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«Bueno, listo. Dígale que venga». A Andrés le da mamera hacer esas cosas pero el favor se lo había pedido un buen amigo. Y Andrés también es malo para decir que no.

Al otro día llegó ella a la oficina de Andrés, muy formal y bonita, con su portafolio completo de servicios y el arsenal de encanto que suelen tener las comerciales. La conversación arrancó con un interrogatorio, ella preguntándole de todo a Andrés, seguramente perfilando su siguiente víctima cliente.

Que cuánto gana, que cuáles son sus expectativas de vida, que con quién vive. Con cada pregunta, Andrés se daba más cuenta de que ella vendía seguros de vida. Su amigo solo le había dicho que ella estaba buscando profesionales exitosos para ofrecerle unos servicios para gente divinamente, que todos deberíamos tener. «Y yo pensando que me iban a enseñar a hacer sushi», solo pensaba él.

Eso sí, no se podía negar que Marcela era encantadora. Sabía cómo hablar, seducir con las palabras para hacer responder al otro y llevarlo a comprar. Mejor dicho, era muuuuy comercial. Bueno, de pronto también le ayudaba la minifalda. O las piernas, mejor dicho. Por otro lado, Andrés estaba absolutamente convencido de que no le iba a comprar nada, pero tampoco la podía dejar ir así como así, sin sacarle una comida, o un almuerzo, o aunque sea un café.

«Gracias Marcela, aún no sé si te voy a comprar, no te prometo nada», le respondió tan pronto ella terminó de llenar el formulario lleno de casillas. «Lo que sí sé es que me gustaría conocerte. ¿Qué dices, almuerzo el viernes?» «¡Que sea un plan!», respondió Marcela con sonrisa encantadora.

El viernes a eso de las 10 de la mañana, llamó Marcela al celular de Andrés. «Upa, le debo interesar mucho, no se esperó a que yo la llamara», se dijo él con el ego subido. Como estaba en reunión no podía demorarse mucho en la llamada, pero tampoco podía dejar de contestar, ni tarado que fuera.

– Hooola Marce, ¿cómo vas? Me cogiste en medio de una reu, por si te hablo muy rápido.

– No te preocupes, solo te llamé porque estoy cerca y terminé mi reunión temprano. Pensé en pasar a visitarte mientras esperamos para almorzar.

– Claro que puedes pasar. El rollo es que termino reunión hacia las 12, me da cosa ponerte a esperar.

– ¡No hay problema! Yo tengo mi computador acá y me puedo poner a trabajar mientras te espero. Me quedo en un área común si me la prestas.

– Bueno, dale, te anuncias abajo y Diana baja por ti. Sé que es temprano pero si hay cerveza en el área común te tomas una a mi nombre.

– JA,JA,JA,JA, gracias Andresito. Me encanta que tengas oficina en un coworking tan bonito.

El almuerzo fue tan divertido como podía ser. Fueron a un buen restaurante cerca de la oficina y Andrés salió encantado; Marcela es una mujer muy entradora, divertida, bonita. Y se nota que ella lo sabe, porque usa todo eso a su favor. Terminado el almuerzo y un par de cervezas después, Andrés pidió la cuenta y pagó, mientras ella observaba con una sonrisa cautivadora.


La semana siguiente continuaron la conversación, con el coqueteo de rigor. Ambos se insinuaban cosas todo el tiempo, cosa que le encantaba a Andrés. Qué rico una mujer entradora, que no le teme a decir lo que siente, lo que desea y lo que le gusta. Él estaba tan entusiasmado que la invitó a almorzar de nuevo. No quería esperar al viernes y además ella debía ir a su casa temprano todos los días para cuidar a su hijo, no tenían opción para algo más tarde. A eso súmenle que vivía en Cajicá, no podía quedarse hasta tarde en Bogotá.

Por supuesto cuando ella aceptó Andrés estaba que saltaba en una pata. Llevaba rato sin salir con alguien y Marcela era de todo su gusto. Eso le subía un poco más el ego. Fue un almuerzo aún más divertido que el anterior, con más risas y más coqueteos. Andrés pidió la cuenta, como siempre, y pagó mientras Marcela observaba con su sonrisa encantadora.

Al salir del restaurante pararon en la esquina junto al edificio de oficinas, como para despedirse. «¿Tienes que visitar a algún cliente o vas temprano a tu casa?», preguntó él. «Tengo que trabajar en unas cosas, pero no me quiero ir ya para la casa. ¿Me dejas acompañarte en tu súper oficina? Prometo no molestarte mucho, me pongo a trabajar juiciosa.» «Usted me puede molestar todo lo que quiera, cositaClaro que sí, dale, encantado de tenerte en la oficina.»

Marmotazos: A ella le gusta la gasolina

Andrés dichoso de que ella quisiera compartir más tiempo con él, no le veía ningún problema a trabajar a medias, con algo de distracción. Esas piernotas no se tienen tan cerquita todos los días. Bueno, eso pensaba él, porque ella no estuvo sentada ni diez minutos. En realidad estuvo de mesa en mesa, o junto a la cerveza, presentándose a cuanta persona veía, para conseguir más clientes. Y esa área común estaba llena de potenciales clientes, era como tener a un niño en una tienda de dulces. «Bueh, no la puedo culpar. Ese es su trabajo. Mientras me concentro y sigo haciendo el mío», se dijo Andrés, con el ego ya no tan arriba. Además ella lo miraba cada cierto tiempo, con esa sonrisa espectacular que lo hacía derretirse, cual quinceañero en prom de colegio.

Después de unas horas ella volvió y se sentó junto a Andrés. «No te imaginas lo bien que me fue, Andresito. Conseguí como diez teléfonos nuevos y la otra semana vengo a visitarlos. ¡AMO TU OFICINA! JA,JA,JA,JA,JA», dijo mientras le ponía una mano en la pierna. Obvio eso hizo que a él se le volviera a levantar. Tener el ego arriba siempre ayuda. Por supuesto, cuando ella se fue, él se ofreció a acompañarla a la recepción, también porque quería aprovechar para darle su respectivo beso en el ascensor. Todavía no se habían besado y ya era como bueno, ¿no?

Cuando él se le acercó y la abrazó para besarla, ella retiró un poco la cara y le preguntó que qué estaba haciendo. «Pues, darte un beso. Tú me gustas, lo sabes.» – «Pero es que no puedo, Andresito –le respondió a un Andrés cada vez más confundido–, porque te voy a llenar de labial, te voy a dejar todo rojo, JA,JA,JA,JA. Prometo que a la próxima me espero a que me lo des para volverme a maquillar.» Le dio un piquito minúsculo en la boca y luego con el pulgar le limpió el rojo que tenía en sus labios. Andrés sintió emoción y se le volvió a levantar el ego. Mejor dicho, eso era una montaña rusa egosística. Una subidera y bajadera interminable. Ese beso hizo sentir hasta un poquito de mareo al pobre Andrés. También pudo ser que el ascensor paró en el primer piso, pero digamos que fue el beso para meterle más emoción a la historia y eso vende.

Al salir del ascensor ella puso su mano en la cara de Andrés, lo miró a los ojos, le dijo «¡Muchas gracias por todo, Andresito. Te llamo para que nos veamos el viernes», le dio otro besito, más chiquito todavía, y se fue caminando, coqueta como era, consciente de que Andrés la seguiría mirando un rato, sabiendo que tiene piernas y cola para causarlo. ¡Vea! Sin él proponérselo, ya tenían una cita para el viernes. Mejor dicho, esto iba a pedir de boca. Andrés no veía la hora de que fuera viernes.


Viernes.

Era de esperarse que Andrés amaneciera feliz. Se dio cuenta de eso cuando notó que estaba silbando mientras se afeitaba. Mejor dicho, donde tenga la ventana abierta se le meten tres pajaritos y un venado a ayudarlo a hacer el desayuno para sus hermanastras desalmadas. Incluso en la oficina se la montaron un poquito porque andaba más sonriente que de costumbre. Finalmente, como a eso de las cuatro de la tarde ella lo llamó.

– ¡Hola Andresito! Imagínate que andamos por acá cerca con unas amigas de la oficina. Les conté que tu oficina es divina y que tú eres un primor. ¿Verdad que nos vas a dejar entrar y que ellas conozcan? Si hay problema no te preocupes, nos quedamos por acá mientras puedes salir. Pero ellas te quieren conocer.

– ¿Cómo así, ya están acá?

– Síííí, pero como te digo no hay rollo si no no se puede. La tarde está bonita y podemos tomarnos unas cervezas por acá mientras sales.

– No… pues… dale. Anúnciense en recepción, ya le pido a Diana que baje por ustedes y las lleve a un área común. Yo debo terminar unas cosas, pero mientras tanto se pueden quedar ahí un rato y les caigo tipo 5. Yo me apuro.

– ¡Tan divino! Mis amigas te van a adorar.

En medio de todo, eso le alegró a Andrés. Que a uno le presenten a las amigas es un avance, ya es presentación en sociedad. Y claro, hay que ganarse a las amigas, a las mascotas y a las mamás, en ese orden cronológico. Pasadas las cinco, Andrés terminó sus pendientes y salió a buscarlas. Los viernes normalmente se reunían todos los del coworking en las áreas comunes, tomar unas cervezas y relajarse un rato luego de una dura semana laboral. A medida que se acercaba, a Andrés se le hizo un poco raro que había más ruido que de costumbre, había hasta música y carcajadas. Cuando llegó, se encontró la escena que suponía: Marcela y sus dos amigas, con varias cervezas encima, y otros dos tipos que tenían oficina en el mismo coworking, charlando con ellas.

– LLEGÓ ANDRÉSSSSS –gritó Marcela con los brazos arriba y esa sonrisa hechicera–. ¡VEN ANDRESITO, TE PRESENTO A MIS AMIGAS!

Esto no pinta bien.

Continúa acá.

Obvio la banda sonora de la semana:


¿Será que Andrés se emborracha con las amigas? ¿Será que logra espantar a los buitres que están rondando? ¿Será que le puede agarrar una pierna o, al menos, darle un buen beso a Marcela entre cerveza y cerveza?

[Con voz de doblaje mexicano] La respuesta a estas y otras preguntas en nuestro próximo episodio de… Le pasó a un amigo. Próximamente en un blog cerca a usted.

@OmarGamboa


PORRRR FINNNN. No se alcanzan a imaginar las ganas que tenía de volver a escribir las historias de Andrés. A los que me han preguntado, ¡¡muchas gracias por la paciencia!! Al final les voy a dejar enlaces a otras historias de Le pasó a un amigo, por si se perdieron alguna o las quieren volver a leer. Igual, pueden escribir en Google:

Omar Gamboa le paso a un amigo marmotazos

y ahí les salen muchas de las historias. Espero escribir la continuación de esta historia para la próxima semana.

Por otro lado les cuento que ando montando unos webinar en mi página personal, ya que no es posible seguir haciendo los talleres presenciales. Estoy montando dos, por el momento:

  1. Instagram para emprendedores. Cómo aprovechar Instagram para vender más.
  2. Storytelling: Cómo contar una historia que sea pegajosa.

Y ya que estamos en cuarentena y todo eso, los dejé súper baratos. Incluso, le puse un descuento para los primeros que se registren. El de Instagram es el miércoles 29 de abril y el de Storytelling el miércoles 6 de mayo, ambos a las 7 PM.

Luego montaré otros sobre Marca Personal, Creatividad, Emprendimiento. Si tienen otros temas sobre Marketing Digital que les gustaría ver, cuéntenme en los comentarios y los armamos 🙂

Cualquier cosa nos leemos en redes sociales. También me encuentran en LinkedInInstagramTwitter y Facebook.

Un abrazo para todos, como siempre gracias por leer, comentar y sobretodo compartir. ¡Chau!


Si quieren encontrar todas las entradas, están en este enlace: http://blogs.eltiempo.com/marmotazos/

En “Seguir a este blog +” pueden poner su correo electrónico para que les llegue cada vez que publico. ¡Así no se pierden ni una!

Algunas entradas anteriores: «Le pasó a un amigo: La cuchi barbie«,»Le pasó a un amigo: La tenista«, «Le pasó a un amigo: La prima«.

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Soy un consultor apasionado por el Social Media y los contenidos digitales. Trabajo mejorando la Reputación Digital de marcas y personas. Conferencista y profesor universitario. Director de los Premios TW, a lo mejor de las Redes Sociales en Colombia, emprendedor en los ratos ocupados, melómano y escritor en los ratos libres. Bogotano por nacimiento, ingeniero de sistemas por educación (Universidad Nacional) y tuitero por gusto.

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15 Comentarios
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  1. Mis recomendaciones de la semana - Omar Gamboa

    […] La semana pasada publiqué un #Marmotazo en El Tiempo llamado “La mejor manera de salir de la crisis“, hablando de cómo aprovechar las herramientas que tenemos a la mano, cómo salir de esta entre todos.También les cuento que el jueves saldrá la continuación de “Le pasó a un amigo: A ella le gusta la gasolina” en El Tiempo, para que estén pendientes. Si no leyeron la primera parte, acá la encuentran: http://blogs.eltiempo.com/marmotazos/2020/04/17/le-paso-a-un-amigo-a-ella-le-gusta-la-gasolina/ […]

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