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Como muchos, soy uno de esos esposos que va a al supermercado con su esposa. Lo que para unos es una tragedia y una estúpida pérdida de tiempo porque se trata de “un asunto de mujeres”, para mi es un plan divertido el cual me permite mes a mes analizar a mi señora: va despacio, mira artículo por artículo, compara precios, lee los ingredientes, revisa las fechas de vencimiento y deposita muchas cosas en el carrito del mercado que después no lleva. Mientras tanto, mis hijas van seleccionando galletas, cereales y leches achocolatadas, pasteles, papas fritas, postres, maní con pasas y hasta juguetes. Obviamente muchas de esas cosas hacen parte del mercado que no se lleva. 

Finalmente, como todos los mortales, llegamos a las cajas de pago. Y como es usual existen 36 o más cajas pero solamente hay 12 cajeros trabajando que además de recibir los productos, pasarlos por el lector del código de barras y empacarlos, tienen que aguantar la furiosa mirada de toda una fila impaciente por pagar y salir del supermercado.
Hemos llegado a esperar hasta 45 minutos en la fila, momento que uno se toma para consumir el mercado o para leer las revistas que están en los estantes cercanos a las cajas registradoras.
Es usual que usted vea a grandes y chicos leyendo desde una revista de Natgeo y Muy Interesante, hasta revistas y pequeños libros de Disney, Bob Esponja y las princesas de Disney. Incluso hay gente que “aprende” cosas con una Shock o una Jet Set mirando en donde pasó sus vacaciones Taliana Vargas o que pantaloneta de baño utiliza Robinson Díaz. Incluso puede enterarse que Julieta Concha de la Vega celebró su cumpleaños con un grupo de amigos en una hacienda al norte de Bogotá…
Entre todo eso usted también puede encontrar revistas que bajo la excusa de arte y exigiendo derechos más no cumpliendo deberes, exhiben desnudas a modelos, actrices y cantantes y hasta incluso mujeres que nadie conoce. Lo de las “famosas” lo entiendo porque viven de su cuerpo más no de su talento y el contrato con el canal depende no de su capacidad profesional sino de sus medidas y atributos físicos. Lo que no entiendo es lo de las mujeres común y corrientes (estudiantes, amas de casa, empleadas, etc.) que deciden desnudarse y salir en una revista. Mi humilde hipótesis es que su autoestima es muy baja, su amor propio es mínimo y su moral no existe. Sencillo: 
No autoestima + No amor propio + No moral = Desnuda en una revista

Ahora bien, comprendo que desde hace muchísimo tiempo el cuerpo de la mujer fue cosificado, que responde a los primarios impulsos sexuales del hombre y de la aceptación por parte de muchas mujeres de que si son fuente de deseo para muchos pues hay que aprovecharlo y “montar negocio”.
Pero lo que no entenderé nunca es cómo algunos padres de familia, a quienes he visto en la fila con su esposa e hijas, son capaces de ser usuarios de unas publicaciones que a todas luces son grotescas, de baja moral y que utilizan a las mujeres como simples símbolos de sexo y placer. He escuchado a muchos padres de familia decir “Hija, echa la Soho en el carrito del mercado para leerla más tarde“. 
Por otro lado, aterra ver cómo los supermercados y librerías, quienes se ufanan de ser responsables, que trabajan por el bien de la sociedad, que dan trabajo, que solamente les interesa proveernos de buenos productos, vendan revistas en cuyas portadas hay mujeres, e incluso hombres, desnudos. Las portadas no están cubiertas, senos y colas al aire, a la vista de todos, e incluso de los niños. Y lo que menos quiero en esta vida es que mis hijos vean que la mujer es parte del carrito de mercado, que es un producto más, que su cuerpo y dignidad es equiparable a un tomate o una bolsa de leche.
soho y demas.jpg
Carulla, el Éxito, Carrefour, Panamericana y demás hacen de una u otra forma parte del negocio de la inmoralidad puesto que no exigen a sus proveedores un poco de decencia. Pero los padres de familia que tienen la suscripción o que llevan la revista a casa y mientras su esposa arregla el mercado y sus hijas juegan, se devora la publicación de principio a fin, no son más que parte de un lucrativo negocio de la pornografía que calma la insatisfacción física, moral y espiritual de muchos. Sería bueno que ese padre de familia supiera que lo que ve desnudo y a full color no es más que un excelente trabajo de computador y Photoshop…
Ya sé. Muchos me tildarán de aburrido y reprimido, que en mi casa no me dejan tener una Soho o una Don Juan, que soy un anticuado, inquisidor, en fin. No importa. No lo soy y si lo fuera lo prefiero mil veces antes de ser un esposo y padre de familia quien les vende la idea de que el cuerpo humano hace parte del carrito de mercado.
Imagen tomada en algún supermercado de Bogotá de mucha tradición. Su nombre comienza con “C” y termina con “A”. Igual puede ser en cualquier lugar…
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Juan Camilo Díaz B.(@jcdiazbohorquez). Comunicador Social y Periodista. Magister en Educación, Desarrollo Humano y Valores. Diplomado en Familia con estudios en mass media y familia en Italia y análisis de contenidos en Argentina. Profesor Familia y cultura mediática - Niños, Adolescentes y Social Media - Discurso público y Media Relations. Autor de "Televisión, Familia e Infancia: estrategias y planes de acción".

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