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Estando en la escuela primaria en 1994, año en el cual se celebraban las primeras elecciones en época democrática, postdictadura, recuerdo cuando un grupo de funcionarios del Tribunal Electoral (Órgano garante de las elecciones en Panamá) fueron al salón de clases e hicimos un ejercicio de cómo funcionan las elecciones.

Nos dieron una charla, nos regalaron papelitos y al final un simulacro de elección, donde debíamos escoger a dos candidatos a presidente en el salón de clases. La maestra, fiel creyente en la igualdad de genero, designó a una niña para candidata y a mí.

Todos mis amiguitos del salón me dijeron que votarían por mí y yo contaba con el apoyo de la fuerza masculina del aula. Sin embargo, el resultado de la elección fue otro: todos los niños y las niñas, salvo contadas excepciones, votaron por mi compañera y ella resultó ganadora por una aplastante mayoría. ¿Por qué perdí las elecciones? Pues simple: la niña era súper guapa y a todos los niños del salón los tenía encantados  y yo era un simple estudiante despelucado, con la camisa chorreada de bebida y que molestaba mucho en clases.

Desde ese momento entendí que las elecciones no las gana un ‘mangajo’, sino alguien con popularidad y con una buena imagen, a lo que años después añadiría que con mucho dinero.

Este 4 de mayo, Panamá se somete a una elección general para escoger a las personas que dirijan por cinco años los destinos de la nación. ¡Vaya! ¡Qué bonito suena! Pero en la práctica es muy distinto.

El próximo 4 de mayo, un montón de clase media y pobres escogeremos a un grupo de millonarios que harán negocios a costa de la nación. Esa es la realidad de mi querido Panamá.

Son siete los aspirantes a la silla presidencial, como en toda elección nos han prometido hasta lo que no existe, con el solo objetivo de conquistar el poder. Y si a mí me preguntan ¿Quién tiene la mejor propuesta o la capacidad para gobernar? Mi respuesta sería: ninguno. Pero bueno, debemos elegir.

Los tres principales candidatos responden cada uno a intereses económicos. Juan Carlos Varela del Partido Panameñista es actual vicepresidente de la República, un político vinculado al negocio de la venta de bebidas alcohólicas y otra serie de negocios, respaldado por una cúpula empresarial afines a medios de comunicación y el sector bancario. En el caso de Juan Carlos Navarro, del Partido Revolucionario Democrático (PRD), su trayectoria política inició como alcalde de la ciudad capital durante 10 años y al igual que Varela cuenta con apoyo de empresarios con medios de comunicación y otro tipo de negocios.

José Domingo Arias del gobernante partido Cambio Democrático (CD) también es empresario, respaldado por el presidente de la República, Ricardo Martinelli, con toda la maquinaria estatal y la danza de los millones que hay detrás de este partido.

Los otros cuatro candidatos están haciendo bulla, porque ni bulto hacen y al final puede que estos tres candidatos independientes terminen haciéndole el juego al gobierno, dividiendo el voto y así se cumple una vez más la máxima que dice: “Divide y vencerás”.

Estos candidatos son Genaro López, del Partido Frente Amplio por la Democracia (FAD), quien es un sindicalista vinculado al sindicato de trabajadores más grande del país (Suntraccs) y que en su vida no le conozco otro empleo que no sea hacer llamados a huelga.

Juan Jované es uno de los candidatos independientes, quien de profesión es economista y durante la administración de la expresidenta Mireya Moscoso fue director de la Caja de Seguro Social (CSS). Actualmente es profesor universitario y salvo que prometa una A o puntos a sus estudiantes podrá levantarse con algunos votos.

Esteban Rodríguez, otro candidato independiente, relacionado a los sindicatos de transportistas del país y que antes de existir el Metro bus y el Metro se dedicaba a amenazar a cuanto gobierno pasaba con paro de transportistas. El último de los independientes es Gerardo Barroso, un candidato que nadie sabe como llegó a la contienda, pero que la oposición califica de hacerle el trabajo sucio al gobierno en esta campaña electoral.

Finalmente quien resulte vencedor el 4 de mayo, no hará nada por ayudar al pueblo. Todos los panameños serán utilizados para montar el show, donde los ricos y poderosos se reparten el poder y los trabajadores del país, seguiremos todos los días en las calles haciendo nuestras faenas y esperando que cada 15 y 30 llegue la tan anhelada quincena para pagar deudas, comprar comida y tratar de sobrevivir, mientras los millonarios se reparten el pastel y planean quienes harán el show en el 2019, año de las próximas elecciones.

CARLOS H. GONZÁLEZ
Twitter: @ch1385

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