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AntonioPor: Antonio Murcia

Es usual y nada raro que Colombia sea calificado como un país con mala memoria; desde los más prestigiados académicos hasta el par de borrachos de barrio, esos que arreglan el país en cada reunión, han tocado el tema. Pasó el 20 de julio y pasó el 7 de agosto; a algún noticiero le dio por preguntar en la calle a vario peatones si sabían que pasó en esas fechas: las respuestas promedio eran “nos libramos de los españoles”, “se acabó la esclavitud”, “obtuvimos la independencia”; respuestas muy vagas y superfluas para gente que se cree patriota hasta los huesos. Que esto se de, tristemente, no es de extrañar. La educación básica en Colombia no anda bien hace mucho tiempo, entre los campos más afectados está el aprendizaje de la Historia (así, con mayúscula).

En marzo de 2012 la revista Semana publicó un artículo en el que se exponía la crisis de la Historia en el país[1]. Los orígenes de esta crisis se hallan a principios de la década de 1980, cuando por una reforma se sustituyó la cátedra de Historia en los colegios por la clase de Ciencias Sociales que conocemos hoy en día. Tal clase de Sociales, como dice el artículo y como la conocimos a quien nos tocó verla, es una mezcla de Historia con Geografía y ciencias políticas que intentan abarcar mucho, pero aprietan muy poco.

El resultado es evidente y desesperanzador: en Colombia no hay culto a la Historia, la gente del común tiende a no conocer su entorno ni su propio pasado. Basta con ir a cualquier colegio e interrogar a los estudiantes con preguntas simples de Historia y Geografía para darse cuenta de esto. Se les puede preguntar qué fue La Guerra de los Mil Días y gran parte de los estudiantes queda corchado. No falta el petulante y grosero que pregunta “¿y yo para qué quiero saber eso? Eso a mí no me importa”, el típico payaso de la clase que posa de comediante que sale con el chistecito de mal gusto “Es que yo no había nacido” y alguien también sale con la más odiosa de todas (sí, me ha pasado) “Eso no da plata”. Si eso contestan en un colegio, que se supone es un lugar en donde se supone que se forman los jóvenes “futuro del país y patrimonio del mañana” (eso sonó a lema de colegio de garaje) ¿qué se puede esperar del resto de la población del país?

¿Qué pasó con la historia? ¿De quién es la culpa de esta amnesia? Entre el sector Educación y el Gobierno se viven echando la culpa mutuamente. El reflejo que queda es que se perdió el culto por la Historia. Más allá de la creencia cursi que reza que “Pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” la historia es un artículo de primera necesidad. La historia está en todo, porque toda cosa y suceso es fruto de algún proceso en el tiempo.

Si no se interroga al pasado, es absolutamente absurdo pensar qué viene a futuro. Esto se va volviendo cíclico y petrificante, pues ni los jóvenes saben nada se su historia, sus padres no los motivan, los profesores tienen que cumplir muchas veces con un currículo a las carreras y los libros de historia para el colegio son de calidad discutible, sumado a que estamos en un país en donde se lee muy poco. Por tanto estamos entre la espada y la pared, pues por un lado leemos poco, y cuando queremos leer no tenemos la Historia dentro de nuestros intereses.

Claro, hay culpas en el Gobierno y en el sistema de educación; pero si somos sensatos, el interés por la historia nace en cada quién. Ahora el nuevo gobierno anunció que por primera vez el presupuesto nacional será mayormente invertido en el sector educativo, por encima de la cartera de Defensa. Más allá de inversiones de papel, se requiere un rediseño en los currículos, viendo una verdadera cátedra de historia en las aulas de clase colombianas. También es una responsabilidad individual; entendamos de una vez que en las convicciones personales no manda el gobierno, ni los profesores, ni los padres ni nadie.

Por ahora seguimos siendo un país de pésima memoria, de personas que no se preocupan por ir a museos o bibliotecas públicas por interés, sino por hacer la tarea.

[1] http://www.semana.com/nacion/articulo/la-crisis-historia/255378-3

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Son un grupo de jóvenes que dan su visión particular sobre el acontecer político, cultural y social ante todo tratando de generar una reflexión critica.

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