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Me llamó la atención que un rockero, expresara abiertamente su odio por el reggaetón, pero al mismo tiempo, manifiestara un total desacuerdo por el anuncio del Instituto Cubano de la Música que prohíbe la difusión del reggaetón en los espacios públicos de la Isla. De hecho, en algunos centros educativos de Venezuela, tanto el reggaetón como el vallenato no se pueden oír. En Honduras se adelanta un proyecto de ley que persiguen dicho objetivo y, para no ir muy lejos, en Colombia se instauró una demanda popular que también busca prohibirlo.

Tomaré un concepto provisional, probablemente fundamentado en una percepción propia que inicia cuando escuché por primera vez al cantante panameño El General, padre del reggaetón, interpretando canciones como «Muévelo muévelo» a principios de los noventa. El reggaetón nace con la intención de hacer reggae en español con influencias del rap y del hip hop. Era normal, que los hijos de los inmigrantes provenientes de Trinidad y Tobago o Jamaica asentados en Panamá, buscaran expresar sus realidades sociales a través de dicho estilo. En Puerto Rico también existió una inevitable fusión de la calle, el rap y el ritmo afrodescendiente. La inmigración, la difícil situación social de los barrios y la música se unieron para dar paso a un estilo musical tan querido como odiado.

Los bailes sexualmente convulsionados y los movimientos erótico-telúricos que se concentran debajo del ombligo con mensajes denigrantes son a primera vista lo que define para muchos este género que se apropió de la música. Sin embargo, quiero plantear dos puntos sobre el tema del reggaetón, independientemente de los gustos musicales de cada quien. Un asunto tendría que ver con las consecuencias que ésta música genera sobre la sociedad. Y otro, con el peligro que representa coartar el derecho a la libertad de expresión.

Sobre el primer punto, sería interesante realizar un estudio con rigurosa metodología que permitiera conocer, y a su vez demostrar, cuál es la relación de los efectos del reggaetón entre sociedades desiguales y sociedades educadas. Hipotéticamente el resultado puede ser el mismo si partimos de la idea que en un contexto de cultura violenta y machista, el individuo consume productos  sensacionalistas y morbosos, ya sea a través de expresiones musicales o de telenovelas estimuladas por la violencia, el mercado y el ego social. No obstante, para pocos resulta sorprendente encontrarse con investigaciones que demuestran que un 20% de las personas que les gusta el reggaetón, son menos inteligentes en comparación con aquellas que son amantes del rock y la música clásica. (Vea la noticia Los amantes del reggaetón son menos inteligentes según estudio).

Probablemente estamos frente a los efectos de las apologías por lo grotesco y violento, siendo la alabanza por la supremacía masculina, el elogio por la delincuencia, el amor por la vida fácil y la consecución de resultados a costa de nada, los modelos de vida y crecimiento más anhelados por los niños y jóvenes de nuestra región y nuestro país. Ante ello, surge la pregunta: ¿Qué tipo de cambios sustanciales se podrían generar con la prohibición del reggaetón y las novelas de narcotraficantes en nuestras jóvenes generaciones? (Vea el video queinspiró el dibujo de esta columna).

Dibujo reggaeton.jpg

El reggaetón logra ser una manifestación vigente, más o menos artística, si tenemos en cuenta que el arte en cualquiera de sus expresiones no es un concepto cerrado, sino que por el contrario se autodefine diariamente. Sin embargo, lo convierte en irritable, su constante capacidad para denigrar a la mujer y generar ovaciones por el machismo, el dinero ilícito, la violencia y las drogas. Lo contradictorio es que algunos sectores de la crítica no piensan lo mismo frente a otros estilos tradicionales como el vallenato, las rancheras, la carrilera, la salsa erótica o los corridos mexicanos, donde también abundan letras machistas y coplas agresivas contra la dignidad humana y en especial contra la integridad de la mujer.

En una democracia pluralista, la censura aparece cuando existe una vulneración desproporcionada de los derechos fundamentales del individuo. La tarea es muy difícil porque se busca luchar por una sociedad igualitaria que sea capaz de respetar las diferencias y garantizar los derechos fundamentales de las personas. Todos tenemos derecho a pensar diferente, a comunicar nuestras ideas y a decidir sobre lo que queremos oír, componer o crear. La libertad de expresión es el derecho humano número 19, de los 30 derechos humanos reconocidos y existentes. No obstante, la protección de esa libertad es lo que hoy puede ser motivo de discusión. ¿Hasta dónde seguir la voluntad propia y hasta dónde abandonarla?

Odiamos al que piensa diferente y solo creemos en la tolerancia y la educación cuando se piensa igual que nosotros. Recordemos el pedazo 10.2, de origen indígena y citado por Jaime Garzón Forero: «nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente». No malinterpretemos el significado de la libertad y menos en la democracia. Que a Usted le guste o no el reggaetón es una cosa, pero que le prohíban expresarse a través de cualquier género, sea musical o de otro tipo, es otra muy diferente. El reggaetón puede pasar de moda, pero el tema de los derechos humanos no.

Y hablando de gustos, que una congregación religiosa admire o no las columnas del Padre Alfonso Llano es un tema, pero que le prohíban escribir y expresar sus opiniones sobre María «la virgen» es otro (vea la noticia donde prohíben al Padre Llano escribir en EL TIEMPO). No es una cuestión de tendencias, ni de responsabilidades, es un asunto de derechos que cada vez nos une más a nuestro único destino como humanos: La condena de ser libres. Por lo menos en nuestra forma de pensar.

Twitter @JavierUrreaC

Dibujo Lucas Agudelo

Nota: La colaboración entre el dibujante y el escritor que se presenta en este blog esta intencionada para producir reflexiones y preguntas desde medios expresivos diferentes. Los temas y las problemáticas son producto de las inquietudes comunes de los autores sin que esto signifique que exista un acuerdo previo sobre el enfoque de cada cual. Los autores se encuentren directamente en este blog como una forma de compartir o confrontar opiniones.

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Politólogo, consultor y doctorando. Asesor en asuntos de gobierno abierto, ciberciudadanía y democracia digital. Activista por los colombianos en el exterior. "La política debe ser algo sexy".

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