70.200.

Finalmente, esta es una de las experiencias premiadas por Emprender Paz. Es una iniciativa exitosa la cual busca incentivar a las empresas a trabajar por la población afectada por el conflicto y a contribuir a la construcción de paz. Grandes, medianas, pequeñas y microempresas de diferentes regiones del país han respondido a la convocatoria, mostrando sus iniciativas y los cambios que han logrado generar. Además, promueve espacios de socialización en los que representantes del sector empresarial comparten sus lecciones aprendidas a partir de los retos que enfrentan en el desarrollo de actividades de construcción de paz en Colombia.

Emprender Paz ha premiado a 24 iniciativas desde su creación.

Otras entradas del Autor.

Restando el pasado y multiplicando el presente: Minimarket 2×3. Fenalco.
Semillas de crecimiento y esperanza para la paz: Utopía.
Venezuela, el vecino de Colombia.
Coca No, Cacao Sí

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