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Cuando éramos pequeños jugábamos con carritos y muñecas, pero ya grandes lo hacemos con vibradores, aceites y pastillas multiorgásmicas.

 

El pasillo por donde avanzamos está reventado en neón blanco, inmaculado, impecable, y su lateral está forrado en un arsenal de vibradores exhibidos en la pared. A primer golpe de vista parecen grandes marcadores fluorescentes para dibujar. La escala pasa por rosados, azules, morados y verdes. Largos, gruesos, lisos y rugosos.

—Acá, en la tienda, un doctorado no vale la pena —dice Diego Paredes y continúa—, quien entra y ojea en las vitrinas queda indefenso.

Si entra un gerente curtido, un viejo lobo de los negocios, en la tienda para adultos siempre será un novato. Lo mismo le ocurrirá a un concejal de Medellín, quien se sentirá un pelele al frente de las vitrinas, sin saber para qué forro se utiliza esa bomba morada en forma de pera, lo mismo le sucederá a una sicóloga, una ingeniera, porque los títulos universitarios, o el estatus social, se quedan detrás de la puerta, en el parqueadero.

—Acá, el que sabe soy yo —afirma Diego.

Lo miro para intentar descubrir una expresión de orgullosa vanidad, pero me encuentro con su rostro impasible, como si estuviera diciendo cualquier cosa.

Diego Paredes, administrador de la tienda erótica SexoSentido, en la avenida 80, entre la estación Floresta del Metro y la Avenida Colombia, me ofrece una visita guiada por las vitrinas. Me cuenta que cuando viene una chica curiosa preguntando cómo comenzar a experimentar con el catálogo, el hombre le recomienda un lubricante a base de agua y una bala vibradora.

―Es el kit obligatorio para novatas ―dice―, o para mujeres que pretenden llegar a ser multiorgásmicas.

Me muestra la bala plateada y el lubricante.

—Si la chica ya tiene experiencia y jugueticos en la casa —continúa—, le puedo ofrecer un vibrador doble.

Este vibrador luce como un par de cachos de rinoceronte. Uno más grande, otro más pequeño. Debe ser mortal el uso de esta cornamenta.

―O unas bolas chinas ―dice Diego y las extiende.

Las bolas chinas parecen una versión moderna de una camándula para rezar un rosario.

 

 

***

 

20170510_195800Seguimos avanzado despacio por las baldosas blancas, por la luz clara y la atmósfera contrastada en multicolor. Entonces le digo que no todos son novatos, algunos ya comenzaron el juego.

―Sí, claro ―dice―, tengo una catalogación para las parejas: las hay calladas, narradoras y profesionales.

La pareja callada, esa la más aburrida, porque nunca se dicen lo rico que están pasando. Las parejas narradoras son las que están aprendiendo a expresarse, lo que les gusta, lo que desean y hacen planes eróticos. Finalmente, las parejas profesionales son las que ya tienen un closet con juguetes, se regalan sorpresas entre sí, saben para qué sirven los diferentes productos, pero sobre todo se hablan, tienen un canal de comunicación en temas íntimos.

―Mi tarea ―dice Diego―, es educar a las parejas calladas para que pasen a ser parejas narradoras, abran ese canal de comunicación y luego sean parejas profesionales. Y claro, vengan a la tienda.

Y en verdad, hay mucho para comprar. Y para probar. La tienda está dividida por temáticas de productos. Ahora vamos por la vitrina con dildos en vidrio templado. Una gama que incluye uno en ángulo de cuarenta y cinco grados, duro y transparente, que va directo al punto G, con un accesorio de soporte y cargador, y luces blancas, que también puede usarse como una pequeña lámpara en la mesita de noche.

 

***

 

Caminando por la galería, nos alcanza Vanesa Ossa, otra asesora de la tienda.

―No solo somos vendedores ―dice Vanesa―, también ayudamos a la gente en su vida íntima.

Vanesa cuenta que antes de trabajar para Sexosentido, despachaba una tienda para adultos en Envigado, en una zona residencial, por una calle principal.

―Los clientes eran del barrio ―cuenta Vanesa―, alguna vez, entró una señora muy preocupada porque su marido estaba aburrido con ella.

Vanesa le mostró variados productos de la tienda y le explicó los diferentes usos. La señora llevó varios aceites y una funda para la masculinidad de su esposo, un accesorio para aumentar dimensiones. A los días, la señora volvió.

―Usted me salvó el matrimonio ―le dijo la señora muy sentida―, mi Dios se lo pague ―y compró unas bragas rojas, una bufanda de plumas moradas y un disfraz masculino de cuero negro de gladiador.

 

 

***

20170510_202808Por el pasillo blanco, ahora vamos por la vitrina de bombas de vacío: cilindros succionadores que prometen un crecimiento tanto del alto como del diámetro para hombres desprotegidos de la naturaleza; a su lado está la vitrina de plugs anales: con escala en tamaños y usos variados. Acá está el pequeño dilatador para principiantes. También se exhibe el plug con terminación en joya simuladora de diamante brillante, un accesorio coqueto y sofisticado. Más abajo está la breva con terminación en “colita de zorro”, para quienes prefieren ponerse una cola en la cola.

En otra oportunidad, y ya trabajando para Sexosentido, un ejecutivo detenido en la vitrina le preguntó a Vanesa por un látigo con nudos en las puntas. Ella se lo presentó: con empuñadora de cuero y lazos negros.

―¿Y pega duro? ―le preguntó el señor.

Vanesa afirmó. El hombre giró, se quitó la chaqueta y dijo:

―A ver, hágame la prueba.

Vanesa sacudió el látigo sobre la camisa en la espalda del señor.

―Si no me pega bien ―le dijo el hombre con tono decepcionado―, no se lo compro.

“Bueno, estamos trabajando ―pensó ella―, tengo que hacer la venta”, y sacudió con fuerza, los nudos chasquearon y le cosió un buen latigazo bajo el cuello. El hombre se retorció de dolor. Con una sonrisa pagó y se largó. Al mes volvió y se compró una macana forrada en cuero. Esta vez no solicitó los servicios de Vanesa.

 

***

 

Pasamos entonces a la zona de bondage y fetiches. Todo un paredón de prendas negras para amarrar y sodomizar donde se exhibe el Kit de verdugo: máscara y tanga en cuero negro con taches, por 387 mil pesos. A su lado está la Máscara en látex con mordaza de pelota, para quienes gustan de los frenos para caballos, por 93 mil pesos. Máscara para caballero con dildo alargado en la boca; lazos para amarrar, columpios para colgar del cielo raso, ―para los que siempre se recomienda atornillar un buen chazo, como si fuera a colgar una hamaca, no sea que el tornillo se suelte en pleno acto teatral de tortura―.

Otros productos son: Shock therapy, con seis electrodos para pezones, clítoris, paredes vaginales, etc. Máscara con cierre en la boca, macana negra, varilla plástica y flexible con pluma al final, para sobar y castigar; en una esquina está el kit con mordaza, antifaz, látigo, pluma y dados. ¿Para qué los dados? Uno de ellos arroja una parte del cuerpo, y el otro una acción, como chupar, lamer, castigar. Al arrojarlos podría salir: chupar cuello o castigar nalga.

En ese momento, entra a la tienda una pareja y Vanesa tiene que dejarnos para atenderlos. Afilo la oreja para intentar pescar algo. Pero se van por otro corredor, la tienda es amplia, y pierdo su rastro.

 

***

20170510_201220(1)Diego me cuenta que, una tarde, entró al almacén una abuela con gafas y pelo blanco, de la mano de un niño de unos seis años, muy bien puestecito el niño, peinado con gomina. La señora caminó por las vitrinas con toda la tranquilidad, mirando los productos hasta que llegó a la caja registradora donde la esperaba Diego. La abuela preguntó si tenía trajes para la Primera Comunión.

―Tal vez la señora vio los disfraces en la vitrina ―me contó Diego―, y pensó: si hay disfraces hay trajes para la iglesia.

Diego tuvo que explicarle a dónde se había metido y la señora salió disparada de allí.

Pasamos a la exhibición de partes descuartizadas de mujeres. Pechos cortados al cuello y al torso. Nalgas sin piernas. Cabezas con la boca abierta y al tajo del cuello. Es la vitrina de masturbadores para hombres.

―Son torsos en silicona hipoalergénica ―explica Diego.

Un molde con pechos de mujer cuesta 1.3 millones. Unas piernas mutiladas en la cintura, con la cola levantada y el logo de fuck me silly, y doble orificio, por 3 millones.

―Conozco a un amante de estas bellezas ―comenta Diego―, me alegra mucho cuando viene, porque me arregla la venta del día.

Con esos precios, entiendo perfectamente su alegría.

―En estos días, el cliente estaba muy preocupado.

―¿Y eso?

―Porque según me contó estaba frecuentando más al maniquí que a la esposa.

Entonces nos alcanza Vanesa. La miro curioso y ella entiende. Me dice que la pareja que estaba atendiendo no compró nada.

―Es muy común ―dice―, vienen de curiosos, pero luego vuelven más decididos.

 

 

***

20170510_203933(1)En adelante pasamos por las vitrinas de ropa íntima y disfraces; vitrina de aceites y multiorgásmicos; zona de energizantes marca MeroMacho y Poseidón; y vitrina de bromas y accesorios para fiestas de despedidas de soltero. El gerente de las tiendas, que ya son más de veinte en todo el país, comenzó el negocio con un pequeño local en Medellín donde vendía bromas de corte erótico: chupetas en forma de pene, “dulces con forma de bubis”, pito en forma de vagina, entre otros. Entiendo. Este es otro caso de éxito de emprendimiento empresarial en la ciudad.

―¿Y cuál es el más grande en la tienda?

Entonces me llevan a una de las estanterías. Lo bajan, lo sacan de la caja y me lo extienden. Carraspeo y me ocupo de ir anotando, lapicero y libreta en mano, mientras me hago el pendejo: Real feel, 12 pulgadas de largo, a ver, son 27 centímetros de altura, y casi 7 de diámetro. “Bueno, no es tanto”, pienso recordando lo que se ha visto en youporn.

―¿Y quién los compra?

―Mucha gente ―dice con esa generalización que me asusta―, pero sobre todo las chicas web, sus clientes siempre están pidiendo cosas por este estilo.

 

***

A la tienda ingresa otra pareja. Y esta vez, puedo escuchar todo lo que le pregunta a Vanesa, pues se han quedado a un pasillo de distancia. Son jóvenes de unos veinte años. El chico es quien pregunta por los aceites anales, por los dilatadores y las pastillas energéticas. Cuando Vanesa les ofrece un producto que estimula el lívido en la mujer, el chico le dice a su chica: “esto es lo que te voy a comprar para todas las noches”. Entonces ella le reclama: “Ay, mijo”. Y lo deja al pie de la vitrina, caminando en dirección de la caja registradora, dando por terminada la asesoría y la compra. Cuando Vanesa vuelve con nosotros, me dice que el chico ya había consultado el catálogo.

―Sabía lo que estaba buscando ―dice.

“Claro ―me contesto sin abrir el pico―, pero se comporta como un imbécil con su chica”.

 

 

***

20170510_210027Diego me cuenta que las chicas web son excelentes clientas del negocio. Sabiendo, además, que en Medellín el sexo por la web es un renglón en la economía que cada vez se vuelve más popular debido a las ganancias que está dejando.

Entonces me deja otra taxonomía de su trabajo.

―Básicamente hay tres tipos de clientes. Uno: quienes piensan que esto es un consultorio sexual y buscan una asesoría para su intimidad. Dos: quienes vienen por cuestiones de trabajo, strippers, bailarinas, chicas web. Tres: quienes vienen para buscar juegos y salir de la monotonía.

Ya es hora de irme, entonces le digo lo obvio.

—El almacén parece una juguetería, al estilo de Pepe ganga.

Diego me corrige.

—En efecto, es una juguetería, esto es entretenimiento para adultos.

Cuando éramos pequeños jugábamos con carritos y muñecas, pero ya grandes lo hacemos con vibradores, aceites y pastillas multiorgásmicas.

―En la vida no podemos dejar de jugar ―me dice Diego y me regala un catálogo de la tienda y me mira muy serio―, no se vaya sin comprar nada.

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