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Ofertas gastronómicas del mundo pictórico (I parte)

 

 costumbres antiguo egipto

Por estos días mi fascinación por el arte ha crecido -gracias a un curso que estoy siguiendo- y en consecuencia he notado que podía escribir sobre la presencia e importancia que a lo largo de la historia ha tenido la comida y su mundo entre los artistas y su producción pictórica. Por supuesto que no soy experta en historia del arte pero intentaré meter mi nariz de ‘historiadora de otras cosas’ en ese fascinante mundo.

Desde las representaciones artísticas más antiguas y sin un ánimo particularmente estetizante, los seres humanos han dejado plasmadas sobre paredes y cerámicas, imágenes del mundo gastronómico.

[Recomiendo vivamente a los lectores dar un click sobre cada una de las imágenes para poder apreciarlas con una mayor definición y en algunos casos ampliadas]

Antiguo Egipto, Grecia y Roma ofrecen representaciones de la comida en sus frescos y mosaicos.

Entre los egipcios las representaciones visuales de la comida eran bastante generosas y nutrían sus tumbas: carnes (vacuna y bovina), aves, pescados, frutas, panes, pasteles, vino, cerveza se encuentran entre los alimentos más fácilmente identificables.

Ofrendas de alimentos en la tumba de Menna (1400 A.C.)

Ofrendas de alimentos en la tumba de Menna (1400 A.C.)

En la Pompeya romana la comida se exhibía en los frescos, probablemente para mostrar a los huéspedes la riqueza que podían ofrecer.[1] Las representaciones de frutas son muy características.

Frutas de Pompeya

Frutas de Pompeya

El mal llamado “bodegón”, mejor, “naturaleza muerta”,[2] ya tiene su expresión en estos tiempos y lo revivirá con fuerza muchos siglos después, la pintura flamenca europea. La pintura de aquellos siglos, muy similar a los bodegones es llamada “Xenia” porque a los invitados (llamados xenos) se les enviaba cuando llegaban a un lugar, alimentos crudos.[3] 

Fresco romano representando una 'naturaleza muerta'.

Fresco romano del Praedia de Julia Felix en Pompeya representando una 'naturaleza muerta'. Museo arqueológico nacional en Nápoles. Se aprecian dos aves muertas, sopa, panes y vino. (Tomado de Artehistoria)

El gusto por el pescado llevó a la antigua civilización romana a un conocimiento profuso de diversas especies marinas, tal como es representado en un par de mosaicos de Pompeya:

Mosaico con diversas especies marinas

Mosaico de Pompeya, Museo Archaeologica Nazionale, Nápoles. Foto: Andrew & Suzanne. El pez eléctrico era bien conocido en el imperio romano clásico, tal como se percibe en este mosaico, como el pop, el sargo, la lubina, el tragaluz, el serrano, la doncella

Banquete marino

Banquete marino

En muchos frescos y manuscritos medievales iluminados abundan imágenes de la importancia de la cacería para la adquisición de diversos tipos de carnes.

Detalle de cacería en la techumbre mudéjar de la catedral de Teruel (fines del siglo XIII).

Detalle de cacería en la techumbre mudéjar de la catedral de Teruel (fines del siglo XIII). Perros adiestrados ayudan a sujetar a un jabalí.

En el caso específico del jabalí, este tenía una simbología que lo asociaba a un enemigo de Cristo, por esto se le representaba en espacios sacros. Hasta el siglo XIV y desde la antigüedad, la caza del puerco salvaje fue muy valorada y era parte de los rituales reales y señoriales. Poco a poco, la caza de este animal será desprestigiada y reemplazada por la caza del venado.[4] Pero es importante anotar que la caza tenía una triple función: forjar el carácter de los caballeros, divertir a reyes y nobles pero también como fuente de ingresos y alimento de la población. La imagen precedente nos permite visualizar la actividad cinegética (caza) que antecede al momento de cocinar y llevar a la mesa.

La abundancia de las carnes, al menos en las cocinas y en las mesas reales y nobles es representada por muchos pintores del alto medioevo y del Renacimiento.

En las mesas se servían frutas, potajes y platos fuertes. La carne y en especial la que provenía de la caza (ciervo, jabalí, perdices) se valoraba más que el pescado y estaba presente en los festines. A estas carnes le seguían en importancia las de las aves de corral (capones, ocas, gallinas, e incluso cisnes) y en tercer lugar las carnes rojas como la ternera y el carnero. La fruta podía disponerse en formas realmente artísticas y las carnes se presentaban conservando su forma natural. Incluso las aves se servían con plumas. Algunos de estos aspectos pueden observarse en la siguiente imagen:

Banquete medieval

Banquete medieval

Joachim Beuckelaer, pintor flamenco del siglo XVI, mostró predilección por las naturalezas muertas y las representaciones de mercados y cocinas –llamadas ‘de género’-, heredadas de su tío y maestro pintor, Pieter Aetsen. En su obra, las imágenes estaban vinculadas a una simbología bien precisa. Pero para nosotros hoy, son un valioso documento para contemplar las nutridas cocinas de la gente acomodada de Amberes.

Los cuatro elementos. Fuego, Joachim Beuclelaer

Los cuatro elementos. Fuego, Joachim Beuckelaer

En esta ambiciosa obra de Beuckelaer llamada Los cuatro elementos. Fuego, se aprecian aves y carne en una cocina, la preparación del fuego, al fondo, y Cristo con Marta y María más allá de la cocina. La importancia dada a la comida y a su preparación nos habla justamente del nuevo género artístico característico del periodo barroco, aunque todavía el fondo guarda lealtad al estilo clasicista del Renacimiento que privilegiaba los motivos religiosos.

El tío de Beuckelaer nos dejó también preciosas imágenes de la alimentación como el cuadro de las crêpes de 1562:

Las Crepes, Pieter Aetsen, 1562.

Las Crepes, Pieter Aetsen, 1562.

Además de las crêpes –posiblemente un símbolo nacional-, podemos apreciar en la escena la presencia del queso, el pan y el vino, sobre el que está apoyado el hombre, mientras la mujer mayor es la encargada de darle forma a las crêpes con un grilla que crea un entramado similar al de los waffles (sobre la mesa). Las crêpes las asociamos más con Francia pero de su temprano consumo europeo tenemos constancia en los Países Bajos de Aetsen y en este cuadro que reposa en el museo Boijmans Van Beuningen de Rotterdam. Queso, pan y vino eran también muy típicos productos de la dieta mediterránea.

Dos de las escenas que sirven para representar los pecados capitales en el óleo en tabla de Hieronymus Bosch, llamado por los españoles El Bosco, titulado Mesa de los pecados capitales (ca.1485), muestran imágenes gastronómicas.

 

lujuria

El Bosco, Detalle de la Mesa de los pecados capitales, ca.1485

El Bosco, Detalle de la Mesa de los pecados capitales, ca.1485

 

La lujuria es representada con una comida campestre y la gula nos muestra una escena interior en donde hay un hombre gordo comiendo una pata de pollo, un niño también gordo para moralizar sobre el mal ejemplo, otro hombre que bebe desaforada y directamente desde una jarra (parece un mendigo, por su ropa y su zapato roto) y una mujer que entra ofreciendo una bandeja con un pollo (o ave) entero. Además se están grillando unas salchichas y al lado hay una olla probablemente con sopa. Sobre la mesa se alcanzan a distinguir un pedazo de otra carne, un pescado y pan. Si observamos la pared del fondo hay sugerencias de que el hombre dueño de la casa, muy seguramente el gordo, tenía implementos de cacería. La silla volcada sugiere un momento avanzado de la fiesta o cuando menos, reunión.

Un seguidor de El Bosco, el pintor holandés Jan Mandijn es autor de una obra bautizada como Festín burlesco de cerca de 1550. Esta pintura de género, escenifica una boda, temática cultivada por los pintores de origen flamenco del alto medioevo y del Renacimiento. La escena nos permite analizar la mesa, la cocina y los alimentos del festín.

 

Festín burlesco. Jan Mandijn, c.1550

Festín burlesco. Jan Mandijn, c.1550

 

Por el tipo de alimentos puede que se trate como en el cuadro similar de Brueghel el Viejo -que analizaremos adelante-, de una boda campesina. Esto lo ayuda a corroborar la arquitectura y la decoración del lugar. Paredes muy rústicas, mantel usado, piso quebrado, ninguna decoración a excepción del paño detrás de la novia. Lo que hace pensar que se trata de una boda es la centralidad de una mujer coronada, la escena del fondo en donde se arregla una cama, la novia vestida de rojo y con decoraciones doradas, típico vestido usado en el periodo medieval. No es muy claro el por qué la corona de la novia es de tipo carnavalesco.

Si acercamos nuestra vista podemos apreciar que está formada por cucharas de madera y cabezas de ajo. La corona en general simbolizaba el deseo de felicidad para el matrimonio y la fecundidad. La que llevaban en una época los novios representaba la coronación como reyes de su hogar. En este caso particular parece haberse coronado a la novia como reina de la cocina.

A pesar de tratarse de una fiesta, los personajes del centro no parecen alegres, un poco más y sobre todo borrachos, los de la mesa lateral. Importante aquí es apreciar el tipo de alimentos, muy básicos. El banquete parece estar terminando pues el ambiente es totalmente caótico: una silla volcada, un hombre no solo vomitando en la esquina derecha del cuadro sino con una cuchillada en la cabeza. La autora parece ser la mujer de la mesa del lado derecho que sostiene un cuchillo y tiene la boca cubierta con su propio tocado. La discusión de los otros comensales apunta hacia el desdichado hombre del suelo.

Pues bien, en la mesa parece quedar solo pan, un pan ya sobrante a decir por la escena del perro que acaba con lo que queda en una cesta. Llega un hombre ofreciendo algo más, una especie de chorizos, en la mesa hay una sopa espesa que en la época se conocía como porridge o gachas, servida en platos de madera. La olla grande en donde se ha preparado se puede apreciar en el cuarto de cocina atrás, colgado del techo. También las cucharas, único cubierto, era de madera. Los dos cuchillos presentes son de hoja metálica pero por su dimensión eran los que se usaban para cortar las carnes. También se aprecia una cocina en el fondo a la derecha del cuadro y un asador en el que todavía se está preparando algo similar a un cabro.

Lo que parece ser vino o cerveza corre a torrentes durante la celebración.

Hoy, este cuadro nos sirve para apreciar algunos elementos del mundo alimenticio campesino pero en su época fue creado para hacer una crítica a la necedad, sujeto de todo el cuadro. Un mundo al revés, un hombre con pies en lugar de manos, una novia coronada con corona de cucharas y ajos que probablemente simbolice la gula y un gesto en sus manos que también parece indicar falta de juicio. Lujuria y gula no desembocaban en buenas consecuencias, como lo muestra el hombre acuchillado con una jarra cercana en el suelo. Hay también un animal vestido de rojo y sentado a la mesa (en la esquina izquierda) que podía simbolizar al demonio, impulsor de estos pecados capitales.

Los campesinos en el siglo XVI eran objeto de burla y sátira. Estos cuadros se hacían sobre todo para representar todo tipo de acciones no aceptadas desde un punto de vista moral y social.[5]

De gran familiaridad con el cuadro anterior de Mandijn es el de Peter Brueghel el Viejo conocido como La boda campesina o Banquete nupcial en el granero el cual está datado cerca de 1568.

Boda campesina, Pieter Brueghel el viejo,c.1568

Boda campesina, Pieter Brueghel el viejo,c.1568

Según una analista de este cuadro,[6] el tema central del mismo es en efecto, la comida y el hecho de que todos los invitados a la boda o comensales estén serios es porque la acción de comer denota la solemnidad reverencial que está implícita en el acto alimenticio.

Detalle de la Boda. La novia. Un comensal toma un plato de la bandeja y lo pasa a la mesa.

Detalle de la Boda. La novia. Un comensal toma un plato de la bandeja y lo pasa a la mesa.

La escena es protagonizada por una mesa rústica y enorme cubierta con un mantel blanco. Esta especie de lujo podía deberse a que la gente de la región flamenca era productora de textiles finos que se vendían en el resto de Europa.

Los platos como también los muestra Mandijn, son de madera y en la mesa predominan los cereales: pan de centeno y porridge o gachas. En unos platos ese potaje se ve amarillo y en otros blancos. Estos platos son transportados en una ingeniosa manera por dos hombres que levantan lo que parece ser una pesada composición de tablas. En la parte principal de la mesa se aprecia un asado, correspondiente con un costillar en un plato. El joven en primer plano, sirve animadamente el vino desde unas grandes jarras de barro a unos jarros más pequeños que se guardan en un cesto, imagen que parece una reminiscencia de las bodas de Caná.

Este banquete al contrario del anterior, acaba de comenzar. La escena, el piso y la mesa están aún ordenados.

La relación entre la comida y el arte como hemos apreciado aquí es un tópico de gran riqueza que nos aproxima a las costumbres de la gente de otros periodos de la Historia. Seguiremos con este tema en próximas entradas para hablarles de las obras de Arcimboldo, Carracci, Velásquez, Zurbarán y otros pintores que se ocuparon de representar el mundo culinario europeo.

Notas:

[1] María Jesús Martínez Silvente, “El bodegón: modernidad y tradición. El arte y la comida. De Leonardo Da Vinci a Ferrán Adriá” en Claustronomía. Revista gastronómica digital. Universidad del Claustro de Sor Juana, México, D.F., 2013.

[2] Los expertos en Historia del arte dicen que el término ‘bodegón’ para referirse a las ‘naturalezas muertas’ es confuso porque los bodegones eran los locales en donde se ofrecía comida, es decir, las tabernas. Alejandro Vergara Sharp en su curso, “Descubriendo la pintura europea de 1400 a 1800”. https://www.edx.org/course/descubriendo-la-pintura-europea-de-1400-uc3mx-ceh-1-esx#.VQSO1-GAlK0

[3] “Naturaleza muerta (2). Las Xenia” en Blog El dilema de Kovalski. Entrada del domingo 21 de marzo de 2010. URL: http://danivanhelsing.blogspot.com/2010/03/naturaleza-muerta-2.html

[4] María Luz Rodrigo Estevan, “Cazar y comer caza en el Aragón medieval: fueros, normativas, prácticas y creencias” en El Ruejo, Revista de estudios históricos y sociales, n.5, 2004, pp.59-124.

[5] Algunas interpretaciones del cuadro tomadas del Museo Bilbao, el cual aloja esta obra. https://www.museobilbao.com/uploads/actividades_educacion/archivopdf_es-8.pdf

[6] Paloma García Picazo, “Una idea dialéctica de Europa: un ensayo crítico metodológico. Arte y cultura popular en una pintura de Brueghel” en Boletín de la Real Academia de Historia, 2012, pp.197-229.

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PERFIL
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Especialista en historia cultural del periodo colonial americano. Su último libro se titula Los 'Reinos de las Indias' y el lenguaje de denuncia política en el mundo Atlántico (s.XVI-XVIII), Amazon and CreateSpace, 2014. Otros libros de su autoría y sus artículos de investigación científica pueden consultarse en https;//loc.academia.edu/Natalia Silva Prada Además de este blog es autora del blog histórico “Los Reinos de las Indias en el Nuevo Mundo”: http://losreinosdelasindias.hypotheses.org y "Paleografías americanas": http://paleografi.hypotheses.org

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2 Comentarios
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  1. natsilvaprada

    En efecto César, los cuadros referenciados creados entre los siglos XV y XVI y alusivos a la vida campesina muestran que el tenedor aun no se ha introducido en las mesas populares -y ni siquiera nobles-. El dato de Alfonso X es fabuloso. Norbert Elias en su libro El proceso de la civilización expone ampliamente el cambio histórico de las costumbres en la mesa. Quizas un dia de estos escriba algo sobre este fascinante aspecto. Gracias por tu comentario.

  2. cesarbenites88

    Muy interesante artículo como siempre, es también interesante ver que en todas las pinturas que se muestran en ningún lado aparece el tenedor y esto es porque sólo se hace público el uso del tenedor hasta fines del S. XVI, exactamente en 1582 en el restaurant La tour d’Argent de París y sólo se hace de uso general hasta fines del siglo siguiente. Antes de su uso se comía con las manos, inclusive Alfonso el Sabio , en su clásico «Código de las siete partidas» decía que era de pésima educación comer con los 5 dedos , en cambio era de una pulcritud muy fina hacerlo solo con 2 o 3…

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