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Desde hace cuatro años Jin Weiquang trae toneladas de chucherías Made in China. Es el empresario más duro de San Victorino.

La tarde del 10 de octubre de 2013, Jin Weiquang se preparaba para develar el resumen financiero anual de LumiStar, la empresa que fundó hace cuatro años y a la que ha convertido en la mayor importadora de juguetes, artículos de Navidad y cacharrerías del sector de San Victorino, el corazón del comercio bogotano.

Cuarenta y ocho años, alto y delgado, rostro rubicundo, boca pequeña que gesticula e hilvana palabras y frases entrecortadas con una vocecita diminuta pero autoritaria. Dentro de su empresa le llaman “el Presidente”. Por todo el sector de San Victorino se le conoce como el “chino-duro” de las cacharrerías de Navidad, y sus 55 paisanos que trabajan en el centro de Bogotá y fundaron la Asociación de Comerciantes chinos para el Bienestar de Colombia, le llaman lĭngdăo, que en chino mandarín significa líder.

Se ganó este apelativo tras conquistar un nicho que ajusta el comercio global para alcanzar el precio más bajo: Jin Weiquang compra diez toneladas de cacharrerías cada mes en China, las traslada hasta Hong Kong y luego a Buenaventura a un bajo costo: algo más de diez mil millones de pesos. Cada uno de los diez contenedores de 40 pies —que ocupan un espacio de 1.500 metros cúbicos—, transporta miles de bienes (luces de colores, árboles de Navidad, cintas y globos navideños, bolas de cristal, decoración en general) en los que se lee “Made in China”. Weiquang trae la mercancía de Navidad y la vende al por mayor –y al detal– sin intermediario: tiene los mejores precios de las cacharrerías de Navidad.

Luego de que en 2011 su empresa comenzara a operar en Colombia, Jin Weiquang alcanzó el puesto número uno en la lista de los comerciantes chinos más importantes de la Gran Manzana de San Victorino. El diario económico Portafolio señala que los comerciantes chinos multiplican la prima de cada local y pagan hasta dos años de arriendo por adelantado. La prima es lo que en mercadeo se conoce como Goodwill, que no es otra cosa que el valor de reputación de un negocio, que puede ser establecido como la diferencia entre el valor neto de los activos y el valor total del negocio. En 2015, algunos comerciantes chinos pagaron hasta mil millones de pesos por una prima y arriendo de un local. Portafolio agrega que el metro cuadrado en la zona cuesta treinta millones de pesos. En el barrio Rosales, el más caro de Bogotá, la misma área es apenas de seis millones.

Las cifras lo dicen todo. Revista Semana señala que en el eje del comercio capitalino se alcanzan a mover doce mil millones de pesos diarios. Allí se transa mayormente en efectivo (en los locales chinos no se reciben ningún tipo de tarjeta) y los ingresos pueden duplicar los miércoles y los viernes con los populares «madrugones», exitoso formato que han terminado por replicar los grandes almacenes, excepto los chinos. Jin Weiquang se jacta de tener precios de oferta todos los días del año, en un español mal acentuado —en el chino mandarín no hay tiempos verbales, por eso les cuesta tanto el español— reduce el problema a un axioma económico.

—Sin competencia no hay negocio.

 

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De acuerdo con el libro China su larga marcha hasta la globalización, de Carlos García Tobón, en el siglo XX se presentaron dos olas migratorias de chinos hacia Colombia. La primera en los años 50 y 60 conformada por chinos cantoneses que se establecieron en Colombia y desarrollaron un proyecto de vida acá.

Los chinos de esta primera ola fueron propietarios de la mayoría de “restaurantes chinos” de Bogotá y de locales comerciales, dice. Desde inicio de milenio, se ha presentado una segunda ola de migrantes chinos con perfil distinto. Son ejecutivos de multinacionales (Huawei, por ejemplo). Vienen al país por un tiempo específico (tres años), sin plan de establecerse. “Sus dinámicas sociales y la manera en la que desarrollan sus rutinas son diferentes a la de los migrantes de la primera ola”, explica Tobón. No se interesan en integrarse con colombianos, menos aún adoptar sus costumbres. Viven en una burbuja que los aísla de la ciudad. “La civilización China —escribió Kapuscinski—: pura y simplemente se separó del mundo con una gran muralla”.

Jin Weiquang no comparte la teoría de Kapuscinski. Cuando le pregunto si se ha sentido rechazado, apoya sus manos en la silla y mueve su cabeza de izquierda a derecha con insistencia. «No, la gente es muy buena y me considero parte de Colombia. Un chino, donde vaya, está feliz». Para reforzar su afirmación solicita a uno de sus ayudantes llamar a su asistente de gerencia, Kelly Rodríguez, una diminuta y obediente chica con un particular sentido de la moda. En un lado del escritorio de Jin, sentada en medio de nosotros y su jefe, Kelly muerde cada una de sus palabras antes de que salgan de su boca. Es como si de tanto en tanto necesitara confirmar que la hemos entendido, como si pidiera permiso para hablar. “Yo hago la caja y los balances de venta semanales y mensuales —dice Kelly—. Sé que como un honor porque los señores chinos muy celosos con el dinero, además no hablo chino ni nada”, y ríe, un chiste que se filtra por entre las rendijas de la disciplina laboral. Ella es técnica profesional en contabilidad, le llevaba las cuentas a uno de los primeros chinos que llegaron al centro de Bogotá, quien a su vez, la recomendó a Jin para que fuera su asistente contable y cumpliera otras tareas. “Chica muy inteligente”, dice Jin y repite unas tres veces, para reforzar su mensaje. Él, como buen chino, es adulador pero no necesariamente sincero en sus afirmaciones.

Durante un tiempo, los comerciantes colombianos y chinos vivieron en armonía, hasta cuando los chinos decidieron comprar cuarenta locales comerciales en el centro comercial Monterrey, un lugar estratégicamente ubicado en la carrera Décima con calle once, Portafolio señala que los grandes importadores chinos podrían haber pagado hasta tres o cuatro mil millones de pesos por los locales. Kenny Tsui, presidente de la comunidad china de Colombia y gerente de Kenny International Ltda., una empresa de comercio internacional que cubre la logística de exportaciones e importaciones desde su sede en Hong Kong hacia América Latina, lo convenció para que invirtiera su capital en Bogotá.

 

Weiquang no lo pensó mucho: encargó a su hijo mayor Jian, el futuro de Gran Cranero, su almacén de cuatro plantas repletas de ropa, artículos para el hogar y oficina, y cientos de bienes almacenados en su bodega de cinco mil metros cuadrados, en Tarragona, provincia española, donde llegó en 1991 para buscarse un futuro mejor que el que le esperaba en China. Su primer trabajo fue ser asistente de cocina en un restaurante oriental, donde trabajó cuatro años. Con el dinero ahorrado y el préstamo de la colonia china en Cataluña, abrió una tienda de ropa, calzado, artículos escolares. Lo llamó Taijí, que traduce metal precioso en español. Taijí (la razón social de su empresa) importa anualmente a Barcelona 50 contenedores de mercancía desde China.

—¿Qué opinión tiene usted de los empresarios colombianos? –le pregunto.

—Son muy poco arriesgados. Les da miedo perder, lo importante para hacer negocios en mi país es la confianza entre comerciantes. Para crear esa confianza hay que hablar mandarín, eso es lo primero, y conocer muy bien el mercado.

Pablo Echavarría Toro, exembajador de Colombia en China, cuenta en su libro Aproximación a China  que para una negociación exitosa, el extraño o extranjero debe familiarizarse con ocho aspectos claves de la cultura: las conexiones personales o la red social (guānxi 关系), el prestigio o el capital social (miànzi 面子), el estatus (shèhuì dĕngjí 社会等级), el intermediario (zhōngjiān rén 中间人), la armonía interpersonal (rénjī héxié 人际和谐), el pensamiento integral (zhĕngtĭ guāniàn 整体观念), la mesura (wĕnjiàn 稳建) y la resistencia o el trabajo arduo (chīkŭ nàiláo 吃苦耐劳), escribe Echavarría.

Jin Weiquang estima por encima de cualquier virtud el trabajo duro. Cuenta que hace un par de semanas, un domingo, fue a visitar a un amigo suyo. Eran las seis de la tarde y él estaba trabajando. “Mi amigo me decía que los compradores que vienen fuera de Bogotá, como de Facatativá, Fusa, Soacha, no pueden venir entre semana, y por eso abren los domingos. Se trabaja los 365 días del año. Son muy buenos trabajadores”. Los chinos basan la mayoría de sus actividades en el chiku nailao: la dedicación y el esmero pagan. Por ello, los niños estudian más horas que en Occidente, y sus padres los obligan a participar en muchas más actividades extracurriculares.

—Un trabajador chino produce lo mismo que producen dos o tres colombianos —asegura Jin—. Acá el ritmo es suave, en mi país se trabaja sin descanso.

—Jin, ¿cada cuánto viaja a China?

—Voy una vez al mes. Visito a mis padres (que viven en la ciudad de Suzhou, provincia de Jiangsu), a mis hijos, si están juiciosos con sus deberes. Reviso cómo van los negocios, qué mercancía está lista para enviar a Colombia, cómo van las fábricas y los trabajadores.

Una vez, cuenta Jin, un trabajador de estas fábricas se fue a descansar a casa de sus padres después de un mes de trabajar sin respiro, y no regresó. Dice que su jefe todavía lo está esperando, aunque todos sepamos que al cabo de 15 minutos lo olvidó y contrató a otro, como mandan las reglas chinas: el material humano es lo que abunda.

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*

La balanza comercial de Colombia con China alcanzó en 2015 dieciocho mil millones de dólares, con una inclinación a favor de los asiáticos: Colombia exportó a China productos (alimentos con valor agregado, aceites crudos de petróleo o de mineral bituminoso, ferroníquel. Una opción es la carne porcina, pues el consumo es de 38 kilogramos anuales per cápita en China, mientras que en Colombia es de 8), exportó productos, digo, por ocho mil millones e importó doce mil millones de dólares, principalmente entre material eléctrico y manufacturas de todo tipo, entre estas, las cacharrerías de LumiStar, el centro de operaciones de Weiquang. Por el momento, señala La República, China es el segundo socio comercial de Colombia con una participación de diez por ciento en exportaciones, después de Estados Unidos, con un veinticinco por ciento. En cuanto a productos, el combustible sigue siendo el más vendido entre ambos países.

Dulcería, cuchillas de afeitar y piedras preciosas fueron los primeros productos que el país exportó a China desde que se restablecieron las relaciones diplomáticas y comerciales en 1981. Kenny Tsui fue el empresario que llevó los productos de Noel (uno de sus primeros proveedores en el país) a los supermercados en Pekín, a quince mil kilómetros de distancia, después de haber organizado la invitación a Colombia en la Feria Internacional de Beijing, en 1995. El primer embajador de Colombia en el país asiático fue Julio Mario Santo Domingo, quien gestionó la primera visita de un presidente chino a nuestro país en 1985, invitación personal de Belisario Betancur a su homólogo Zhao Ziyang, secretario general del partido Comunista Chino entre 1985 – 1990, cuando fue expulsado del partido por su apoyo a las manifestaciones estudiantiles de Tiananmén.

Los primeros que se refugiaron después del triunfo comunista de Mao Zedong en 1948 fueron los ricos de Shanghái (que migraron hacia Hong Kong, en esos años, parte del Imperio Británico), después los campesinos hambrientos del salto hacia adelante (cuyo objetivo fue transformar la economía agraria china en una sociedad comunistas a través de la rápida industrialización y colectivización. Esta campaña produjo la gran hambruna china que, según estimaciones, provocó la muerte de entre veinte a treinta millones de personas). Después los perseguidos por la Revolución Cultural y luego los perseguidos por haber hecho la Revolución Cultural.

Fue un poco después, hacia los años setenta, cuando empezó la industrialización salvaje, la fiebre por la producción en cada rincón de China. Luego, bajo el mandato de Deng Xiaoping (1976-1996), se emprendieron las reformas económicas de liberalización de la economía socialista que permitieron a este país alcanzar unas impresionantes cuotas de crecimiento económico. “En una ocasión, Deng Xiaoping ordenó que se otorgara un papel protagónico a los plutócratas—cuenta Evan Osnos en artículo en Etiqueta Negra—. ‘Hagamos que unos pocos se enriquezcan’ dijo. En los treinta años posteriores a la liberalización económica realizada por Deng, los emprendedores que abrazaron el mercado global habían hecho a China muchísimo más prospera, pero también vulnerable”.

No es gratuito que Juan Manuel Santos hiciera una visita oficial a China en mayo de 2012 y buscara su inversión para fomentar el desarrollo nacional. Además, Colombia quiso estrechar esas relaciones y generar acuerdos bilaterales en ámbitos como el cultural, el educativo y, especialmente, el comercial después de su participación en la Feria Mundial de Expo Shanghái 2010.

 

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*

Jin Weiquang asegura que su familia nunca ha venido a Colombia. Tiene tres hijos: Jian—quien está al frente de Taijí, en España—, Hao, quien estudia en la universidad de Pekín, y Xiayan, quien cursa lo que en Colombia denominamos bachillerato. La excepción de la regla ocurrió hace unas semanas, cuando su esposa lo visitó durante un mes en Bogotá, en su apartamento en el Centro Internacional.

Cuando dice esposa, a Jin se le borra la sonrisa de la cara y se pone tan serio como si fuera a negociar un contrato. “Cuando viene no hace nada, por eso prefiero vivir solo”. En pocos días se encontrará de nuevo con ella en España para celebrar juntos Navidad, Reyes y Año Nuevo Chino, una muestra más del sincretismo cultural de los emigrantes chinos.

—¿Qué harán de Navidad? —le pregunto a Jin— ¿rezan Novenas, esperan al Día de Reyes?

—Yo sí quiero celebrar con mucha comida, con amigos, socios —dice, y de inmediato agrega— quiero que mis invitados estén muy satisfechos porque el 2017 vamos a trabajar duro.

Por primera vez Jin habla en voz alta del futuro. Sus palabras son más fluidas, como si resbalaran por un tobogán. Es el tono firme y prudente que usa cuando negocia con sus proveedores de China, propietarios de fábricas en las que todo se produce. Ahora, en vez de contenedores o de primas de reconocimiento comercial, Jin administra el tema de su familia y su futuro en el país. Él viene de una sociedad en la que conservar el honor (desde las reuniones sociales hasta los proyectos financieros) lo es todo: se trata del mianzi, la cara social de cada hombre, mujer, joven chino.  Por ejemplo, es muy común entre los jóvenes chinos de las grandes ciudades tener amigos extranjeros y ser vistos con ellos, pues esto les da prestigio, les da cara.

“¿Qué opinaría mi familia, y mis amigos si me voy de este país como quieren los comerciantes colombianos de acá?” repite con insistencia. Pero la realidad interrumpe sus disertaciones del sentido de la vida cuando en la puerta de la oficina de Jin se asoma de repente una mano con los cinco dedos extendidos. Es la mano de su socio Lin Ho acompañado de un técnico en electricidad que vino a reparar varias bombillas del edificio. En 30 minutos Jin volverá a supervisar cada uno de los espacios de su centro de operaciones, a la espera que sus empleados le confirmen que han cumplido con sus órdenes.

Ahora, mientras esperaba para enfrentarse a la cámara de nuestro fotógrafo, Jin dejó escapar una risa corta e incómoda, y dijo: “Me encuentro de buen humor”. Escudriñó las caras que tenía alrededor, entre las que se encontraba las de su socio Lin Ho, su asistente de gerencia, y el técnico eléctrico que llegó de improviso. “Uno debe tener seguridad para poder transmitirla al resto”, dijo, y atravesó imponente el pasadizo hasta llegar al salón de eventos, donde el fotógrafo le hizo varios retratos, el mismo lugar donde hace tres años aseguró que el precio por cada artículo que traía desde las fábricas chinas era el mejor del mercado colombiano en temporada navideña.

 

@Sal_Fercho

Este perfil hace parte de un grupo de historias sobre extranjeros en Colombia que se publicará próximamente. Las fotografías son de Santiago Mesa, fotógrafo documental, en Instagram smesari. 

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Saltando de un lugar a otro encontró su pasión en escribir, y sus textos han sido publicados en revistas como Gatopardo, SoHo, Esquire, Vice, Malpensante. Bogotano, profesor en algunas universidades e investigador asociado de Los Andes y apasionado por el periodismo, acaba de escribir su primer libro con Penguin Random House, "CSI Colombia", siete crónicas de cómo las ciencias forenses decodificaron algunos de los crímenes más impactantes de la historia reciente de Colombia. ​

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En entrevista exclusiva para Tiempo de Series By Cats, conversamos con Dan Fogelman sobre el proceso creativo de This is Us y el éxito obtenido por la serie.

 

'This is us', es uno de los últimos fénomenos de la televisión abierta en Estados Unidos, que ha logrado en solo tres años recolectar 27 nominaciones y cerca de 10 premios para sus actores en los Emmy, Golden Globes, SAG y Critics Choices, algo que no se veía desde el 2011, pues últimamente las series que más llaman la atención y llegan a los premios son las que provienen de las plataformas de streaming y de canales de televisión paga por cable.

Así mismo, la serie ha logrado llamar la atención de la crítica internacional y de seriéfilos y seriéfilas en todas partes del mundo, gracias a que ha sido distribuída por algunas plataformas de streaming que la tienen dentro de su catálogo de series, en el caso de Latinoámerica, 'This is us' puede verse por al app de FOX Premium.

Este éxito y que semana a semana la serie reúna más de 10 millones e espectadores por capítulo en Estados Unidos,  ha permitido que la NBC le haya dado total libertad a los creadores para contar la historia de la familia Pearson, y la haya renovado para una quinta y sexta temporada.

La serie protagonizada por Milo Ventimiglia, Mandy Moore, Sterling K. Brown, Chrissy Metz, Justin Hartley, Susan Kelechi Watson y Chris Sullivan, sigue a una familia común y corriente, que ha sido marcada por la muerte de Jack, el padre (esto se devela en el primer capítulo) y que se enfoca en lo que ha sido la vida de los tres hermanos treintañeros en diferentes momentos de su vida.

Pues, su estructura narrativa permite al espectador conocer a los protagonistas en el pasado, abarcando las décadas de los 70, 80, 90 y la década actual, donde los vemos como niños, adolescentes y adultos, y en las últimas temporadas la serie nos ha llevado al futuro dándonos pistas de lo que pasará con los hijos y la madre de esta familia.

[caption id="attachment_598" align="aligncenter" width="300"]FOTO 1 Imagen suministrada por Fox Premium[/caption]

En estrevista exclusiva para Tiempo De Series By Cats, conversamos con Dan Fogelman, creador de This is us, sobre le proceso creativo, y el éxito que ha tenido la serie.

Desde el inicio de la serie se le ha presentado al espectador una pregunta o misterio por resolver en cada temporada, sin embargo, en la última temporada las preguntas se han vuelto más complejas y por lo que vimos, se resuelven al final de esta entrega. ¿Esto estaba planteado desde la creación de la serie, o ha habido cambios después de ver como reaccionaron las personas a eventos como la muerte de Jack?

Dan Fogelman: Honestamente, hemos intentado ceñirnos al plan inicial. No estábamos preparados para lo grande que ha resultado el show, ni para la aceptación que ha tenido, no solo en Estados Unidos, sino en otras partes del mundo. Por ese motivo, el hecho de que todos hubieran estado hablando de la muerte de Jack y cómo murió encajaba en el plan. Cuando Lisa, Jenn, todos en NBC y yo nos reunimos por primera vez, les dije: “en la segunda temporada vamos a revelar como murió Jack, alrededor de la mitad de la segunda temporada y me encantaría hacer ese episodio del superbowl”

El capítulo del que habla Fogelman se llamó 'Super Bowl Sunday' y fue emitido en el 2018 después del Super Bowl, el evento deportivo más visto en Estados Unidos año tras año, en este episodio por fin se revelaba el mayor misterio de la serie, cómo había muerto Jack Pearson, el patriarca de la familia. 27 millones de espectadores siguieron en directo el capítulo, obteniendo el mejor resultado para una serie en esa franja desde 2008.

"No sabíamos que el país iba a estar hablando acerca de cómo murió Jack, simplemente fue cuestión de suerte. Así que siempre hemos seguido nuestro plan, en la medida de lo posible, haciendo ajustes aquí y allá y nuestro brillante grupo de escritores tuvieron ideas ingeniosas para ajustar nuestra línea de tiempo, creo que mientras el show evoluciona vuelve a parecerse de una forma extraña al piloto antes del giro en la trama, y allí vuelve a ser la historia íntima de una familia, y eso me emociona", comentó Fogelman.

¿Cómo vive usted y el grupo de guionistas el momento de creación?

D.F: El momento mas emocionante como escritor de este elenco, es cuando están realizando una escena sin tanto misterio, sin giros extremos y es simplemente un momento de actuación sobresaliente con actores increíbles. Estamos escribiendo lo que propusimos al inicio de la historia, hemos seguido nuestro plan y hemos contado con la suerte de tener una cadena que nos ha apoyado durante todo este tiempo y nos ha permitido ejecutar nuestro plan original.

[caption id="attachment_599" align="aligncenter" width="300"]FOTO 2 Imagen suministrada por Fox Premium[/caption]

Debido a cómo está escrita, sus idas al pasado y al futuro, han generado en los seguidores múltiples teorías sobre la historia, no sé que tan enterado estás de ellas, pero hay algunas muy interesantes, entre ellas que 'This is us' es realmente la historia que los niños le están contando a una Rebeca de edad avanzada y otra teoría que dice que tal vez toda la serie está sucediendo en la cabeza de Jack Pearson y es su visión del futuro. ¿Tienes alguna opinión acerca de esas teorías?

D.F: Algunas veces leemos las teorías, es decir los escritores las leen y yo pienso “Oh esa es una buena idea ¿Podemos hacerlo?” Pero luego me doy cuenta de que eso sería plagio, (risas). Obviamente la historia la hilamos con Rebecca, el personaje de Mandy es acerca del tiempo, los recuerdos, la nostalgia y la forma en que se percibe el pasado y el futuro. Estos son los elementos que sin tener acceso a la información que nosotros tenemos hacen que las personas piensen que todo esto sucede dentro de la cabeza de alguien.

El capítulo de estreno de la cuarta temporada nos presenta 4 personajes nuevos, extraños que nunca habíamos visto en la serie, y que solo hasta el final de ese primer episodio entendemos cuál es la relación con la familia Pearson. ¿No te preocupó que al incluir nuevas tramas el show se vuelva más complejo para los nuevos televidentes? 

D.F: Tomamos un riesgo grande en la premier de esta temporada, sabíamos que iba a ser riesgoso tener un episodio con tantos personajes nuevos, teniendo actores famosos, talentosos que no van a estar presentes en ese primer episodio, peor pensar que lo puedes hacer funcionar y tener un final de capítulo que te permite establecer el tono y la dirección de esta nueva temporada, son el tipo de cosas que nos hemos permitido al estar en una cadena como NBC, pues es algo que hemos hecho una y otra vez y la NBC nunca nos ha dicho: “No lo hagan”,  y lo diré una y otra vez para quienes hablan acerca de la naturaleza de las cadenas de televisión, y afirman que estas no están dispuestas a tomar riesgos, porque hay cadenas como esta que toman el show más importante y caro que tiene y se arriesga. Creo que mientras NBC esté dispuesta a continuar tomando esos riesgos y confiando en que la audiencia va a responder positivamente, creo que hay una audiencia que puede hablar por ellos mismos y puede relacionarse con el show.

[caption id="attachment_600" align="aligncenter" width="280"]FOTO 3 Imagen suministrada por Fox Premium[/caption]

Entonces, ¿cómo vas a manejar la línea entre mantener el show interesante e inesperado para los fans y no hacer las cosas demasiado complejas para los nuevos espectadores?

D.F: En la sala de escritores hemos hablado de cómo vamos a enmarcar y a abordar la serie una vez tengamos los diferentes argumentos del pasado y el futuro, cuántos episodios en línea podemos hacer para mantener el show agradable para una gran audiencia y para los televidentes que lo han estado viendo y los nuevos espectadores.

Te voy a contar una anécdota: Cuando mi padre viene a visitarme con mi madrastra me dicen: “Nos morimos por ver la premier de la temporada, queremos verla antes que todo el mundo” Entonces la pongo para ellos y pasan la mitad del tiempo chequeando su teléfono. Yo les digo “hey, yo ya ví esto”  y ellos me responden: “Así vemos televisión".  Así que somos conscientes de que estamos haciendo televisión para un nuevo tipo de audiencia y esa es la realidad, pero también tenemos claro que si complicamos mucho las cosas, la gente va a dejar de ver el show.

Es desafiante, por eso en nuestro trabajo nos aseguramos de que las cosas no sean tan locas que la gente no tenga ni idea de lo que le están hablando, ni tan predecibles que se aburran. Trabajamos muy duro para mantener el show balanceado y creo que ese es el acuerdo que tenemos con la audiencia.

Actualmente, la serie se puede ver en diferentes plataformas de streming en diferentes partes fuera de Estados Unidos, así mucha gente que no ha visto el show o que no lo sigue en vivo, puede acercarse a él y verlo desde el principio o en cualquier momento, ¿esto te ha permitido esta dináminca de escritura?

D.F: Eso es lo que esperamos. Hay muchas conversaciones acerca de los ratings en estos tiempos, pero las cadenas aún recolectan los datos de la misma manera en que lo hacían hace 25 años. Por su parte los servicios de streaming pueden decirnos “la gente vio un minuto de su serie”  yo veo todos esos show, pero también sé que muchas personas están viendo la serie y muchos más la ven en las plataformas donde está disponible. Considero que es un asunto complicado. A veces se ajusta a la manera en que hacemos las series hoy en día, no podemos contar con que todo el mundo las vea en vivo y que vayan a ver el próximo capitulo la siguiente semana comiéndose las uñas y preguntándose: ¿qué  va a pasar? Muchas personas deciden esperar un mes y ver luego cuatro capítulos completos, otros deciden esperar más y ver la temporada completa, así que es un desafío para todos los que hacemos este trabajo. Este momento es acerca de cómo las personas consumen los productos televisivos, pero afortunadamente tenemos todas las respuestas (risas).

Las cuatro temporadas de 'This is us' están disponibles en la plataforma de streaming de Fox Premium.

Si llegaron hasta aquí, los invito a darle ‘play’ al vídeo, a darle ‘like’, a comentarlo, compartirlo y recomendarlo entre su círculo de amigos, familia, compañeros de trabajo y con todo aquel que esté buscando qué series ver. Gracias por estar aquí.

Conversemos en:

Twitter: @TiempoDeSeries

2 Comentarios
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  1. lA VERDAD ES QUE COMPETIR CON UN GIGANTE de las proporciiones de los chinos, no es nada agradable. Colombia debe competir con lo que no producen allá, por ejemplo con muchos alimentos que necesitan allá en ese mercado inmenso. me imagino que un pedido chino de algún producto colombiano que no tengan allí pone a trabajar medio país para cumplirlo.

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