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Ni un
niño de siete años, ni la abuela de 60 están exentos de consumirse en esta
especie de ‘infierno’ moderno. Los expertos coinciden en nuevas formas de
prevenir estas enfermedades crónicas y de controlarlas eficazmente cuando hay
síntomas alarmantes.


MANUELA

Pesar 30 kilos con 1,60 de estatura es tener el alma anclada a este mundo por un cuerpo de seda y algodón. Así era Manuela*, de 16 años, cuando estaba en la etapa más crítica de una enfermedad silenciosa. Actualmente no acepta del todo que sufre de anorexia nerviosa y que puede morir por ello: “Es que llevamos un año con la esperanza de que ya casi terminamos con esto y no. Es un círculo que parece no tener fin”, se queja la madre de la joven. Un par de lágrimas se le escapan de los ojos. Manuela no se inmuta.

Su caso no es exótico. 80 mil hombres y mujeres en Colombia tenían anorexia y bulimia en el 2006, según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y Profamilia en la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional. Resulta extravagante pensar en este tipo de enfermedades en un país en el que, de acuerdo al mismo estudio, el 41% de los hogares no tienen suficiente dinero para comprar los alimentos que requieren.

CLARA

A Clara* no le importaban las ojeras pintadas cada vez con mayor densidad bajo sus ojos verdes y brillantes. Trataba de no pensar en los gajos gruesos de pelo que se le caían a diario, ni en su piel árida, ni en las manchas que se acomodaban odiosamente en sus dientes grandes y parejos. Al mirarse al espejo solo podía ver a esa niña gorda que tanto odiaba, así el resto del mundo le insistiera en que su peso era de pluma.

El factor familiar fue clave. Clara se sentía vigilada y asfixiada por su familia. Evitando la comida podía sentir, al fin, que tenía el control de su vida. Durante cinco años más se negó a sí misma que tenía un problema y le hizo creer a los suyos que todo iba bien, que solo adelgazaba porque estaba en etapa de crecimiento.

La purgación indiscriminada hizo que su recto se desprendiera. En una cirugía complicada, los doctores le cortaron parcialmente el colon. Sin embargo, Clara nunca podrá tener un parto normal ni hacer actividades que le demanden mucha fuerza. “Esa vez toqué fondo y reconocí que estaba mal. Yo quería volver a tener ganas de vivir, trabajar, soñar, bailar y también amar, puesto que ni siquiera había tenido novio”, dice la joven.


LA PREVENCIÓN Y EL TRATAMIENTO

El tratamiento ideal es el que tiene un proceso psicoterapéutico individual en la que el paciente hable de sus dificultades particulares para detectar el origen de su trastorno. El papel de la familia en la recuperación es clave, por eso es necesario que todos conozcan la enfermedad, sean comprensivos y asistan a terapias grupales. Finalmente, los medicamentos formulados suelen ser suplementos nutricionales, antidepresivos, tranquilizantes, moduladores del afecto y hormonales. Siempre dependen de cada caso, que tiene numerosas variables.

Así como el que come hamburguesa todos los días es proclive a ser obeso, hay varios comportamientos que hacen más susceptibles a los menores de tener en el futuro un TCA. De acuerdo con Maritza Rodríguez hay que prestarle atención a la autoexigencia, sobrevaloración de los problemas y baja tolerancia al fracaso: “los niños deben aprender que no todo se puede lograr o tener, sin que eso se les vuelva un melodrama”. La confianza y la autoestima del pequeño para asumir los riesgos con sus ventajas y desventajas seguramente le otorgarán un escudo más fuerte ante enfermedades como la anorexia y la bulimia.


CAMILA SE RECUPERÓ

Camila Pombo, de 30 años, se ríe y su alegría se contagia. Al verla lo primero que uno nota son sus dientes pulidos y después su menuda silueta, saludable y fuerte. Habla con elocuencia, con el tono bien modulado y las frases armadas agradablemente. Actualmente es psicóloga en el Centro Horus y se especializó en TCA porque ella misma pasó por esa pesadilla. Lo que más le gusta recordar de su historia, que no difiere mucho a la de Clara o Manuela, es cómo pudo darle un final feliz:

Acepté que tenía un problema que me estaba controlando. Que era una lucha interna constante hasta que un día dije ¡no más! ¡Qué pesadilla es esta! Me dí cuenta de que no había nada positivo en ello. Ese es el verdadero final, cuando uno toma la decisión. Si no es así, no importa cuántos profesionales intervengan“.

Si desea tener el reportaje completo escriba a julianadelaurel@gmail.com

Por Laura Juliana Muñoz

Publicado en la Revista Credencial en la edición de Enero de 2009.



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PERFIL
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A Juliana de Laurel le gusta tomar café y entregarse al insomnio de las letras nocturnas. ¡Ah! El placer de los sonidos cuidadosos de la noche, carros ligeros que habitan la ciudad sin hombres, el amor hecho en silencio como una víctima de los niños o de los años, los suspiros inconscientes del que reposa en su pequeña muerte a la que llama sueño. Juliana prefiere el sueño que se inventa con los ojos abiertos, sin pesadillas, del tic tac que tanto aborrece. laurajuliana.wordpress.com

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2 Comentarios
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  1. Es verdad los medicos tiene mucho que ver, yo mido 1.68 y pero 51 kilos, siempre he tratado de engordar, pero los medicos me dicen que estoy muy bien así, el problema es que no se ve bien ser muy delgada.

  2. CONFIANZA2010

    Tengo 1.55 de estatura y 60 kilogramos de peso, fuí al medico y me dijo “vaca” tiene que bajar 10 kilogramos por lo menos, mi amiga mide 1.62 y pesa 40 kilogramos el medico le dijo que estaba perfecta, sin saber que estába enferma de la tiroides. Los médicos tambíen empujan a la gente a la anorexia.

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