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Una vez están atrapadas las langostas, cuando una de ellas intenta escalar para escapar, las demás se encargan de arrastrarla hasta el fondo. No se sabe quién lo dijo, pero lo cierto es que las langostas colombianas no necesitan de las otras. La envidia por el triunfo de las demás las mantiene tan ocupadas que ni siquiera hace falta ponerles tapa para que salgan de la olla.

Un colombiano que sale de su casa cuenta con la ventaja de evaluar constantemente los modelos sociales, económicos, políticos y culturales del lugar de origen con el lugar de destino. Tener una idea diferente sobre cómo debería funcionar el transporte, los servicios públicos, el sistema de salud o el modelo educativo se convierte en un tema diario por el simple hecho de estar comparando lo que se dejó con lo que se vive.

Sin embargo, esa experiencia que debería abrir la mente y generar un conocimiento colectivo para ser rentabilizado e invertido en el lugar de origen se queda en la olla por culpa de una profunda desarticulación que padecemos los colombianos por consecuencia de factores culturales y de física envidia. Nos cuesta más de siete vidas trabajar alrededor de objetivos comunes. Pasa en Colombia y pasa con los colombianos en el exterior.

Una razón tiene que ver con la desprotección de las enseñanzas tradicionales proveniente de los indígenas. Ellos son los pioneros en los modelos de gobernanza y aun así nada que aprendemos. Los indígenas trabajan unidos, participan, deliberan y teniendo sus propias reglas deciden en función del desarrollo de su grupo. Sin embargo, los niveles de cohesión para trabajar por metas compartidas no se han heredado en el país de las langostas.

Sophia Loren & Jayne Mansfield. Fotografía Delmar Watson

Sophia Loren & Jayne Mansfield. Fotografía Delmar Watson

Estamos contra la pared ante una falsa idea de patriotismo combinado con berraquera. El patriota colombiano se autobautiza con un ritual de accesorios tricolor pregonando la defensa de territorios, tesoros y galeones repartidos en el pasado. Pavonea esmeraldas, recursos y una biodiversidad cada vez más escasa. Confunde la berraquera, con la incultura de la avionada, el ventajismo y el camino fácil. La cooperación y la colaboración significan atraso y la envidia progreso. Todo al revés.

Robert Sheaffer habla de cómo la envidia afecta la política, la economía y el arte en cualquier sociedad. Destaca la inminente relación entre la forma de pensar y el progreso, diferenciando dos tipos de personas: los que admiran el triunfo y los que lo envidian. La reacción ante el triunfo ajeno determina el progreso de una sociedad, ya que la suma total de los logros de las personas significa el triunfo de la sociedad. Pero cuando el éxito es rechazado, hay menos logros individuales y por tanto menos progreso.

El columnista Mauricio García, considera que la envidia en Colombia es una expresión social resultado de una sociedad desigual, clientelista y dominada por el intercambio de favores; donde el subordinado es leal al mejor postor y la victoria es sinónimo de estar en la rosca, tener padrinos y saltarse las reglas. Se revive la mítica frase de Cochise Rodríguez cuando dice que “en Colombia se muere más gente de envidia que de cáncer”.

Necesitamos un cambio cultural evidente y radical para pensar de forma distinta al país. Urgen las prácticas de tradiciones ancestrales para cambiar la mal enfocada malicia indígena por la sabiduría indígena. Se requiere aprender de otros modelos de desarrollo, otras culturas y otras civilizaciones que han progresado gracias al trabajo en función de objetivos comunes. Tal vez es hora de cambiar la fe por el esfuerzo, las velas por el trabajo y el resentimiento por la admiración.

Hagamos un trato con nosotros mismos, dejemos de comportarnos como langostas y salgamos de la olla.

@JavierUrreaC

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javierurrea.com | Consultor. Fundador-Presidente de ARCEX Asociación en la Red de Colombianos en el Exterior. Miembro de la Plataforma de la Sociedad Civil Colombiana para las Migraciones. Politólogo y doctorando.

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6 Comentarios
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  1. Cambiar la cultura y construir una cultura de reconocimiento y de colaboración es una tarea que empieza por casa. Empecemos a combatir en casa la cultura de la envidia y a transformarla por una cultura del reconocimiento y de la colaboración.

  2. mireya519870

    No estoy de acuerdo con elartículo, en el sentido de la envidia, como la enfocan; si en cuanto a lo de las avionadas, eso sí es
    Molesto.y He vos toques un mal generalizado en el exterior que los colombianos piensan que los demás son pendejos.pero deberíamos dejar de ver lo malo,hay muchas cosas que resaltar como la creatividad, la capacidad de salir adelante a pesar de situaciones adversas,
    Aqui en Cooombia aguanta hambre el que quiere, porque el trabajador pone un puesto de arenas y sale adelante.
    Fortalezcamos lo bueno y tanto lo malo.

  3. lesterburnham

    El otro cuento significativo al respecto es el del profesor Takeuchi, de la U. Nal.: un colombiano es más trabajador, más creativo y tiene más empuje que un japonés. Pero dos japoneses son más trabajadores, más creativos y con más empuje que dos colombianos 🙂

  4. alfonso166204

    Excelente radiographia de Colombia. Y fuera de eso se comen el cuento del pais mas feliz del mundo. se puede ser feliz, sin trabajo , sin segurida social, sin oportinidades de desarrollo. Creo que el cancer que tiene a Colombia en ese estado se llama “CORRUPCION”.

  5. roger973716

    Es una realidad en nuestro actuar DIARIO Y COMUN, debemos reconocer que somos lo que somos, pero eso si, estar conscientes que a la óptica individual y/ó colectiva de sociedades y culturas foráneas, así mismo nos consideran, en esa misma estima nos tienen.
    Y aquí no hay distinción de clases, estratos ó abolengos: (mucho menos nuestros administradores) de esa manera es que para determinado fin de una persona ó de una entidad extranjera, les resulta sencillo encontrar gente que al ofrecimiento de la “fórmula” para destruir a su coterraneo y así “sobresalir” él, y de paso obtención de dividendos por parte del ofertante, no lo duden ni una fraccion de segundo en aceptar aunque en ello vaya implicita su autodestrucción y la de la sociedad a la cual representa.
    ESO ES LO QUE SOMOS.
    Nuestra concepción de nosotros mismos es miserable, desvergonzada y abusiva entre nosotros mismos, ya que no conocemos que existen formas de convivencia dignas, altruistas de crecimiento personal, conocemos el abuso, el irrespeto, la traición, la deslealtad, el facilismo, a los ojos de la comunidad internacional, como sociedad somos bárbaros poco ó nada confiables.

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