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La prestigiosa revista “Ceramic: Art & Perception”, dedicó en Mayo una mirada al conocimiento escondido en la técnica y el arte de la cerámica arqueológica de Colombia, tema de los Conversatorios de SOMEC (www.somec.coop) en las Universidades de Bogotá. El artículo se titula “The Voices of Silence” nombre originario del arte escultórico. Transcribimos unos apartes cuya versión completa en Inglés se puede leer en www.scribd.com 
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LAS VOCES DEL SILENCIO

Hace unos quinientos millones de años, comenzó la evolución orgánica, plantas y animales empiezan a distribuirse en mares y tierra: así, desde los peces a los anfibios, de los anfibios a los reptiles, de los reptiles a los mamíferos hubo una progresión regular del encéfalo hasta la aparición del poder de reflexionar y pensar, desde el Homo Habilis, al Homo Erectus, hasta el Homo Sapiens Sapiens.

Hace 2 millones de años, en el llamado Cuaternario, comenzaron las glaciaciones del pleistoceno. El último período glacial terminó hace unos doce mil años -quizá el Diluvio Universal- y las primeras formas de escritura, testimonio de la reciente historia del mundo, proceden de algo más de cinco mil años. Son datos numéricos que sólo tienen valor para la imaginación que inventó el concepto del tiempo lineal… pero continuemos.
 
La biodiversidad y ubicación geográfica de Colombia fueron escenario especial en el milenario proceso del poblamiento de América. La zona arqueológica de San Agustín, por ejemplo, es un cruce de importantes caminos: es la depresión más baja de la cordillera Oriental, formando una comunicación natural con el noroeste amazónico; situada a 1.800 m.s.n.m., a solo uno o dos días de camino se encuentran páramos o regiones tropicales que ofrecen los recursos de diversos niveles de altitud y pisos térmicos. Cerca de San Agustín, se abren varios pasos en las montañas que comunican con las cabeceras del río Guaviare, hacia los llanos del Orinoco y la selva amazónica; otros caminos llevan al valle del río Cauca, al río Patía y a la costa del Pacífico, otros destinos se abren por las montañas del sur hacia las cordilleras ecuatorianas, y por el valle del río Magdalena que se extiende hacia el norte, se alcanza el mar Caribe, pleno de sol, horizonte azul y agua tibia.
 
Después de más de 20 años de investigación el arqueólogo Gerardo Reichel-Dolmatoff afirmó (Colcultura: 1978) la posibilidad de suponer que entre 5.000 y 3.000 años antes del presente, las tierras bajas del noroccidente de Sur América, en lo que hoy son Colombia y Ecuador y el alto amazonas, fueron las regiones más desarrolladas del continente, una amplia fase de desarrollo que el profesor llamó el estadio de “Selva Tropical”.  Anteriormente (1973) en la región de El Abra, cerca del Salto de Tequendama, Gonzalo Correal había encontrado artefactos junto a restos de especies de mega fauna pleistocenita, como elefantes, mastodontes y otros mamíferos de gran tamaño, remanentes que fueron fechados como de 12.460 años antes del prsente. 

Aquello y los últimos hallazgos arqueológicos en Toca da Esperanza y en Pedra Furada, regiones del nordeste de Brasil, donde se han hallado restos humanos -de hasta 60 mil años- y fogones y pinturas rupestres (Florke, .Beltrao, Guidon: 1993) predicen que la historia temprana de nuestra América y por tanto de Colombia, tiene que reescribirse. Probablemente, el poblamiento de Suramérica no comenzó entre 10 mil y 15 mil años atrás, viniendo de Asia por el estrecho de Behring como tradicionalmente ha considerado la academia. Desde tiempos muy tempranos, quizás, hubo contactos entre pueblos antiguos antes que en el siglo XVI nos bautizaran como el Nuevo Mundo. (…)

Desde entonces, erróneamente apreciamos la realización manual como irreflexiva frente a la elaboración intelectual, como si cerebro y mano funcionasen separados, y pensamos la cerámica arqueológica como algo solo artesanal y no estético. Pero recordemos la famosa controversia entre Aristóteles y Anaxágoras que nos recuerda Jean Brun en El Espíritu y la Mano (1975), cuando un sabio controvertía al otro argumentando: “No es por que tiene manos por lo que el ser humano es el más inteligente de los seres, sino por ser el más inteligente de los seres es porque hombres y mujeres tienen manos”. En realidad, el ceramista precolombino establecía con su obra una comunicación sentiente y racional al mismo tiempo, parafraseando a Adela Cortina.

La cerámica -fusión de tierra, agua, aire y fuego- se asocia con pueblos agrícolas porque un sitio fijo y el contacto con la tierra hacen fácil crear un objeto útil aunque difícilmente transportable. La cerámica es dura e impermeable, pero frágil y su rotura constante la hace amiga del arqueólogo quien clasifica piezas y fragmentos en grupos y establece series cronológicas cuando la encuentra con elementos orgánicos que fecha con Carbono 14. Así, en el norte de Colombia y en la amazonia brasilera cerca a Colombia se ha encontrado la cerámica más antigua de América (Raymond, Oyuela, Carmichael: 1994) con fechas de entre 6.000 y 7500 años A.P., fechas contemporáneas y aún anteriores al poblamiento del antiguo Egipto y Mesopotamia.

Los retratos en cerámica de la América precolombina -y sus negativos o moldes en piedra- reflejan la Revolución Agrícola de milenios antes de Cristo, como en la Europa del siglo xix cuando tras su Revolución Industrial el buen burgués logra con la fotografía -aunque en forma mecánica-, reproducir su imagen con la ilusión de “verse a sí mismo”, todo un acontecimiento que en su época sólo lograban los reyes y miembros de la nobleza sobre el lienzo del pintor oficial.
 
En la prehistoria de Occidente -cuando no había escritura alfabética, como en la Grecia de Homero en el Siglo XII a.de C- todo tenía su espíritu: plantas y animales, vientos, mares, lluvias, igual que en la América precolombina donde  la cosecha pacientemente esperada integraba con la cerámica una función mágica tras su uso diario en cocina, vajilla y almacenamiento. Entonces mujeres y hombres precolombinos se retrataban a sí mismos y a sus animales, en vasijas y silbatos, con cuentas de collar y volantes de huso, en rodillos y pintaderas para estampar el algodón, o pintar sus cuerpos. Igualmente esculpieron en  cerámica las enfermedades que padecían, las intervenciones quirúrgicas que practicaban -como la trepanación- hasta la forma de arrullar a sus niños.

Desde esa remota antigüedad Griega se ha hablado y escrito sobre contactos entre pueblos de lado y lado del estrecho de Gibraltar. Son saberes que se confunden con el mito y el tabú, como el relato de la Atlántida, la tradición oral más antigua de Occidente. Pero más que curioso resulta constatar que en el escenario geográfico la República de Utopia de Tomas Moro, es la misma Atlántida de Platón y el mismo Continente de aventuras de Cándido, la novela de Voltaire el filósofo Francés, cuyos personajes huyendo de Europa recorren maravillados la Provincia de El Dorado (cap XVII).

Tomas Moro conoció marinos que hicieron el viaje con Américo Vespucio y de ellos tomó las informaciones que le inspiraron escribir Utopia(1516). Así, sin tilde como tituló su libro el canciller inglés, quien sobre la antigüedad de los países visitados escribió “sabríais que allí hubo ciudades antes que entre nosotros hubiese hombres” y agregó, “No sé si el contar mentiras es propio de un filósofo, pero verdaderamente no lo es de mí… Imaginad que les demostrase lo que finge Platón en su República o lo que está en vigor entre los utópicos.”

Por esas maromas del lenguaje el libro terminó llamándose La Utopía, con tilde, un sueño imposible de realizar, y fue para el maestro Germán Arciniegas “el primer libro que proyectó sobre Suramérica el sueño de eso con que soñó Platón y que Platón embarró hundiendo la Atlántida y convirtiéndola en un Mar de Lodo. Del barro la sacó Colón”. Nos recordó además Arciniegas cuando la conmemoración del V Centenario (1992),  que “… cuando se movían montañas de basura en Roma sacando Apolos para las galerías de los Papas en los Museos del Vaticano, se prendían piras en México para quemar Códices Aztecas o Mayas, y se echaban al crisol Dios sabe cuántas mujercitas sonrientes como las del Tesoro Quimbaya”, refiriéndose a la colección de piezas de oro que Colombia regaló a la Casa Real de España en conmemoración del IV Centenario del “Descubrimiento”. 

Así pues, en la concepción tradicional de la Arqueología y la Historia, este lado del mundo ha sido recién descubierto. Pero tiene más razón la poesía cuando aclara que “Vespucio y Colón descubrieron lo que estaba descubierto en este lado de la Tierra: que aquí también había tierra” como ha escrito el poeta Juan Manuel Roca. “Tierra buena, tierra buena, tierra que pone fin a nuestra pena” cantaba el Cronista Juan de Castellanos en 1589, mientras registraba Hernán Pérez de Oliva en su  Historia de la Invención de las Indias: “Venimos a mezclar el mundo y dar a tierras extrañas, forma de la nuestra…”.

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Para apreciar los retratos en cerámica abra la página http://www.scribd.com/Archaeological%20Colombia%20  donde encuentra la Colombia Precolombina de las proyecciones de arte arqueológico que auspicia Somec (www.somec.coop) las Universidades de Bogotá.  Despliegue la galería de imágenes a la derecha haciendo clik sobre “see all” en la parte inferior y abra cada imagen para detallarla ampliada con el zoom.
 
Si desea conocer el texto completo del artículo “The Voices of Silence” en Inglés, haga click en http://www.scribd.com/doc/20231345/The-Voices-of-Silence-Summary-for-Scribd

Si quiere la fotografía del “PensadorMuisca” en alta resolución como protector de pantalla en su computador, solicítela a precolumbian.america@gmail.com

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PERFIL
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Alejandro Triana es Abogado de la Universidad del Rosario. Realizó la documentación visual del Museo Arqueológico de Bogotá y la fotografía de la colección Arte de la Tierra (9 vols. 1988/1992). En la facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional dictó la cátedra “Derecho y Comunicación” entre 1994 y 1999, cuyo recuento se publicó en el No.6 de su Revista de Teoría del derecho y Análisis Jurídico. Actualmente es miembro de la Cooperativa SOMEC y se encuentra desarrollando, con la psicóloga y ceramista Sara Urazán, el proyecto COLOMBIA ARQUEOLÓGICA para ilustrar acerca del significado y sentido de la cerámica en la América tropical antes del siglo XVI.

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